La influenza aviar (IA) continúa siendo uno de los principales retos sanitarios de la avicultura moderna. Actualmente se reconoce que su impacto productivo no depende sólo del virus, sino que también del equilibrio de la respuesta inmune del ave durante la infección. Cuando dicha respuesta se exacerba, se desencadena una liberación descontrolada de citocinas, también denominada síndrome de liberación de citocinas o tormenta de citocinas, la cual responsable del incremento súbito de la mortalidad, del daño sistémico severo y de las pérdidas económicas subsecuentes.
De manera paralela, la industria enfrenta una creciente presión para proteger la productividad animal ante la amenaza constante de la circulación viral en campo. Por lo tanto, se ha impulsado la búsqueda de alternativas seguras que no favorezcan el desarrollo de resistencia. Bajo este escenario, la monolaurina emerge como una herramienta de alto interés.
La alfa-monolaurina es un monoglicérido derivado del ácido láurico, presente de forma natural en el aceite de coco, que cuenta con un amplio respaldo científico por su acción antiviral e inmunomoduladora. A diferencia de los antimicrobianos convencionales, la monolaurina actúa mediante un mecanismo fisicoquímico, lo que explica su bajo riesgo de generar resistencia y ha sido empleada exitosamente para reducir la mortalidad asociada a diversos virus que afectan comúnmente a las aves.
El virus causante de la IA, presenta una envoltura lipídica, estructura indispensable para la infectividad de la partícula viral. La monolaurina actúa desestabilizando dicha envoltura, reduciendo la viabilidad del virus y limitando su diseminación entre las aves. En términos prácticos, una menor cantidad de virus viables se traduce en una menor presión de infección y en una reducción de la severidad clínica.
Más allá de su efecto antiviral, la monolaurina desempeña un papel importante en la modulación de la respuesta inflamatoria. Estudios realizados en macrófagos estimulados con endotoxinas (LPS) han mostrado una reducción en la producción de citocinas proinflamatorias como IL-6, IL-1β y TNF-α, mediante la inhibición de la vía NF-κB, sin comprometer la viabilidad celular. Asimismo, se ha demostrado que la monolaurina favorece la transición de los macrófagos de un estado proinflamatorio hacia un perfil antiinflamatorio. Este efecto resulta especialmente relevante durante las infecciones por IA altamente patógena, en las que el daño tisular está estrechamente relacionado a la hiperactivación del sistema inmune.
Desde una perspectiva práctica, el uso estratégico de monolaurina es particularmente valioso durante:
- El inicio del ciclo productivo.
- Periodos de transición y manejo.
- Periodos de estrés térmico.
- Brotes regionales de influenza aviar.
Bajo estos escenarios, la reducción temprana de la carga viral ayuda a disminuir la estimulación inmune descontrolada, atenuar la tormenta de citocinas y proteger el desempeño productivo.
En conclusión, la monolaurina no sustituye las medidas de bioseguridad ni los programas de vacunación; sin embargo, se posiciona como una herramienta complementaria capaz de actuar sobre una estructura clave del virus y de regular los ejes inflamatorios responsables de la severidad de la influenza aviar. Menor carga viral, menor inflamación y mayor resiliencia del ave.