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Productor de pollo vs. avicultor de pollo

Publicado: 28 de abril de 2026
Fuente: Fenaviquín - Abril 15 de 2026 No. 445 Año 22
En Colombia, el sector avícola enfrenta una confusión persistente: muchos que albergan aves de corral se autodenominan “avicultores de pollo”, cuando en realidad operan al margen de las exigencias regulatorias que ese título conlleva. La diferencia no es de escala ni de intención, es de cumplimiento. Producir pollo legalmente implica transitar una ruta de habilitación progresiva ante las autoridades competentes, y cada etapa de esa ruta define qué es y qué no es un avicultor.
El punto de partida: registro y certificación obligatorios
El primer escalón es el Registro Sanitario de Predio Pecuario (RSPP) ante el ICA. Sin este documento, la explotación es invisible para el sistema sanitario nacional. Sobre esa base, se gestiona la Certificación de Granja Avícola Biosegura (GAB), reglamentada por la Resolución ICA 3652 del 2014, exigible desde 200 aves.
Esta certificación no es un trámite administrativo: exige una inversión en infraestructura del predio, entre, galpones cerrados, instalaciones de desinfección de vehículos, personas y objetos, zonas comunes, sistemas de agua y alimentación, zona para el manejo de mortalidad, bodegas, cercas perimetrales y hasta procedimientos operativos documentados, entre otros que son coherentes con las exigencias de resolución. Una granja que no cumple en infraestructura sencillamente no puede certificarse.
La inversión no es un costo operativo: es un activo productivo de largo plazo. Está declarando, mediante hechos, una vocación de permanencia en la actividad avícola. Esta infraestructura habilita, además, el escalamiento productivo: una granja certificada puede ampliar su capacidad, acceder a líneas de crédito sectorial (Finagro), vincularse a integraciones avícolas y negociar con distribuidores y cadenas de retail en condiciones de trazabilidad plena. El productor informal, en cambio, opera sin ese respaldo patrimonial ni ese horizonte de crecimiento.
Bioseguridad: el error del escalonamiento
Uno de los errores más frecuentes en predios informales es el manejo escalonado de aves: convivencia de lotes de diferentes edades dentro del mismo galpón con subdivisiones. Este modelo viola el principio fundamental de bioseguridad avícola de “todo dentro, todo fuera”, que exige respetar las distancias de separación entre galpones y que cada lote entre y salga del ciclo productivo de forma sincronizada, evitando así el contagio entre lotes. Un productor certificado no mezcla edades: gestiona lotes.
La cadena productiva: bienestar, inocuidad y destino final
Ser avicultor también implica asumir una responsabilidad directa con el bienestar animal, garantizando condiciones adecuadas de alojamiento (especialmente en términos de densidad), así como el acceso permanente a agua y alimento en cantidad y calidad óptimas. Además, requiere implementar prácticas de manejo apropiadas que minimicen el estrés y promuevan la salud de las aves. Esta responsabilidad no es opcional está integrada a la GAB y es cada vez más exigida por los mercados. Igualmente, el productor debe garantizar la inocuidad del producto mediante el uso responsable de antibióticos: registros de tratamientos veterinarios, respeto estricto de los tiempos de retiro y prevención del uso indiscriminado que genera resistencia antimicrobiana un problema de salud pública con origen trazable en la granja.
Para comercializar pollo en canal, la Ley exige que el sacrificio se haga en una planta de beneficio habilitada por el Invima. El sacrificio en predio y la venta directa de canal constituyen infracción sanitaria y penal (Ley 9/1979, Artículo 375). Finalmente, el productor formal debe gestionar sus residuos (pollinaza, mortalidad, envases de medicamentos) bajo principios de economía circular y planes ambientales aprobados, convirtiendo subproductos en valor agregado y no en pasivos ambientales contaminantes.
El productor o agroproductor se define técnicamente como figura de pluriactividad productiva (predio que combina agricultura, con ganadería de doble propósito o porcicultura o caprinos y aves). Se distingue su legitimidad como estrategia de seguridad alimentaria rural versus su inhabilidad para comercializar en canales formales.
Una analogía que lo ilustra: el cocinero y el restaurante. La persona que cocina en casa y vende a vecinos, prepara alimentos, pero no tiene un restaurante. Para tenerlo, necesita concepto sanitario, infraestructura certificada, cadena de frío, etc. De la misma manera el avicultor debe cumplir requisitos técnicos y normativos para ejercer formalmente su actividad. Esto incluye contar con RSPP, implementar buenas prácticas avícolas (GAB) y disponer de una planta de beneficio propia o acudir a servicios de maquila.
La tenencia de aves de corral en un predio agropecuario diversificado no confiere, por sí misma, la condición de avicultor. Quien opera por fuera de esa ruta puede denominarse productor o agroproductor, pero no puede acceder a los mercados formales de carne de pollo, no puede garantizar inocuidad al consumidor final y asume plena responsabilidad jurídica ante cualquier evento sanitario derivado de su actividad no habilitada.
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