El carbonato de calcio (CaCO₃), principalmente en su forma de caliza (limestone), constituye la fuente predominante de calcio dietario en la producción avícola. Sin embargo, el sector enfrenta hoy una presión estructural, dado que la caliza es un recurso natural geológico no renovable, cuya demanda crece de forma exponencial desde múltiples sectores industriales simultáneamente en el mundo.
El mercado global de carbonato de calcio alcanzó en el 2025 un valor estimado de US$ 49-65.000 millones, según Grand View Research, Imarc y Fortune Business Insights), con proyecciones de crecimiento que van de 5.4% a 8.3% hasta el 2033, y con la industria cementera que acapara 84% del total extraído.
Este dinamismo, lejos de ser una buena noticia para la avicultura, que en el 2025 demandó aproximadamente 156 mil toneladas de calcio, equivalentes a 411 mil toneladas en la forma de CaCO3 para la alimentación de 1.059 millones de aves (postura, pollo y genética). Esto significa que la industria compite por el mismo recurso mineral con la construcción, el papel, los plásticos, la farmacéutica y la agricultura, entre otros. La presión regulatoria ambiental sobre la minería de caliza en Europa y América del Norte agrega una restricción adicional de oferta que los nutricionistas avícolas deben incorporar en su planeación estratégica.
El mercado mundial de carbonato de calcio (incluyendo caliza, CaCO₃ molido y precipitado) alcanzó un tamaño estimado entre US$46 y US$65 mil millones en el 2025, con volúmenes físicos cercanos a 9.8 millones de toneladas métricas anuales.
El segmento de caliza molida domina, con 59.5% de la cuota de mercado, seguido por el carbonato precipitado, con un crecimiento acelerado de 9.1% anual. Paralelamente, el mercado de caliza como materia prima bruta superó los US$85 mil millones en el 2025, con proyecciones de doblar su tamaño antes del 2034.
Los proveedores globales de CaCO₃ industrial se concentran en un oligopolio de empresas transnacionales que controlan reservas, tecnología de procesamiento y redes logísticas a escala mundial, abasteciendo de forma transversal a múltiples sectores estratégicos con porcentajes de demanda global, como papel y embalaje (34%), plásticos (18%), pinturas y recubrimientos (10%), construcción, farmacéutica y alimentos (4%), donde el CaCO₃ actúa como relleno funcional y mejorador de propiedades.
Así mismo, tiene un papel clave en polímeros, adhesivos, caucho y agricultura (5%), industrias pesadas como acero, tratamiento ambiental y agua (5%) y en sectores como vidrio, cerámica y química (4%).1/. Se destaca especialmente su uso en construcción (cemento, concreto y agregados (82%), que concentra la mayor demanda global, además de su creciente participación en alimentación animal, impulsada por nuevas inversiones productivas (3-5%), en donde proyecta crecimiento 5-6% hacia el 2030.
Según la competencia intersectorial por calcio, el crecimiento urbano global, con 4.400 millones de personas en ciudades en el 2023, proyectado a 70% de la población mundial en el 2050, impulsa una demanda sostenida y creciente de cemento y materiales de construcción. El e-commerce impulsa la demanda de papel de embalaje. El auto eléctrico requiere pinturas y recubrimientos especiales con CaCO₃. Todo ello comprime la oferta disponible para la alimentación animal, presionando precios y generando volatilidad.
Ahora, validando los precios Sipsa del DANE, el comportamiento durante el período 2024-2026 entre insumos de origen nacional (CaCO₃) que proviene de canteras de caliza en Colombia- molienda local y aquellos dependientes del mercado internacional (DCP y MCP) se encontró que:
1. El carbonato de calcio presenta un crecimiento anualizado bajo y estable, en un rango aproximado de 3% a 8%, con tendencia a moderarse hacia el 2026. Esta dinámica responde a que su formación de precio está ligada principalmente a variables domésticas como el IPP de minería, costos energéticos y transporte interno, sin una exposición directa a la tasa de cambio.
2. En contraste, el fosfato dicálcico (DCP), o roca fosfórica, es importado en gran parte como DCP terminado o producido localmente con insumos traídos de Marruecos, China, Estados Unidos y Perú.
Este insumo muestra un crecimiento anualizado significativamente más alto y variable, entre 10% y 20%, con episodios de corrección y repuntes marcados. Esta volatilidad se explica por su doble exposición: por un lado, al tipo de cambio (TRM) y, por otro, al mercado internacional de fosfatos.
Factores como el incremento del precio de la roca fosfórica (+22% en el 2024), las restricciones de exportación en China (principal proveedor global) y la dinámica de fertilizantes han causado presiones alcistas relevantes. No obstante, hacia el 2026 se observa una moderación asociada a la apreciación del peso colombiano y la normalización de la oferta global.
3. El fosfato monocálcico (MCP) amplifica aún más este comportamiento, con crecimientos anualizados de 15% a 25%, siendo el insumo más volátil.
A los mismos determinantes del DCP se suma su mayor nivel de procesamiento industrial, lo que introduce una prima estructural de precio (30-40%) y una mayor sensibilidad a cambios en costos globales de producción. Por ello, el MCP no solo sigue el ciclo internacional de fosfatos, sino que lo intensifica.
En conjunto, la evidencia confirma que la volatilidad de los insumos importados es entre 3 y 5 veces superior a la del insumo nacional, lo que implica que el principal riesgo en la estructura de costos del alimento balanceado no proviene del calcio, sino del fósforo.
Adicionalmente, la apreciación del tipo de cambio observada entre el 2025 y 2026 ha actuado como un factor amortiguador, reduciendo parcialmente los precios de los insumos importados; sin embargo, este efecto es reversible, lo que mantiene latente el riesgo ante eventuales depreciaciones.
En cuanto al agotamiento de reservas para la industria avícola, no toda la caliza es igual: el sector requiere caliza de alta pureza en calcita (CaCO₃ > 90%), mientras que reservas de calidad decreciente o contaminadas con dolomita (CaMg(CO₃)₂), arcillas o óxidos limitan la disponibilidad de material apto.
El contenido de CaO en minas antiguas puede caer por debajo del 15%, haciéndolas no viables para alimentación animal. Si bien las reservas globales puras se estiman en varios billones de toneladas, el acceso a caliza de calidad alimentaria en regiones específicas (como América Latina) es más limitado de lo que sugieren los totales globales.
Ante el escenario de presión sobre fuentes convencionales, el sector debe evaluar, desarrollar y validar fuentes alternativas de calcio. A continuación, se presenta las principales opciones disponibles o emergentes:
• Implementar estrategias de mezcla de caliza (2/3 gruesa + 1/3 fina) con concha de ostra para gallinas ponedoras ≥ 70 semanas, optimizando la liberación nocturna de calcio.
• Incorporar cáscara de huevo reciclada tratada térmicamente como fuente primaria o complementaria, aprovechando la circularidad del sistema de producción de huevo.
• Evaluar el uso de aragonita en dietas para aves en última fase de postura donde la absorción intestinal de calcio está comprometida.
• Explorar alianzas con productores de algas calcáreas marinas para desarrollo de aditivos minerales de alta biodisponibilidad y perfil multiminerales.
• Adoptar el paradigma de calcio digestible (digCa) en lugar de calcio total, permitiendo reducir niveles de inclusión de fuentes convencionales sin comprometer el rendimiento productivo.
• Implementar fitasa exógena en conjunto con fuentes de calcio altamente solubles (MCP, MDCP) para optimizar la relación Ca:P disponible con menor dependencia de suplementos minerales mineros.
La visión del nutricionista avícola del futuro debe trascender la búsqueda del menor costo inmediato en la caliza convencional, para adoptar un enfoque de gestión estratégica del riesgo mineral que integre diversificación de fuentes, formulación por calcio digestible e innovación en ingredientes sostenibles.