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XXII Congreso Latinoamericano de Avicultura 2011

Reproductoras pesadas

Manejo práctico de reproductoras pesadas

Publicado el: 4/9/2011
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La avicultura moderna se basa en cuatro pilares básicos: genética, sanidad, nutrición y manejo. 

Cada vez que la genética hizo un cambio, los otros tres pilares debieron actualizarse a fin de continuar con el virtuoso círculo de mejora y eficiencia productiva. 

A partir de los notables avances genéticos de los últimos años, fue necesaria  una profunda transformación en el diseño de los galpones para poder brindar adecuadas condiciones de confort a un animal cada vez más demandante. La nutrición se  perfeccionó, logrando así expresar todo el potencial genético. Al mismo tiempo se fueron adoptando nuevas medidas en bioseguridad, manejo y sanidad, como por ejemplo el uso de vacunas recombinantes de altísima tecnología, que en conjunto hicieron posible alcanzar los actuales resultados de campo. 

En la práctica, las reproductoras son parrilleros que llevamos a reproducción, o sea, aves genéticamente seleccionadas por una alta tasa de crecimiento y excelente conversión alimenticia, características poco compatibles con el objetivo de producción de huevos fértiles. 

En los últimos 30 años la edad de un parrillero para lograr 2 kg de peso vivo se redujo de 64 a 35 días, y su conversión alimenticia paso de 2,40 a 1,65.  

A pesar de estos notables progresos en los rendimientos de engorde, los parámetros reproductivos como ser, número de huevos, porcentajes de nacimiento, etc., también muestran significativos avances durante el mismo período, gracias a una mayor comprensión de los requerimientos que estas hembras demandan. 

En los últimos años se observa un inicio de postura a tiempo, una muy rápida trepada a pico de producción que incluso se adelanta notoriamente a la curva estándar, y una notoria reducción en el porcentaje de mortalidad en producción. Todos estos avances han sido posibles gracias a un mejor conocimiento de los requerimientos de las hembras. 

No obstante, la persistencia en producción luego de las 40 semanas de edad, muestra claras oportunidades de mejoramiento. 

Lograr una alta persistencia se ha convertido hoy en el mayor desafío de manejo para los gerentes de producción de reproductoras, como así también para la comunidad científica, que indudablemente dedicará, de acá en adelante, mucha energía a comprender los factores que conducen a mantener en un óptimo nivel productivo a las reproductoras modernas. 

Desde hace años sabemos que para que un lote de reproductoras logre una alta producción de huevos y una alta fertilidad debemos mantenerlas livianas y uniformes, y estos han sido nuestros objetivos prioritarios en el manejo de recría y producción. 

Con el avance en el conocimiento sobre las necesidades de las reproductoras, hoy debemos también considerar una tercera condición fundamental para poder alcanzar los mejores resultados productivos, como es el bienestar de las aves. 

Hablar de bienestar inicialmente nos lleva a pensar en confort, como ser, cantidad de aves por metro cuadrado, espacio de comedero, temperatura y ventilación del galpón, etc. Indudablemente que estos parámetros son de suma importancia y deben tenerse muy en cuenta en el manejo de las reproductoras, ya que de no poder brindar condiciones mínimas de confort, las aves sufrirán estrés, con las esperables consecuencias negativas en producción. 

Hoy debemos considerar al término “bienestar” en forma más amplia, abarcando conceptos como formulación y presentación del alimento, perfil de crecimiento, perfil de alimentación, uniformidad, programa de luz, programa de apareo, alimentación a pico, etc. Todos y cada uno de estos puntos pueden darles a las aves señales de bienestar positivas o negativas, que repercutirán en la productividad del plantel de hembras. 

Por lo tanto hoy resulta imperioso para el responsable de producción, satisfacer adecuadamente las necesidades de las hembras en tiempo y forma, observando e interpretando las señales, signos y síntomas que las aves manifiesten.

 

Manejo en recría

Perfil de crecimiento  Una hembra parrillero llega a los 2.900 kilos de peso vivo en 50 días, sin embargo su madre, una reproductora, necesita 24 semanas para llegar al mismo peso. Por lo tanto resulta de suma importancia el perfil de crecimiento de las aves; no es cuestión de lograr un determinado pesos en una determinada semana, ya que por sí mismo, el peso no es un adecuado indicador de una buena producción posterior.  

La ganancia de pesos en las primeras 10 semanas debe ser con empuje, entre las 10 y 15 desaceleramos, para volver a tener un vigoroso crecimiento desde las 15 semanas en adelante. 

No es el peso vivo en sí que define la performance de un lote sino cuándo y cómo vamos aportándole nutrientes a las aves durante su recría, por eso, tiene mas valor considerar el perfil de alimentación que las hembras reciben a lo largo de su vida. 

Perfil de Alimentación  Acá podemos considerar tres conceptos diferentes que se han ido modificando con el paso del tiempo: 

(1) Hace varios años, alimentábamos para lograr los pesos estándar semanalmente, o sea era seguir los gráficos de pesos semanales y el peso alcanzado determinaba  la cantidad de alimento a proveer a las aves.

(2) Posteriormente, se introdujo el concepto de Nutrición Mínima Acumulada a foto estímulo. Esta teoría postulaba que, para lograr un buen nivel reproductivo, una hembra requiere un mínimo de 23.000 Kcal y 1.200 gramos de proteína al momento de la foto estimulación. Esta idea colaboró en mejorar los resultados reproductivos ya que, indudablemente, es necesario alcanzar una determinada composición corporal capaz de sostener la demanda de una buena y persistente postura.

(3)  En la actualidad encaramos la alimentación de las aves con el conocimiento de que a distintas edades las aves presentan distintas necesidades energéticas, por lo que podríamos hablar de una Nutrición Mínima Modulada a lo largo de toda la vida del ave. 

Por ejemplo, sabemos la importancia que tiene para el resultado final del lote, lograr una buena uniformidad, y desde el punto de vista del plantel en conjunto, lograr un muy buen crecimiento (ganancia de peso) en las primeras 6 a 8 semanas, conduce a obtener una mejor uniformidad. De esta forma tendremos pocas aves pequeñas, y la restricción posterior dará mayores beneficios. 

Comenzar entonces durante las primeras semanas con dietas proteicas y con consumos “suficientes” para lograr un vigoroso perfil de crecimiento. 

Hacia las 10 semanas de vida, las hembras deben encontrarse dentro del peso estándar con la más alta uniformidad posible para transitar la segunda etapa, hasta las 15 semanas, con una desaceleración en el perfil de ganancia de peso. Hace 30 años, las recomendaciones de alimentación para este período, sugerían mantener casi constante el consumo de alimento. Hoy sabemos que estas 5 semanas son importantes en la acumulación de nutrientes, por lo que incrementos de 2 gramos en el consumo semanal, son necesarios para una óptima preparación de las hembras para las siguientes etapas de su vida. 

Desde semana 15 hasta el foto estímulo ingresamos en una tercera etapa donde las necesidades de las aves son muy diferentes, requiriendo vigorosos aumentos en torno a un 10% en el consumo semanal, para producir el necesario cambio en el perfil de crecimiento preparando, de esta manera, reservas en las hembras para la inminente demanda del inicio de producción. 

Uniformidad  Uno de los puntos más importante de una recría es lograr una buena uniformidad entre las aves. Aunque realmente deberíamos hablar de uniformidad en madurez sexual, de rutina utilizamos uniformidad en peso vivo, ya que ésta es una manera fácil, práctica y repetible de evaluar un lote de reproductoras. 

Disponemos de varias técnicas de manejo que favorecen una buena uniformidad, como son forma de alimentación, manejo de comederos, uso de corrales, clasificaciones del lote, no despicar hembras, y utilizar formulaciones diluidas que aumentan los volúmenes de alimento a distribuir. 

Es conveniente esforzarse para que la diferencia en peso/tamaño de las aves no sea muy grande en aquellas semanas en que el esqueleto aún continúa con un activo desarrollo, o sea hasta las 8 a 10 semanas de vida. Por lo tanto es recomendable realizar una primera selección individual con balanza del 100% de las aves entre los 7 a 10 días, una segunda a la cuarta semana y otra a la octava ó novena semana a fin de obtener el máximo beneficio, al ser más fácil uniformar un lote durante estas primeras semanas de vida.

Si todo va bien encaminado, una última selección a las 14 semanas, justo antes de inducir la aceleración en el crecimiento, sería suficiente para llegar al inicio de postura con un plantel de hembras uniforme.

Indudablemente que la restricción a que son sometidas las aves no favorece al bienestar de ellas. Al contrario, para lograr los pesos estándar generamos un tremendo  instinto de sobrevivencia y competencia por la poca cantidad de alimento suministrado. Las selecciones favorecen a que hembras de temperamentos semejantes compitan equitativamente entre ellas, reduciendo dentro de lo posible, factores estresantes. 

Otra forma en la que podemos favorecer el bienestar de las aves es utilizar en recría alimentos más diluidos; de esta manera al poder ofrecer un mayor volumen, satisface más a las aves, facilita la distribución del alimento en los comederos y beneficia la uniformidad del plantel. 

Por último la presentación del alimento también juega un rol muy importante. Cuando alimentamos con pellets, el consumo es más rápido, aumenta la competencia, aumenta la agresividad y aumenta la desuniformidad entre las hembras. Por ello, debe evaluarse la posibilidad del uso de migajas/harinas a fin de favorecer por medio de esta alternativa de manejo, el bienestar de las hembras. 

Luz  Cuando uno analiza resultados productivos de varios países de Latinoamérica, en muchos de ellos se observa una muy buena persistencia en postura. Curiosamente, estos países se encuentran cercanos al Ecuador, por lo cual la cantidad de horas luz día que las aves reciben es baja, en comparación a los que se encuentran a latitudes mayores. 

Si comparamos reproductoras pesadas con aves de postura comercial encontramos en aquellas una más rápida caída en persistencia, exacerbada cuando se brindan foto períodos largos en producción. 

Hay especies consideradas foto refractarias absolutas como la perdiz, que necesitan ser  expuestas a días cortos para dispar la condición de foto refractariedad, mientras que otras, como las reproductoras pesadas, foto refractarias relativas, en las cuales la madurez sexual es demorada pero no impedida si no son expuestas a días cortos. 

Por ello, desde hace años venimos utilizando galpones obscuros para la etapa de recría, brindando 8 horas de luz de baja intensidad, a fin de foto sensibilizar las aves para que respondan al estímulo de luz e inicien producción coordinadamente y a la edad programada. 

Además, las recrías en galpones obscuros favorecen un temperamento más dócil de las aves, que incluso permite el no despique de las hembras, factores estos, que suman al bienestar y mejor uniformidad de las aves.

 

La etapa de los grandes cambios 

Entre las 20 y las 30 semanas, las hembras sufren modificaciones fisiológicas significativas que deben estar acompañados con acertadas medidas de manejo, para lograr un alto pico de postura, buena persistencia, buena calidad del huevo incubable, y una alta fertilidad. 

Programa de luz, alimentación y apareo, son manejos que pueden determinar el éxito o el fracaso de la etapa de producción de un lote. 

Entre las 21 y 23 semanas se inicia con el programa de luz, brindando el primer foto estímulo necesario para la activación hormonal que conduce al inicio de la puesta. Los resultados de las últimas investigaciones, demuestran la importancia en no exceder de 14 horas totales de luz en producción a fin de no inducir rápidamente un estado de foto refractariedad adulta en las aves, con la consiguiente pérdida de persistencia de producción del plantel. 

Estas 14 horas luz en algunos países es mayor que la cantidad de horas de luz natural, entonces resulta muy importante no alimentar muy temprano en la madrugada (costumbre en zonas de clima caliente) a fin de no alargar innecesariamente el día a las aves. 

A partir del primer incremento en horas luz, es muy importante que las hembras no perciban un brusco incremento en las kilocalorías consumidas, ya que esto altera el normal reclutamiento y ritmo de maduración de los óvulos, conduciendo a una alteración permanente del ovario. 

Esta es una de las etapas más importantes de la Alimentación Mínima Modulada. A partir de la semana en que iniciamos con el programa de luz es contraproducente tratar de corregir cualquier desviación en el peso de las hembras o pretender acelerar el inicio de postura, por lo tanto sólo debemos brindar incrementos de alimento mínimos en torno a unos 2 ó 3 gramos semanales, concentrándonos exclusivamente en lograr un adecuado desarrollo del sistema reproductivo de las hembras. 

La alimentación hacia pico de consumo también debe ser pausada, y dentro de lo posible, es conveniente brindar, a partir del 20% postura día, dos o tres incrementos semanales de unos 2 a 3 gramos cada uno, lo que resulta en un promedio cercano a 1 gramo de incremento por día. 

En la alimentación hacia pico de producción, no debe alimentarse ni por peso ni por porcentaje de producción, sino seguir con un plan de incrementos periódicos hasta el máximo consumo programado. Esto significa que podremos llegar al máximo consumo recién cuando el lote se encuentra por encima del 80% de postura día. 

La experiencia de campo demuestra que estas hembras son muy eficientes en la cantidad de kilocalorías necesarias para producir un huevo. La energía requerida para crecimiento y producción de huevos son relativamente constantes, en contraposición, la energía de mantenimiento es muy variable, estando muy influida por el peso de las aves y la temperatura ambiente. 

Dependiendo entonces de la temperatura ambiente y el peso promedio de las hembras, podemos considerar un pico de consumo de 450 a 465 Kcal y 25 gramos de proteína diarios para lograr excelentes resultados productivos. 

Una vez que llegamos al pico de producción, es recomendable volver a concentrarse en la ganancia de peso vivo, peso del huevo y persistencia de postura, tres parámetros que están muy ligados a un eficiente y oportuno retiro de alimento post pico de producción, como para lograr la mayor persistencia posible del lote. 

Debemos tener muy presente la importancia que tiene hacer un retiro significativo entre el pico de postura y las 40 semanas de edad. No es conveniente esperar para iniciar los retiro de alimento, de ser así le estamos dando la posibilidad a las hembras de una excesiva ganancia de peso vivo y en el peso de huevo que repercuten negativamente en la persistencia. 

Si en pico de consumo estamos alimentando unas 450 Kcal/día, es recomendable ser prudente con la baja de consumo acumulado a las 40 semanas. Prácticamente reducir a 430Kcal/día a las 40 semanas estaría cubriendo las necesidades de mantenimiento, ganancia de peso y producción del lote, como para mantener una buena persistencia de postura posterior. Esta reducción se practica con retiros de 1 a 2 gramos semanales, siempre observando la respuesta en postura. 

Analizar semanalmente el porcentaje de producción, las ganancias de peso vivo, peso del huevo, y la temperatura ambiente, colaboran a tomar decisiones correctas de cómo debemos continuar alimentando las hembras hasta el fin del ciclo reproductivo. 

Otro manejo que necesitamos realizar en esta etapa en la vida de las hembras es el apareo de machos. En los últimos años se viene observando una tendencia de sobre apareo debido a machos con temperamento agresivo, por lo tanto el apareo debe ser hecho con sumo cuidado y tomando en cuenta la experiencia obtenida en lotes previos. 

La falta de sincronización en madurez sexual en muchos lotes lleva a encontrar machos listos para pisar apareados a hembras que aún no alcanzaron su madurez sexual.  De presentarse esta situación, los machos agreden a las hembras provocándoles lesiones, mortalidad, estrés, pérdida de postura y una permanente baja del índice de fertilidad. 

Es muy conveniente capitalizar toda la experiencia obtenida de los lotes anteriores, para definir cuándo, cuánto y cómo apareamos los machos, ya que no hay una condición fija y definida sobre este punto. Se debe estar muy atentos de lo que sucede en el galpón en las semanas posteriores al apareo, a fin de retirar un porcentaje de machos, en caso de presentarse esta condición de sobre apareo. 

Resulta muy útil destacar la importancia que tiene el tipo de presentación del alimento en el bienestar de las hembras, y por consiguiente en el resultado productivo del lote. 

Por un lado razones de bioseguridad llevan a tratamientos térmicos y pelletizacion del alimento; por otro lado, en zonas de climas calientes donde puede presentarse caídas de postura y/o mortalidades debido a un golpe de calor, muchas empresas deciden alimentar con pellets y muy temprano en la madrugada, a fin de que a media mañana, las aves hayan digerido el alimento y puedan defenderse mejor del golpe de calor de la tarde.

Esto es contraproducente en dos sentidos, primero al alimentar muy temprano hace que la cantidad de horas día se eleven a 16 ó 17 horas que, como se mencionó anteriormente, es un factor negativo para una buena persistencia de postura; y segundo, el tiempo de consumo cuando se alimenta con presentación pellet, es sumamente corto, generando un estrés a las aves. Por ello siempre es conveniente dar alimento en migajas o en harina, que colabora en la uniformidad del lote y el bienestar de las aves.

Por último debemos considerar la influencia de ciertas enfermedades sobre la postura. En el transcurso de los últimos años se ha observado en Latinoamérica un incremento de problemas sanitarios asociados a  pneumovirus  y a virus de bronquitis variantes. Correctas medidas de bioseguridad y un adecuado programa de vacunación, colaboran a reducir la pérdida de huevos incubables que estas enfermedades provocan. 

Como hemos visto, el éxito en el manejo de las reproductoras, se basa en una sucesión de hechos que deben estar coordinados entre sí a fin de poder ir cubriendo los requerimientos en las distintas etapas de la vida de las hembras, siempre procurando reducir cualquier factor de estrés y estando muy atentos de poder generar un ambiente de confort y bienestar para las hembras.

 

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