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XI Congreso AVEM

Calefacción en casetas avícolas

Publicado el: 23/5/2018
Autor/es: Francisco Castellanos Guzmán, Consultor avícola independiente. México

Al hablar de calefacción, debemos tomar en cuenta varios factores como tipos de casetas, ambiente natural y ambiente controlado.

Las casetas que se equipen, deben estar selladas para evitar que se escape la temperatura generada por los equipos seleccionados. También se debe tomar en cuenta que el 70% del calor se elimina por el techo, el 20% por los costados y el 10 % por el piso.

Si no se tiene el techo con aislamiento térmico y los costados protegidos con cortinas en buen estado además de tener faldones (que traslapen cuando menos 20 centímetros), la pérdida de calor será mayúscula no logrando la temperatura deseada traduciéndose en un incremento del gasto por calefacción y deterioro del peso promedio.

Para evitar pérdida de calor, el piso se debe aislar con cama suficiente y seca. Una cama seca se inicia precalentando el piso 24 horas antes de colocarla para evitar que esta se humedezca cuando el piso aún se encuentra húmedo.

El costo por concepto de calefacción es considerable, por eso debe elegirse un buen sistema que se adapte a las necesidades y rentabilidad de la empresa. Los avicultores deben de invertir en instalaciones de máxima eficiencia que les permita mayor productividad y mejores ganancias. El equipo que se elija, debe tener un constante mantenimiento; cada fin de parvada verificar si la presión requerida está llegando al inicio de la caseta.

Si el equipo seleccionado es de baja presión, funcionan con 11 pulgadas de agua de presión. Para que este equipo funcione bien debe contar con la instalación de tubería de una pulgada de diámetro y manómetros adecuados al equipo (consultar con el proveedor). Lo mismo pasa con los equipos que funcionan con alta presión (cinco o más libras), este equipo funciona con tuberías de ¾ de pulgada.

La distribución de los equipos dentro de las casetas debe ser adecuado al tipo que se elija, existen varios tipos: radiantes, turbo calentadores y las convencionales.

  • Las radiantes calientan el piso y dependiendo de la superficie que cubran siempre deben distribuirse de forma que se una la superficie de una con la otra. El 90% del calor lo dirigen al piso y el 10% al aire.
  • Las criadoras convencionales sólo calientan el aire.
  • Los turbo calentadores también calientan el aire con la diferencia que lo distribuyen en el área de crianza.

 

 

Las temperaturas variables dentro de las casetas causan alta humedad, trastornos en el TGI (Tracto Gastrointestinal) y enfermedades metabólicas en las aves.

La alta humedad dentro de las casetas es causada por: condensación, respiración y bebederos en mal estado o mal manejados. Los daños en TGI son causantes de un desbalance bacteriano, inflamación y mala absorción de nutrientes, presentación de enfermedades metabólicas y si tomamos en cuenta que el 60% de los anticuerpos se producen en el TGI, sabemos que los resultados productivos se ven comprometidos.

Todos estos fenómenos son los causantes de estrés en las aves y deterioro en la salud. Las aves en confort utilizan la energía del alimento consumido de la siguiente forma: 30% para la producción, 30% para ganancia de peso, 30% para mantenimiento y 10% para la respuesta inmune mientras que las aves estresadas utilizan la energía del alimento consumido de la siguiente forma: 20% para mantenimiento y 80% para la respuesta inmune.

 

En ambiente controlado, los pollos deben ganar cinco veces más del peso de recepción y para ambiente natural cuatro veces más.

Para que las aves se desarrollen y se optimicen los resultados productivos, se les debe dar las condiciones adecuadas de temperatura que necesiten acorde a la edad.

Recuerden que si iniciamos bien, terminaremos bien.

 

REFERENCIAS

1. Leeson, S. Díaz, G. Summers, “Poultry metabolic disorders and micotoxins”, University Books, Canada, 1995.
2. Calnek, B.W, “Enfermedades de las aves”, Manual Moderno 2° edición, México, 2000.
3. Shane, S., “Handbook on poultry diseases”, American Soybean Association, U.S.A., 1997.
4. Schmidt-Nielsen, K., “Animal physiology adaptation and environment”, 5th edition Cambirdge University Press, United Kingdom, 1997.

 
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