No habrá soluciones sostenibles a la crisis climática sin transformar la forma en que producimos, distribuimos y consumimos los alimentos. América Latina y el Caribe, una región vital por su biodiversidad y su potencial agroalimentario, enfrenta el desafío de avanzar en políticas que combinen desarrollo rural, conservación ambiental y resiliencia frente a los eventos climáticos cada vez más frecuentes.
La FAO es un actor clave en la integración del financiamiento para la acción climática dentro de los sistemas agroalimentarios, demostrando que la agricultura sostenible, la ganadería regenerativa y la bioeconomía son parte esencial de la respuesta global al cambio climático.
En su
artículo de opinión,
Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, advierte que el cambio climático está alterando los sistemas productivos, afectando la seguridad alimentaria y aumentando la pobreza rural. Sin embargo, menos del 4 % del financiamiento climático mundial se destina actualmente a la agricultura, ganadería, pesca y silvicultura.
La brecha es profunda y urgente de cerrar. Orellana Halkyer plantea que la adaptación y mitigación en los sistemas agroalimentarios deben ser prioridad para los fondos internacionales, combinando inversiones en innovación, agroforestería, restauración ecológica y manejo sostenible del territorio. “Transformar los sistemas agroalimentarios no es un costo —es la mayor inversión en el futuro del planeta”, afirma.
En este contexto, la FAO ha fortalecido su papel como socio confiable y articulador de soluciones financieras innovadoras. Durante el evento
“Unlocking Finance for Agrifood Systems Transformation”, celebrado en Santiago de Chile, gobiernos, bancos de desarrollo y fondos internacionales coincidieron en la necesidad de diseñar
mecanismos de inversión que aceleren la transformación sostenible del campo.
Y desde el terreno llegan tres historias en Argentina, Brasil y Paraguay de ejemplos tangibles de cómo la acción climática puede ser socialmente justa, económicamente viable y ambientalmente transformadora. Frente a la crisis climática, los sistemas agroalimentarios son la primera línea de defensa y, a la vez, la mayor oportunidad para construir un planeta más equilibrado.
En el noreste de Argentina,
un grupo de mujeres rurales lidera la reforestación con especies nativas en zonas degradadas. Su labor, acompañada por la FAO, simboliza una nueva manera de restaurar el paisaje y crear empleo verde. Plantar árboles es aquí mucho más que un acto ambiental: es una estrategia de resiliencia económica y social, donde las mujeres se posicionan como agentes del cambio y guardianas del futuro.
En Brasil, desde 2023, la FAO y el pueblo xukurú, representado por el Colectivo Jupago Kreká, colaboran en la
restauración de los bosques de Ororubá en el marco del Programa mundial de restauración biocéntrica de los Pueblos Indígenas, demostrando que cuando el liderazgo de los Pueblos Indígenas, la herencia cultural y el apoyo científico se combinan, la restauración, además de ecológica, puede ser también espiritual, cosmogónica, educativa y social, lo que permite asegurar que perdure y que la naturaleza sea reconocida con el mismo respeto y dignidad que la humanidad.
En Paraguay, la FAO acompaña a comunidades rurales que viven y trabajan en el bosque. El bosque en Canindeyú, en el corazón del Paraguay oriental, productores y familias combinan conservación, agricultura sostenible y restauración forestal. Este modelo demuestra que la conservación no implica detener la producción, sino transformarla:
el bosque puede ser hogar, sustento y protección climática al mismo tiempo.
La FAO trabaja junto a los países de América Latina y el Caribe para escalar estas soluciones, atraer inversiones climáticas y conectar ciencia, financiamiento y comunidades. Porque transformar los sistemas agroalimentarios no es solo un objetivo técnico: es una promesa de vida mejor para todas y todos, sin dejar a nadie atrás.