Manejo Integrado de Plagas (MIP)

Manejo Integrado de Plagas (MIP)

Publicado el: 28/8/2006
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En los últimos años, promovido por el auge de la siembra directa y el bajo precio de los piretroides, se ha generalizado la práctica de manejo en la cual a cada aplicación de glifosato se le agrega “un chorrito de cipermetrina” con el objetivo de “matar cualquier plaga que pudiese haber en ese momento“, sin tener certeza de su existencia real.

Convencidos de que esta práctica sólo genera mayor cantidad de aplicaciones a largo plazo, aumentando así los costos para el productor, la contaminación del medio ambiente y las posibilidades de generación de resistencia, queremos refrescar conceptos de Manejo Integrado de Plagas, fundamentales para minimizar los efectos indeseados.

Manejo Integrado de Plagas

Es una estrategia de manejo de plagas que utiliza en forma armónica todas las técnicas de control disponibles, con el objetivo de mantener la población de plagas por debajo del nivel de daño económico, preservando al máximo el ecosistema.

Principios básicos

• Identificación de plagas y enemigos naturales.
• Monitoreo de lotes.
• Conocimiento de la fenología y del desarrollo del cultivo.
• Determinación de niveles de daño económico.
• Aplicación de insecticidas selectivos.

El primer paso para plantear un manejo integrado, es conocer a fondo la plaga, sus enemigos naturales y la dinámica que entre ellos y el medio, en este caso el cultivo, se produce. De esta manera, y a continuación, seremos capaces de evaluar cómo afecta la plaga al cultivo y cuánta es la pérdida que ocasiona, para así definir el Umbral de Daño Económico, entendiéndose éste como “el perjuicio ocasionado por la plaga que iguala el costo de control de la misma”. Luego, y a partir de aquí tendremos las herramientas para decidir si es conveniente o no hacer una aplicación química.

Para aplicar plaguicidas, se deberá tener en cuenta también que su impacto sobre las poblaciones de organismos benéficos es complejo, y que se ve afectada la longevidad y fecundidad de los enemigos naturales. Los controladores biológicos generalmente son más sensibles a los plaguicidas de amplio espectro que los fitófagos, por lo cual es importante utilizar productos de probada selectividad para conservar organismos benéficos hacia los cuales no se dirige la aplicación.

Otro punto que no debemos descuidar a tener a la hora de aplicar un plaguicida es el “uso estratégico”, lo que implica la utilización de dosis óptimas en el momento oportuno para evitar pérdidas y que el producto contamine el medio ambiente y sus recursos vitales como el agua, el aire, o el suelo.

La siembra directa aumenta extraordinariamente la actividad biológica, tanto de las plagas como de sus predatores. Por lo tanto, en este sistema debemos dejar de ser exterminadores, para pasar a ser “manejadores” de plagas dentro de nuestro agroecosistema (Gassen, 2003).
 
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