Jatropha, Perspectivas para la República Argentina

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Se escucha a veces decir que el biocombustible va a reemplazar totalmente a los combustibles obtenidos del petróleo crudo, tanto en nuestro País como en el extranjero, y por lo tanto el desastre ecológico consecuente será de incalculable magnitud.
En Argentina se consumen actualmente como mínimo 12.000.0000 de m3/año de combustible diesel, llamado gas oil entre nosotros, y es interesante ver cual es la superficie equivalente en cultivo de soja, para abastecer en esta magnitud. La soja produce en promedio 1m3/año de aceite cada 2 Hectáreas cultivadas, y dado que en la práctica un litro de aceite produce un litro de biodiesel, o sea para un reemplazo total del gas oil por biodiesel de soja, necesitaríamos cerca de 24.000.000 de Hectáreas, que es un 50% mas que toda la superficie cultivada ahora en nuestro País. A su vez habrá que tener en cuenta también la superficie destinada a obtener alcohol (10% en peso), para efectuar la reacción de transesterificación, siempre y cuando no se utilice alcohol metílico obtenido por síntesis de hidrocarburos, como se hace en la actualidad.

Estos números indican ya a prima facie su total inviabilidad, porque la cantidad de tierras a disponer, serían de difícil obtención, por lo menos en un futuro inmediato y aún mediato. Recordemos que para llegar a la actual superficie sembrada de soja, se tardó más de 35 años en nuestro País.

Actualmente se hacen experiencias por parte de entidades Públicas y privadas, con aceite de colza, variedad transgénica canola, con rendimientos cercanos a los 1.000 Lt. de aceite por año y hectárea, que es utilizado para este mismo fin en Países de la Comunidad Económica Europea, pero con importantes subsidios de sus Gobiernos para los agricultores que la cultivan. Los resultados también parecen promisorios, en especial la calidad del biodiesel, superior al obtenido con aceite de soja. Sin embargo hay en Argentina un inconveniente significativo, el aceite comestible de colza canola tiene un precio de venta en el mercado 10 veces superior (1.000 %) al de un litro de gasoil, por lo que es muy improbable que sea destinado como materia prima para elaborar biodiesel.

Debido a lo indicado precedentemente, ya sea por temas ambientales, de factibilidad técnico-económica y de competencia entre aceites comestibles con biocombustibles, se han investigado vegetales, tanto existentes en la República Argentina como introducidos oportunamente, que por sus características, no entren en las categorías de los anteriores y puedan satisfacer los requisitos tanto en cantidad como en calidad, como fuentes primarias de producción de aceite para producir biodiesel.

Un caso interesante y de gran actualidad es el de fabricación de biodiesel por transesterificación metílica del aceite obtenido de las semillas del ricino, tártago o castor (Ricinus communis, Linneo). Este vegetal, con muchas variedades, crece naturalmente en muchas regiones de nuestro País, en especial en climas cálidos y aun templados, es muy rústico y se adapta a muchos suelos, mas aún está considerado una de las 100 plantas invasoras Argentinas. Tiene un importante inconveniente, dado que el número de cetano de su metiléster es del orden de 38, lo que por defecto importante, lo hace salir de cualquier especificación al respecto y por lo tanto técnicamente inviable. Su adecuación para transformarlo en un aceite apto mediante procesos químicos, es medianamente viable pero de costo importante.

De tres años a esta parte, se iniciaron en nuestro País los primeros intentos referidos a la Jatropha Curcas, Linneo, que también es llamada piñón entre nosotros. Existe hoy en día bastante información sobre la misma, pero como es un vegetal que necesita algunos años para producir al máximo, todavía no hay datos concluyentes, ni mucho menos.

En general se ofrecen semillas y plantines, pero no existen aún cultivares que demuestren las bondades que se pregonan sobre dicho vegetal, lo que no invalida de ninguna manera las posibilidades que la misma ofrece, pero se debe hacer especial hincapié, en la verificación de su rendimiento, que obviamente se logrará una vez que alcancen su máxima producción, y que por las experiencias extranjeras, se produce como mínimo a partir de los cinco años de plantada.



Esta euforbiácea, perenne y con una vida productiva de cerca de 50 años, siempre según la bibliografía extranjera, se ha asilvestrado en muchas regiones del planeta, dando lugar a una cantidad significativa de variedades, que se diferencian fundamentalmente en la cantidad y calidad de aceites de sus semillas, detalles muy a tener en cuenta en el momento de decidir su implantación con fines comerciales.



Este vegetal también se habría asilvestrado en pequeñas áreas del norte Argentino, no se conocen que hayan habido plantaciones comerciales, aunque esto no puede afirmarse categóricamente, y en la mayoría de los casos sus árboles se usan para producir sombra, pues su follaje es bastante denso.

También es muy rústica, y se adapta muy bien a suelos pobres, tolera bién los períodos de sequía, aunque su producción se ve muy favorecida con el aporte de agua. Desconocemos en la actualidad los ensayos que se han hecho o se están haciendo en terreno, pero generalmente son ensayos piloto, para ver la adaptación a las condiciones ambientales de determinadas zonas. No es cierto que no tiene plagas, ya sean vegetales o animales, de hecho no existe vegetal alguno que no las posea, pero en general es bastante resistente a las mismas, y también en general no es atacada por animales mayores, aunque esto tampoco se puede asegurar en forma categórica.

Como hecho positivo se puede asegurar que los aceites obtenidos de sus semillas no producirá ningún impacto en los aceites comestibles dado que sus aceites y el residuo, (Torta), resultante, son tóxicos, y a pesar que mediante procesos físico-químicos se puede eliminar su toxicidad, es un procedimiento relativamente costoso.

Otro hecho muy importante, es que en principio se pueden utilizar tierras que no son aptas para la gran mayoría de los vegetales utilizados para la alimentación humana y animal. Este detalle no es menor, en nuestro País existen grandes superficies que están en estas condiciones, y que eventualmente podrían ser utilizadas con este fin.

El tema más importante o sea su producción, sólo puede ser estimada a través de datos provenientes del extranjero, y hay mucha disparidad al respecto. Una verdad de Perogrullo es que el rendimiento de cualquier cultivo se ve recién después de la cosecha y esto es válido también para esta euforbiácea. La bibliografía menciona de 1.000 a 1.500 Kg. de aceite por año y hectárea, lo que de confirmarse, serían valores muy positivos. Cantidades superiores deben ser tomadas con mucha precaución, y lo mejor sería ver los cultivos y las cosechas correspondientes.

Hay ya algunas experiencias en países vecinos, pero son aislados y también en sus primeras etapas. Por supuesto Brasil lidera a las mismas, pero también Paraguay y Bolivia, en especial por sus condiciones ambientales favorables, tienen importantes posibilidades y en todos los casos se han encontrado ejemplares de muy buena calidad, tanto silvestres como plantadas, pero solamente para producir semillas o simplemente cercos y/o sombra.







Simultáneamente con los estudios sobre Jatropha curcas, se encontró que en Argentina existen otras Jatrophas, que son autóctonas y cuyas semillas también producen aceites aptos para ser usados en la fabricación de biodiesel. Después de un exhaustivo trabajo de investigación y desarrollo, se ha verificado la posibilidad concreta de usar dos especies clasificadas de euforbiáceas autóctonas, Jatropha macrocarpa Grisebach y Jatropha hieronymi Kuntze, denominadas comúnmente higuerilla o higuera del zorro, sacha higuera, piñón, etc.

La primera información sobre este posible uso, dado que anteriormente, no son mencionadas en ninguna bibliografía relevada a nivel nacional e internacional como posibles productoras de aceites para ser usadas como materia prima para producir biodiesel, fue expuesta en las Jornadas sobre Biocombustibles, Cultivos no Tradicionales y su Impacto en las Economías Regionales, desarrolladas el 3 y 4 de Abril de 2006, en Mendoza, Argentina, organizadas por la Facultad de Ingeniería, Facultad de Ciencias Agrarias y Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, dependientes de la Universidad Nacional de Cuyo.

Al respecto, botánicamente hablando, Jatropha macrocarpa y Jatropha hieronymi, son dicotiledóneas de la Familia euforbiáceas, Subgénero Jatropha y Sección peltatae, son endémicas del chaco occidental de Argentina, Bolivia y Paraguay, zona que presenta clima cálido, templado/cálido y seco, se adecuan a suelos pobres en nutrientes, que por sus condiciones ecológicas generalmente son zonas áridas y semiáridas, por lo que su explotación industrial extensiva no competirá de ninguna manera con los cultivos agrícolas tradicionales. Asimismo dichas especies, que son silvestres en la actualidad, crecen en áreas de muy escasa precipitación pluvial, del orden de los 200 a 300 mm anuales, por lo que podrían ser perfectamente cultivables en dichas regiones a secano.

Son arbustos que se transforman en árboles pequeños con el tiempo, poseen hojas palmadas grandes, madera blanda, y frutos y semillas muy parecidos a los del ricino; Tanto éste último como el tung, el crotón, la mandioca y el caucho también pertenecen a la familia de las euforbiáceas.

En general, las plantas silvestres se encuentran dispersas, pero agrupados en pequeños parches, dado que su reproducción natural se efectúa al germinar las pesadas semillas en cercanías de las plantas adultas. La dispersión de las semillas se produce mediante la explosión de los frutos maduros, las que son expulsadas violentamente, en un proceso similar al de algunas variedades de ricino.

El período de fructificación y posterior producción y cosecha de sus semillas oleaginosas, es variable y depende especialmente de la temperatura ambiente. En general, fructifica durante los meses cálidos y templados del año, decreciendo a medida que la temperatura media disminuye y deteniéndose en los mas fríos. La reproducción en forma artificial, se hace por medio de siembra directa de plantines y estacas, resultando hasta ahora muy dificultosa la reproducción por medio de germinación de semillas, aunque esto último deberá ser verificado en la práctica.

Las principales características botánicas de ambas especies se resumen en la tabla que sigue a continuación.



En la misma se muestra la distribución geográfica de estas especies, encontrándose las mismas en forma silvestre en las Provincias de San Luis, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Chaco y Formosa.

Los análisis efectuados al aceite obtenido de Jatropha macrocarpa y Jatropha hieronymi dan resultados positivos concluyentes que se describen a continuación.




De los ensayos físico químicos efectuados, se saca como conclusión el excelente rendimiento tanto en la cantidad y calidad de los aceites obtenidos, ver en particular el porcentaje de ácido oleico, índice de iodo, así como la relación de insaturados/saturados (82%/18%), como también sus muy bajos porcentajes de azufre. En el biodiesel obtenidos con sus aceites, tanto metílicos como etílicos, sus números de cetano están muy por encima de los mínimos exigidos, así como los valores de Carbón Conradson correspondientes, y se puede afirmar categóricamente que el biodiesel obtenido es como mínimo de mejor calidad que el de soja, y similar al de colza, siendo comparables a los fabricados con aceite de Jatropha curcas.

CULTIVO INDUSTRIAL DE JATROPHA MACROCARPA Y HIERONYMI

No existen antecedentes conocidos en Argentina, sobre cultivares de estas especies de Jatropha, y la escasa información sobre las mismas, no indica ninguna información sobre su cultivo con fines de rentabilidad económica. Solamente se hace mención en algunas publicaciones de su existencia en forma natural en diversas regiones del noroeste de nuestro país, ver bibliografía consultada, y a través de relevamientos efectuados en terreno se ha verificado la existencia de poblaciones silvestres. El uso actual de estas especies es únicamente con fines ornamentales, en varios jardines particulares de poblaciones del NOA o de coleccionistas de plantas crasas y con fines de exposición como en el Parque de Crasas y Suculentas CHIRAU MITA, en Chilecito, La Rioja.



Al respecto se mencionan algunas localidades, dado que por lo visto, no ha habido un relevamiento exhaustivo a nivel nacional de dichas especies. Sin embargo, con los conocimientos existentes, se puede asegurar que existen grandes regiones de Argentina, incultas y con pocas expectativas de ser útiles para los cultivos tradicionalmente conocidos, que son perfectamente aptas para cultivo con fines comerciales de ambas Jatropha. Dado que en la medida que se trate de obtener un cultivo que pueda satisfacer expectativas de obtención de aceites a nivel macro, o sea, estamos hablando de cultivares de cientos de miles a millones de hectáreas, aunque nunca en un futuro inmediato, podemos presuponer que dichas superficies existen potencialmente en las regiones que estas especies son naturales y endémicas, y que en general son suelos semiáridos, con bajo contenido de nutrientes, y de ínfimo o muy bajo valor económico.

También, existe un motivo complementario, pero no poco importante, que justificaría ampliamente la implantación masiva de ambas especies. Según investigaciones totalmente actualizadas, el 75 % de la superficie de nuestro país, corre riesgos de sufrir los efectos negativos de la desertificación creciente, y una parte importante de dicha superficie, corresponde a la zona de crecimiento endémico de las mismas, por lo que dicha implantación serviría como barrera natural para detener el avance de la mencionada desertificación. Esto es corroborado por una situación similar planteada con la implantación de Jatropha curcas en África e India, donde se está utilizando esta especie en forma complementaria, para detener avances de desertificación, con excelentes resultados.



Como complemento a lo expresado, la plantación masiva de estos cultivos, no implica erradicación de ninguna otra especie vegetal existente, tal como está ocurriendo en el caso de la soja, sino que se utilizarán tierras desérticas o semidesérticas, cuya densidad vegetal en la actualidad es en la práctica muy baja, o sea no se modificarán con impactos negativos, los ecosistemas existentes. Específicamente existen áreas en regiones nuestro país que han sido y siguen siendo devastadas por la tala masiva y posterior quema, para ser sembradas y finalmente sobrepastoreadas por la ganadería y que ahora son presa de la desertificación. No se pretende una nueva escalada de desmonte sobre el bosque nativo ni destrucción de comunidades naturales, sino utilizar estas zonas casi arrasadas y agotadas por la agricultura intensiva.

A su vez, en dichas regiones, en general no existen industrias o emprendimientos agrícolas de cierta magnitud, por lo que la población de las mismas, en general padece en forma crónica problemas de desempleo, lo que los obliga a la emigración forzada, o a vivir en condiciones absolutamente precarias, por falta de ingresos genuinos. La sola posibilidad de concretar estas plantaciones, con todas las tareas que ello implica, tanto en el inicio de las mismas con las trabajos de siembra, así como las labores culturales, y la posterior cosecha y recolección de frutos y semillas, todas tareas manuales en un principio, presenta una oportunidad inmejorable de revertir esta grave situación socio-económica, en una magnitud que a priori es difícil evaluar, pero que sin lugar a dudas, será de gran relevancia. Por otra parte, algunas de las regiones de crecimiento natural y potenciales de cultivo industrial, poseen cultivares de olivo, que se destinan principalmente a la fabricación de aceite, con maquinarias de extracción ociosas durante nueve meses al año, y que con las pertinentes adecuaciones, perfectamente podrían ser aprovechadas para obtención de aceite de Jatropha macrocarpa y hieronymi.

Con respecto al tema central del potencial rendimiento del cultivo de ambas especies, no se pueden por el momento hacer consideraciones definitivas, sino estimativas, por motivos obvios, al no haber cultivares comerciales existentes en la actualidad.

Las primeras aproximaciones se pueden hacer tomando como modelo los rendimientos de Jatropha curcas (Piñón) y Ricinus communis (Ricino), dado que tanto las plantas, todas perennes y con un promedio de vida útil de 40/50 años, como las semillas, son en la práctica similares, no sólo por ser todas euforbiáceas, sino por sus tamaños, porcentajes y calidad de los aceites, con la excepción del de ricino por su distinta composición.



A tal efecto y para estudiar el comportamiento de de estos vegetales se inició hace 2 años atrás en La Rioja, una plantación experimental, de la que por el momento solamente se pueden obtener algunas conclusiones iniciales. Se transplantaron aproximadamente seis mil plantines de Jatropha macrocarpa, obtenidas de una población silvestre adyacente, por lo que no se varió ninguna de las condiciones ambientales originales. Las plantas demostraron una gran tolerancia al trasplante, mayor del 99%, y las experiencias con estacas también fueron positivas, sin embargo la germinación por semillas no ha dado resultados positivos hasta la fecha. Para comparar su comportamiento respecto a las silvestres, no se hizo ningún aporte artificial, ya sea de insecticidas, herbicidas y fertilizantes, ni labores culturales, pero sí se comprobaron diferencias importantes entre las regadas artificialmente y las mantenidas a secano.



Se ha verificado un crecimiento lento, sensiblemente menor al de Jatropha curcas, como también una menor densidad de frutos para ejemplares de tamaños similares. Resisten bién los intentos de ser depredados por animales domésticos y pájaros, aunque no en forma absoluta, y también a insectos y hormigas. Sin embargo se han detectado algunos parásitos, los mismos que afectan a Jatropha curcas y las hormigas tienen avidez por las carúnculas de las semillas.

También se ha verificado una diferencia significativa en el crecimiento y rendimiento en frutos, a favor de las regadas artificialmente. Así y todo, las trabajadas a secano, resistieron perfectamente bién, o sea no se notó mortandad por falta de agua. Sin embargo la conclusión mas importante, es la poca tolerancia a los fríos intensos, dado que la disminución de la temperatura promedio no solo disminuye la producción, sino que las heladas destruyen lisa y llanamente a las plantas.

Por ello es obvio que la producción final, se verá influida por varios factores entre los que se destacan, las condiciones ambientales, temperaturas promedio y extremas, régimen de lluvias, calidad de suelos, labores culturales, riego artificial, uso de insecticidas, plaguicidas y fertilizantes, etc. Tampoco es menor el hecho que se deberá efectuar un importante trabajo de investigación al respecto, con aportes de entidades Públicas y privadas, ampliamente justificados por la relevancia del tema.



El hecho fundamental de que el aceite obtenido de sus semillas no es comestible, por su significativo contenido de la fitotoxina curcina y otros compuestos tóxicos, no lo hace competitivo a priori en dicho mercado, lo que permitirá usarlo exclusivamente como materia prima para la elaboración de biodiesel.

Entendemos que en las circunstancias actuales no se poseen todavía los suficientes conocimientos, como para hacer estimaciones definitivas respecto al costo de obtención del aceite, que es el objetivo final de todas las tareas previas del cultivar. A pesar que hasta este momento, la producción de frutos y por ende semillas no pareciera significativa, finalmente y con los presupuestos de usar tierras de muy bajo valor económico, tendrán fundamental incidencia los costos de recolección, que deberán minimizarse, aspecto este que también ser tenido muy en cuenta en el caso de otras Euforbiáceas tales como el ricino y el piñón.

En conclusión, tenemos en nuestro País, la posibilidad de obtener biodiesel, a través de vegetales autóctonos, que crecen en terrenos no competitivos con los destinados a la alimentación, no necesita deforestación, y produce un biocombustible de excelente calidad. Esto, agregado a los amplios beneficios sociales y ambientales, hacen del presente emprendimiento una alternativa ampliamente favorable y de inmediata posibilidad de concreción.

Referencias:

- Tomás Riqué, Héctor Díaz Blasco, Laura Figueiro, I.N.T.I., Una Nueva Fuente Potencial de Producción de Aceite Vegetal: “Sacha Higuera” Jatropha macrocarpa Griseb. Revista Argentina de Grasas y Aceites 5: 31, 1963.

- Fabián Font, Las Especies del Género Jatropha L. (Euphorbiaceae, Crotonoideae) en Argentina. Revista del Círculo de Coleccionistas de Cactus y Crasas de la República Argentina, Vol.2, Nº 1, Enero-Febrero-Marzo 2003

- Werner J. Casotti, Obtención de biodiesel (metil/etil esteres) por medio del uso de aceites de las Euforbiáceas Jatropha macrocarpa y Jatropha hieronymi. Informe. Junio de 2006

 
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