Las lesiones de pezuñas se encuentran entre las principales causas de descarte prematuro en cerdas modernas, siendo responsables de hasta el 40% de los casos de cojera observados en las granjas. Además de comprometer el bienestar animal, estas lesiones afectan directamente el desempeño productivo y reproductivo de las hembras, reduciendo la ingestión de alimento, dificultando el servicio y retrasando el retorno al celo. La cojera también representa una pérdida económica considerable, con estimaciones de alrededor de €37 por cerda en Alemania, US$180 en Estados Unidos y entre €20 y €30 por hembra en granjas de los Países Bajos (Pluym et al., 2013).

El origen de los problemas es multifactorial. Los pisos abrasivos, la alta humedad, las infecciones secundarias y las deficiencias nutricionales se encuentran entre los principales factores de riesgo. La carencia de minerales traza como zinc, cobre, manganeso y selenio, así como de vitaminas A, D y biotina, compromete la formación de queratina y reduce la resistencia de la pared de la pezuña. Las lesiones dolorosas desencadenan respuestas inflamatorias y hormonales que interfieren en el eje reproductivo, disminuyendo la secreción de LH y progesterona, y aumentando las pérdidas embrionarias tempranas. Estudios indican que las cerdas cojas presentan hasta un 15% menos de tasa de concepción y intervalos destete-celo hasta tres días más largos, lo que afecta directamente la eficiencia reproductiva (Supakorn et al., 2018; Pluym et al., 2013).
A largo plazo, el impacto económico es aún más significativo. Cada descarte adicional por problemas locomotores reduce la productividad vitalicia y el número total de lechones destetados por cerda. Las hembras con buena integridad podal pueden alcanzar cinco partos productivos, mientras que aquellas con lesiones suelen ser descartadas tras la segunda o tercera lactancia, lo que incrementa los costos de reposición y disminuye la rentabilidad del sistema (Heinonen et al., 2013; Knauer et al., 2020).
Según Anil et al. (2009), la cojera en cerdas está estrechamente asociada con la reducción de la longevidad y la eficiencia reproductiva. En un seguimiento de 674 hembras, las cerdas clasificadas como cojas presentaron 1,71 veces más probabilidad de ser removidas del plantel en los 350 días siguientes en comparación con aquellas de locomoción normal. Además, se observó un menor número de lechones nacidos vivos por día de permanencia, menor tasa de supervivencia hasta los 350 días y reducción del número total de partos productivos en las cerdas afectadas. Incluso en grados leves, la cojera mostró un impacto negativo significativo sobre la productividad vitalicia, acelerando el descarte y reduciendo el número total de lechones destetados por hembra a lo largo de su vida.
La prevención debe integrar manejo, alojamiento y nutrición funcional. El mantenimiento adecuado de los pisos, la evaluación periódica de la locomoción y el soporte nutricional específico son fundamentales. Los minerales orgánicos de alta biodisponibilidad (Zn, Cu, Mn y Se) fortalecen la estructura queratinizada; los antioxidantes y vitaminas liposolubles (E y C) reducen el estrés oxidativo y la inflamación crónica; los compuestos hepatoprotectores optimizan el metabolismo energético; y los nutrientes que estimulan el desarrollo folicular y la supervivencia embrionaria contribuyen a una mayor tasa de ovulación e implantación.
Estos principios activos, aplicados estratégicamente en programas nutricionales específicos para cada fase fisiológica, ayudan a preservar la salud podal, mejorar el desempeño reproductivo y prolongar la vida útil de las hembras. El equilibrio entre bienestar, nutrición y manejo resulta esencial para garantizar una productividad sostenible y una rentabilidad continua en la producción porcina moderna.
Conclusión
La integridad de las pezuñas es un indicador clave de eficiencia y longevidad en las hembras porcinas. La cojera, además de reducir la fertilidad y el número de partos productivos, representa una pérdida económica importante para el sistema. Invertir en estrategias preventivas basadas en nutrición funcional, minerales orgánicos y antioxidantes de alta calidad es fundamental para asegurar el bienestar de las cerdas, aumentar su vida productiva y optimizar el retorno económico de las granjas.