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La resistencia bacteriana: La historia que no cuentan en las etiquetas

Publicado: 1 de enero de 2002
Fuente: Dr. Omar Romano Sforza
  • La ilusión del control
Hay historias que cuentan la ciencia con cifras, y otras que se pierden en mitos que suenan bien pero no resisten el examen. Una de ellas es la idea de que, en Europa, “los antibióticos en animales ya no importan” y que por eso la resistencia bacteriana debería estar desapareciendo.
Desde hace casi dos décadas, efectivamente, no se usan antibióticos como promotores de crecimiento en la ganadería europea, y su uso terapéutico está regulado, limitado y sujeto a periodos de retiro antes de que los productos lleguen a nuestra mesa. Pero esa realidad no ha desactivado el problema de la resistencia microbiana; más bien ha sacado a la luz que el fenómeno es mucho más amplio, complejo y profundamente humano.
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  • El espejismo del antibiótico agrícola
En 2006, la Unión Europea prohibió formalmente el uso rutinario de antibióticos para promover el crecimiento en animales de granja, una práctica que había sido común desde los años 50. Desde entonces, la regulación exige que cualquier tratamiento con antibióticos veterinarios sea terapéutico, es decir, para tratar o prevenir una enfermedad identificada, bajo prescripción veterinaria y respetando un periodo de retiro antes de sacrificio o producción de alimentos. Esta medida fue pionera y necesaria para reducir la presión selectiva sobre bacterias en animales de granja.
Sin embargo, la resistencia bacteriana no se ha rendido ante esa buena noticia. ¿Por qué? Porque las bacterias resistentes no respetan fronteras regulatorias, ni saben leer la política sanitaria. Su evolución y su propagación se dan en múltiples escenarios, muchos de ellos ligados directamente con nosotros, los humanos.

  • La medicina humana: un espejo perverso
La primera fuente de presión selectiva sobre las bacterias ya no está solo en las granjas, sino en nuestras propias consultas médicas. El uso (y muchas veces mal uso) de antibióticos en personas, para infecciones que no siempre los requieren o sin diagnóstico claro, sigue siendo uno de los factores más importantes en la selección de bacterias resistentes. En Europa, las infecciones por bacterias resistentes están aumentando y causan decenas de miles de muertes cada año, a pesar de los esfuerzos por reducir el consumo de antibióticos en la población general.
Además, los entornos sanitarios —hospitales, centros de atención prolongada, clínicas— se han convertido en espacios donde las bacterias resistentes encuentran caldo de cultivo. Alrededor del 70% de las infecciones por bacterias resistentes en Europa están asociadas a estos entornos, donde pacientes vulnerables, procedimientos invasivos y contactos frecuentes entre personas facilitan la transmisión de microbios resistentes.

  • El ambiente: un reservorio silencioso
Otra dimensión del problema es menos visible pero no menos importante: el ambiente. Las bacterias resistentes y los genes que confieren esa resistencia se encuentran ahora en suelos, aguas superficiales y subterráneas, y hasta en aire y sedimentos. A través de aguas residuales, descargas de infraestructura sanitaria o residuos agrícolas, estos microbios y sus genes pueden persistir y mezclarse con bacterias ambientales, creando un reservorio de resistencia que no depende directamente de los animales de granja ni de los pacientes humanos.

  • La globalización y la evolución microbiana
No podemos olvidar que vivimos en un mundo interconectado. Viajeros, alimentos importados, migración de especies y movimientos comerciales cargan consigo miles de millones de microbios. Una bacteria resistente surgida en una región lejana puede cruzar fronteras en cuestión de horas.
Más aún, la resistencia es un fenómeno evolutivo natural. Las bacterias mutan con cada reproducción y pueden intercambiar genes entre sí, incluso entre especies distintas, en un proceso conocido como transferencia horizontal. Estos mecanismos genéticos no requieren la presencia de antibióticos para ocurrir; solo necesitan tiempo y oportunidad.

  • Una sola salud: la respuesta integrada
La conclusión es que la resistencia bacteriana es un problema sistémico y multisectorial. No se trata solo de lo que ocurre en las granjas o en la industria alimentaria; es el resultado de cómo usamos antibióticos en medicina humana, de cómo manejamos la higiene en los centros de salud, de la contaminación ambiental y de la propia biología de las bacterias.
Por eso, cualquier estrategia para combatir la resistencia debe adoptar el enfoque “Una sola salud”, que reconoce que la salud humana, animal y ambiental están interconectadas. Reducir el consumo innecesario de antibióticos, fortalecer la vigilancia en entornos sanitarios, mejorar el tratamiento de aguas residuales, educar a la población y fomentar la innovación en nuevos tratamientos son piezas de una misma solución.

  • Conclusión: la resistencia no conoce atajos
La resistencia bacteriana no se va a desvanecer porque retiremos un medicamento de la alimentación animal. Es un fenómeno vivo, dinámico, impulsado por hábitos humanos, condiciones ambientales y evolución microbiana. Entenderlo de forma integral es el primer paso para enfrentarlo con eficacia —y sin ilusiones simplistas—. 

Bibliografía consultada:
  1. European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC), EFSA & EMA (2022). Antimicrobial Resistance in the EU/EEA – A One Health response.
    Documento conjunto que analiza tendencias de consumo de antibióticos y resistencia en humanos y animales, y destaca que la resistencia ha aumentado a pesar de reducciones en el uso, subrayando que la AMR se extiende entre sectores de salud humana, animal y ambiente.
  2. European Food Safety Authority (EFSA) & ECDC (2024). The European Union summary report on antimicrobial resistance in zoonotic and indicator bacteria from humans, animals and food in 2021–2022 (EFSA Journal). Informe científico con datos armonizados de resistencia en bacterias zoonóticas en humanos, animales y productos alimentarios, mostrando persistencia de resistencia en ambos sectores.
  3. European Environment Agency (EEA) (2024). Veterinary antimicrobials in Europe’s environment: a One Health perspective. Revisión detallada de cómo los antimicrobianos usados en producción animal, medicina humana y otros contextos pueden entrar al medio ambiente y contribuir a AMR, enfatizando un enfoque de salud única (One Health).
  4. European Medicines Agency (EMA) / ECDC / EFSA (JIACRA reports). Antimicrobial consumption and resistance in bacteria from humans and animals (JIACRA). Serie de informes que muestran relaciones entre consumo de antibióticos en humanos y animales y la aparición de resistencia, con análisis integrado de datos de vigilancia europeos.
  5. World Health Organization (WHO) (2021). Resistencia a los antimicrobianos (fact sheet). Documento de síntesis de la OMS que identifica el uso inadecuado y excesivo de antimicrobianos como principal factor en el desarrollo de resistencia, así como la necesidad de medidas multisectoriales (One Health).
  6. Codex Alimentarius (FAO–WHO). Resistencia a los antimicrobianos. Revisión internacional que explica cómo la resistencia puede surgir en animales, humanos y a través de alimentos, y la importancia de políticas multilaterales para evaluar y gestionar estos riesgos.
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Autores:
Dr. Omar Romano Sforza
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