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Micotoxinas en la produccion porcina

Publicado: 4 de junio de 2026
Fuente: Carlos Alberto da Rocha Rosa. Pesquisador associado CEPQA/PESAGRO-Rio, Rio de Janeiro - Brasil
Introducción

Las micotoxicosis representan uno de los problemas sanitarios y económicos más relevantes de la producción animal contemporánea, particularmente en sistemas intensivos de producción porcina. Estas enfermedades resultan de la ingestión de micotoxinas, metabolitos secundarios producidos por hongos filamentosos que contaminan granos e ingredientes utilizados en la alimentación animal, especialmente durante el cultivo, la cosecha, el almacenamiento y el procesamiento. La amplia distribución de estas toxinas, asociada a la dificultad de un control absoluto de su ocurrencia, confiere a las micotoxicosis un carácter persistente y multifactorial en la porcicultura mundial (Placinta; D’Mello; Macdonald, 1999; Bryden, 2012).

Diversos géneros fúngicos están implicados en la producción de micotoxinas de importancia zootécnica, destacándose Aspergillus, Fusarium y Penicillium. Entre las micotoxinas más frecuentemente asociadas a cuadros clínicos y pérdidas productivas en cerdos se incluyen las aflatoxinas, las fumonisinas, el desoxinivalenol (DON), la zearalenona (ZEA) y la ocratoxina A (OTA). Estas toxinas difieren en su estructura química, mecanismos de acción y órganos blanco, pero comparten la capacidad de comprometer la salud animal incluso en concentraciones relativamente bajas, especialmente en exposiciones crónicas (Bennett; Klich, 2003; Bryden, 2012).

Los cerdos son considerados una de las especies domésticas más sensibles a diversas micotoxinas, en particular al DON, a las aflatoxinas y a la ZEA. Esta elevada susceptibilidad se relaciona con factores fisiológicos como la alta tasa de consumo de alimento en relación con el peso corporal, la eficiencia de absorción intestinal y las particularidades del metabolismo hepático. En consecuencia, incluso niveles de contaminación próximos o inferiores a los límites máximos recomendados pueden generar efectos adversos sobre el desempeño productivo, la inmunocompetencia y la reproducción (Friend; Trenholm; Thompson, 1983; EFSA, 2014).

Desde el punto de vista clínico, las micotoxicosis en cerdos presentan una amplia variabilidad de manifestaciones, dependiendo del tipo de micotoxina, la dosis ingerida, el tiempo de exposición y la edad de los animales. En general, los cuadros son predominantemente subclínicos, caracterizándose por reducción del consumo de alimento, disminución de la ganancia de peso, empeoramiento de la conversión alimenticia y aumento de la susceptibilidad a enfermedades infecciosas. En situaciones de exposición a concentraciones más elevadas pueden observarse signos neurológicos, gastrointestinales, hepáticos, renales y reproductivos, así como aumento de la mortalidad (Placinta; D’Mello; Macdonald, 1999; Bryden, 2012).

Entre los efectos más relevantes de las micotoxicosis en la porcicultura se destaca la inmunosupresión, común a diferentes micotoxinas como aflatoxinas, fumonisinas y DON. La exposición crónica a estas toxinas compromete tanto la inmunidad innata como la adaptativa, reduciendo la actividad fagocítica, la producción de citocinas y la respuesta humoral y celular.
Estos efectos resultan en una menor eficacia vacunal y mayor incidencia de infecciones secundarias, amplificando los impactos sanitarios y económicos de las micotoxicosis en los sistemas productivos (Oswald et al., 2005; Grenier; Applegate, 2013).

Además de los efectos aislados, la literatura reciente enfatiza la importancia de la coocurrencia de múltiples micotoxinas en el alimento balanceado, situación frecuentemente observada en condiciones de campo. La exposición simultánea a diferentes micotoxinas puede generar efectos aditivos o sinérgicos, potenciando la toxicidad y dificultando el diagnóstico clínico. Este escenario refuerza la necesidad de enfoques integrados de evaluación de riesgo y control, considerando no solo micotoxinas individuales, sino el conjunto de contaminantes presentes en la dieta (Grenier; Oswald, 2011; EFSA, 2014).

En este contexto, la prevención de las micotoxicosis en cerdos se basa principalmente en el manejo adecuado de las materias primas, el control de las condiciones de almacenamiento y el monitoreo sistemático de la calidad del alimento mediante métodos analíticos confiables. Las estrategias nutricionales, como el uso de adsorbentes y biotransformadores de micotoxinas, han sido ampliamente empleadas como herramientas auxiliares, aunque la literatura es consistente en indicar que dichas medidas no sustituyen el control de la contaminación en origen (Bryden, 2012; Grenier; Applegate, 2013).

De este modo, las micotoxicosis en cerdos constituyen un problema complejo y de gran relevancia para la producción animal, que exige vigilancia continua, diagnóstico criterioso y estrategias preventivas basadas en evidencia científica. El avance en la comprensión de los mecanismos de toxicidad, inmunomodulación e interacción entre micotoxinas es fundamental para el desarrollo de enfoques más eficaces de control y mitigación, contribuyendo a la sostenibilidad sanitaria y económica de la porcicultura moderna.

PÉRICAS et al. (2021) señalan que la correcta identificación de los hongos micotoxigénicos, así como el conocimiento de sus características morfológicas y de las condiciones ambientales favorables a su crecimiento, constituye una etapa fundamental para el desarrollo de estrategias eficaces de prevención y control de las micotoxicosis en cerdos. Según estos autores, las medidas integradas que involucran buenas prácticas agrícolas, manejo adecuado del almacenamiento de granos y monitoreo sistemático de la calidad de las materias primas son esenciales para la reducción de la contaminación y de las pérdidas económicas asociadas.

Referencias
1.BENNETT, J. W.; KLICH, M. Mycotoxins. Clinical Microbiology Reviews, Washington, v. 16, n. 3, p. 497–516, 2003. DOI: https://doi.org/10.1128/CMR.16.3.497-516.2003
2.BERTHILLER, F. et al. Masked mycotoxins: a review. Molecular Nutrition & Food Research, Weinheim, v. 57, n. 1, p. 165–186, 2013. DOI: https://doi.org/10.1002/mnfr.201100764
3.BERTHILLER, F. et al. Masked mycotoxins: determination and occurrence. Food Additives & Contaminants, London, v. 26, n. 5, p. 739–749, 2009. DOI: https://doi. org/10.1080/02652030802555661
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Autores:
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