La seguridad alimentaria global enfrenta un enemigo silencioso que se fortalece en la oscuridad de los silos: los hongos micotoxigénicos. Un reciente estudio liderado por Marco Maidana-Ojeda y un equipo internacional de investigadores de México y Paraguay, publicado en Investigación Agraria (https://doi.org/10.18004/investig.agrar.2025.e2702828), arroja luz sobre la vulnerabilidad del maíz almacenado y la limitada ventana de eficacia que ofrecen los inhibidores fúngicos actuales.
La investigación se centró en evaluar alternativas más seguras al tradicional fosfuro de aluminio, cuya toxicidad representa un riesgo mortal para humanos y animales. Se probaron el extracto de Larrea tridentata (gobernadora), azadiractina (neem) y una mezcla de ácidos orgánicos frente a especies críticas como Aspergillus flavus, A. fumigatus y Fusarium verticillioides. Sin embargo, los resultados son una llamada de atención para el sector productivo: la eficacia de estos compuestos es efímera si no se controla el factor determinante: la humedad.
La barrera de los diez días
Uno de los hallazgos más contundentes es la baja residualidad de los inhibidores. En condiciones de alta humedad, estos productos mostraron una capacidad de protección menor a diez días. A partir de ese periodo, la incidencia fúngica se dispara drásticamente. Por ejemplo, en granos con un 18% de humedad, la colonización de hongos como Fusarium alcanzó niveles cercanos al 100% tras apenas 30 días, independientemente del tratamiento aplicado.
Para el productor, esto significa que no existe una "bala de plata" química o biológica que sustituya un secado eficiente. El estudio demostró que mantener la humedad del grano por debajo del 12% es la única estrategia realmente efectiva a largo plazo, logrando reducir la incidencia de A. flavus a solo un 9,5% tras tres meses de almacenamiento.
El riesgo invisible de las aflatoxinas
La discusión académica se torna crítica al analizar la producción de micotoxinas. Se detectaron aflatoxinas exclusivamente en los granos almacenados con 18% de humedad, alcanzando niveles de hasta 11 mg por kilo. Lo preocupante es que, aunque algunos hongos como A. flavus crecen más lentamente que otros, su capacidad para sintetizar toxinas es independiente de su velocidad de expansión.
Esto genera un punto de debate técnico sobre la gestión de riesgos: ¿estamos monitoreando solo el crecimiento visible del hongo o la presencia real de toxinas? Los inhibidores evaluados, como la mezcla de ácidos orgánicos o el extracto de L. tridentata, logran retrasar el inicio del crecimiento, pero no eliminan el inóculo. Si las condiciones ambientales son favorables (humedad alta y calor), el hongo retomará su actividad rápidamente una vez que el inhibidor se degrade.
Aplicación práctica en el campo
La lección para el manejo de poscosecha es clara: los inhibidores biológicos y orgánicos son herramientas de apoyo útiles para la fase inicial del almacenamiento o para tránsitos cortos, pero pierden su batalla contra el reloj y la humedad excesiva. El éxito depende de una estrategia combinada que priorice el secado rápido por debajo del 12% y el uso de envases herméticos que eviten la rehidratación del grano.
Fuente: Maidana-Ojeda, M., Quintana-Viedma, L., Haupenthal, D. I., Arámbula-Villa, G., Enciso-Maldonado, G. A., & Mongelós-Franco, Y. (2025). Inhibidores de hongos micotoxigénicos en granos de maíz almacenados bajo diferentes niveles de humedad y períodos de tiempo. Investigación Agraria, 27(1). https://doi.org/10.18004/investig.agrar.2025.e2702828