EVALUACION DE LA FUNCION AUDITIVA: POTENCIALES EVOCADOS AUDITIVOS

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Existen varios procedimientos electrodiagnósticos que tienen como objetivo primario la evaluación de la función auditiva (timpanometría, prueba del reflejo acústico, prueba de otoemisiones acústicas, potenciales evocados auditivos). Todos ellos proveen un método cuantitativo para determinar las características de la sordera: el tipo (de conducción o sensorioneural), el grado (parcial o completa) y la simetría (uni o bilateral). Estas pruebas requieren equipamiento específico, que solamente se encuentra disponible en centros neurológicos especializados.

Los Potenciales Evocados Auditivos que se originan en respuesta a un estímulo auditivo aplicado externamente han demostrado ser sumamente útiles en la evaluación de la función auditiva de los perros. El empleo de esta metodología en medicina veterinaria se inició para la detección de la sordera unilateral en la raza Dálmata para la crianza dirigida. 

Potenciales Evocados Auditivos

Un potencial evocado representa algún tipo de actividad eléctrica que puede ser registrada desde la superficie del cuerpo en respuesta a la estimulación de una parte del sistema nervioso. En el caso del sistema auditivo, el estímulo más usado es el tipo “click”, que se obtiene por medio de la alimentación con pulsos eléctricos de un auricular, colocado sobre las orejas del animal. La transmisión de la actividad eléctrica a través de las estructuras que permiten la audición puede ser registrada desde la superficie del cráneo. El registro se realiza con pequeñas agujas que actúan como electrodos, que se colocan sobre la piel del cráneo y de la base las orejas. Los potenciales evocados auditivos muestran una serie de ondas sucesivas que se clasifican en base al tiempo que tardan en aparecer después del comienzo de la estimulación. Tenemos entonces respuestas de corta latencia (menos de 10 milisegundos después del comienzo de la estimulación), de media latencia (de 10 a 80 milisegundos) y de larga latencia (más de 80 milisegundos). Las 2 últimas son influenciadas por el estado fisiológico (sueño o vigilia), y no son utilizadas en medicina veterinaria. Los potenciales de corta latencia son por lejos los más utilizados. Consisten en 7 ondas, numeradas en números romanos del I al VII. No se conoce a ciencia cierta la correspondencia entre cada onda y el sitio exacto de la vía auditiva que la origina; a excepción de la onda I, que se sabe con certeza que corresponde al paso del impulso eléctrico por el nervio coclear. También se sabe que las ondas I a V provienen de estructuras que se encuentran por detrás del colículo caudal del mesencéfalo. Como todas estas ondas se originan en el tronco encefálico, las respuestas de corta latencia se denominan potenciales evocados auditivos del tronco encefálico, conocidos comúnmente como BAER (del inglés: Brainstem Auditory Evoked Responses).

Potenciales Evocados Auditivos del Tronco Encefálico (PEATE)  

El principal uso clínico de los PEATE es la evaluación de la sordera. La gran ventaja es que son apenas afectados por el nivel de conciencia, por lo que pueden realizarse en animales sedados o anestesiados sin que el registro cambie en forma significativa.

Cuando el objetivo del estudio es la detección de sordera completa, las pruebas clínicas se realizan empleando una intensidad solamente (comúnmente 80 decibeles –dB-) o un pequeño rango de intensidades de estímulo (entre 60 a 90 dB). Las respuestas se registran a partir de la estimulación de ambos oídos. En un animal normal ambas respuestas deben ser casi idénticas, debido a que las conexiones entre el lado izquierdo y derecho del tronco encefálico son numerosas.

Si se emplea un rango más amplio de intensidades del estímulo, desde 90 dB hasta el umbral, es posible la detección de la pérdida parcial de audición (hipoacusia). Para lograr este objetivo hay que observar las características de la onda V, que es la última en desaparecer cuando la intensidad del estímulo disminuye. Por lo tanto, la menor intensidad de estímulo en la que la onda V deja de observarse en el registro es el umbral de audición de un animal en particular.

Debe tenerse en cuenta que, con estímulos tipo “click”, el oído externo y el oído medio son incluidos en la evaluación de la audición. Por lo tanto, si existen problemas de conducción de la onda sonora (obstrucción del conducto auditivo, destrucción de la membrana timpánica o daño en la cadena de huesecillos), el registro puede estar alterado sin que el animal sea sordo. En estos casos, las respuestas deben obtenerse con estímulos de mayor intensidad, ya que el estímulo efectivo para alcanzar la ventana vestibular está disminuido.         

Los cachorros no nacen con un sistema auditivo maduro. Se ha investigado la maduración de los PEATE en el período posnatal, a partir de las 2 semanas de vida. Todas las mediciones indican que los valores de maduración se producen entre las 6 y las 8 semanas de vida. Estos tiempos deben ser tenidos en cuenta cuando se clasifica un registro como normal o anormal. Los criadores normalmente desean realizar la prueba lo antes posible para eliminar los cachorros sordos, pero es conveniente esperar al menos hasta las 6 semanas de edad para evitar conclusiones erróneas acerca de la presencia de sordera hereditaria. Los cachorros son examinados habitualmente entre los 1,5 y los 2 meses de vida. Es muy raro que un animal manifieste sordera hereditaria después de esta edad, o que en esta etapa un registro sea dudoso.

Figuras 1 y 2: Estudio de potenciales evocados auditivos de tronco encefálico en cachorros de la raza Dogo argentino de 3 meses de edad. La gran ventaja de este método es que se puede realizar con los animales sedados o anestesiados.

Figura 3: Registro obtenido a partir de un cachorro de raza Dogo argentino de 2 ½ meses, macho, con audición normal. En este caso, las ondas III y IV se encuentran fusionadas en una onda única

Figura 4: Registro obtenido a partir de un cachorro de raza Dogo argentino de 2 ½ meses, hembra, con sordera unilateral. En este caso, se pueden reconocer individualmente las ondas III y IV en el oído sano.

Figura 5: Registro obtenido a partir de un cachorro de raza Dogo argentino de 2 ½ meses, hembra, con sordera bilateral. Obsérvese la ausencia de ondas reconocibles en el trazado de ambos oídos.

***El trabajo fue originalmente publicado por el sitio de Neurolatinvet (Asociación Latinoamericana de Neurología Veterinaria)

 
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