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CONECAR Nutrición

Cuando se acaba el verde

Publicado: 9 de julio de 2026
Fuente: CONECAR-NUTRICIÓN - Ing. Agr. Rodolfo Gonsolin
Cuando se acaba el verde - Image 1
Ante la escasez de pasturas y verdeos en invierno, se aumenta la proporción de forrajes conservados en la dieta, siendo los silajes de maíz y alfalfa los componentes estratégicos de la ración.
Producir leche en la época que transcurre desde finales de otoño e invierno presenta un desafío para los sistemas lecheros con base pastoril, ya que la disminución en la disponibilidad de pasturas obliga a una reconfiguración de la dieta.
En este contexto para sostener vacas con una producción estable es clave mantener sin variación el aporte de materia seca y nutrientes, ya que cualquier desequilibrio se traduce rápidamente en una pérdida de litros
Los verdeos de invierno pueden ser una alternativa para cubrir estos baches forrajeros. Lamentablemente, el exceso de precipitaciones de este año retrasó la siembra de los verdeos y, en consecuencia, postergó su fecha de aprovechamiento.

El silo de maíz sale al rescate

Para cubrir el déficit tanto de pasturas como de verdeos invernales, comúnmente se incrementa el porcentaje de inclusión de forrajes conservados en la dieta. En este contexto el silaje de maíz y alfalfa, se convierten en los pilares claves de la ración. Por este motivo es importante realizar análisis de los silajes lo más completo posibles.
ALMIDON EN MAÍZ: En el caso del silaje de maíz que aporta principal-mente energía, además de su contenido de materia seca es recomendable conocer el nivel de almidón, el grado de procesamiento del grano o “Kernel Processing Score” (KPS) además de la cantidad y digestibilidad de la fibra. Esta información será determinante sobre el impacto productivo.
Se estima que, por cada 0,5 kg de almidón digestible adicional aportado por el silaje, se puede obtener un incremento de hasta 1,6 kg diarios de leche. Para maximizar la digestibilidad del almidón y evitar pérdidas de energía en heces, el objetivo de procesado del grano de maíz debe ser de un KPS superior al 70% (porcentaje del almidón total del silaje de maíz que pasa a través de una malla de 4,75 mm).
El porcentaje de almidón en los silos de maíz puede variar ampliamente, oscilando entre el 20% y el 40% sobre la base de la materia seca (MS). Sin embargo, en un cultivo normal y bien manejado, el rango más común se ubica entre el 28 y el 35% de al-midón.

Fibra digestible neutra.

En el caso de los valores de TTFDND expresados como porcentaje de la FDN suelen rondar entre el 36 y 48% según las bases de datos de laboratorios de referencia como Rock River Laboratory y la Universidad de Wisconsin: Recordemos que la Digestibilidad de la Fibra Detergente Neutro en el Tracto Digestivo Total (TTFDND) mide el porcentaje real de fibra que el animal puede digerir y aprovechar de todo el silaje.
A diferencia de los análisis tradicionales de laboratorio a horas fijas, este parámetro combina la velocidad de degradación de la fibra con el ritmo de pasaje real del alimento por el sistema digestivo de una vaca de alta producción.
En la práctica, es un indicador clave para predecir con precisión el aporte energético del silo, ya que un aumento de solo 2 o 3 pun-tos en la TTFDND de la dieta puede traducirse en un incremento de medio kilo de leche por vaca al día.
“Se estima que, por cada 0,5 kg de almidón digestible adicional aportado por el silaje, se puede obtener un incremento de hasta 1,6 kg diarios de leche.”

La enzima alfa-amilasa.

Hoy en día, casi todos los laboratorios de referencia, especialmente los que usan tecnología NIR, adoptaron la aFDN como la norma estándar para reportar la fibra. La aFDN es la Fibra Detergente Neutro medida mediante el uso de la enzima alfa-amilasa, un método que elimina por completo el almidón de la muestra de laboratorio antes de pesar la fibra estructural. Su uso es indispensable en alimentos ri-cos en almidón, como el silo de maíz, ya que evita que los restos de grano queden retenidos en los filtros y alte-ren el análisis, garantizando un dato de fibra exacto y real.
Gracias a esta corrección, se elimina la sobreestimación de la fibra y se puede calcular con mucha mayor precisión el consumo voluntario del ganado y la energía real que aportará la dieta. En un silaje de maíz, el contenido de aFDN oscila normalmente entre el 38 y el 45% de la materia seca, donde una mayor proporción de grano tiende a bajar este porcentaje por efecto de dilución.

La proteína y la fibra del silo de alfalfa

El silaje de alfalfa aporta principalmente proteína aporta normalmente entre un 16 y 22% de PB, pero también es importante conocer la cantidad y digestibilidad de la fibra.
Cuando pastoreamos una alfalfa tratamos de hacerlo en un estado óptimo de calidad. Por diferentes razones muchas veces encontramos que la digestibilidad de la fibra en los silajes de alfalfa puede ser baja por no realizar el picado en el momento adecuado. La calidad de su varía principalmente en función de la relación hoja-tallo y la madurez de la planta al momento del corte.
Un silaje de maíz o alfalfa de calidad lechera debe tener en lo posible me-nos de 40% de Fibra detergente neu-tra (FDN) y un valor de Digestibilidad de Tracto Total de la FDN (TTNDFD) de al menos 42%. Un cambio de solo 2 o 3 unidades en la TTNDFD de la ración impacta en 0,45 kg de leche. (Goeser, J.).
La variación en el contenido de la Materia Seca (MS) altera drásticamente la composición de la ración si no se ajusta correctamente. Esto altera la cantidad total de materia seca sumi-nistrada y la participación de los ingredientes en la dieta total.
El análisis de laboratorio también debe incluir pH, nitrógeno amoniacal (N-NH3) y ácidos orgánicos para conocer si el grado de conservación es adecuado y su estabilidad.
El tamaño de partícula importa Sabemos que el tamaño de partícula con que se confeccionó el silaje tiene relación directa con la salud ruminal. Por ello al aumentar la proporción de silajes en la dieta, el control del tamaño de partícula es importante para asegurar una fibra “efectiva” que estimule la masticación, la salivación y mantenga el pH ruminal por encima de 6,2.
Evaluando con el Separador de Partículas de Penn State, entre el 3 y 8% del silaje de maíz debe quedar en el tamiz superior (> 19 mm). Si el picado del silaje de maíz es demasiado fino, se reduce el tiempo de rumia; si es muy grueso, dificulta la compactación en el silo y favorece la selección en el comedero. En el caso del silaje de alfalfa debe tener un 10 a 20% en el tamiz superior para asegurar una red de fibra estable en el rumen.
La distribución ideal en la Ración Total Mezclada (TMR) debe procurar un 2 a 8% en el tamiz superior, un 30 a 50% en los tamices medios y menos del 20% en la bandeja de fondo. Si la fibra es muy larga, la vaca selecciona el concentrado (sorting), lo que provoca fluctuaciones de pH ruminal, acidosis subaguda (SARA) y caídas en la grasa de la leche. Por el contrario, si es muy fina, el pasaje ruminal es demasiado rápido, reduciendo la digestión de la fibra.

¿Qué balanceado estamos usando?

Otra herramienta, además de analizar en profundidad nuestros silajes, es modificar el perfil nutricional del alimento balanceado, concentrado proteico o premezclas vitamínicos
mineral. Estos productos nos ayudan a complementar la dieta base aportando energía, proteína, macro y micro minerales, vitaminas y aditivos. Por ejemplo, el silaje de maíz puede presentar concentraciones elevadas de Potasio (K), un antagonista que deprime la absorción de Magnesio (Mg) en el rumen. A esto se suma que los verdeos invernales contienen bajos niveles de magnesio.
En este caso podemos aumentar el nivel del Magnesio en el alimento balanceado para cubrir correctamente los requerimientos.
Otra posibilidad es agregar un probiótico para aumentar la digestibilidad de la fibra de nuestros silajes, si no están dentro del nivel óptimo deseado.
En materia de manejo hay que considerar agrupar a las vacas por requerimientos frescas, alta y baja producción, para lograr un balance de ración específico y maximizar la eficiencia de conversión. Esta es una alternativa de alto impacto.
Realizar el monitoreo de la calidad de nuestros alimentos, del consumo de materia seca diariamente y evaluar las sobras en comederos nos permiten asegurar que las vacas consuman los nutrientes necesarios para mantener una alta producción.
Por supuesto lo más recomendable para tomar las decisiones correctas es consultar a su asesor de confianza.

MICOTOXINAS

Recordemos que la inocuidad de los silajes también debe ser evaluada, principalmente ante una participación alta sobre la dieta total. La presencia de micotoxinas –sustancias químicas producidas por diferentes especies de hongos, son agentes antinutricionales invisibles, inodoras e insípidas, y no se destruyen por el proceso de fermentación, el calor o el tiempo de almacenamiento.
El retraso en el picado del maíz o el picado tras una helada aumen-tan significativamente el riesgo de contaminación por micotoxinas de Fusarium como la Zearalenona (ZON) y el Deoxinivalenol (DON).
Las vacas de alta producción son más sensibles porque las dietas intensivas generan un rumen más ácido, lo que limita la capacidad de las bacterias para procesar y desactivar las micotoxinas.
La presencia de micotoxinas, especialmente DON, deprime el consumo de materia seca y reduce la eficiencia alimenticia entre un 4 a 5%.
Las micotoxinas afectan la salud de las vacas al atacar a diferentes órganos vitales.
Algunos efectos son:
  • Productivos: caída de la producción de leche.
  • Reproductivos: celos irregulares, quistes ováricos y muertes embrionarias.
  • Sanitarios: baja inmunidad, mayor incidencia de mastitis (elevación de células somáticas), metritis, gastroenteritis y cetosis.
Para el caso de presencia de micotoxinas la incorporación de un secuestrante dentro del alimento balanceado o premezcla es una opción eficiente y práctica.
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Autores:
Ing. Agr. Rodolfo Gonsolin
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