La producción intensiva de leche en México enfrenta el reto constante de obtener forrajes de alta calidad nutricional que maximicen la rentabilidad por hectárea.
Un reciente estudio liderado por Anabel G. López-Jara y Juan I. Sánchez-Duarte, investigadores del INIFAP, publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Pecuarias (https://doi.org/10.22319/rmcp.v16i1.6301), evalúa si los cultivos alternativos pueden romper el esquema tradicional dominado por la avena, la cebada y el triticale.
En términos de volumen, la avena se mantiene como el referente en rendimiento, alcanzando los 11,161 kg de materia seca por hectárea. No obstante, los datos revelan que cultivos como la canola (8,937 kg/ha) y la remolacha (8,828 kg/ha) no presentan diferencias estadísticas significativas frente a la cebada o el triticale, posicionándose como opciones competitivas para el ciclo otoño-invierno. Por el contrario, el cártamo registró la producción más baja, posiblemente debido a que la fecha de siembra no favoreció su desarrollo óptimo.
El verdadero valor para el productor reside en la calidad del ensilado resultante. Los forrajes alternativos (canola, remolacha y cártamo) superaron notablemente a los cereales en contenido de proteína cruda, con niveles que oscilan entre el 17.8% y el 19.5%, frente al 13.7-15% observado en la avena, cebada y triticale. Además, estos cultivos alternativos presentan una concentración de fibra neutro detergente mucho menor, lo que se traduce en una mayor densidad de nutrientes.
Para los especialistas en nutrición, la digestibilidad es el punto de debate central. Los ensilados de canola y remolacha mostraron una digestibilidad de la materia seca muy superior (80.5% y 84.5%, respectivamente) comparada con el promedio de 61% de los cereales tradicionales. Sin embargo, el estudio arroja un dato técnico interesante: a pesar de tener menos fibra, la fracción de fibra que poseen está más lignificada. Esto explica por qué la digestibilidad de la fibra (FDN) terminó siendo similar en todos los ensilados evaluados.
Un desafío identificado en la investigación es la estabilidad de la fermentación en el silo. Debido al alto contenido de proteína y materia seca, los ensilados alternativos mostraron un pH elevado y concentraciones de nitrógeno amoniacal que sugieren una fermentación de calidad regular. Este hallazgo plantea la necesidad de revisar los procesos de compactación y el posible uso de aditivos para optimizar la conservación de estos materiales altamente proteicos.
En conclusión, la canola, la remolacha y el cártamo emergen como herramientas viables para diversificar la oferta forrajera, aportando más proteína y energía por kilogramo consumido. El siguiente paso será validar estos resultados con pruebas de respuesta animal para confirmar el impacto directo en la producción de leche.
¿Cree usted que la mayor densidad nutricional de la canola y la remolacha compensa los desafíos técnicos de su fermentación para ser adoptadas masivamente en los establos lecheros?
Sería un gusto profundizar en los resultados de digestibilidad o en los detalles del manejo agronómico de estos cultivos, ¿le gustaría que analicemos alguno de estos puntos?