Introducción
En los sistemas de producción de bovinos de carne en agostadero, la alimentación depende principalmente de la cantidad y calidad del forraje disponible. Durante la época seca, el forraje madura, disminuye su contenido de proteína cruda (PC) y energía, aumenta la proporción de fibra y, en consecuencia, los animales consumen y aprovechan menos nutrientes, aun cuando aparentemente exista suficiente forraje en el potrero.
Estas limitaciones son especialmente relevantes en el ganado de cría. Las vacas deben cubrir sus requerimientos de mantenimiento, gestación o lactancia, mientras que las vaquillas de reemplazo, además de mantenerse, deben continuar creciendo y acumular reservas corporales suficientes para incorporarse al hato reproductor. En este contexto, la suplementación constituye una herramienta para corregir deficiencias nutricionales y sostener una respuesta productiva adecuada.
En forrajes de baja calidad, la suplementación proteica puede mejorar el funcionamiento ruminal y el aprovechamiento de la fibra; sin embargo, una vez corregida esta limitante, la disponibilidad y utilización de la energía pueden seguir restringiendo la respuesta animal. Incrementar el aporte de grano es una alternativa, pero cantidades elevadas pueden reducir el aprovechamiento del forraje. Por ello, se han evaluado estrategias como el propionato de calcio (PrCa), orientado a favorecer la disponibilidad de precursores para la formación de glucosa, y el propionato de cromo (PrCr), relacionado con la acción de la insulina y la utilización metabólica de esa glucosa. Ambas estrategias actúan sobre procesos complementarios: PrCa favorece la disponibilidad de glucosa y PrCr su utilización por los tejidos. En este artículo analizamos cómo integrar estas estrategias dentro de la suplementación del ganado de cría y presentamos resultados obtenidos en vaquillas de reemplazo alimentadas con forrajes de baja calidad.
1. Cuando llega la época seca: ¿qué aporta el forraje y qué necesita el animal?
Durante la época seca no solo disminuye la cantidad de forraje disponible; también se deteriora su calidad. Los pastos maduros o en dormancia (con crecimiento prácticamente detenido) presentan menor contenido de PC y energía, mayor proporción de fibra y menor digestibilidad. Como consecuencia, el animal consume menos y obtiene menos nutrientes, aun cuando aparentemente todavía exista suficiente pasto en el potrero.
Cuando la PC del forraje cae por debajo de aproximadamente 7–8% y la fibra supera 60%, disminuye la actividad de los microorganismos ruminales encargados de degradarla. Esto reduce la digestibilidad de la fibra, prolonga la permanencia del alimento en el rumen, aumenta el efecto de llenado y limita el consumo voluntario. Por ello, puede existir una deficiencia nutricional importante aun cuando todavía haya forraje disponible. La Figura 1 resume esta relación entre la calidad del forraje, el consumo de materia seca y la respuesta esperada a la suplementación.
Figura 1. Relación entre la proteína cruda del forraje, el consumo de materia seca y la respuesta a la suplementación proteica y proteico-energética en bovinos en agostadero.
Sin embargo, conocer la calidad del forraje es solo una parte de la decisión; también es necesario considerar qué necesita el animal en ese momento. Los requerimientos nutricionales cambian con la edad, el peso, la etapa productiva y la condición corporal. Una vaca seca no requiere lo mismo que una vaca en gestación avanzada o lactancia, mientras que una vaquilla de reemplazo, además de cubrir mantenimiento, debe continuar creciendo y acumular reservas corporales suficientes para alcanzar un desarrollo reproductivo adecuado. La Figura 2 muestra cómo cambian los requerimientos de proteína, energía y consumo según la categoría y etapa productiva.
Figura 2. Requerimientos de proteína, energía y consumo del ganado de cría según la etapa productiva.
Por ello, cubrir los requerimientos de mantenimiento no significa necesariamente cubrir los de crecimiento, reproducción o lactancia. Una dieta puede ser suficiente para mantener el peso, pero insuficiente para sostener una ganancia adecuada, recuperar reservas corporales, producir leche o mantener un desempeño reproductivo favorable. En este sentido, la condición corporal constituye una herramienta práctica para valorar las reservas energéticas y detectar cuando los nutrientes consumidos no cubren completamente las necesidades del animal.
En agostadero, las principales limitantes suelen ser PC y energía, aunque también pueden presentarse deficiencias de minerales y vitaminas. Su importancia depende de la calidad y cantidad del forraje disponible y de las necesidades de cada categoría animal. Por ello, antes de elegir un suplemento deben responderse dos preguntas básicas: ¿qué aporta realmente el forraje y qué necesita el animal en esa etapa productiva? La diferencia entre ambas permite identificar la principal limitante nutricional y definir qué nutriente debe corregirse primero.
2. Proteína: el primer paso para aprovechar un forraje de baja calidad
Cuando el ganado consume forrajes maduros o de baja calidad, una de las primeras limitantes suele ser la PC. Los microorganismos del rumen necesitan nitrógeno para crecer y degradar la fibra; cuando este aporte es insuficiente, disminuye su actividad, se reduce la digestibilidad, aumenta el tiempo de permanencia del alimento en el rumen y disminuye el consumo de forraje. Por ello, la suplementación proteica no debe entenderse únicamente como un aporte de proteína al animal, sino como una estrategia para mejorar el funcionamiento del rumen y el aprovechamiento del recurso forrajero.
La respuesta también depende de la concentración de PC del suplemento. En forrajes con menos de 7% de PC, los suplementos con mayor concentración proteica pueden estimular en mayor medida el consumo de forraje. Como se muestra en la Figura 3, suplementos con más de 30% de PC se han asociado con incrementos de hasta 44% en el consumo de forraje respecto a animales no suplementados. Esto muestra que no solo importa cuánto suplemento se ofrece, sino también su concentración de PC y la cantidad efectiva de proteína aportada.
Figura 3. Efecto de la concentración de proteína cruda del suplemento sobre el consumo de forraje de baja calidad (< 7% PC) y alto en fibra (> 60%) en bovinos.
Por ello, cuando la PC del forraje se encuentra por debajo de aproximadamente 7–8%, la suplementación proteica constituye una estrategia prioritaria para corregir la limitante ruminal y favorecer el aprovechamiento del forraje. Una vez corregida esta deficiencia, la siguiente pregunta es si la energía disponible permite cubrir el objetivo productivo.
3. Energía: más suplemento no siempre significa más energía aprovechada
Después de corregir la principal limitante proteica y mejorar el aprovechamiento del forraje, la energía puede convertirse en el siguiente factor que restringe la respuesta animal, especialmente cuando se busca cubrir requerimientos de crecimiento, reproducción o lactancia.
La relación entre energía y consumo no es lineal. Con forrajes de baja calidad, el consumo de materia seca suele estar limitado por el llenado ruminal, es decir, la limitación física de cuánto alimento puede contener y procesar el rumen; conforme aumenta la digestibilidad, el consumo se incrementa y alcanza su mayor expresión alrededor de 65–70% de nutrientes digestibles totales (NDT). En dietas de muy alta energía (> 80% de NDT), el consumo puede disminuir nuevamente por mecanismos fisiológicos de regulación.
Además, cantidades elevadas de alimentos ricos en almidón pueden reducir la digestión o el consumo del forraje. En estos casos, el suplemento deja de complementarlo parcialmente y comienza a sustituirlo: el animal consume más concentrado, pero aprovecha menos el recurso forrajero disponible. Este fenómeno se conoce como efecto de sustitución.
Por ello, cuando es necesario complementar energía, la suplementación proteico-energética debe equilibrar el aporte energético con el aprovechamiento del forraje. El objetivo no es reemplazar innecesariamente un recurso relativamente económico como el pasto o el rastrojo, sino complementarlo de manera eficiente. Esto ha impulsado la búsqueda de estrategias que mejoren la disponibilidad y utilización de la energía sin depender exclusivamente de aumentar la cantidad de grano.
Este principio puede resumirse como suplementación mínima efectiva: utilizar la menor cantidad de suplemento necesaria para corregir la limitante nutricional y cubrir los requerimientos del objetivo productivo, procurando mantener el mayor aprovechamiento posible del forraje y evitar su sustitución, como se representa en la Figura 4.
Figura 4. Efecto del nivel de suplementación sobre el aprovechamiento del forraje: de la complementación eficiente a la sustitución.
4. ¿Podemos mejorar la utilización de la energía?
Frente a esta limitación, hemos evaluado estrategias orientadas a mejorar la disponibilidad y utilización de la energía sin depender exclusivamente de incrementar el aporte de almidón.
En los rumiantes, el propionato es el principal precursor para la formación de glucosa en el hígado. A partir de este principio, el PrCa busca favorecer la disponibilidad de precursores gluconeogénicos, es decir, compuestos que el hígado puede utilizar para formar glucosa. Posteriormente incorporamos PrCr, debido a que el cromo (Cr) está relacionado con la acción de la insulina y puede favorecer la utilización de la glucosa por los tejidos. Así, ambas estrategias actúan sobre procesos complementarios: PrCa favorece la disponibilidad de glucosa y PrCr su utilización metabólica, como se representa en la Figura 5.
Figura 5. Esquema conceptual del papel del propionato de calcio y del propionato de cromo en la disponibilidad y utilización metabólica de la glucosa.
La respuesta a estas estrategias depende de la calidad del forraje, del adecuado aporte de PC, de la categoría animal y, especialmente, de la dosis utilizada. Por ello, deben entenderse como complementos de una estrategia de suplementación bien diseñada, y no como sustitutos de la corrección previa de las principales deficiencias nutricionales.
5. ¿Qué hemos observado en vaquillas de reemplazo?
En vaquillas de reemplazo alimentadas con forraje de baja calidad y con una suplementación proteica adecuada, evaluamos estrategias dirigidas a mejorar la disponibilidad y utilización de la energía sin desplazar el recurso forrajero, primero con PrCa y posteriormente en combinación con PrCr.
Con PrCa, la mejor respuesta práctica se obtuvo con 20 g/vaquilla/día durante 42 días, equivalente a aproximadamente 2.4% del suplemento proteico (Propical B: ≥94% de PrCa y ≥73% de ácido propiónico total). Esta dosis aumentó cerca de 50% la ganancia diaria y la ganancia acumulada de peso, mejoró aproximadamente 50% la eficiencia de uso del suplemento, redujo cerca de 70% el consumo residual de alimento (RFI, del inglés Residual Feed Intake) y aumentó alrededor de 10% la grasa de la grupa, lo que indica una mayor acumulación de reservas energéticas. No se detectó efecto de sustitución del forraje, por lo que la respuesta se obtuvo sin reducir su aprovechamiento. Económicamente, generó aproximadamente 21 dólares estadounidenses (USD) adicionales por vaquilla y redujo cerca de 28% el costo por kilogramo de ganancia.
En un segundo estudio combinamos 20 g de PrCa + 5.32 mg de Cr elemental/vaquilla/día durante 42 días. Durante los primeros 21 días, esta combinación aumentó aproximadamente 199% la ganancia diaria de peso, 202% la ganancia acumulada y 199% la eficiencia de uso del suplemento. A los 42 días, la ganancia acumulada fue 66% mayor que en el testigo. Además, aumentaron la energía neta observada de mantenimiento y ganancia, mejoró la relación entre la energía observada y la esperada, y el RFI disminuyó de 0.47 a −0.52 kg de MS/d, lo que respalda una mayor eficiencia en la utilización de la energía y del alimento. El consumo de forraje no disminuyó y no se detectó efecto de sustitución.
La dosis de Cr correspondió a 1.33 g de Drescrom P/vaquilla/día, equivalente a aproximadamente 0.15% del suplemento proteico; este producto aporta un mínimo de 0.40% de Cr total. Económicamente, la dosis de 5.32 mg de Cr generó 32.82 USD adicionales por vaquilla sobre el costo de alimentación y redujo cerca de 37% el costo por kilogramo de ganancia, de 2.89 a 1.81 USD/kg.
En conjunto, estos resultados muestran que, una vez corregida la principal limitante proteica, pueden obtenerse respuestas adicionales mediante estrategias orientadas a mejorar la disponibilidad y utilización de la energía, sin comprometer el aprovechamiento del forraje. Bajo las condiciones evaluadas, el PrCa favoreció el crecimiento, la eficiencia de uso del suplemento y la acumulación de reservas corporales, mientras que su combinación con PrCr mejoró principalmente la respuesta productiva, la eficiencia energética y el retorno económico.
Figura 6. Respuesta productiva, eficiencia de uso del suplemento y retorno económico de vaquillas de reemplazo suplementadas con propionato de calcio, solo o combinado con propionato de cromo.
6. ¿Cuándo suplementar y qué suplemento utilizar?
La decisión de suplementar debe partir de dos preguntas: ¿el forraje está cubriendo los requerimientos del animal? y, si no los cubre, ¿qué nutriente está limitando la respuesta? En campo, esta valoración puede apoyarse en la disponibilidad y calidad del forraje, la condición corporal, el consumo, la etapa productiva y las características de las heces. Estas últimas no sustituyen el análisis del forraje, pero constituyen una herramienta práctica para reconocer cambios en la dieta consumida y decidir cuándo es necesario intervenir.
Cuando las heces presentan poca forma propia, suelen asociarse con forrajes de mayor digestibilidad y contenido de proteína. En estas condiciones, si el animal mantiene una condición corporal y respuesta productiva adecuadas, generalmente no es necesario incrementar proteína o energía; la suplementación puede limitarse a corregir deficiencias específicas, como minerales, de acuerdo con las condiciones del sistema. Conforme las heces adquieren dobleces más definidos, la calidad de la dieta comienza a disminuir y debe evaluarse si los nutrientes disponibles son suficientes para la categoría animal. Finalmente, heces firmes, amontonadas y con anillos bien definidos son compatibles con forrajes de muy baja calidad y constituyen una señal para revisar prioritariamente el aporte de proteína y, según los requerimientos del animal, también de energía.
En vaquillas de reemplazo, el criterio no debe ser únicamente mantener el peso, sino sostener el crecimiento y desarrollo reproductivo necesarios para incorporarlas oportunamente al hato. Con forrajes asociados con aproximadamente 6–9% de PC y 58–63% de digestibilidad, puede cubrirse mantenimiento, pero la disponibilidad de nutrientes puede ser insuficiente para alcanzar la ganancia de peso requerida. En estas condiciones, debe evaluarse la necesidad de una suplementación proteico-energética, de acuerdo con la calidad del forraje y la ganancia objetivo. Cuando la calidad del forraje disminuye aún más, la prioridad es corregir primero la deficiencia de PC para mejorar el funcionamiento ruminal y el aprovechamiento del forraje, complementando posteriormente energía cuando la ganancia objetivo lo requiera. La Figura 7 resume esta ruta práctica de decisión para vaquillas de reemplazo.

Figura 7. Lectura de las heces en vaquillas de reemplazo como herramienta práctica para evaluar la calidad de la dieta y orientar la suplementación en agostadero.
En vacas adultas, la decisión depende especialmente de la etapa fisiológica. Durante periodos de menor demanda, una dieta que cubre mantenimiento puede ser suficiente; sin embargo, el mismo forraje puede resultar insuficiente durante el último tercio de gestación o los primeros 90 días de lactancia. Con dietas asociadas con aproximadamente 6–9% de PC, debe evaluarse si la energía disponible permite cubrir los mayores requerimientos de gestación o lactancia y, de no ser así, utilizar una suplementación proteico-energética. Cuando la calidad cae hasta valores asociados con ≤5% de PC y ≤56% de digestibilidad, la primera prioridad es corregir la deficiencia proteica y recuperar la actividad ruminal, complementando también energía cuando los requerimientos productivos no puedan cubrirse únicamente con el forraje. La Figura 8 resume este criterio para vacas adultas.

Figura 8. Lectura de las heces en vacas adultas como herramienta práctica para evaluar la calidad de la dieta y orientar la suplementación en agostadero.
En términos prácticos, la decisión puede resumirse así: si el forraje cubre los requerimientos, no suplementar nutrientes innecesariamente; si la proteína limita el funcionamiento ruminal, corregirla primero; y si posteriormente la energía continúa siendo insuficiente para crecimiento, gestación o lactancia, complementar con una suplementación proteico-energética. Los minerales deben corregirse cuando exista una deficiencia específica. El objetivo es suplementar cuando realmente se necesita, con el nutriente que está limitando la respuesta y en la menor cantidad necesaria para alcanzar el objetivo productivo sin comprometer el aprovechamiento del forraje.
Conclusión: suplementar con un objetivo, no por costumbre
La suplementación eficiente del ganado de cría no consiste en ofrecer más alimento, sino en identificar la principal limitante nutricional y corregirla en la cantidad y el momento adecuados. En forrajes de baja calidad, esto implica favorecer primero el aprovechamiento del recurso forrajero y, cuando los requerimientos productivos lo demanden, complementar también la energía sin sustituir innecesariamente el pasto o el rastrojo.
Nuestros resultados muestran que, sobre una base proteica adecuada, estrategias orientadas a mejorar la disponibilidad y utilización de la energía pueden aumentar la respuesta productiva y económica sin evidenciar sustitución del forraje. En última instancia, suplementar bien significa aportar el nutriente que hace falta, cuando hace falta y en la cantidad necesaria para alcanzar el objetivo productivo.