La entrada de animales recién destetados a un sistema de confinamiento representa uno de los momentos de mayor vulnerabilidad en la vida productiva de un bovino. La llamada “transición al feedlot” abarca los primeros 21 a 28 días desde el arribo de los animales al corral. Durante ese período, el ternero enfrenta múltiples desafíos que, si no se gestionan correctamente, pueden tener un impacto negativo duradero sobre la salud, el comportamiento ingestivo y la eficiencia productiva.
Un entorno nuevo con múltiples exigencias
Tras el destete y el transporte, los animales llegan al feedlot estresados, deshidratados y con sus defensas comprometidas. Se enfrentan a un entorno completamente distinto, donde cambian los comederos, las fuentes de agua, la dieta, los compañeros de grupo y las rutinas de manejo. Este conjunto de factores puede alterar tanto el comportamiento como la fisiología del animal.
El estrés del transporte, sumado a la falta de agua y alimento durante varias horas, genera deshidratación y una baja en el volumen del contenido ruminal. Esta combinación afecta la tasa de consumo inicial y debilita el sistema inmune, facilitando la aparición de enfermedades respiratorias y digestivas apenas ingresan al corral.
Además, el estrés que atraviesa el ternero en los primeros días tras el ingreso tiene consecuencias profundas sobre su organismo. Aumentan los niveles de cortisol, se altera el funcionamiento de las células de defensa y disminuye la capacidad de respuesta inflamatoria. Todo esto ocurre justo cuando el animal se expone a patógenos nuevos en un ambiente desconocido. El resultado: un mayor riesgo de contraer enfermedades respiratorias, que son la principal causa de problemas sanitarios en esta etapa.
Manejo inicial: decisiones que marcan la diferencia
El modo en que se reciben y manejan los animales en los primeros días condiciona su desempeño posterior. Algunas pautas clave incluyen:
-Descanso al arribo: brindar al menos 24 horas de descanso antes del procesamiento, con acceso libre a agua limpia y heno de buena calidad. El uso de bebederos visibles o con movimiento puede favorecer el consumo en animales provenientes de sistemas pastoriles.
-Acceso temprano al comedero: facilitar el aprendizaje social y el reconocimiento del entorno mediante raciones iniciales de alta palatabilidad y adecuada fibra efectiva, reduciendo así el riesgo de acidosis y ruminitis.
-Evitar reagrupamientos: cada vez que se reorganiza un grupo, se rompe la jerarquía social. Este proceso puede tardar hasta 20 días en estabilizarse, afectando el consumo y la eficiencia de conversión.
-Garantizar agua en cantidad y calidad: el agua es un factor clave en el consumo de materia seca. Se recomienda que al menos el 10 % del lote pueda beber en simultáneo y que los tanques o bebederos se limpien, al menos, una vez por semana.
-Diseñar adecuadamente la dieta de adaptación: la formulación debe contemplar la baja ingestión inicial y el riesgo de trastornos digestivos. Se sugiere un período de adaptación al grano de entre 14 y 21 días, aumentando de forma gradual la concentración energética. Dietas con menor proporción de fibra pueden mejorar la ganancia diaria y el consumo total, pero también elevan el riesgo de acidosis. El desafío es encontrar el equilibrio adecuado según el tipo de animal y su historial.
Patrones de consumo: cuándo y cómo comen los animales
Durante la transición, no todos los animales acceden al alimento al mismo tiempo ni de la misma forma. En sistemas con espacio de comedero limitado, el acceso se vuelve competitivo.
Los animales que se acercan al comedero apenas se sirve la ración suelen comer durante más tiempo, rumiar mejor y lograr mayores ganancias de peso. En cambio, los que comen más tarde tienden a consumir menos, rumiar menos y, en promedio, ganar menos peso por día.
A esto se suma un cambio en la composición del alimento a lo largo del día: a medida que pasan las horas, disminuye el contenido de fibra y aumentan los componentes más concentrados. Esto modifica la fracción efectiva que realmente ingiere cada animal, con posibles efectos sobre el pH ruminal, el confort digestivo y el riesgo de acidosis.
Observaciones prácticas para el manejo diario
-Observar el comportamiento al comedero desde el inicio permite identificar animales con bajo consumo temprano, anticipando posibles caídas en el desempeño.
-Ajustar la dieta de transición, priorizando la inclusión de fibra efectiva y alimentos de buena palatabilidad, favorece un consumo más parejo dentro del grupo.
-Evaluar el espacio disponible en el comedero es clave: cuando es insuficiente, se incrementa la competencia y se amplifica la variabilidad en el acceso al alimento.
-Evitar reagrupamientos durante los primeros 20 días ayuda a preservar la estabilidad social del lote, reduciendo el estrés y favoreciendo el comportamiento ingestivo.
-Nutrientes clave: Esta es la etapa de mayor desafío para el sistema inmunológico, y este requiere de nutrientes específicos para su correcto funcionamiento. Es necesario ajustar el nivel de determinados minerales y vitaminas en la dieta. Además otros nutrientes son necesarios para reducir la deshidratación.
La transición como punto de inflexión
La transición al corral no debe entenderse solo desde lo sanitario o lo nutricional. También implica adaptaciones conductuales y fisiológicas que definen el desempeño futuro. Saber quién come, cuándo lo hace y qué parte de la dieta realmente ingiere es clave para anticipar desvíos productivos.
En esta etapa, los pequeños detalles tienen consecuencias importantes. Cada kilo que no se gana al inicio será más difícil —y costoso— de recuperar después.