Estudian cómo mejorar la oferta y calidad forrajera en el NEA

Publicado el: 12/3/2019
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Un estudio de la UNNE y la UBA mostró, por primera vez en una región subtropical, que el agregado de fósforo y microorganismos específicos al suelo permitiría, en el futuro, incorporar leguminosas de zonas templadas a sus pastizales y aumentar su productividad.
 
(SLT-FAUBA) Los pastizales subtropicales del NEA son el principal alimento del ganado en la región. Dado que la producción de forraje cae notablemente en el invierno, los productores ven necesario incorporar leguminosas templadas de buena calidad. Un estudio realizado en invernáculo en la provincia de Corrientes por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) demostró que al fertilizar con fósforo (P) e inocular el suelo con micorrizas y las semillas con bacterias fijadoras de nitrógeno (BFN), la leguminosa Melilotus alba —típica de regiones templadas— produjo hasta 50% más biomasa y acumuló hasta 428% más de P y 146% más de nitrógeno (N) en sus tejidos, en comparación con los tratamientos testigo. Evalúan probar la técnica a campo.
 
“Realizamos los experimentos en macetas dentro de invernáculos, en condiciones ambientales controladas, con suelos colectados en la zona de Margarita Belén, en el Chaco. Estos suelos son muy poco fértiles, sobre todo en cuanto a P. Los resultados mostraron que al agregar este nutriente e inocular al mismo tiempo el suelo con micorrizas y con BFN las semillas, M. alba —una leguminosa forrajera también conocida como trébol de olor blanco— produjo casi 1,6 veces más biomasa y acumuló en sus tejidos hasta 2,4 veces más N y 4,7 veces más P que el resto de los tratamientos”, señaló Agustín Grimoldi, docente de la cátedra de Forrajicultura de la FAUBA.
 
Grimoldi, quien también es investigador del Conicet, hizo hincapié en que estos resultados son los primeros para M. alba en suelos subtropicales de todo el mundo. “El grueso de la investigación forrajera siempre se centró en regiones templadas y en las especies que comparten los países centrales. Nuestro aporte novedoso fue estudiar el desempeño de una forrajera proveniente de una región templada para la que no había información, en un suelo subtropical y en relación con dos simbiontes: hongos micorrícicos arbusculares y BFN”. El trabajo está publicado en la revista Applied Soil Ecology.
 
En este sentido, Claudina Hack, autora del trabajo y dirigida de Grimoldi en la Maestría en Producción Animal Subtropical (UNNE), remarcó: “Por un lado, las micorrizas son hongos del suelo que se asocian a las raíces del trébol de olor blanco y mejoran su nutrición de P. Por el otro, Rhizobium meliloti, la bacteria fijadora de N que usamos en el experimento, es específica de M. alba; como esta especie no es de la región, no estaba en los suelos y tuvimos que inocularla en las semillas”.
 
“En general, los trabajos científicos suelen incluir interacciones entre la planta y uno solo de estos organismos, pero nosotros consideramos a los tres: la leguminosa, las micorrizas y la bacteria. Esto nos permitió explicar claramente el efecto sinérgico entre las BFN y las micorrizas en presencia del P, lo cual fue muy interesante”, comentó Claudina.
 
De a tres es mejor
 
Según Hack, los suelos chaqueños con los que trabajaron contienen micorrizas, pero esta condición no es suficiente para mejorar la nutrición fosforada de M. alba. “Al haber tan poco P en el suelo, apenas 5 partes por millón, los hongos micorrícicos no pueden abastecer el requerimiento de P de la leguminosa. A su vez, la planta crece poco y tampoco puede brindarle al hongo el carbono que necesita. En este punto, la simbiosis ‘no funciona’”.
 
Y agregó: “Sin embargo, la solución no pasa por fertilizar con grandes cantidades de fósforo, ya que de la literatura sabemos que cuando la concentración de este nutriente en el suelo es alta, las plantas pueden tomarlo sin la ‘ayuda’ de las micorrizas. Es decir, la simbiosis planta-micorriza va a funcionar a un nivel óptimo en algún punto intermedio de contenido de P en el suelo”.
 
Grimoldi advirtió que no sólo se debe mirar la relación fósforo-planta, ya que otros organismos y condiciones pueden modificar las respuestas de las plantas. “En nuestro experimento incluimos un segundo simbionte, R. meliloti, una bacteria que fija N del aire y lo transfiere a la planta a cambio de carbono. Agregar únicamente micorrizas favoreció la acumulación de P en la planta. Pero agregar al mismo tiempo micorrizas+P provocó que, por alguna razón que aún desconocemos, los rizobios fijaran más N. Esta sinergia redujo la limitación por N y P, y así M. alba pudo crecer en biomasa y acumular en sus tejidos una mayor cantidad de ambos nutrientes”.
 
Asimismo, Claudina Hack resaltó que dicho resultado “fue un hallazgo notable porque el 90% del N que causó esa explosión de crecimiento provino de la atmósfera. Es decir, fue fijado por R. meliloti, mientras que en el resto de los tratamientos este porcentaje alcanzó sólo el 50%”. La investigadora comentó también que el agregado de microorganismos y P determina una entrada de N al sistema gracias a que se potencia la simbiosis con las BFN, una propiedad deseable en cualquier sistema.
 
Agricultura, simbiosis, agrónomos, sustentabilidad
 
Para Grimoldi, un factor de preocupación es el corrimiento de la frontera agrícola y la conservación de las nuevas áreas ganaderas. “Desde hace años tiene lugar un desplazamiento de la ganadería, una actividad históricamente sustentable, hacia nuevas áreas. En este sentido, considero que los esfuerzos deben enfocarse en considerar aspectos como el sistema de producción, las emisiones de gases de efecto invernadero y la nutrición. La rotación agrícolo-ganadera es uno de los puntos fundamentales a respetar; en este caso, comprender el papel de simbiosis como las que estudiamos es básico”.
 
Tanto Hack como Grimoldi coincidieron en que la información que surgió de su investigación puede ser de gran ayuda tanto para investigadores como para productores ganaderos de regiones subtropicales como el NEA. “Puede servir como material de referencia o como punto de partida para elaborar nuevas hipótesis de investigación. También pueden ser útiles para quienes desarrollan tecnologías productivas sustentables como los biofertilizantes o para aquellos que vayan a diseñar nuevas estrategias de manejo de estos pastizales”, afirmaron.
 
Por último, el investigador reflexionó: “La palabra clave es sustentabilidad. Todo lo que suceda en torno a los eventuales nuevos manejos ganaderos tiene que ser sustentable, y los ingenieros agrónomos —sobre todo desde las instituciones públicas— tenemos la responsabilidad de generar diferentes alternativas bajo la premisa de que así sean. Si la intensificación de la ganadería implica la degradación del ambiente, se le debería poner un freno antes de llegar al deterioro”.
 
 
 
 
 
 
 
 
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