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V Congreso Internacional de Producción Animal Tropical 2015

Estado metabólico y reproductivo en ganado lechero en la región de El Carchi, Ecuador

Publicado el: 9/2/2018
Autor/es: L. R. Balarezo Urresta1, J. R. García Díaz2 y M. A. Hernández Barreto2. 1Escuela de Desarrollo Integral Agropecuario, Facultad de Industrias Agropecuarias y Ciencias Ambientales Universidad Politécnica del Carchi. Calle Antisana y Av. Universitaria Tulcán, Carchi, Ecuador. 2Departamento de Medicina veterinaria y Zootecnia, Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Carretera a Camajuaní Km. 5 ½.Santa Clara. CP 54830.,

Introducción

La crianza de Ganado bovino es parte integral de la agricultura en cualquier parte del mundo y permite satisfacer las demandas de proteína animal y entre los factores que limitan su conducta reproductiva están los nutricionales (Westwood et al., 2002), que se asocian con el consumo insuficiente de alimentos, deficiente manejo alimentario y desequilibrios en las raciones (Macrae et al., 2006).

La eficiencia reproductiva afecta negativamente su rentabilidad (Hess et al., 2005; Flamenbaum y Galon, 2010) y es atribuida a prácticas inadecuadas de manejo reproductivo, factores ambientales, el genotipo y enfermedades reproductivas, aunque los más importantes son los factores nutricionales que provoca trastornos a nivel del eje hipotálamo- hipófisisovario, causando anestro o ciclo anovulatorios por un fallo en la síntesis o liberación de gonadotropinas lo que causa una hipofunción ovárica (Montaño y Ruíz, 2005; Llewellyn et al., 2007).

El componente edáfico, la base alimentaria y los niveles productivos (15-18 L/vaca-1 día-1) de los rebaños lecheros especializados de la provincia del Carchi pueden favorecer la aparición de alteraciones metabólicas asociadas a la nutrición proteico energética. Sin embargo, no existen publicaciones científicas sobre el estado nutricional de estos rebaños y su perfil metabólico; que constituye una herramienta útil porque expresa directa o indirectamente el nivel circulante en sangre, plasma o suero de cada metabolito y permite caracterizar las vías metabólicas, ingreso, egreso o biotransformación de los ingredientes de la ración consumida por los animales (Villa et al., 1999; Álvarez, 2001; Ceballos et al., 2002).

En una hacienda lechera de la provincia del Carchi el intervalo parto primer servicio (IPPI) fue de 110 días, el intervalo parto concepción (IPC), 167 días, el intervalo parto-parto (IPP), 434 días y el índice de inseminación (II) 1,64 (Revelo, 2013) y para la provincia en general la Asociación Holstein Fresian del Ecuador (AHFE), citada por el autor mencionado, reporta 187 y 470 días para el IPC e IPP, respectivamente, con un II de 2,14, que equivalen a porcentajes de gestaciones al primer servicio y natalidad de 46.8 y 77.7 %, respetivamente. 

Los resultados anteriores indican que en el territorio coexisten el anestro posparto (APP) y la repetición de servicio, aunque los datos son imprecisos y cuestionables; en el estudio deRevelo (2013) se estiman a partir de 20 vacas y los datos aportados por la AHFE son valores absolutos de los que se desconoce cómo fueron determinados. No existen existen publicaciones científicas confiables sobre la actividad reproductiva y su relación con los perfiles metabólicos en la ganadería bovina del territorio, por lo que el objetivo del presente trabajo es evaluar el estado metabólico y reproductivo de los rebaños holstein lecheros y los factores principales que incidían sobre los indicadores reproductivos en la provincia del Carchi, en la región andina del Ecuador

 

Materiales y Métodos

El trabajo se realizó en tres rebaños lecheros de la parroquia de Tufiño, cantón Tulcán, Provincia del Carchi, Ecuador; representativos de la ganadería de la región, ubicada entre los 1º 12 y 43” LN y los 78 º, 33, 12” 02 LW, una altura de 2990 a 3450 msnm, 1000 mm de precipitaciones anuales y 12°C de temperatura, las mínimas son de 2?C y las máximas de 15ºC. El periodo lluvioso es septiembre-enero y el poco lluvioso febrero - agosto (INAMHI, 2015). En las fincas se aplica el riego, a partir de Fuentes naturales (Ríos) y la fertilización con dosis de 200 – 300 kg de N2/ha/año.

Las tres fincas utilizaban un sistema de pastoreo rotacional restringido en el tiempo, mediante cerca eléctrica, con una carga global de 2.5 animales ha-1, pastoreando las 24 horas diarias en pastos artificiales, Kingston (Lolium perenne var.), One fifty (Lolium perenne var.), banquete (Lolium perenne var.), pasto azul (Dactylus glomeratta), Trébol blanco (Trifolium repens) y naturalizados, Kikuyo (Pennisetum clandestinum), Holco (Holcus lannatus).

En las fincas en estudio no se suplementa con concentrado y se suministra el suplemento mineral Agrosal 25, que tiene una relación Ca:P de 2,25:1, la ideal para vacas lecheras (McDowell y Arthington, 2005), el que se oferta para garantizar una disponibilidad entre 100  a 150 g/animal/día. Las vacas se ordeñaban de forma manual dos veces al día, el primero entre las 4 a.m. y las 6 a.m. y el segundo entre las 3 p.m. y las 4 p.m. Se emplea la crianza artificial del ternero a partir del tercer día de nacido. 

En las fincas se cubren las necesidades de los animales de PC y P en un 182.5 y 125.3 %, respectivamente y solo se oferta el 90, 71, 42.9 y 79 % de energía metabolizable (EM), Ca, Cu y Zn, por ese orden; según balance de utrientes retrospectivos realizados por el autor de este trabajo, a partir de la composición bromatológica que reporta la literatura internacional para los pastos existentes en la zona y los requerimientos nutricionales de las vacas lecheras según la NRC (2001), por lo que solo tiene valor orientativo.

De las tres fincas se seleccionaron, según la metodología descrita por Álvarez (2001) 145 vacas de la raza holsteín, entre segunda y cuarta lactancia; 73 animales se muestrearon en el periodo Lluvioso (PLL) y 72 en el periodo poco Lluvioso (PPLL). Los animales tuvieron una condición corporal (CC) al parto entre 2.5 y 4 en la escala de 5 puntos y en los dos momentos la producción láctea promedio osciló entre 7.2 y 8 L/vaca-1 día-1.Se estudiaron las principales variables del estado metabólico (tabla 1).

Para los análisis hematológicos se tomaron 5 mL de sangre por venopunción occígea y se depositaron en tubos IDEXX VetTube™ (IDEXX LABORATORIES VetLab® USA) con EDTA (1 mg/ml de sangre). Para los indicadores bioquímicos se extrajeron 10 ml y se depositaron en tubos IDEXX VetTube™ (IDEXX LABORATORIES VetLab® USA), sin anticoagulante, previamente esterilizados y desmineralizados; se centrifugó a 3500 rpm durante 15 minutos y se obtuvo el suero sanguíneo, que se congeló a -10 °C hasta su análisis.

Los indicadores hematológicos se determinaron en un equipo IDEXX VetAutoread™, (IDEXX LABORATORIES VetLab® USA) y los bioquímicos en un analizador bioquímico de alta tecnología de placa seca IDEXX VetTest® (IDEXX LABORATORIES VetLab® USA), según los procedimientos de fabricante y la utilización de kits comerciales. Todos los análisis hematoquímicos se realizaron en el laboratorio de Diagnóstico Veterinario de la Clínica Veterinaria Carlos Martínez Hoyos de Universidad de Nariño, Colombia.

Para estudiar el comportamiento reproductivo se evaluaron los registros individuales y a partir de los datos registrados en ellos se determinaron el Intervalo parto primera inseminación (IPPI), Periodo de servicio (PS), Intervalo parto-parto (IPP), Índice de natalidad (IN), Porcentaje de gestaciones al primer servicio, Índice de inseminación artificial (II) e Intervalos Interestrales (IIE); según las metodologías descritas por González-Stagnaro (2001) y Soto- Belloso (2001) y se evaluó su relación con el estado metabólico de los animales. La condición corporal (C.C) se diagnosticó por inspección clínica y clasificándola en la escala de 5 puntos (Parker, 1989).

Durante todo el periodo de observación, la detección del celo se realizó de 5-9 am. y de 3-7 pm. por un hombre entrenado y la utilización de métodos auxiliares como la pintura en la base de la cola. La inseminación se efectuó aplicando el método cervical profundo por un técnico experimentado, con una eficiencia técnica entre 60 y 65% en los últimos 4 años, usando semen congelado en pastillas de toros de fertilidad probada.

Se obtuvieron los estadígrafos descriptivos de cada variable, metabólica o reproductiva. Para determinar los factores principales que incidían sobre los indicadores reproductivos se empleó un análisis de varianza multifactorial (ANOVA multifactorial), utilizando como factores explicativos a la clasificación del BOH y el BUN, la condición corporal, la finca y los trimestres de parto e Inseminación Artificial (IA) y como variables dependientes al IPPI, PS, IPP, II e IEE. Para comparar las medias se utilizó la prueba de Bonferroni. En todos los procesamientos se utilizó el paquete estadístico Statgraphis Centurion Ver. XV.II (Statistical Graphic Corp., USA) de 2006.

 

Resultados y Discusión

Los valores obtenidos para las enzimas ALAT, ASAT y ALP (tabla 2) se encuentran dentro de los parámetros fisiológicos para la especie (Kaneko et al., 2002), y son similares a los reportados para algunas razas bovinas pertenecientes a la especie B. taurus en condiciones tropicales (Villa et al., 1999; Campos et al., 2007). La ALAT se encontró elevada en el 38% de los animales lo que puede deberse la infestación con Fasciola hepática o a un daño hepático producido por el exceso de proteína cruda en la dieta que consumian. Se diagnosticaron ligeras deficiencias de proteínas totales, albúmina, hemoglobina, hematocrito y pobre condición corporal, con variables porcentajes de muestras con valores deficientes. Por su parte, se encontraron aumentos del BUN y BOH (tabla 2), que denotan alteraciones relacionadas con la nutrición proteica y energética. Los compuestos nitrogenados y energéticos actúan en el Sistema Nervioso Central (SNC), sus deficiencias suprimen o disminuyen la amplitud y frecuencia de las descargas de GnRH del hipotálamo y las gonadotropinas hipofisiarias, disminuyendo así la capacidad reproductiva (Deiros et al., 2004).

Se apreció que el mineral más deficiente en los animales fue el P, siguiéndole el Mg (Tabla 2); en Ecuador no existen publicaciones sobre sobre los niveles de macroelementos en suero sanguíneo de las vacas. En Cuba se hay varias investigaciones con resultados similares a los de este trabajo (Pedroso et al., 2003; Fajardo, 2009; Viamonte, 2010; García et al., 2011). Las concentraciones sanguíneas de estos macrominerales son muy sensibles a las cantidades que se ingieren por la ración y la deficiencia de P es la deficiencia mineral más frecuente en bovinos en pastoreo después de la de P (McDowell y Arthington, 2005).

Las altas concentraciones de K en el suelo y pasto de las fincas en estudio (Balarezo, 2015), pueden interferir en la absorción de Mg por los animales (McDowell y Arthington, 2005) y provocar de la hipomagnesemia diagnosticada. Sin embargo, para arribar a conclusiones válidas sobre el perfil mineral y su relación con la reproducción de un rebaño, es necesario contar con los resultados de la determinación de microelementos; aunque no se cuenta con ellos, en las condiciones de suelo, pasto y los balances de nutrientes del rebaño en estudio hacen suponer que diagnosticarán una alta proporción de animales deficientes de Cu y Zn.

La evaluación de los principales indicadores reproductivos de estos rebaños (tabla 3) mostró un deterioro de los mismos, muy negativos para una ganadería eficiente y sostenible, sin diferencias estadísticas significativas entre las fincas; tanto el IPPI, PS e IPP observados fueron demasiado largos, atendiendo a los parámetros de referencia para el bovino lechero en condiciones ideales de explotación expuestos por otros autores (Blanco, 2000; González- Stagnaro, 2001; Soto-Belloso, 2001), que plantean como óptimos 60 a 70 días; 85 a 90 días y 365 a 395 días para cada uno de ellos; según estos autores, el índice de inseminación pueden ser evaluado de malo.

El intervalo parto primer servicio (IPPS) no debe exceder en más de 18 días al período de espera voluntaria (Blanco, 2000; González-Stagnaro, 2001). Una elevada frecuencia de ciclicidad temprana indica un aceptable intervalo entre parto y primer celo (González- Stagnaro, 2002). En los rebaños en estudio el IPPS es de 45 días; solo el 5,32% de las vacas muestran IPPS menores a 65 días; en cambio, las restantes tienen valores muy elevados y en el 48,9% de las vacas supera los 150 días. Lo anterior indica que existe un periodo de anestro posparto demasiado largo, probablemente por la deficiencia de fósforo, baja condición corporal, aumento del BOH y BUN (tabla 2), asociados con deficiencias de energía y excesos de proteínas degradable en rumen o N2.

El periodo de servicio (PS) o días abiertos (DA) es muy largo, superior a los 270 días en todos los rebaños (tabla 3), especialmente en la finca 2, donde supera los 340 días. Según Blanco (2000) un periodo de servicio superior a 145 días puede catalogarse como un problema grave; tal como ocurre en la presente investigación, donde solamente el 6,5% de las vacas tuvieron un PS inferior a los 90 días y en contraposición, el 65,2% de ellas lo tuvo superior a los 180 días.

Se plantea que ante un PS superior a 120 días posparto, se debe pensar en un problema de ausencia comprobada de actividad ovárica cíclica o también pudiera ser atribuido a errores en la detección del celo o celos silenciosos, poco intensos o poco apreciables, es decir, un anestro pre-servicio de tipo funcional o de manejo (González-Stagnaro, 2002). En este sentido, en investigaciones realizadas en Cuba se probó que entre el 45 a 80 % de estos trastornos reproductivos estaban asociados a deficiencias y desbalances alimentarios del ganado bovino criado en pastoreo (Fajardo, 2009; Viamonte, 2010; García et al., 2011).

Se señalan también dentro de los factores que pueden afectar el PS la lactación, la paridad, al desarrollo de la involución uterina, el tipo de parto y las infecciones pospartales (González- Stagnaro, 2002; Bahonar et al., 2009). Se calculó que por cada día adicional por encima del PS considerado como aceptable, se pierden entre 3,19 y 5,41 USD (De Vries, 2006), En el presente estudio se han perdido 16 299 días adicionales, lo que representaría un impacto económica fluctuante entre 51 993,81 y 88 177,59 USD en el período estudiado. 

El IPP fue superior a los 550 días en el rebaño que mejor valor exhibe en este indicador. Por lo anterior la natalidad está severamente afectada (58-65%); la que, según Blanco (2000), puede catalogarse como regular, menos para la finca 2, donde según este autor, puede clasificar como mala. Solo el 8,7% de las hembras tuvo un IPP menor de 405 días, este valor y 599 días el 46,4% de los IPP y más grave aún, por encima de los 600 días, el 44,5% de estos. Por el estado metabólico de las vacas, que indican desequilibrios nutricionales, y que en las fincas existe adecuada disciplina tecnológica en el manejo reproductivo, se puede atribuir el alargamiento del PS y del IPP al anestro pre-servicio de tipo funcional.

El II (Índice de Inseminación) o SG mayor de 2.5 constituye un problema severo de fertilidad y equivale a menos del 40% de gestaciones al primer servicio, cifra que decrece proporcionalmente al aumento de los servicios por gestación (tabla 3). Solo el 29,3% de las vacas tuvieron 1 o 2 servicios por gestaciones, que equivale a más del 50% de gestación al primer servicio; el 70,7% necesitaron 3 ó 4 servicios para gestarse, es decir, menos del 33,3%
de concepción; el 3,6% de las hembras necesitó más de 5 inseminaciones para lograr la gestación. Estos resultados indican que en los rebaños estudiados más del 70% de las hembras son repetidoras, según Blanco (2000) y González-Stagnaro (2001).

Los intervalos inter estrales (IIE) promediaron 27,59 ± 5,57 días; en el 30.6% de las vacas fueron iguales o menores a 21 días, en el 10,2%, entre 21 y 24 días, en el 4,5% entre 25 y 27 días y en el 11,3% entre 28 a 30 días; este aumento pudo ser provocado por trastornos en la fertilización y/o muertes embrionarias precoces. El 43% de las vacas presentaron IIE superiores a 30 días, lo que indica el anestro pos servicio (Soto-Belloso, 2001) o trastornos en la fertilización y/o muertes embrionarias tardías, que pudiera ser motivada por fallos en el reconocimiento materno de la gestación (RMG) debido insuficiente producción de Proteína Trofoblástica bovina (bTP-1) a partir del día 15-17 de la fertilización del ovocito (Thatcher et al., 1989), que puede traducirse en deficiente producción de progesterona (Raheem, 2015) por el déficit energético en los animales (Inskeep 2004; Lucy, 2007).

En la tabla 4 se aprecia la influencia de algunos metabolitos sanguíneos, la condición corporal y manejo reproductivo sobre las principales indicadores reproductivos evaluados. Nótese que el aumento del BOH, la condición corporal y el trimestre de inseminación artificial y la
influyeron significativamente sobre el IPPS, PS e IPP. Además, la CC afectó el II. La energía y la proteína se encontraron relacionadas con el proceso reproductivo (Viamonate, 2010). Los resultados del presente estudio confirmaron las observaciones, en el sentido de que la
infertilidad y la subfertilidad son un fenómeno multifactorial, en el que la alimentación tiene una gran influencia (Pedroso et al., 2003).

En la tabla 5 se aprecian los valores de los principales indicadores reproductivos en los
diferentes factores estudiados. Estos resultados coinciden con trabajos que demostraron que
vacas sometidas durante el preparto y posparto a un nivel bajo de energía tuvieron un anestro
posparto más largo en que en animales sometidos a un aporte energético alto (Revilla et al.,
2001). Por otra parte, Pérez-Hernández y Gallegos (2001), observaron que no sólo importa
lograr una adecuada CC al parto, sino que es necesario mantenerla durante los primeros 20-30
días posparto.

La primera ovulación posparto, se observó que está directamente relacionada con la CC al parto y el consumo de energía y proteína (Hazard, 2004). En Cuba se demostró que las globulinas, BUN y CC al parto y 30 días posparto tenían un efecto significativo (P < 0,01) sobre el reinicio de la actividad ovárica posparto y primera actividad luteal, mientras que las proteínas totales, colesterol, Hemoglobina, hematocrito y fósforo tuvieron relaciones causales (P < 0, 05) con las mismas (Viamonte, 2010). Una CC de 3,5- 4,0, al parto le permite a la vaca tener mayor cantidad de reservas energéticas para enfrentar la lactación y reiniciar su nuevo ciclo estral y tener un mejor comportamiento reproductivo posparto (Webb et al., 2004; Corea-Guillén et al., 2008; Mulligan et al., (2008). 

El ganado vacuno tiene la capacidad de compensar el déficit de energía a través de la movilización de grasa corporal (Wettemann et al., 2003). Es posible encontrar un efecto combinado de la CC, los días de lactancia y el balance de energía en el desarrollo folicular y, por ende, en la primera ovulación posparto (Galvis et al., 2007). Con respecto a la influencia de la proteína sobre la reproducción de la hembra bovina, en relación con la CC, se admite que su baja ingestión afecta su comportamiento reproductivo (Ciccioli et al 2003); en cambio, altos consumos de proteína pueden afectar la reproducción en vacas y novillas lecheras, (Butler et al 1996) o de las funciones hipofisiarias y ováricas (Kane et al., 2004).

La urea plasmática se relaciona con el equilibrio energético y parámetros reproductivos en bovinos lecheros; en animales en que la CC disminuyó del parto a la primera inseminación artificial, se diagnosticaron valores significativamente más elevados de urea plasmática que aquellas vacas que mantuvieron o aumentaron sus reservas (Deiros et al., 2004). Tanto la carencia, como el exceso de aportes de nitrógeno en la ración alimenticia, pueden provocar problemas en la reproducción (Deiros et al., 2004). La urea, tuvo un efecto directo sobre el inicio de la actividad ovárica y la primera actividad luteal a los 90 días posparto, relacionado con la pérdida de la CC (Viamonte, 2010).

Cuando falta energía, como en el presente trabajo, o cuando la proteína cruda en la dieta es excesiva, no todo el NH3 producido en el rumen puede ser convertido a proteína microbiana; cuando está en exceso pasa la pared del rumen y es transportado al hígado, que lo convierte en urea y esta es liberada en la sangre (Correa y Cuéllar, 2004). A medida que incrementan las concentraciones plasmáticas de Urea y NH3, se reduce el pH del lumen uterino alterando la secreción de las glándulas endometriales durante la fase luteal precoz (Razz y Clavero, 2004). 

Los excesos de urea a los 60 a 90 días postparto, tenían efectos negativos en la tasa de concepción al primer servicio de las vacas y actuó en sinergia con la producción de leche y número de la lactación sobre los días abiertos al primer servicio (Guo et al, 2004). Estos resultados sugieren que el efecto negativo de la urea en la reproducción puede estar relacionado con el estado individual de las vacas y puede ser la causa de que las concentraciones sanguíneas del BUN no influyeran significativamente sobre los indicadores reproductivos de las vacas, que tenían diferentes lactancias, días de la misma y niveles de producción al momento del muestreo.

 

Referencias

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