Programas sanitarios en tiempos de crisis

Publicado el: 17/12/2013
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INTRODUCCIÓN

El desarrollo de programas sanitarios destinados a evitar la presencia y controlar la difusión de enfermedades en los rebaños es uno de los pilares fundamentales en la economía de las explotaciones de vacuno de producción.
La situación de crisis económica que estamos atravesando está produciendo que la financiación destinada a estos programas se vea reducida en función de la importancia que los distintos gobiernos otorguen a la sanidad animal y a la producción agropecuaria.
En algunos casos, la falta de financiación da lugar al abandono de programas que llevaban años implementándose, lo que supone un retroceso sanitario que tardará mucho tiempo en recuperarse. Igualmente, hay que tener en cuenta otras consecuencias como la eliminación de puestos de trabajo de veterinarios y la pérdida de la confianza de los ganaderos, que al ver desaprovechados sus esfuerzos, pierden la motivación que tanto costó inducir al inicio del programa.
Por todo ello es necesario plantear medidas de ahorro que permitan mantener eficazmente los programas sanitarios y que se basarán fundamentalmente en el uso racional de los recursos humanos y económicos y en la estrecha colaboración entre los distintos estamentos implicados.


MOTIVOS PARA LA REALIZACIÓN DE LOS PROGRAMAS DE CONTROL DE ENFERMEDADES ANIMALES

La prevención y control de enfermedades animales en el mundo por los Servicios Veterinarios tiene repercusiones positivas en todos los sectores cruciales para la salud humana y de los animales. Durante los últimos veinte años, las crisis sanitarias causadas por EEB, H5N1 y la fiebre aftosa han mostrado que los países tienen que lidiar con importantes problemas sanitarios y socioeconómicos si no existen medidas adecuadas de prevención y control (OIE, 2011).
Los dos motivos fundamentales para la realización de los programas de control de enfermedades animales según la FAO (2009) tienen que ver con los riesgos que producen para la salud humana y las amenazas económicas y socioeconómicas que suponen para la sociedad. Sin embargo los veterinarios no debemos olvidar también la sanidad y el bienestar animal, que afectan directamente a la economía de las explotaciones (Fig. 1).

 

 

 
 
Figura 1: Motivos para la realización de un programa sanitario (FAO)
 
La ejecución de programas de erradicación a gran escala en España se centró en sus orígenes en aquellas enfermedades transmisibles a los seres humanos, que en el caso del ganado vacuno se limitaban a la tuberculosis y la brucelosis, así como a las campañas de vacunación frente a la fiebre aftosa, que se extendieron durante años. Igualmente otras enfermedades no zoonóticas como la perineumonía contagiosa bovina o la leucosis enzoótica bovina se incluyeron en estos programas por las trabas comerciales que producía su presencia. Posteriormente se incorporaron otras enfermedades como la encefalopatía transmisible bovina o la lengua azul.
Sin embargo, existen una serie de enfermedades que si bien no producen grandes perturbaciones socioeconómicas o sanitarias, sí causan graves pérdidas en las explotaciones, afectando en muchos casos a su continuidad debido a la disminución de la producción.
Sería el caso de enfermedades víricas como el IBR o el BVD, bacterianas como la paratuberculosis y parasitarias como la neosporosis, todas ellas objeto de control en algunas comunidades autónomas dentro de los programas de ADSG.
Igualmente existen otra serie de enfermedades que aunque actualmente no son objeto de programas generalizados, sí deberían tenerse en consideración, ya sea por su aparición en determinadas regiones o sistemas productivos, como puede ser el caso de la besnoitiosis, tricomonosis o campilobacteriosis, o por su importancia creciente como zoonosis como es el caso de la fiebre Q.
Los programas de control de estas enfermedades son los que se ven afectados en mayor medida en periodos de crisis. Sin embargo, incluso en las peores circunstancias económicas, se pueden tomar medidas que en un futuro ahorren tiempo y dinero durante la implementación de un programa. Un ejemplo sería el empleo de vacunas marcadoras en enfermedades donde ya existe esta herramienta como puede ser el caso del IBR. Así, la prohibición del uso de vacunas no marcadoras, puede suponer un gran avance cuando en un futuro se implemente un programa de erradicación, permitiendo la diferenciación de anticuerpos vacunales de los anticuerpos debidos a la infección natural.
Actualmente, el concepto de compartimentación introducido por la OIE hace posible el comercio por el establecimiento de compartimentos libres de enfermedades en el interior de un país o de una zona afectados por una o varias enfermedades, lo que debería estimular a determinadas regiones a continuar con el esfuerzo que supone la ejecución de un programa de control.
 
BASES PARA LA IMPLEMENTACIÓN DE UN PROGRAMA SANITARIO
 
En el éxito de un programa sanitario participan una serie de aspectos que deben actuar de forma coordinada (Fig. 2). Si bien, la formación constituye el pilar central de los programas, no se deben olvidar el resto de ellos e irlos ajustando a las necesidades de cada enfermedad, las particularidades de cada zona, los objetivos a alcanzar y por supuesto la financiación o los medios que disponemos para llevarlo a cabo.

 

 

 

 

FORMACIÓN Y MOTIVACIÓN
 
El conocimiento de las enfermedades incluidas en los programas de control, debe ser uno de los puntos fundamentales entre todos los agentes que intervienen en su desarrollo. En los periodos de crisis la formación es uno de los puntos en los que más se debe incidir y en ella el veterinario es la pieza central de este esquema. En él deben centrarse todos los esfuerzos ya que de su conocimiento dependerá en gran medida el ahorro de tiempo, esfuerzo y dinero que requiere el éxito del programa. Igualmente será el encargado de difundir los conocimientos a los ganaderos; las encuestas sanitarias realizadas en distintos países muestran al veterinario como la principal vía de información de los ganaderos (Brownlie, 2007), por lo que su motivación será fundamental para convencerlos de la necesidad de controlar las enfermedades. En este sentido tiene gran importancia la continuidad de los programas, ya que su abandono crea una falta de confianza por parte del ganadero que será difícil de recuperar cuando en un futuro se quieran retomar.
En el caso de las enfermedades incluidas dentro de los programas de erradicación o de ADSG es necesario que exista una coordinación entre administración y veterinarios para que la implementación de los programas se realice bajo unos mismos criterios de actuación.
Para ello es fundamental la realización de grupos de trabajo y reuniones periódicas en los que la transmisión de los criterios se realice de manera uniforme.
Las universidades, centros de investigación y empresas del sector deben constituir igualmente una fuente de formación continua para los veterinarios. Por ello es necesario que sean partícipes de los programas sanitarios que se están llevando en su ámbito territorial e impulsar cursos, proyectos y líneas de investigación que contribuyan a la mejora de los mismos, facilitando a los veterinarios de campo la participación a todos los niveles. En este sentido, el número de grupos, tanto en universidades como en organismos públicos de investigación que centran su actividad investigadora en distintos aspectos de la sanidad animal del ganado vacuno, es todavía muy reducido, como demuestra el bajo número de proyectos del Plan Nacional de Investigación dedicados a este área (Ortega Mora, 2012).


RECURSOS SUFICIENTES
 
En general, las enfermedades que causan graves problemas para la salud humana o que provocan graves perturbaciones del mercado o riesgo para los medios de subsistencia cuentan generalmente con financiación comunitaria y estatal para su implementación, por lo que su continuidad en tiempos de crisis, si bien se ve afectada, en la mayoría de los casos no peligra su continuidad.
Para el resto de las enfermedades, es necesario evaluar los recursos antes de plantear el alcance del programa sanitario. Los programas de ADSG han sido financiados en mayor o menor medida por ayudas comunitarias, estatales y autonómicas que abarcaban aspectos como:
- Gastos en la contratación de veterinarios
- Gastos de adquisición de medios materiales como pueden ser vacunas, antiparasitarios o desinfectantes
- Gastos de diagnóstico de laboratorio
La crisis económica ha ido reduciendo las ayudas a estos programas, produciendo incluso su desaparición total en algunas comunidades autónomas. Sin embargo, antes de dar este paso, es importante evaluar si es posible su continuidad. En estos casos es fundamental que los veterinarios, como máximos garantes de la sanidad animal, diseñen un programa que permita optimizar los recursos de manera que con el menor coste posible se puedan obtener resultados adecuados. Igualmente el ganadero debe hacerse partícipe, como beneficiario final de los programas, de algunos de los costes que genera la mejora del estado sanitario. Así, muchas ADSG mantienen gran parte de los programas mediante cuotas anuales en función del nº de animales, lo que ha permitido la continuidad del programa a pesar de los recortes.
En este sentido, las administraciones públicas deben diferenciar las partidas presupuestarias destinadas a los programas oficiales de erradicación subvencionados por la Comunidad Europea y por el Estado, de los pertenecientes a los de ADSG, de forma que se dote a éstos de los fondos necesarios para su continuidad. Las administraciones deben optimizar todos los recursos disponibles, tanto humanos como económicos, para abaratar los costes. Un ejemplo sería la compra de reactivos de diagnóstico conjuntamente entre las comunidades autónomas que realizan los programas sanitarios sobre las mismas enfermedades, lo que además de abaratar los precios por determinación, produciría una uniformidad de resultados tan necesaria para la confianza del ganadero. Además sería conveniente introducir ventajas de tipo administrativo a los ganaderos que implementen programas de control, de forma que tengan mejor acceso a las ayudas existentes para las explotaciones ganaderas.
 
 
BUENOS DIAGNÓSTICOS

La realización de un buen diagnóstico va a depender en gran medida de la formación tanto de los veterinarios de campo y de laboratorio como del empleo de las técnicas más adecuadas para cada enfermedad (Fig. 3).
El diagnóstico de laboratorio es una de las partidas económicas más elevadas en cualquier programa sanitario. Sin embargo, puede suponer uno de los aspectos en los que se obtiene un mayor ahorro si se respetan una serie de criterios:
- Conocimiento de la enfermedad: signos clínicos, dinámica de anticuerpos, lesiones más características, etc
- Empleo de muestreos adecuados: con un método de selección correcto y un tamaño de muestra representativo según la finalidad (estudio de prevalencia o presencia de enfermedad), como por ejemplo dirigir el muestreo hacia los grupos de riesgo de cada enfermedad
- Técnica de laboratorio más adecuada para los objetivos que queremos conseguir teniendo en cuenta la sensibilidad, especificidad y valor predictivo de las técnicas empleadas así como su robustez
- Muestra a emplear: en ocasiones es suficiente emplear una muestra representativa del rebaño para conocer la presencia o no de enfermedad o para realizar monitorizaciones como puede ser la muestra de leche de tanque o de pooles de muestra
- Correcta interpretación de los resultados: una mala interpretación de un buen resultado de laboratorio da lugar a un mal diagnóstico y por tanto al fracaso del programa de control
 
 
 
Para asegurar el cumplimiento de los criterios citados anteriormente, es fundamental el trabajo de los laboratorios de referencia tanto nacionales como internacionales. Su misión, además de definir los métodos de diagnóstico más apropiados para cada enfermedad, consiste en organizar ensayos interlaboratorios destinados a evaluar la capacidad técnica de los diferentes laboratorios de diagnóstico, investigar el desarrollo de nuevas técnicas y formar y asesorar a los sectores implicados en el programa.


ESTRATEGIA PROPIA
 
Los programas sanitarios deben adoptar un enfoque regional, tener en cuenta la caracterización de los sistemas productivos, considerar el trabajo conjunto con los productores y visualizar el proceso productivo con ópticas integrales que permitan estudiar detalladamente los problemas sanitarios y su relación con la productividad de la población. En el proceso de toma de decisiones sobre programas de prevención y control, además del análisis del impacto económico de las enfermedades animales, se deben considerar las particularidades sociales y el contexto del sistema productivo (Romero y cols., 1999).
Como primer paso del programa se deben plantear los objetivos a conseguir (Fig. 4). En función de los recursos económicos y la extensión de la enfermedad se podría plantear:
- la prevención: cuando la enfermedad a tratar no se encuentre difundida en la zona. Se deberán instaurar sistemas de vigilancia tanto activos (mediante recogida directa de muestras), como pasivas (observación por parte de las redes de ganaderos y veterinarios).
- el control: en enfermedades ya instauradas en una región y que se quiere reducir su prevalencia y evitar su difusión dentro una zona o a otras zonas como primer paso antes de la erradicación. Sería el caso de las enfermedades incluidas en los programas de las ADSG.
- la erradicación: en enfermedades presentes pero ya controladas. En enfermedades con una prevalencia elevada sería muy costoso plantear la erradicación directamente ya que supondría admitir unos costes de indemnización por sacrificio muy elevados tanto para las arcas públicas como para la producción de una zona o región.
 
 
 
Otro aspecto, teniendo en cuenta el enfoque regional de los programas sanitarios, es la probabilidad de ocurrencia en la región. Si la probabilidad es baja, sería suficiente con realizar un programa de prevención para evitar la presencia y difusión de la enfermedad en la zona. Ante enfermedades de mediana y elevada presencia es sobre las que se tendrán que centrar los programas de control y erradicación. En el caso de enfermedades en las que no tenemos conocimiento de su verdadera difusión se deberán realizar estudios dirigidos a estimar su alcance basándose en observaciones previas en zonas similares y dirigidos a una muestra representativa de la población, con el fin de ahorrar costes. Por ejemplo, el programa de control de IBR en Galicia se inició en el año 2004 a partir de unas prevalencias que no permitían plantear la erradicación. Tras años de control y una reducción considerable de la prevalencia, este objetivo podría ser asumible (Fig. 5).
 
 
 
 
Finalmente se deberá realizar un estudio de coste-beneficio con el fin de evaluar si la implementación de un programa sanitario supondrá mayores costes que los beneficios que se obtengan. Este suele ser uno de los puntos más controvertidos ya que a veces es difícil evaluar en términos económicos el beneficio de un programa.
 

CONCLUSIONES
 
  • La formación de los veterinarios constituye la pieza central para el éxito de los programas sanitarios.
  • Es fundamental dar un enfoque regional cuando se implementa un programa de control, recogiendo las particularidades socioeconómicas y de producción de cada región.
  • Cuando se realizan programas de control que afectan a varias regiones, es posible el ahorro de costes en aspectos como la compra conjunta de reactivos de diagnóstico o de vacunas que constituyen uno de los mayores gastos en la implementación de un programa. En estos casos es primordial la figura del laboratorio de referencia como garante de la uniformidad y fiabilidad de los diagnósticos.
  • Todos los estamentos implicados en el ámbito territorial en el que se lleva a cabo un programa sanitario deben impulsar de una manera coordinada cursos, proyectos y líneas de investigación que contribuyan a la mejora de los mismos. 
  • La continuidad de un programa sanitario, aunque sea de baja intensidad, será más rentable que su abandono total, evitando un retroceso de varios años en el control de la enfermedad que encarecerá los costes en un futuro.
 

REFERENCIAS
 
1. Brownlie J. (2007) Proceeding of New perspectives in BVD control. Budapest
2. FAO (2009). El estado mundial de la agricultura y la nutrición.
3. OIE (2011). Prevención y control de enfermedades animales. Hojas de información.
4. Ortega Mora LM, (2011). La I+D+i en sanidad animal en vacuno de leche. Boletín Anembe. 94:12.
5. Pearson JE. (1998). Laboratorios veterinarios para las enfermedades infecciosas. Rev. sci. tech. Off. Int. Epiz. 17 (2).
6. Pfeiffer DU. (2002). Veterinary Epidemiology- An Introduction- Royal Veterinary College. University of London.
7. Romero JR, Villamil LC, Pinto JA. (1999). Impacto económico de enfermedades animales en sistemas productivos en Sudamérica: estudios de caso. Rev. sci. tech. Off. Int. Epiz.18 (2): 498-511.
 
 

 

 
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