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 7° AUPA - Congreso de la Asociación Uruguaya de Producción Animal
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Las pasturas en los sistemas agrícolas del Uruguay: sus impactos en la calidad del suelo y rendimientos de los cultivos

Publicado el: 18/7/2022
Autor/es: G. Siri-Prieto1, J. A. Terra21Universidad de la República, Facultad de Agronomía, Estación Experimental Dr. Mario Cassinoni, Ruta 3 km 363, Paysandú,Uruguay.2Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Programa Arroz. Estación Experimental del Este, Ruta 8, km 281, Treinta y Tres, Uruguay.
Resumen

Palabras claves: intensificación agrícola; sistemas integrados; rotación pastura-cultivo.

En general, en Uruguay los sistemas productivos se ordenan y distribuyen de acuerdo con la capacidad de uso y manejo de los suelos. Esto es considerado por la normativa legal en manejo y conservación de suelos y aguas. De acuerdo con Molfino (2013) existen aprox. 2,5 millones de hectáreas de suelos de aptitud agrícola y agrícola-pastoril, mientras que hay un área similar de suelos con mayores limitantes para uso agrícola que requieren sistemas más conservacionistas con mayor proporción de pasturas. Por otro lado, existen aproximadamente 1,5 millones de hectáreas de suelos aptos para el cultivo de arroz irrigado que habitualmente rota con pasturas y ocasionalmente con soja.
A inicios del presente siglo, impulsado por el incremento de la demanda internacional de granos y la adopción del no laboreo, se dio un proceso de intensificación de la agricultura sobre los suelos de mayor aptitud de uso, sustituyendo pasturas en la rotación. Simultáneamente, se dio un proceso de expansión agrícola a nuevas zonas con mayores limitantes edáficas y estructurales sustituyendo pasturas naturales (Ernst et al., 2018). Este modelo de producción agrícola predominante, altamente especializado, que se desacopló en gran medida de la ganadería, basado en soja como cultivo dominante, incrementó significativamente el área y la producción en poco más de una década. Sin embargo, la sostenibilidad de la trayectoria de esos sistemas se vio amenazada ante la constatación de vulnerabilidades en su diseño y manejo que provocan pérdidas significativas de servicios ecosistémicos, asociados a la depresión del rendimiento, uso creciente de insumos, degradación de recursos naturales y externalidades ambientales indeseadas (Ernst et al., 2018). Como resultado, se constaron situaciones de erosión hídrica por encima de lo tolerable, pérdidas de C orgánico, disminución en el potencial de mineralización de N, descenso de bases totales, acidificación del suelo, así como deterioro de propiedades físicas (Moron et al., 2012; Ernst et al., 2018; Beretta et al., 2019). En este sentido, Rubio et al. (2021) mostró que la proporción y la duración de las pasturas en los sistemas agrícolas es clave para mitigar la degradación física, química y biológica de los suelos, que se refleja en mejoras del contenido de C orgánico y su correlación positiva con el rendimiento de los cultivos. Ernst y Siri (2013) encontraron que el rendimiento relativo de los cultivos en los sistemas integrados se fue incrementando con el tiempo respecto a los de agricultura continua, independientemente de la intensidad de laboreo. Ernst et al. (2018) constataron que los sistemas de agricultura continua generan un aumento progresivo en la brecha de rendimiento de trigo asociado al deterioro de la calidad del suelo, que en los primeros años luego de una pastura podía corregirse con fertilización suplementaria, pero no luego de 5 años cuando las propiedades físicas del suelo se deterioran más allá de los umbrales que afectan el crecimiento del cultivo, la dinámica de agua y la eficiencia del uso de nutrientes.
La producción de carne sobre las pasturas sembradas en sistemas de rotación con cultivosde distinta intensidad alcanza potenciales de 450-550 kg/ha y es relevante para la sostenibilidad ambiental y económica de estos sistemas (Rovira et al., 2020).
Por otro lado, el aumento sostenido de la productividad en el cultivo de arroz en los últimos 25 años se dio en un marco de mejora de la agroecoeficiencia y de bajo impacto ambiental capitalizando probablemente las sinergias de su integración con la ganadería (Pittelkow, 2016). Los sistemas arroz-ganadería son más productivos, rentables y eficientes en el uso de la energía, el nitrógeno y el agua que los de arroz continuo, además de secuestrar C en el suelo y tener una mayor biodiversidad. (Macedo et al., 2021ª; Macedo et al., 2021b). La ganadería en base a pasturas sembradas sobre los rastrojos de arroz produce en sistemas demostrativos entre 250-300 kg/ha de carne con potenciales experimentales aún mayores.
Una mirada a la región templada del cono sur donde se observaron tendencias similares en los sistemas agrícolas sugiere que son necesarios ajustes en el diseño de estos agroecosistemas y su manejo para corregir el rumbo (Carvalho et al, 2021). Un punto recurrente detectado en los sistemas agrícolas altamente especializados es el déficit de diversidad, lo que ha renovado el interés por los sistemas agrícolas-ganaderos integrados, sencillos de implementar y efectivos para compatibilizar las necesidades de intensificación del agroecosistema con la conservación de los recursos naturales y la calidad ambiental.

Referencias bibliográficas

 
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