El pico de producción no comienza solamente en el ovario.
Antes de que aparezca un huevo, existe una compleja conversación entre cerebro, hipófisis, ovario e hígado. Y el estrés puede alterar esa conversación.
La pre-postura y el pico de producción son etapas de enorme exigencia para la gallina. El sistema reproductivo trabaja intensamente, mientras el hígado debe sostener una elevada demanda de metabolismo lipídico, síntesis de proteínas y transporte de nutrientes.
Cuando sometemos a la gallina a estrés —manejo, traslado, vacunaciones, cambios de alimento, temperatura, densidad, competencia, restricciones o cualquier otro desafío— se activa el eje del estrés; Eje Hipotálamo - Hipofisis - Adrenal (HHA) y aumenta la corticosterona.
Entonces, una respuesta aguda puede ser necesaria para adaptarse.
"El problema aparece cuando el estrés es repetitivo, intenso o prolongado".
La corticosterona y las señales asociadas al estrés pueden modificar diferentes circuitos neuroendocrinos, incluyendo kisspeptina, GABA, glutamato, dopamina y serotonina, que participan en la regulación de GnRH, LH y FSH. Es decir, el estrés puede afectar la propia coordinación que conduce al crecimiento folicular y a la ovulación.
Pero existe otro punto crítico: el hígado.
El estradiol producido por el ovario estimula al hígado para sintetizar vitelogenina (VTG) y VLDLy, esenciales para transportar lípidos y nutrientes hacia los folículos en crecimiento.
Podemos visualizarlo así:
Cerebro → GnRH → LH/FSH → Ovario → Estradiol → Hígado → VTG/VLDLy → Ovario
Por eso, un hígado comprometido por esteatosis, inflamación, estrés oxidativo o alteraciones del metabolismo lipídico puede tener dificultades para responder adecuadamente a las enormes demandas de la producción.
Y si a esto le agregamos estrés crónico, tenemos dos problemas que pueden retroalimentarse:
Estrés → mayor demanda metabólica → mayor vulnerabilidad hepática → alteración del metabolismo → menor capacidad de sostener la producción.
Entonces, cuidar a la gallina durante pre-postura y pico no significa solamente “prevenir enfermedades”.
Significa gestionar su carga de estrés y proteger su capacidad metabólica y hepática antes de que aparezcan las consecuencias productivas.
Porque cuando vemos una caída en producción, huevos defectuosos o pérdida de persistencia, quizás el problema no comenzó ese día.
Puede haber comenzado mucho antes, cuando el cerebro, el hígado y el ovario dejaron de trabajar de manera coordinada.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente:
¿Cuánto está produciendo la gallina?
Deberíamos preguntarnos:
- ¿Cuánto estrés está soportando? - ¿Tiene capacidad para adaptarse? - ¿Y está su hígado preparado para sostener el costo metabólico de producir al máximo?
Cerebro – Hígado – Ovario
Tres órganos.
Un solo sistema.
Y manejar el estrés también es manejar productividad.