La avicultura española enfrenta uno de sus desafíos sanitarios más complejos de los últimos años. La oleada de la enfermedad de Newcastle, reaparecida en el país en diciembre de 2025 tras tres años de ausencia, ha escalado con fuerza en la provincia de Valladolid. Con la confirmación oficial de dos nuevos focos en la comarca de Olmedo, el balance nacional se eleva a 23 brotes y sitúa la cifra de aves afectadas en aproximadamente 1,33 millones, obligando a las autoridades a implementar rigurosas medidas de vacío sanitario y sacrificio preventivo. El MAPA confirma este lunes 6 de julio dos nuevos focos en la provincia de Valladolid. El de Megeces —una explotación de gallinas de recría vacunada con una sola dosis— estrena una categoría productiva que había permanecido intacta durante toda la oleada iniciada en diciembre de 2025.
El panorama técnico dio un vuelco drástico con las últimas notificaciones del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Por primera vez en todo el episodio, el virus golpeó al estratégico eslabón de la recría de gallinas. Ocurrió en el municipio de Megeces, en una explotación de 181.000 pollitas que, pese a contar con una dosis de vacunación, registraron un repunte de mortalidad del 0,97%. De forma simultánea, se detectó otro foco en una granja de pollos de engorde (broilers) en Íscar con 38.000 aves no vacunadas y una mortalidad del 1,3%.
El Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete confirmó mediante PCR que se trata de una cepa velogénica de alta virulencia perteneciente al genotipo VII.2. Los análisis genéticos revelan un dato crucial para la investigación epidemiológica: este patógeno es diferente al genotipo VII.1.1 que circula en el arco mediterráneo valenciano (donde se originó la oleada con 10 focos). Esto demuestra que Valladolid y Valencia sufren dos introducciones independientes del virus, sin un vínculo epidemiológico directo entre ambas regiones.
La provincia castellanoleonesa, que ya acumula 13 focos, ha vivido semanas de extrema tensión. Entre los antecedentes más graves destaca el brote declarado a finales de junio en Olmedo, el cual afectó a una explotación de 301.191 gallinas ponedoras, convirtiéndose en el mayor censo golpeado en una sola granja durante esta crisis.
Ante la gravedad de la situación, los Servicios Veterinarios Oficiales activaron de inmediato los protocolos de contingencia. Las granjas afectadas fueron inmovilizadas y se establecieron zonas de restricción con radios de 3 y 10 kilómetros. Las medidas drásticas incluyen el vacío sanitario completo, el sacrificio de los animales y la destrucción sistemática de cadáveres, piensos y materiales potencialmente contaminados en plantas autorizadas.
Este escenario ha reabierto el debate sectorial sobre los programas de vacunación. El MAPA insiste en que, aunque la vacuna no previene la infección al 100%, es fundamental para reducir la clínica y la diseminación del virus. Asimismo, las autoridades hacen un llamamiento urgente a los ganaderos para blindar la bioseguridad, evitando cualquier contacto con aves silvestres. Finalmente, se recuerda a la población que la enfermedad no representa un riesgo para la salud humana y que el consumo de carne aviar y huevos es totalmente seguro.