Más de 4.000 horas de trabajo meticuloso pueden verse comprometidas por variables muy simples de controlar.
Recriar un plantel de reproductoras pesadas para que exprese su máximo potencial productivo requiere tiempo, conocimiento, dedicación y una extraordinaria precisión en el manejo.
Trabajamos con animales seleccionados genéticamente para producir una progenie capaz de transformar proteína vegetal en carne con una eficiencia extraordinaria.
Para que esas mismas aves alcancen un buen desempeño reproductivo, se requieren más de 4.000 horas de recría, durante las cuales deben mantenerse sincronizadas innumerables variables: crecimiento, desarrollo corporal, uniformidad, nutrición, sanidad, ambiente y programas de iluminación, entre otras.
Y, sin embargo, buena parte de ese esfuerzo puede verse comprometida cuando el lote llega a la granja de producción.
Lo paradójico es que muchas de las pérdidas no se originan en problemas complejos, sino en variables cotidianas, relativamente sencillas de medir, controlar y corregir.
Agua, alimentación, ambiente e iluminación.
Cuatro pilares fundamentales que, pueden provocar pérdidas puntuales de producción o, peor aún, generar daños permanentes que condicionen el desempeño de las aves durante el resto de su vida productiva.
En situaciones más graves, estos descuidos pueden traducirse en mayor mortalidad, descartes y pérdidas económicas irreversibles.
Después de invertir más de 4.000 horas en preparar un plantel, no podemos permitir que un descuido lo arruine.
Julio Ricardo Buratti
