Introducción
El almendro (Prunus amygdalus Batsch) es uno de los cultivos de frutos secos de mayor importancia económica a nivel mundial. Aunque España posee la mayor superficie dedicada al cultivo, ocupa el tercer lugar en producción global, con un volumen anual aproximado de 369.700 toneladas de almendra en cáscara, siendo superado por Estados Unidos y Australia (FAO, 2026).
En las últimas décadas, el sector ha experimentado una transición hacia sistemas de producción más intensivos y de regadío, lo cual ha favorecido el incremento del rendimiento potencial, pero también ha contribuido a la emergencia y reemergencia de diversas enfermedades en el cultivo (Miarnau et al., 2018; OlleroLara et al., 2019; Beluzán et al., 2022).
Como consecuencia de esta intensificación y de la mayor presión de dichos patógenos, el impacto económico asociado a enfermedades emergentes, entre ellas la mancha bacteriana causada por Xanthomonas arboricola pv. pruni, ha aumentado de forma significativa debido a las pérdidas de producción y al incremento de los costes de manejo sanitario. En este contexto de intensificación, restricciones crecientes en productos químicos y condiciones ambientales cada vez más favorables a los patógenos, la mancha bacteriana se ha convertido en una amenaza sanitaria cuya gestión resulta especialmente prioritaria en la actualidad.
Distribución de la enfermedad
La mancha bacteriana está ampliamente distribuida a nivel mundial (Figura 1) y en concreto en Europa los episodios más severos se concentran en la cuenca mediterránea. En España, detectada por primera vez en 2002 (Roselló et al., 2007), la enfermedad se ha ido extendiendo a las principales zonas frutícolas. Su progresiva expansión durante las dos últimas décadas demuestra que su impacto es creciente y no limitado a zonas históricas de incidencia. La enfermedad afecta a todas las especies de Prunus y puede causar pérdidas muy elevadas, tanto por la depreciación del fruto como por las defoliaciones que reducen la capacidad productiva del árbol. En almendro, las pérdidas pueden superar habitualmente el 50% y alcanzar el 100% en casos extremos. La expansión del patógeno y su impacto creciente refuerzan la necesidad de mejorar el conocimiento epidemiológico y las estrategias de manejo para mitigar sus efectos en la producción.
Sintomatología
En el almendro, la infección por mancha bacteriana provoca alteraciones características en hojas, frutos y, ocasionalmente, en tejido leñoso. En hojas jóvenes, los primeros síntomas aparecen como lesiones angulares y translúcidas de aspecto acuoso y aceitoso, que evolucionan hacia manchas necróticas oscuras delimitadas por las nervaduras (Figura 2). Estas lesiones suelen concentrarse en la parte basal del limbo, donde la humedad favorece la colonización bacteriana. La progresión de la enfermedad puede provocar perforaciones, clorosis, caída de hojas prematura y defoliaciones severas (Lamichhane, 2014).
En frutos, la infección genera manchas deprimidas y oscuras que pueden ir acompañadas de exudados gomosos. Con la deshidratación del mesocarpio, las lesiones se adhieren al endocarpio, originando las llamadas almendras “pelonas”, junto con deformaciones, caída prematura y pérdidas importantes de frutos (Palacio-Bielsa et al., 2010). Cuando el patógeno afecta al grano, este se oscurece, se deshidrata y puede quedar completamente seco.
De forma menos frecuente, la mancha bacteriana puede inducir chancros en brotes y ramas jóvenes, que en casos avanzados llegan a anillar la rama. Aunque estos daños son habituales en otros continentes, en Europa se observan de manera esporádica. En conjunto, la sintomatología descrita constituye una herramienta esencial para el diagnóstico diferencial y la detección temprana de la enfermedad en almendro (CSCV, 2009).
Condiciones ambientales favorables
En este contexto, las condiciones ambientales juegan un papel determinante en la aparición y severidad de la mancha bacteriana. Las condiciones climáticas recientes, con primaveras más cálidas y húmedas, están generando condiciones todavía más propicias para el desarrollo del patógeno en las principales zonas productoras de almendro.
El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por temperaturas moderadas (entre 19 y 28 °C), lluvias frecuentes, alta humedad y viento, factores que también facilitan la dispersión del patógeno y la infección de tejidos jóvenes. Hay que destacar que se están desarrollando en modelos de predicción de riesgo que pueden suponer un avance en e control una vez validados. La presencia prolongada de agua en la hoja (≥ 4 h), ya sea por lluvia, rocío o riego por aspersión, incrementa significativamente el riesgo de infección. La combinación de estos factores crea condiciones altamente favorables para el establecimiento y propagación de la mancha bacteriana (Morales y col., 2017, 2018).
Ciclo biológico y epidemiologia
La dinámica epidemiológica de X. arboricola está estrechamente vinculada a su capacidad para persistir durante el invierno en yemas latentes, axilas y cicatrices foliares, chancros, así como en hojas y frutos caídos o frutos momificados (Scortichini, 2010; Lamichhane, 2014; Lopez, 2017). Con la llegada de temperaturas favorables, estos órganos actúan como fuente de inóculo primario, originándose las primeras infecciones de la temporada (Stefani, 2010) (Figura 3). Bajo condiciones de humectación prolongada y temperaturas moderadas, X. arboricola penetra en los tejidos a través de estomas o heridas y se multiplica en los espacios intercelulares, generando las lesiones características y desarrollando de nuevas infecciones durante todo el ciclo vegetativo (Garcin et al., 2005).
Estrategias de manejo
El manejo de la mancha bacteriana en almendro se debería basar en un enfoque integrado, combinando variedades tolerantes, la reducción del inóculo primario, una gestión adecuada de la poda y fertirrigación, así como la utilización de tratamientos químicos o biológicos mediante el uso de modelos predictivos (Morales y col., 2017, 2018). Aunque los productos cúpricos siguen siendo la herramienta principal, su eficacia es limitada una vez establecido el patógeno y su uso está sujeto a crecientes restricciones regulatorias y riesgos de fitotoxicidad (Comisión Europea, 2024). Estas limitaciones refuerzan aún más la urgencia de avanzar en alternativas eficaces y sostenibles para el control de la enfermedad.
Dentro de las estrategias preventivas, la tolerancia varietal constituye una herramienta prioritaria para reducir la vulnerabilidad del cultivo y complementar el resto de las estrategias de control. Durante dos años (2020 y 2022) se han evaluado 22 variedades mediante ensayos de inoculación en laboratorio para determinar su nivel de sensibilidad o tolerancia a la mancha bacteriana (Cuadro 1). Esta información debería ser clave para seleccionar la variedad adecuada en las nuevas plantaciones.
Respecto a los ensayos de reducción del inóculo (2023-2024), se evaluaron prácticas culturales (eliminación de hojas infectadas), tratamientos químicos (urea), y productos biológicos (Trichoderma harzianum y Bacillus amyloliquefaciens). Todas las estrategias redujeron de forma consistente la incidencia y la severidad de la enfermedad respecto al testigo, siendo la urea y la eliminación de hojas las más efectivas.
Entre 2018 y 2025, también se evaluó un amplio rango de productos químicos y biológicos orientados al control de la mancha bacteriana. A lo largo de estos años, los ensayos han demostrado de forma consistente que los productos cúpricos son los más eficaces, alcanzando cifras superiores al 60 %, lo que los sitúa como la referencia dentro de las herramientas químicas disponibles para el control de la mancha bacteriana (Cuadro 2). A partir de 2023, el trabajo se centró en comparar la eficacia de distintas sales de cobre y sus formulaciones, observándose que el oxicloruro de cobre fue el que ofreció los mejores resultados en la reducción de síntomas y en la limitación del avance de la enfermedad.
A nivel de productos de bajo impacto, también se evaluaron distintas alternativas orientadas a disminuir la dependencia de compuestos cúpricos. Dentro de estos estudios, el producto formulado con eugenol + geraniol + timol destacó por presentar los resultados más prometedores, con una capacidad de control superior a la del resto de productos de bajo impacto ensayados. Aunque su eficacia no alcanzó los niveles obtenidos con las mejores formulaciones cúpricas, su rendimiento permite considerarlo una herramienta complementaria en programas de manejo integrado, situándose como alternativa complementaria para reducir la dependencia del cobre.
Conclusiones
La mancha bacteriana causada por X. arboricola pv pruni sigue representando uno de los principales desafíos sanitarios para el almendro en España. El escenario actual, marcado por la intensificación del cultivo, la expansión creciente del patógeno y la reducción progresiva de herramientas de control, hace que las estrategias integradas de manejo sean más necesarias que nunca para garantizar una sostenibilidad del cultivo.
La integración de estrategias preventivas, el empleo de variedades más tolerantes, la reducción del inóculo inicial y la optimización de las herramientas químicas y biológicas disponibles constituyen la base de un manejo eficaz y sostenible. El trabajo desarrollado por el IRTA contribuye a reforzar este enfoque integrado, proporcionando conocimiento aplicado y soluciones validadas que permiten a los productores afrontar la enfermedad con mayores garantías y avanzar hacia sistemas productivos más resilientes y sostenibles.