Soja: Labranzas profundas

Posibilidades de las labranzas profundas

Publicado el: 8/1/2007
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Las labranzas participan en los sistemas de producción, interactuando con los otros recursos productivos con el objetivo de optimizar sus resultados físicos y económicos. Su rol debe entenderse como el de un recurso tecnológico y el éxito de su aplicación depende del criterio de uso y del fin perseguido.

Se pretende que contribuya - junto a otras prácticas - al mejoramiento por medios mecánicos de las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo. Cierto es que su historia en nuestra región está indefectiblemente relacionada con la degradación edáfica, y a pesar de que la responsabilidad ha sido más por la forma en que se las utilizó que por sus efectos específicos, su incidencia resulta incuestionable.

Como se dijo, la labranza tiene efectos directos sobre los procesos y propiedades del suelo, e indirectos sobre el crecimiento y desarrollo de los cultivos. A pesar de que los principios en los que se sustentan los diferentes sistemas de labranza son los mismos, independientemente de otros factores, en las interacciones de suelos y cultivos su adaptación depende de factores biofísicos y socioeconómicos.

Se ha expandido a ritmo sostenido la concepción de la disminución de la remoción de los suelos y de la generación de rugosidad y cobertura, como condiciones necesarias e imprescindibles para su recuperación y conservación. No obstante ser esta una premisa de gran valor para la agricultura moderna, existen algunas cuestiones que necesitan seguir examinándose, más cuando se generan evidencias en los suelos que pueden indicar que estaríamos frente a la posibilidad de algunas manifestaciones de condiciones físicas poco deseadas.

Los suelos del área de influencia de la Facultad de Ciencias Agrarias UNR, presentan en su mayoría importantes cantidades de limo en superficie (65 %) y tenores de arcilla a nivel subsuperficial de entre 30% y 55%. Con ello, la anisotropía producida por las diferencias texturales en el perfil, se transforma en una característica de relevancia al momento de valorar las posibilidades de la aplicación de tecnologías de manejo de suelo. Dos ambientes muy diferentes separados por escasos centímetros; distintas respuestas a iguales acciones.

Respecto a los espesores superficiales, su carácter limoso establece restricciones fundamentalmente a la expresión de propiedades físicas tales como la porosidad, responsable de la transferencia de agua y gases dentro del suelo.

La baja capacidad para generar macroporos y el limitado potencial de expansión-contracción - asociados en muchos casos con baja estabilidad estructural - tienen como resultado estratos de estructura masiva y cohesivos, con importantes valores de densidad aparente y de resistencia a la penetración a las raíces.

Aún en sistemas con muy baja o ninguna remoción, parecería que la recomposición de la arquitectura porosa a expensas de la actividad biológica enfrenta severas dificultades. El complejo formado por las raíces, los microorganismos y la mesofauna edáfica es el principal responsable de la generación y estabilización de agregados y con ello de la macroporosidad, pero el interrogante es: ¿podría crearse mayor cantidad de macroporos?.

Una alternativa es la utilización de un recurso mecánico capaz de producir grietas o fisuras, que además de unir espesores de suelo - vinculando los superficiales a los subsuperficiales - reduciría la influencia de la anisotropía antes mencionada sin alterar signicativamente la cobertura con rastrojos. Así las fisuraciones podrían estabilizarse progresivamente con la acción de la actividad biológica.

En este sentido, la labor realizada por una herramienta de corte vertical como el escarificador -Figura 1 y 2- perturbaría los estratos profundos hasta los 0.30 - 0.40 m cumpliendo con el objetivo perseguido.



Remover estratos más profundos no sería aconsejable dado que incidiría sobre horizontes con mayores tenores de arcilla, los que a través de los procesos de humectación y desecamiento, reordenarían más o menos rápidamente su arquitectura estructural, siendo la persistencia de la labor escasa y el costo energético y económico.

Por otra parte, laborear estratos muy arcillosos podría ser un riesgo para el sistema, dado que aquel reordenamiento de la estructura lo transformaría en un espesor más compacto aún que en la situación de inicio y, por lo tanto, se comportaría como un obstáculo principalmente para el drenaje interno del perfil, como se sabe, problemático al momento de la cosecha.

En la región subhúmeda pampeana es una opción creciente, dado que en suelos de menor desarrollo genético que los de la región húmeda, como los Hapludoles (sin presencia de horizontes subsuperficiales enriquecidos con arcilla) su implementación también asegura la eliminación de sitios compactos y mejora la expansión radical de los cultivos.

Los diferentes tipos de herramientas escarificadoras que provee el mercado combinan timones rígidos y flexibles con rectos y helicoidales o curvos, y entre otros, se los conoce con el nombre de cultivie, paratill y para plow.

Características de la labor como área removida, esfuerzo de tracción, potencia y resistencia específica, dependerá principalmente del tipo de órgano escarificador (forma, dimensiones, inclinación) y del estado de humedad del suelo.

El escarificado puede concebirse como una alternativa para integrarse con el sistema de labranza utilizado en el establecimiento, orientado a la búsqueda del mayor sinergismo posible.

De esta manera la oportunidad, profundidad y frecuencia de la labor dependerá de los resultados que brinde el imprescindible diagnóstico del perfil cultural del suelo, en cuanto a las condiciones de inicio y aptitud productiva.

Por último es conveniente recordar que ninguna práctica por sí misma genera cambios cualitativos en la producción, esta puede resultar beneficiosa, inocua o perjudicial, según el criterio de su elección y uso.

 
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