Fusariosis de la espiga del trigo: la elección del cultivar es más determinante que la fertilización nitrogenada

Publicado el: 10/7/2017
Autor/es: Pablo Daniel Velazquez y Angela Norma Formento.Grupo Factores Bióticos y Protección Vegetal, INTA EEA Paraná. Argentina

Introducción

La fusariosis de la espiga (FET) se encuentra entre las enfermedades del cultivo de trigo (Triticum aestivum L.) con fuerte dependencia climática y por lo tanto de aparición esporádica. Esta enfermedad, causada por los hongos Fusarium graminearum Schwabe [teleomorfo Gibberella zeae (Schwein.) Petch] y Fusarium spp. (Figura 1), provoca epifitias severas en 1 de cada 8 años aproximadamente (Formento y Schutt, 2012). Además de las reducciones del rendimiento, por disminución en el número y/o peso de granos (Velazquez y Formento, 2013), esta enfermedad puede afectar la calidad. La acumulación de toxinas generadas por el hongo (micotoxinas) es perjudicial para la alimentación humana y animal (McMullen et al., 1997). En la provincia de Entre Ríos, en los años 1993, 2000, 2001 y 2002, las pérdidas en la producción debida a FET fueron superiores al 60 % (Formento y Ramos, 1993; Formento et al., 2003).



Figura 1. Espigas de trigo con síntomas de fusariosis. © Patología Vegetal INTA EEA Paraná.

El desarrollo de la enfermedad en cada ciclo agrícola estará condicionado por la interacción entre los factores climáticos y diversos factores como el genotipo, la fecha de siembra, la labranza, el cultivo antecesor y la fertilización nitrogenada (Champeil et al., 2004; Subedi et al., 2007; Lori et al., 2009; Velazquez et al., 2013). Si bien en Argentina existe variabilidad en el comportamiento del cultivo de trigo frente a FET, no existen cultivares con resistencia absoluta a la enfermedad (Carmona, 2005). La secuencia trigo-maíz en la rotación incrementa los niveles de FET (Dill-Macky y Jones, 2000) y entre las especies del género Fusarium patógenas a cereales, F. graminearum es una de las más frecuentemente aislada en maíz, principalmente en regiones templadas y cálidas (Doohan et al., 2003; Xu, 2003). Por otra parte, la fertilización nitrogenada puede afectar la incidencia y la severidad de la enfermedad, ya que genera un estrés fisiológico sobre la planta hospedante al influir sobre la cantidad de residuos (donde se almacenan las estructuras reproductivas para la persistencia de la enfermedad) y puede modificar la estructura del canopeo del cultivo (Edwards, 2004; Lemmens et al., 2004).

Si bien existen numerosos trabajos a nivel mundial, no hay aún consenso acerca de la importancia que puede tener la fertilización nitrogenada sobre la FET. Mientras algunos sostienen que el N promueve una mayor expresión de la enfermedad (Lemmens et al., 2004), otros consideran que la incorporación del mismo no la modifica (Yoshida et al., 2008) y en algunos casos hasta la disminuye (Subedi et al., 2007).

En la provincia de Entre Ríos, la campaña triguera 2012 se caracterizó por lluvias de magnitudes superiores a los valores históricos durante septiembre y octubre, etapa de definición del rendimiento del cultivo (SIBER, 2013).

El objetivo del trabajo fue determinar los niveles de infección de FET en tres cultivares comerciales de trigo fertilizados con tres dosis de urea.

 

Materiales y Métodos

Los ensayos se realizaron durante los años 2011 y 2012 en la Estación ExperimentalAgropecuariaParaná del INTA, provincia de Entre Ríos. Para ambos años los ensayos se realizaron sobre antecesor maíz de modo de aumentar la probabilidad de infección, sobre un suelo Argiudol ácuico serie Tezanos Pinto. Los cultivares evaluados fueron BioINTA 1006, Klein Zorro y Klein Tauro, todos de ciclo corto. En la Tabla 1 se indican las fechas de siembra y los valores de los análisis de suelo para cada año de evaluación. Se utilizó un diseño experimental en parcelas divididas con cuatro repeticiones. Los cultivares se asignaron a las parcelas principales y los niveles de nitrógeno (46%) (0, 150 y 300 kg ha-1 de urea), aplicada el 09/08/11 y el 13/07/12, a las subparcelas.

 

Tabla 1: Fecha de siembra, análisis de suelo y fertilización para cada campaña.

 

En el estado fenológico EC83 (comienzo de madurez pastosa de granos), según la escala de Zadoks modificada (Tottman y Makepeace, 1979), se seleccionaron al azar cinco estaciones de muestreo de 1 mcada una. En las mismas se registró el número de espigas y se determinaron tanto la incidencia (%, número de espigas afectadas sobre número de espigas observadas, por 100) como la severidad (%, área de la espiga afectada empleando la escala de Stack y McMullen, 1995) de FET. Con ambas estimaciones se calculó el índice de Fusarium [IF (%)] como el producto entre incidencia y severidad, sobre 100. Los datos fueron analizados mediante un ANOVA y cuando fue necesario, los valores patométricos registrados se transformaron al arcoseno de raíz cuadrada, mientras que las medias fueron comparadas con la prueba LSD de Fisher (5%) empleando el paquete estadístico InfoStat (Di Rienzo et al., 2014).

Los registros agroclimáticos (temperaturas, lluvias, humedad relativa, radiación solar y mojado foliar) fueron obtenidos del Observatorio Agrometeorológico de la EEA Paraná del INTA.

 

Resultados y Discusión

En ambos años, las fechas promedio de floración plena (EC65, 06/10/11 y 04/10/12) coincidieron con condiciones climáticas favorables para los procesos de infección. La primera década de octubre de 2012 se caracterizó por días con intensas lluvias, baja radiación solar, alta humedad relativa y prolongado período de mojado foliar, además de temperaturas más elevadas, respecto a las condiciones registradas en el mismo período de 2011. La magnitud de las lluvias de octubre de 2011 y 2012 (Tabla 2) superó el promedio histórico 1934-2011 (105,4 mm). Durante 2011 se registraron 12 días con lluvias que acumularon 161,3 mm, condiciones que promovieron además 200 h de mojado foliar. Por otra parte, en 2012 las lluvias ocurrieron en 12 días y acumularon 235,5 mm y 161,3 h de mojado foliar, mientras que los valores promedios mensuales de temperatura mínima (14,3ºC), máxima (24ºC) y media (18,7ºC), así como de humedad relativa (82,4%), superaron a los registros de 2011. Según los mapas de riesgo elaborados en el Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar (http://climayagua.inta.gob.ar), el grado de riesgo a FET para la región pampeana-subregión norte fue más elevado en 2012 que en 2011.

 

Tabla 2. Temperatura (T), lluvias (LL), humedad relativa (HR), radiación solar (RS) y mojado foliar (MF) durante octubre de 2011 y 2012. Fuente: Observatorio Agrometeorológico de la EEA Paraná.

 

El trigo es principalmente susceptible al patógeno desde el momento de floración o antesis hasta el estado de grano en madurez pastosa suave, y una de las causas de la infección es la permanencia de anteras senescentes que quedan expuestas luego de la polinización (McMullen et al., 1997; Bushnell et al., 2003). Los eventos climáticos caracterizados por 2 o más días con lluvias consecutivas superiores a 0,22 mm y humedad relativa mayor al 81 % durante el primer día y superior o igual a 78 % el segundo día, resultan conductivos para la enfermedad (Moschini et al., 2003). Por lo tanto, es probable que en 2012 haya ocurrido un mayor número de eventos infectivos, por lo que se observaron mayores niveles de incidencia y severidad y como consecuencia de IF en 2012 respecto a 2011 (Tabla 3).

Tabla 3. Variables patométricas para los tres cultivares de trigo y niveles de fertilización para 2011 y 2012.

 

Los cultivares BioINTA 1006, Klein Zorro y Klein Tauro presentaron diferencias en cuanto a las variables patométricas, siendo BioINTA 1006 el más susceptible a la infección de FET en ambos años, mientras que Klein Zorro y Klein Tauro se comportaron como moderadamente susceptibles, coincidiendo con Alberione et al. (2012). Todos los cultivares presentaron un mayor IF en 2012, siendo esta diferencia más notable en BioINTA 1006 (Figura 2).

Figura 2. Índice de Fusarium para cada cultivar de trigo y año de evaluación. Medias con una letra común no son significativamente diferentes (p>0,05) según la prueba LSD.

El efecto de la fertilización nitrogenada sobre la FET no fue significativo. La similitud en la incidencia, severidad e IF, tanto en los testigos como en los tratamientos fertilizados, confirmó que la adición de N no tuvo ningún efecto en la predisposición de la planta a la infección. Por otra parte, no se hallaron interacciones estadísticas significativas en año x fertilización, cultivar x fertilización y año x cultivar x fertilización. Estos resultados confirman lo encontrado por Lori et al. (2009) en la provincia de Buenos Aires en un año con infección severa de FET.

En coincidencia con autores de referencia internacional (Lemmens et al., 2004), los resultados de este estudio sugieren que la adopción de la fertilización nitrogenada tiene escasa relevancia en el manejo de la FET, mientras que la elección del cultivar puede ser crucial para lograr menores niveles de infección. Esto denota la importancia de considerar la siembra de cultivares con alguna resistencia. La variación ambiental inducida por diferentes fechas de siembra o por diferentes estaciones de crecimiento y sitios, tendría un mayor efecto sobre la enfermedad que la aplicación misma de N (Subedi et al., 2007).

El manejo integrado de la enfermedad, además de considerar la siembra de cultivares con alguna resistencia y la diversificación de las fechas de siembra, debería basarse en aplicaciones preventivas con determinados fungicidas de la familia de los triazoles fundamentadas en predicciones climáticas (Carmona, 2005). En este sentido, las predicciones climáticas emitidas por el Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar (http://climayagua.inta.gob.ar) son herramientas prácticas y accesibles.

 

Conclusiones

La elección del cultivar es una variable importante a la hora de utilizar herramientas preventivas para la FET y las diferencias son más evidentes en los años en que se dan mayores condiciones predisponentes para la infección.

La fertilización nitrogenada con dosis hasta 300 kg ha-1 de urea no afectó los niveles de incidencia, severidad e índice de Fusarium.

 

Agradecimiento

Al Ing. Agr. (MSc) Ricardo J. Melchiori del Grupo Recursos Naturales y Factores Abióticos por facilitar las evaluaciones.

 

Bibliografía

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