Fertilizacion de la soja

Manejo de la fertilización de la soja en la region pampeana norte y en el NOA argentino

Publicado el: 16/11/2011
Autor/es: Hugo Fontanetto; Oscar Keller (INTA, EEA Rafaela ); Julio Albrecht (AFA María Juana ); Dino Giailevra, Carlos Negro y Leandro Belotti (Asesores privados). Argentina

Más del 95 % de la producción mundial de soja se concentra en cuatro países: Argentina, Brasil, Estados Unidos y China; registrándose en nuestro país un fuerte aumento del área sembrada en la última década, pasando de 8.400.000 ha en 1.998/99 a 16.596.025 en el 2.007/08. El área pampeana es donde se registró la mayor expansión del cultivo, pero también se incorporaron nuevas zonas a su cultivo, como el NOA, donde el área cultivada pasó de 644.900 ha a 1.576.915 para el mismo período. Los rendimientos promedios de Argentina aumentaron de 2.445 kg/ha en 1.998/99 a 2.823 kg/ha en la campaña 2007/08, con una tasa de incremento anual de 38 kg/ha; debiéndose este aumento al mejoramiento genético y a la implementación de mejores prácticas de manejo del suelo y del cultivo.

Por lo mencionado anteriormente, en condiciones mejoradas de manejo del cultivo se observan rendimientos que llegan a duplicar los promedios regionales; siendo el empleo de la siembra directa, las adecuadas rotaciones de cultivos y el manejo integral de la nutrición mineral, los elementos que más contribuyen para ese incremento de la producción unitaria.

En cuanto a la nutrición mineral, la soja es el cultivo de más altas exigencias y el de mayor índice de cosecha de nutrientes, tal como puede observarse en el Cuadro 1.

Cuadro 1. Requerimientos totales de nutrimentos e índices de cosecha para la soja, el maíz y el trigo (Tablas del IPNI, 2007).

Nutriente

Requerimientos totales

 

Indice de cosecha

Soja

Maíz

Trigo

Soja

Maíz

Trigo

 

kg/tn de grano

%

Nitrógeno (N)

75

22

30

75

66

70

Fósforo (P)

7

4

5

84

75

75

Potasio (K)

40

19

19

50

21

20

Calcio (Ca)

16

3

3

20

10

13

Magnesio (Mg)

9

3

4

40

50

70

Azufre (S)

6

4

5

48

35

35

Boro (B)

0,030

0,020

0,025

 

 

 

Cloro (Cl)

 

 

 

 

 

 

Cobre (Cu)

0,027

0,013

0,010

 

 

 

Hierro (Fe)

0,232

0,125

0,137

 

 

 

Manganeso (Mn)

0,170

0,189

0,070

 

 

 

Molibdeno (Mo)

 

 

 

 

 

 

Zinc (Zn)

0,062

0,053

0,052

 

 

 

Los elementos que más limitan la producción de la soja en la zona pampeana norte de Argentina, son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el azufre (S) y en menor medida de calcio (Ca), cobalto (Co), molibdeno (Mo) y boro (Bo). Estas últimas son menos frecuentes y no presentan la importancia de las de N, P y S.

Es propósito de esta presentación comentar experiencias de fertilización con macro y micronutrientes en el cultivo de soja en la región pampeana norte y en el NOA de Argentina incluyendo la identificación de condiciones potenciales de deficiencia y alternativas de corrección.

NITROGENO

El nitrógeno (N), dada su alta demanda (75 kg/tn de grano, Tabla 1), es el elemento que en mayor magnitud restringe el logro de cultivos de soja de alta producción. Las especies de leguminosas, tal es el caso de la soja, logran proveerse del N por dos mecanismos: fijación biológica en simbiosis con rizobios  y absorción desde el suelo.

Fijación biológica del nitrógeno atmosférico

La soja obtiene entre el 25 y el 75 % de sus requerimientos nitrogenados a través del mecanismo de fijación biológica, mecanismo que es energéticamente costoso para la planta (6-12 g de carbohidratos por cada g de N fijado) por lo que es común observar estrechas relaciones entre crecimiento del cultivo y fijación biológica. En la región pampeana se han determinado aportes de N por FBN del 30 al 70 % de las necesidades totales de N del cultivo (González, 1996). Por lo tanto, la inoculación de la semilla es una práctica indispensable para lograr una adecuada provisión de N.

El mencionado proceso comienza aproximadamente 30 días posteriores de la siembra y se va incrementando hasta alcanzar un máximo durante todo el período reproductivo y luego disminuye a partir del estadio de R5 (Zapata y col. 1987).

Los requerimientos de N hasta floración son cubiertos principalmente por la oferta edáfica, mientras que los aportes por fijación biológica son muy importantes luego de la floración y durante el llenado de los granos.

En los suelos de la región pampeana norte es frecuente observar significativos incrementos de la producción (aproximadamente 200 a 1.200 kg/ha o más) al inocular la soja en lotes que no tuvieron como antecesores cultivos de soja inoculados.

En estudios de fertilización e inoculación de soja en laregión centro-oriental de Santa Fe se observó que la respuesta al agregado de fertilizantes también se incrementa en los tratamientos con inoculación, tal es el caso del efecto del agregado de P y de S en parcelas con y sin inoculación y en lotes con diferente historia de manejo previo (Fontanetto y col., 2004). Los tratamientos de manejo fueron: 1-agricultura continua en siembra directa (ACSD) y 2- pastura de alfalfa degradada (PAD). Para ambos antecesores la nodulación fue afectada por los tratamientos de inoculación y de fertilización tanto con P como con S y sin mostrar interacciones significativas entre los mismos (Figuras 1 y 2). Se determinó mayor cantidad de nódulos en los tratamientos inoculados que en los sin inocular con ambos manejos ACSD y PDA), pero siendo mayores en ACSD. La fertilización con S10 también indujo a mejoras significativas en la nodulación de los cultivos, siendo más altos para ACSD (Figura 1). El agregado de P provocó aumentos lineales en la nodulación a razón de 19 nódulos planta-1 cada 100 kg ha-1 de P aplicados.

Figura 1. Efecto del S sobre la nodulación de la soja al estado de V6 para dos antecesores de la localidad de Videla, Santa Fe. Campaña 2002/03.

Figura 2a. Producción de granos de soja con distintos niveles de P, de S y de inoculación  para el antecesor ACSD. Campaña 2002/03.

Figura 2b. Producción de granos de soja con distintos niveles de P, de S y de inoculación para el antecesor PDA. Campaña 2002/03.

En promedio, para los tratamientos de fertilización con P y con S, la producción de grano en los tratamientos inoculados fue un 5,4% mayor que en los sin inocular. La aplicación de S permitió aumentos del 25 % (Figura 2b). La producción de granos mostró una respuesta lineal al agregado de P con una eficiencia media de 30,2 kg de grano/kg de P.

 

Fertilización nitrogenada

En general, los ensayos de fertilización nitrogenada en soja muestran una sustitución del N fijado por FBN por el que es aportado por los fertilizantes y sin incrementos en la asimilación neta del nutriente (Ghelfi y col. 1984). Es decir, aumentos en la cantidad absorbida del N del fertilizante se corresponden con disminuciones en la cantidad de N fijado (figura 3).

Figura 3. Cambios en el origen del N en cultivos de soja según dosis de fertilización nitrogenada (Diebert y col. 1979).

El uso de dosis moderadas de N al momento de la siembra estaría recomendado en ambientes muy pobres en materia orgánica y por ende de provisión de nitratos durante todo el ciclo de la soja. Experiencias realizadas en la región pampeana con aplicaciones de hasta 18 kg/ha de N durante la siembra en suelos con 15 kg/ha de N-NO3 no se afectarían significativamente la nodulación ni los rendimientos del cultivo (Scheiner y col. 2000, Gutierrez Boem y col. 2002). El N en grandes cantidades presenta un efecto negativo en la nodulación de soja, siendo su impacto mayor cuando la fertilización se realiza en la línea de siembra. Algunos trabajos sugieren que los nitratos (NO3-) afectan más a la formación de nódulos mientras que el ión amonio (NH4+) reduce el proceso de fijación (Munns, 1977).

Estudios realizados en la región pampeana núcleo sólo encontraron aumentos en rendimientos por fertilización nitrogenada en lotes sin antecedentes de soja previa y en cultivos de soja no inoculados. En general, en sitios con dos o más cultivos previos de soja la fertilización con N no tiene efectos sobre los rendimientos de los cultivos (Barbagelata y col. 2001 ; Bodrero y col. 1984). La fertilización con N sólo sería recomendable en ausencia de inoculación y con fallas en nodulación que manifiesten síntomas visuales de deficiencia nitrogenada: hojas basales amarillentas en el inicio de floración.

En cambio para la zona pampeana norte Fontanetto y col. (2001) encontraron respuesta a la aplicación de dosis crecientes de N en lotes bajo siembra directa con más de 30 años de agricultura continua (entre -16 a 389 kg/ha de incremento). También reportaron respuesta a diferentes momentos de aplicación (siembra, V2, V6 y R3, con aumentos del rendimiento de 63 a 540 kg/ha) y a distintas fuentes nitrogenadas (urea, UAN y Yogen 1) aplicadas en R3 (incrementos de la producción de 6 a 563 kg/ha).

En síntesis, en cuanto al manejo de la nutrición nitrogenada, es recomendable garantizar el adecuado establecimiento de la nodulación y un eficiente proceso de fijación simbiótica del N a partir de la inoculación con cepas seleccionadas de Bradyrhizobium japonicum. Las altas dosis de N aplicadas al momento de la siembra sólo logran reducir o inhibir la nodulación sin mayores beneficios sobre el cultivo.

Fósforo

Niveles Críticos

Este es el segundo elemento limitante para la producción de cultivos luego del N y la soja para producir una tonelada de grano requiere de unos 7 kg de P. Su adecuada disponibilidad es crítica para lograr un rápido crecimiento y un desarrollo adecuado de la parte aérea, de las raíces, de los nódulos (número, ubicación y tamaño) y de una eficiente FBN (García, 2004). Las deficiencias de P reducen el crecimiento de las plantas y producen hojas pequeñas de color verde oscuro y de mayor grosor (Gutiérrez Boem y Thomas, 1999 y 2001). Las reducciones en los rendimientos como consecuencia de deficiencias de P se explican mayormente por reducciones en el número de los granos al afectar el área foliar y consecuente captación de la radiación en estadios tempranos de desarrollo del cultivo (Gutiérrez Boem y Thomas, 1999).

Para el eficiente manejo de la nutrición fosfatada del cultivo es conveniente estimar la capacidad del suelo para proveer este elemento recomendándose hasta el presente para las diferentes áreas agrícolas de Argentina, la determinación del contenido de P extractable de los suelos (método de Bray Kurtz 1) en la capa de 0 a 20 cm de profundidad.

Estudios realizados en Argentina para relacionar los niveles de P extractable de los suelos con la respuesta de soja a la fertilización fosfatada, concluyeron que los rendimientos en los tratamientos testigo (sin fertilización con P) eran cada vez más bajos en la medida que el P del suelo disminuía. Asimismo, es posible obtener respuestas superiores a los 200 kg/ha en grano con el agregado de 20 kg/ha de P (equivalente a 100 kg/ha de superfosfato triple) en suelos con contenidos de P extractable inferiores a las 12 ppm e incrementos superiores a los 300 kg/ha si el P extractable del suelo es inferior a las 10 ppm  (Díaz Zorita y col. 2002).

 Niveles críticos similares han sido descriptos en otros estudios en la región núcleo pampeana (Melgar y col. 1995) y en Entre Ríos (Barbagelata y col. 2000; Melchiori y col. 2002).

Para la provincia de Tucumán se citan valores críticos de P disponible del suelo de 8 ppm (Hernández et al., 2001 ; Sanchez y Lizondo, 1999). En la Figura 4 se pueden apreciar estos resultados.

a: zona de respuesta a la fertilización ; b: zona de repuesta probable a la fertilización y c: zona de no repuesta a la fertilización.

Figura 4. Asociación entre los valores de P disponible y los rendimientos relativos de la soja ajustada mediante la curva de representación de la ecuación Misterlich-Bray. RR: Rendimientos relativos (adaptado de Hernández y col., 2001).

Sin embargo para el área central de Santa Fe los resultados de experiencias realizadas en cuatro campañas agrícolas (2002/03 al 2006/07) y en lotes con un rango de P extractable de 5,3 a 30,5 ppm (Bray I) citan como valor crítico en el suelo 17 ppm (Fontanetto y col., 2008), como se aprecia en la Figura 5.

Figura 5. Relación entre el nivel de P extractable del suelo (Bray 1) y el rendimiento relativo de la soja en suelos de la región central de Santa Fe.

Las conclusiones fueron que la respuesta al agregado de P fue muy alta en todas las campañas agrícolas y se dieron hasta dosis de 20 kg/ha de P, que los máximos incrementos al P se verificaron en suelos con menos de 9 ppm de P extractable y que los aumentos de rendimiento debidos a la fertilización variaron de 173 a 671 kg/ha en promedio.

 

Dosis de P

Las dosis de fertilizantes a aplicar dependen de los contenidos de P del suelo y de los rendimientos esperados del cultivo. Para la zona central de Santa Fe, las respuestas encontradas por Fontanetto y col. (2008) en soja al agregado de P en suelos con diferente contenido de P disponible, se detalla en la Figura 6.

Figura 6. Respuesta de la soja a dosis de P ensayadas y agrupadas por cuatro rangos de P extractable  del suelo (0-20 cm).

La soja presentó respuesta a la fertilización fosfatada hasta valores de 17 ppm de P extractable Bray I y por encima de esos niveles la respuesta fue nula.

 

Residualidad

Una particularidad que presenta el agregado de P como fertilizante al suelo, es su residualidad. En este sentido experiencias realizadas en el área central de Santa Fe (con suficiencia de N y de S) en las secuencias trigo/soja 2a - soja 1a -maíz y en trigo/soja 2a continua y en las que se aplicó el P (como superfosfato triple de calcio) al momento de la siembra del trigo, arrojaron los siguientes resultados:

Figura 7. Residualidad de diferentes dosis de fertilizante fosfatado para una secuencia de cuatro cultivos (T/S2a-S1a-M) en la zona centro-oriental de Santa Fe y aplicadas en el trigo 2001. (Fontanetto y col. 2003).

Figura 8. Residualidad de distintas dosis de fertilizante fosfatado para una secuencia trigo/soja 2a  continua en la zona centro-oriental de Santa Fe y aplicadas todas en el trigo 2003.

 

Fuentes y formas de aplicación

En la campaña 2004/05 se evaluó la eficiencia de fuentes sólidas y líquidas de P bajo diferentes formas aplicación al cultivo. Los resultados se detallan en la Figura 9.

Figura 9. Fuentes de P y formas de aplicación en soja (campaña 2004/05).

La eficiencia de ambas fuentes de P (Solphos líquido vs. PMA sólido) fue similar en los dos sitios ensayados y las diferentes formas de incorporación también presentaron un comportamiento semejante.

Las aplicaciones al voleo de fertilizantes fosfatados están demostrando una eficiencia similar a las incorporadas al suelo, si los lotes tienen como mínimo 8 años en siembra directa continua, que las dosis a agregar sean superiores a los 25 kg/ha de P y las aplicaciones se realicen entre 3 a 4 meses previos a la siembra.

Resultados de una experiencia en la zona de Videla (Santa Fe) en la campaña 2003/04 donde se comparó la aplicación de PMA (fosfato monoamónico) en dosis de 200 kg/ha al voleo vs. incorporado al suelo en el trigo de un doble cultivo trigo/soja 2a. La experiencia se realizó  sobre un suelo con los siguientes parámetros químicos:  MO: 2,3% ;  Nt: 0,115 % ;  P (Bray I): 9,2 ppm ;  S-SO4- : 5,4ppm y  pH: 5,8 y los resultados se detallan en la Figura 9.

Hubo una alta respuesta a la fertilización con P en el trigo y las formas de aplicación del mismo fueron similares entre sí, registrándose una alta residualidad del P para la soja de 2a., donde tampoco hubo diferencias entre las formas de aplicación del fertilizante (Figura 10).

 

Figura 10. Efecto de distintas formas de aplicación del P en el doble cultivo trigo/soja 2a. y aplicados en el trigo en área de Videla (Santa Fe, campaña 2003/04).

 

AZUFRE

El azufre (S) es requerido a razón de unos 7 kg/tn de grano producido (Tabla 1). El metabolismo de N y S están vinculados, por lo que deficiencias de S diminuyen la asimilación de N las hojas Los síntomas de deficiencia son similares a los de N (hojas amarillentas) pero se dan en las hojas superiores (más jóvenes) y no en las hojas inferiores o viejas. En Argentina, se reportaron síntomas de deficiencia de S y respuestas a su agregado en el centro y el sur de Santa Fe (Martínez y Cordone, 1998) y con menor frecuencia en el centro-norte de Buenos Aires y en Entre Ríos.

Las aplicaciones de fertilizantes azufrados provocan mayores rendimientos de la soja en lotes degradados (muchos años de agricultura) y en ausencia de deficiencias de P (Martínez y Cordone, 2000).

En algunos sitios la necesidad de fertilización con S podría se determina por contenidos de S-SO4 del suelo, recomendándose  su agregado en lotes con niveles extractables de S-SO4 inferiores a 10 ppm o si se han encontrado deficiencias generalizadas en la región (Messick, 1992). Resultados preliminares del proyecto Fertilizar de INTA muestran que parte de las variaciones en la respuesta al agregado de S serían explicados por diferencias en la capacidad de mineralización de los suelos (Díaz Zorita y col. 2002). Asimismo, experiencias realizadas por Fontanetto (2004) demostraron que a medida que la capacidad de mineralización de S del suelo aumenta, las respuestas de la soja de primera al agregado de este nutriente son cada vez menores, sobre todo cuando se superan los 20 ppm de S mineralizado (Figura 11).

Figura 11. S-SO4 mineralizado durante dos campañas agrícolas y respuesta de la soja de 1a a la fertilización azufrada. INTA Rafaela (2004).

Varios estudios muestran que tanto el P como el S aplicados en cultivos de trigo tienen efectos residuales de importancia sobre la soja de segunda y cultivos siguientes. En la Figura 12 se presentan los efectos de la fertilización con N, P y s en trigo/soja con dos secuencias de cultivos distintas (trigo/soja: T/S y maíz-trigo/soja: M-T/S).

Figura 12. Rendimientos de trigo y soja de 2a (promedio de 3 campañas agrícolas: 1999/00, 2000/01 y 2001/02 ) con diferentes dosis de fertilizantes y secuencias de cultivos. Unidad Demostrativa Agrícola Bernardo de Irigoyen.

En general se detectaron mayores rendimientos del trigo y de la soja en la secuencia M-T/S que en la T/S, por ser la primera de menor consumo de agua y de nutrientes. Para el trigo no fue muy marcado el efecto de la secuencia, pero sí lo fue para el caso de la soja de segunda.

En la Figura 13 se presentan los datos de producción de 4 cultivos: trigo (1er cultivo), soja de segunda (2do cultivo), soja de primera (3er cultivo) y maíz (4to. Cultivo) con diferentes dosis de S y con suficiencia de N y de P. El fertilizante azufrado (yeso agrícola) se aplicó totalmente en el trigo (1er cultivo de la secuencia). 

Figura 13. Residualidad de 4 dosis de S para 4 cultivos (trigo/soja 2a-maíz-soja 1a) y aplicadas en el trigo 2003/04 (con suficiencia de N y de P). San Carlos (Santa Fe).

Se puede apreciar que la respuesta al agregado de S se dio en los cuatro cultivos y asimismo se pudo apreciar la marcada residualidad en los tres cultivos siguientes al trigo (Figura 13).

En una experiencia donde se probaron dosis crecientes de S en la zona centro-oeste de Santa Fe en suelos bien provistos de P (42 ppm, Bray 1), se verificó una alta respuesta de la soja a su agregado hasta la dosis S12, donde se alcanzaron las mayores producciones. Asimismo, la respuesta fue distinta de acuerdo a los grupos de maduración ensayados y los mayores incrementos se obtuvieron con los materiales más precoces, sobre todo los del Grupo IV (Figura 14).

Los incrementos de producción promedio entre las dosis S0 y S12 fueron de 767 kg/ha (grupo IV), de 514 kg/ha (grupo V), de 425 kg/ha (grupo VI) y de 452 kg/ha (grupo VII) (Figura 14).

Figura 14. Respuesta a dosis crecientes de S de cuatro grupos de maduración de soja en siembra de primera. INTA Rafaela (campaña 2005/06).

El efecto de diferentes fuentes azufradas y dosis para soja de primera se detalla en la Figura 15.

Figura 15. Efecto de diferentes fuentes azufradas y dosis de S sobre los rendimientos de soja de primera. San Carlos (Santa Fe, campaña 2005/06).

Todas las fuentes que contenían al S formulado bajo la forma de sulfato o tiosulfato tuvieron la misma eficiencia entre sí. En cambio el SAS fue muy inferior al resto debido a que en su formulación el 90% del azufre está como S elemental y es de muy lenta liberación en el suelo.

Las semillas de soja son mucho más sensibles que las de los cereales a los efectos salinos y fitotóxicos de fertilizantes aplicados en su contacto directo. Como consecuencia de ello, se observan reducciones en el porcentaje de plantas emergidas que afectan la uniformidad de implantación del cultivo. Se realizaron experiencias con diferentes fuentes azufradas aplicadas junto con la semilla de soja a los efectos de evaluar su fototoxicidad, presentándose los resultados en la Figura 16.

Figura 16. Fototoxicidad de diferentes fuentes y dosis de azufre (S) en soja sembrada a 0,70 m entre surcos.

 

El sulfato de amonio es la fuente que más toxicidad provoca, seguida por la kieserita, no provocando ningún efecto nocivo sobre las plántulas el resto de los productos evaluados (Figura 16).

Experiencias realizadas con fuentes líquidas de S, donde se evaluaron diferentes dosis y formas de aplicación en soja de primera bajo siembra directa continua, una alta respuesta al agregado de S (aproximadamente 600 kg/ha respecto al testigo). Asimismo, no hubo diferencias entre las tres dosis de S evaluadas ni de las formas de aplicación del fertilizante líquido (Figura 17).

Figura 17. Efecto de diferentes dosis y formas de aplicación del fertilizante azufrado  líquido en soja de 1a. (Videla, campaña 2004/05).

 

CALCIO

La soja es un cultivo altamente demandante en calcio (Ca), requiriendo unos 16 kg/tn de grano producidos (Tabla 1). Respecto a la influencia del Ca sobre la producción del  cultivo de soja, la misma estaría dada por incrementar los niveles del nutriente disponible en el suelo y no tanto sobre la modificación del pH que podría efectuar, ya que lo que se observa en la región oriental de la pcia. de Santa Fe es una disminución de los niveles de Ca dentro del complejo de intercambio del suelo. Por lo tanto, este efecto se lograría utilizando una fuente de carbonato de calcio (CO3Ca) en dosis menores a las requeridas para un "encalado" del suelo y que entonces al reaccionar con agua libera el catión Ca++ enriqueciendo la solución y también la saturación de bases del suelo.

Vivas y Fontanetto (2004) reportaron respuesta al agregado de Ca, de P y de S para la zona de Videla (Santa Fe). El trabajo se realizó sobre un suelo con los siguientes parámetros químicos:   MO: 2,6% ;  Nt: 0,121 % ;  P (Bray I): 7,9 ppm ;  S-SO4- : 2ppm ;  pH: 6 ;  Ca: 7,4meq/100 g y CIC: 12,65 meq/100 g y donde los tratamientos evaluados fueron 4 dosis de Ca (0, 100, 200 y 300 kg/ha) combinadas con 2 niveles de P (0 y 20 kg/ha) y dos de S (0 y 24 kg/ha) en un cultivo de soja de primera en siembra directa. Los resultados se detallan el las Figuras 18, 19 y 20.

Figura 18. Efecto de combinaciones de Ca, P y S sobre la producción de soja de 1a. (campaña 2003/04, en el área de Videla (Santa Fe). (Vivas y Fontanetto, 2004).

Fue muy notorio el efecto del P y del S sobre los rendimientos de la soja, los que se magnificaron ante el agregado de dosis crecientes de Ca. La respuesta positiva al agregado de Ca se debió a su efecto como nutriente (no como enmienda del suelo), ya que el % de Ca del complejo de bases intercambiables era de 58 %, nivel considerado bajo por diferentes investigaciones realizadas en otros países (Thomas and Hargrove, 1984).

El efecto del Ca sobre los rendimientos de la soja en los tratamientos testigo para P y S (P0-S0) se detalla en la Figura 18.

Figura 19. Efecto de dosis crecientes de Ca en las parcelas testigo (P0-S0) sobre la producción de soja de 1a. en el área de Videla (campaña 2003/04). (Vivas y Fontanetto, 2004).

 

Ante una falta de P y S, los máximos rendimientos se lograron con la dosis más alta de Ca (300 kg/ha) (Figura 18).

La influencia del Ca sobre la producción de la soja en los tratamientos con agregado de P y de S (P20-S24) se observan en la Figura 19.

Con la aplicación de P y de S la máxima producción se alcanzó con la dosis de 200 kg/ha de Ca. Las producciones con todas las dosis de Ca en ausencia de P y S fueron sensiblemente más bajas que con el agregado de estos nutrientes (Figuras 19 y 20).

Asimismo, las mayores producciones se lograron con la dosis Ca-200 combinada con P20-S24, con lo que se demostró que en orden de importancia para la soja los nutrientes son: primero el P, luego el S y después el Ca (Figura 19).

Figura 20. Efecto de dosis crecientes de Ca en las parcelas con P y con S (P20-S24) sobre la producción de soja de primera de la campaña 2003/04, en el área de Videla. (Vivas y Fontanetto, 2004).

 

MICRONUTRIENTES

Las deficiencias de micronutrientes son aún menos frecuentes que para en caso del N, del P y del S en la región pampeana norte de Argentina, ya sea porque no están presentes en forma aguda en los suelos o porque debido a la falta de investigación no se las ha detectado e informado. No existen actualmente estudios sobre la determinación de los niveles críticos de diferentes micronutrientes en distintas áreas productivas y menos aún de determinaciones de ellos en tejidos vegetales, a los efectos de contar con información si están en niveles satisfactorios o no.

Experiencias realizadas en diferentes regiones del país mostraron resultados diferentes, así en el área de Marcos Juarez (Galarza, 2004-comunicación personal) no registraron efecto del agregado foliar de B en soja y se lo atribuirían a alta fertilidad natural del suelo.

En el área de Pergamino, la aplicación foliar de fertilizantes compuestos (macronutrientes + micronutrientes + biocompuestos) aumentó la producción de la soja y los autores lo atribuyeron a que se debería en mayor medida a los micronutrientes pues el sitio experimental donde se realizó la experiencia estaba bien provisto de P y de S (Ferraris y Couterot, 2004).

En el partido de General Arenales (Buenos Aires) se registraron aumentos en la producción de soja del orden de 8,3 a 28,5 % (305 a 1.035 kg/ha de incrementos) por la aplicación de difentes micronutrientes (Co, Mo, B, Zn, Cu, Mn) en aplicaciones con la semilla y foliares entre V6 y R1 de la soja (Ferraris et. al, 2005).

Para la región central de Santa Fe Fontanetto et al (2006) determinaros que en tres sitios del área central de Santa Fe (Rafaela, San Carlos y Videla), que hubo efecto positivo de la aplicación de Co y Mo combinados con la inoculación de semillas.           

En los tres sitios la nodulación fue afectada por los tratamientos de inoculación y fertilización y en promedio se determinó mayor cantidad de nódulos en los tratamientos inoculados que en los sin inocular. Además, la fertilización con CoMo también provocó incrementos en la nodulación (Figura 21).

 

Figura 21. Efecto de la inoculación y del Co-Mo sobre la nodulación de la soja en el estado R2 de la soja para los tres sitios experimentales. Campaña 2004/05.

Los rendimientos de grano promedio para los tres sitios mostraron diferencias por los tratamientos de fertilización y de inoculación y sin interacciones significativas entre los mismos. Para Rafaela las producciones fluctuaron entre  2.886 y 4.488 kg/ha, para San Carlos entre 2.996 y 4.626 kg/ha y para Videla entre 2.683 y 3.886 kg/ha, arrojando diferencias significativas para el tratamiento con CoMo, pero no significativas para los tratamientos de inoculación  (Figura 22).

Figura 22. Producción de granos de la soja por el agregado  de  CoMo y  de inoculación

                para tres sitios de la región central de Santa Fe. Campaña 2004/05.

 

En promedio, la producción de grano en los tratamientos inoculados fue un 4,3% (145 kg/ha) y 2,1% (77 kg/ha) mayor que en los sin inocular, para los tratamientos sin y con CoMo, respectivamente. La aplicación de CoMo produjo aumentos (a través de todos los tratamientos con y sin inoculación) del 9,5 % (Figura 22).

Es necesario destacar que los micronutrientes recién se están comenzando a investigar en Argentina y que para abordar en forma seria y responsable un estudio sobre los mismos se deberían cumplir con las siguientes acciones:

a-      Conocer con seguridad los síntomas de deficiencia y monitorearlos durante los primeros estadíos del crecimiento.

b-      Conocer las condiciones de suelo donde las deficiencias son más probables de ocurrir.

c-      Realizar análisis de suelos y de tejidos vegetales y determinar los niveles críticos para cada micronutriente mediante estudios sistemáticos.

d-     Conocer los niveles de pH del suelo que pueden ocasionar "bloqueos" o "no disponibilidad" de micronutrientes.

e-      Realizar franjas exploratorias mediante ensayos simples y con pocos tratamientos.

f-       Realizar eventos científicos que arrojen más información en este aspecto.

g-      Consultar con especialistas de otros países.

 

Finalmente, a los efectos de presentar un simple modelo resumido del manejo de la fertilización de la soja para la región pampeana norte de Argentina, se detalla a continuación el siguiente esquema: 

 

CONSIDERACIONES FINALES

-Nitrógeno, fósforo y azufre son los elementos que en mayor medida controlan la producción de cultivos de soja en la región pampeana norte de Argentina, existiendo diferentes áreas en cuanto a la fertilidad química de los suelos las que provocan diferente respuesta de los cultivos a la fertilización.

-La inoculación eficiente permite abastecer gran parte de las demandas de nitrógeno del cultivo y se verificaron aumentos en los rendimientos por la práctica de la inoculación.

-La información disponible hasta la fecha respecto a la fertilización nitrogenada es muy escasa y para nada muestra una tendencia definida y podría recomendársela en ambientes sin nodulación o en ocasiones en que se detecten síntomas de deficiencias de N durante el desarrollo del cultivo.

-En relación al P, el diagnóstico y recomendaciones de fertilización se basa hasta la fecha en los resultados de los análisis del contenido de P extractable edáfico (Bray Kurtz 1), con respuestas en el rendimiento de granos cuando los valores son inferiores de acuerdo a diferentes experiencias, a 11-17 ppm.

-Las recomendaciones que se realizaban hasta el presente de la conveniencia de efectuar aplicaciones localizadas de este elemento, ya no son tan contundentes en lotes con más de 8 años de siembra directa; situaciones en que la aplicación de dosis superiores de 25 kg/ha de P al voleo o incorporadas no demuestran diferencias entre sí.

-Se debe evitar en lo posible la aplicación de fertilizantes en contacto directo con las semillas por altos problemas de fitotoxicidad registrados y los posibles daños a los rhizobios de los inoculantes.

-Las deficiencias de azufre son cada vez más generalizadas y reiteradas en suelos con tenores de materia orgánica inferiores al 2 %, en los de texturas arenosas o francas, con elevada historia agrícola sin el agregado de este elemento y donde se logró optimizar el agregado de N y de P. Por lo tanto se recomienda su corrección empleando fuentes azufradas directamente en el cultivo de soja o en los cultivos previos que integran las secuencias o rotaciones, dada la residualidad encontrada.

-Para realizar una fertilización eficiente de la soja se deben tener en cuenta diferentes parámetros: el análisis químico de los suelos y el rendimiento objetivo, los que se complementarán con otras características relevantes como historia del lote, cultivo antecesor, intensidad de las secuencias de cultivos, sistema de manejo, fuente y método de aplicación de nutrientes, etc.

-Además del P y del S aparecen como limitantes de la producción en menor grado el Ca, el Co y Mo juntos y el B. Su agregado al cultivo de soja debería ser considerada luego que estudios de investigación así lo indiquen.

-Finalmente, el análisis del suelo es el punto de partida para decidir cualquier manejo nutricional de los cultivos de la rotación

 

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Lactating(%)

close up(%)

dry off(%)

Diet content

44.6

48

50

Corn silage

14.5

22.8

19.3

Alfalfa hay

-

13.5

15

Wheat straw

28.9

16.7

15.7

Concentrate Concentrate content  (%)

26

15

-

Corn grain

23

18

16

Barely grain

11

8

-

Cotton seed

-

10.4

54

Wheat bran

5

-

6

Cotton seed meal

5.5

10

13

Rapeseed meal

20

15

8.4

Soya been meal

1.5

4

-

Fish meal

2

4

-

Corn gluten meal

2.5

4

-

Fat meal

1.2

1

1

Animal supplementation

-

-

0.3

Urea

-

0.1

-

Feso4

-

-

0.3

Caco3

0.4

0.3

-

DCP

-

1.7

-

NH4Cl

0.5

0.3

0.4

NaCl

1.2

-

-

NaHCo3

-

0.45

0.6

Mg2o

0.1

0.3

-

Mycosorb

0.01

6

-

Protoxin

 

 

 

 

 

 

 

Nutrient

18.87

48.12

30.26

0.35

0.27

8

16.09

43.26

32.23

0.31

0.16
8

12.97

40.25

38.29

0.27

0.26

9

Protein (%)

NDF (%)

ADF (%)

 (%) Ca

 (%)P

Cr (mg/kg)

 
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