Enfermedades foliares en el cultivo de trigo

Manejo de enfermedades foliares en el cultivo de trigo

Publicado el: 26/7/2010
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Las enfermedades constituyen una de las principales limitantes en la potencialidad de los rendimientos del cultivo de trigo.

La utilización de variedades susceptibles, la siembra directa, el empleo de semilla infectada, rotaciones de cultivos no adecuadas, la fertilización, etc; han determinado en los últimos años, un aumento en la presión del inóculo o sea una cantidad mayor de patógeno capaz de infectar.

Las enfermedades foliares (septoria, mancha amarilla, roya), junto a las de la espiga (fusarium), están entre las que provocan un mayor impacto en la productividad.

Las pérdidas que ocasionan dichas enfermedades, varían de acuerdo a las condiciones climáticas reinantes, durante el ciclo del cultivo y a la susceptibilidad de los genotipos utilizados. Distintos estudios realizados para enfermedades foliares, han registrado pérdidas de rendimiento en condiciones favorables para los patógenos, de hasta el 50%.

La fusariosis de la espiga, es capaz de producir importantes daños, pero su gran dependencia de las condiciones climáticas, para que se produzca la infección, hace que su aparición sea ocasional.

La prevención, es la principal y más eficiente herramienta para luchar contra las enfermedades que afectan al trigo. Una revisación periódica del lote, para seguir la evolución de las mismas y determinar el momento oportuno de control, mediante la utilización de fungicidas, permite evitar que el patógeno se establezca en el cultivo, superando el nivel de daño económico (momento en que el daño realizado, supera al costo del control).

Los fungicidas no deben aplicarse preventivamente, ni tardíamente  sino cuando el perjuicio provocado por una determinada enfermedad, alcance el umbral de daño económico (UDE), en donde la pérdida de   producción, todavía es inferior al costo del tratamiento, y nos da el  tiempo necesario para implementar una medida de control.

Podemos considerar a la fusariosis de la espiga, como la única excepción a la utilización de fungicidas en forma preventiva, debido a que esta en-fermedad está muy relacionada con el clima, debiéndose prestar mucha atención a las condiciones ambientales previas a la floración, que son determinantes para que el patógeno, si está presente, infecte al cultivo.

Con el monitoreo periódico del lote, se podrá determinar que enfer-medad afecta al trigo, y además se la podrá medir o dar un valor para cuan-tificarla.  Esta cuantificación o medición de la enfermedad, nos permitirá entre otras cosas alcanzar los siguientes objetivos:

  1. Ver como evoluciona la enfermedad a través del tiempo.
  2. Ver como se comportan los distintos cultivares y seleccionar los más resistentes.
  3. Determinar que efecto producen las distintas prácticas culturales (fertilización, labranzas, rotaciones, etc.) en el comportamiento de las enfermedades.
  4. En función del nivel de la intensidad de la enfermedad alcanzado, de-terminar las pérdidas de rendimiento y por consiguiente poder establecer el UDE (Umbral de daño económico) que permitirá:

    a).- Establecer el momento más adecuado para la aplicación de fungicidas en los órganos aéreos
    b).- Comparar la eficiencia de distintos fungicidas.

Para cuantificar las enfermedades, se utilizan dos parámetros: la incidencia y la severidad, que se basan en la intensidad de los síntomas (manifestación externa de la planta como consecuencia de la enfermedad) y/o signos (manifestación externa del patógeno que produce la enfermedad)  Estos síntomas y signos a medida que se incrementan sobre el órgano afec-tado, como por ej. las hojas, disminuyen el área fotosintética y por lo tanto será mayor la pérdida de rendimiento.

El parámetro incidencia, es la cantidad de plantas o de órganos enfer-mos (que presentan algún síntoma y/o signo) con respecto a la cantidad de plantas u órganos evaluados. Esto se mide en porcentaje, es de rápida y de muy fácil determinación y es de utilidad para enfermedades que afectan a toda la planta, como por ej. podredumbre de raíz o carbones.

El parámetro severidad, consiste en una estimación visual de la canti-dad de tejido vegetal enfermo, para establecer distintos grados de infección en la planta. Es de determinación más complicada y requiere de un buen adiestramiento para una correcta estimación. Para ello se pueden utilizar  programas de computación y escalas gráficas, para poder comparar y esta-blecer los distintos grados de infección, con lo que se ha monitoreado en el lote. Este es un parámetro mucho más apropiado para la medición de manchas foliares, oídios y de royas, porque estas enfermedades afectan una parte del vegetal.

El monitoreo de las enfermedades, deberá ser realizado varias veces a los largo del período de crecimiento del cultivo y cada 7-10 días a partir de que el trigo comienza a ser susceptible. Si las condiciones ambientales son muy favorables para la ocurrencia de enfermedades, la frecuencia del monitoreo deberá ser mayor. Debemos tener en cuenta que el período más importante en trigo para la realización del monitoreo, va de encañazón a grano lechoso.

Las mediciones en el cultivo, se realizan a través de muestras o pequeñas cantidades de individuos, que representan a la totalidad del cultivo, recorriendo el lote de acuerdo a un patrón establecido y en forma sistema-tica se tomarán las muestras de plantas. Por ej. cada 20 pasos o metros se deberá extraer una planta u órgano, en base al recorrido previamente selec-cionado.

Para enfermedades de hoja, se deberían tomar como mínimo 50 plantas o 50 macollos, a partir de la encañazón del cultivo, al azar, separando todas la hojas verdes completamente expandidas y descartando las muertas las senescentes o en expansión. La evaluación por intermedio de la incidencia y la severidad, se obtiene de la siguiente manera:

% Incidencia: Número de hojas enfermas / total de hojas evaluadas x 100.
Severidad: Sumatoria total % afectación / número de hojas evaluadas.

Si existiesen más de una enfermedad por hoja, se deberán evaluar por separado a cada una de ellas. En el caso de enfermedades que producen manchas foliares (mancha amarilla, septoria o mancha borrosa), pueden evaluarse en su conjunto.

Para enfermedades de espiga, se tomarán 50 espigas del lote al azar y se realizará la evaluación teniendo en cuenta que para incidencia, se deberán considerar aquellas espigas, que tengan al menos una espiguilla infectada y para severidad, la cantidad de espiguillas afectadas en cada espiga.

En el caso de fusariosis, como se había dicho, es importante seguir el curso de las variables ambientales, para poder predecir una posible infec-ción, en especial a los registros de humedad y temperatura diaria desde la espigazón hasta la aparición de las primeras anteras expuestas o comienzo de floración, para de esta manera tomar una decisión para la aplicación de un fungicida, ya que sobre esta enfermedad solo se podrá actuar en forma preventiva. Luego de la pulverización, la cuantificación (incidencia y severidad), nos permitirá evaluar la evolución de la fusariosis, con la aplicación preventiva del fungicida.

Para conocer la evolución de cada epidemia, se volcarán a una planilla, semanalmente, los valores de incidencia y severidad.

 
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