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Análisis económico de rotaciones y fertilización en soja

Publicado el: 10/3/2016
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Las condiciones económicas y de mercado en los últimos años han inducido a los productores agrícolas a aumentar la proporción de soja en la rotación. Actualmente, más del 60% del área agrícola se siembra con soja, su monocultivo está generalizado en muchas regiones. La soja ha sido el cultivo más rentable (calculado por peso invertido), de menor costo de producción por hectárea, y a pesar de los altos derechos de exportación, su comercialización ha sido siempre fluida.

La soja es el cultivo que más se siembra y menos se fertiliza, exportando más nutrientes de los que se reponen (Álvarez et al., 1995; Cruzate y Casas, 2012; García y González San Juan, 2013). El monocultivo de soja aporta poca biomasa al suelo
en comparación a otros cultivos como el sorgo y el maíz y, por lo tanto, el balance de materia orgánica (MO) del monocultivo, aun en siembra directa, es negativo (Havlin et al., 1990; Novelli et al., 2014). 

Por otro lado, la escasa biomasa aportada por la soja genera poca cobertura del suelo y el suelo se torna susceptible a la erosión eólica e hídrica, provocando pérdidas de suelo y mayor escurrimiento superficial (Darder et al., 2014). Una rotación balanceada en siembra directa que incluya gramíneas (maíz, sorgo, trigo, cebada) presenta un balance más favorable de MO (Novelli et al., 2014) y resulta más rentable que el monocultivo de soja –medida en un período de 5 años-. Su rentabilidad es más estable al diversificar en el año los períodos críticos para la definición del rendimiento de los cultivos que se incluyan. Se diversifican también los riesgos de precios y mercados. Asimismo, facilita el control de malezas, la necesaria rotación de herbicidas y momentos de aplicación evita la proliferación de malezas tolerantes y resistentes al glifosato. Si se realiza una rotación balanceada con reposición de nutrientes, es muy probable que se pueda negociar un arrendamiento a largo plazo por un menor valor.

Varias experiencias han documentado que el cultivo de soja rinde más si el antecesor es maíz o sorgo, que si es sembrada sobre rastrojo de soja (Felizia et al., 1994; Lauer et al., 1997). Bacigaluppo et al. (2009) observaron un aumento del rendimiento del 10% en rotaciones que incluían gramíneas en comparación con monocultivo de soja. Ese aumento en el rendimiento es generado por la mayor disponibilidad de agua a la siembra, el mayor tenor de MO superficial, la mejor estructura del suelo, la mayor eficiencia en captar el agua de lluvia y el control de la evaporación por la cobertura del rastrojo, además de la menor presión de enfermedades causadas por parásitos necrotróficos. Todo esto genera una mayor eficiencia en el uso del agua y mayor rendimiento.

En la Tabla 1 se calcula el margen bruto de una rotación balanceada comparado con el monocultivo de soja. Aun con los bajos precios actuales y las restricciones a la exportación de maíz, con el diferencial de rendimiento, ambos márgenes son
similares. En el análisis comparativo de rentabilidad entre una rotación balanceada y el monocultivo se debería incluir el costo de la pérdida de MO del suelo provocada por el monocultivo contra la ganancia en la rotación. La pérdida de fertilidad física –menor retención de agua, mayor escorrentía,

menor acumulación de agua en el barbecho y peor estructuración- es en gran medida responsable, y queda valorizada, por el menor rendimiento de la soja en monocultivo. Recordemos que el balance de MO depende del coeficiente de mineralización, que a su vez está asociado a la temperatura, por lo que el efecto del monocultivo sobre el suelo es mucho más acentuado hacia el norte del país. En zonas húmedas, el riesgo de erosión hídrica por falta de cobertura vegetal también se magnifica. 

Una rotación balanceada aprovecha mejor el total de precipitaciones anuales y si se hace a escala regional, puede paliar el problema de inundaciones en años húmedos. Deberíamos producir la mayor cantidad de biomasa vegetal por milímetro
de agua disponible.


¿Por qué se realiza monocultivo de soja con las desventajas que presenta?

Uno de los motivos de la falta de percepción del productor es que normalmente la variación interanual de los rendimientos supera a la diferencia por efecto del antecesor. Esto quiere decir que si el año es bueno, el rendimiento de la soja superará al año anterior enmascarando el efecto del monocultivo. La mejora en la genética y en la tecnología del cultivo también enmascara este efecto. Otro motivo es que la mayoría de los productores medianos y chicos no guardan información detallada de las campañas pasadas y tienen recuerdos sesgados de los resultados. 

Para evidenciar la diferencia debida al antecesor, es necesario comparar varios lotes para una misma campaña y con un manejo similar, sembrados sobre soja versus maíz o sorgo, y muchos productores no cuentan con esta información. 

Tampoco debemos olvidarnos que la soja es el cultivo más económico de implantar, se invierte aproximadamente la mitad para sembrar soja que para sembrar maíz, por lo tanto con el mismo capital disponible un arrendatario sembrará más hectáreas si hace monocultivo. Además, la soja RR es un cultivo muy plástico, compensa fallas en la densidad de siembra a través de sus ramificaciones, tiene una amplia ventana de fecha de siembra, tolera una amplia defoliación por isocas, fija nitrógeno (N) del aire y presenta niveles críticos de fósforo (P) extractable del suelo (P-Bray) menores que los de otros cultivos por lo cual se adapta a suelos más pobres en este nutriente. 

Por otro lado, como el 60% de las siembras se hacen en campos alquilados, el arrendatario en general no se preocupa por el mantenimiento del P del suelo y el propietario que arrienda no es consciente del deterioro de sus suelos. 

 

¿Es rentable fertilizar la soja? 

La agricultura moderna tiene un paquete tecnológico que incluye -y hace necesaria- la aplicación de diversos insumos para que la variedad sembrada exprese su potencial genético. La mayoría de los productores no dudan en controlar malezas,
plagas o enfermedades ya que sus efectos sobre las plantas y el rendimiento son evidentes. Sin embargo, hay una percepción de que la fertilización es sustituible o postergable. Ello es así en parte porque el suelo puede proveer parte los nutrientes necesarios para el cultivo, aunque en la gran mayoría de los casos, no en cantidad suficiente para lograr elevados rendimientos. 

Se analizará la conveniencia de fertilizar con P, ya que es el nutriente con una respuesta en rendimiento más probable y sobre el que hay más ensayos. Luego de un relevamiento de los niveles de macronutrientes en la región pampeana realizado por INTA y Fertilizar Asociación Civil, Sainz Rozas et al. (2014) observaron que los valores más bajos de P-Bray (<15 mg kg-1) se determinaron en la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y sur de Córdoba. Estos autores concluyeron que el nivel actual de P-Bray en los suelos de esta vasta región podría ser limitante o encontrarse muy cerca del umbral de respuesta. 

Para medir la respuesta económica a la fertilización fosforada, es necesario calcular cuántos kilos de soja (puestos en el campo) se necesitan para pagar el fertilizante y su aplicación. Por tanto, al precio disponible –o mejor al esperado a cosecha- hay que restarle los gastos de cosecha y comercialización, entre los que incide de manera muy significativa el flete a puerto. Al precio actual del fertilizante y al precio esperado a cosecha de soja (al momento de escribir esta nota, la soja Mayo 2016 cotiza en Chicago prácticamente igual a Mayo 2015), en un campo situado a 150 km del puerto se necesitan 347 kilos de soja para pagar 100 kg de superfosfato triple (SPT) más su aplicación; y se necesitan 394 kilos de soja si el campo está situado a 350 km del puerto.

Si bien la relación insumo/producto se ha deteriorado en los últimos meses, por la baja en el precio de la soja, no difiere mucho de la relación en campañas anteriores (Figura 1).

Existen varios criterios al momento de decidir una fertilización. Uno puede ser el de obtener la máxima rentabilidad por la inversión realizada, con lo que la dosis será baja para maximizar la respuesta por unidad de fertilizante aplicado. Otro criterio, más racional, es reponer lo que se llevan los granos de modo de no empobrecer el suelo. El tercero es de enriquecimiento, es decir recuperar un determinado nivel del nutriente en el suelo. El cálculo económico lo hicimos con la aplicación de 90 kg ha-1 de SPT (18 kg de P), que es aproximadamente lo que extrae un cultivo de soja con rendimiento de 44 q ha-1 (Bermúdez et al., 2014), por lo que sería una dosis de reposición. Según numerosos ensayos en Santa Fe y norte de Buenos Aires (Gutiérrez Boem et al., 2006; Fontanetto et al., 2008; Bermúdez et al., 2014), en suelos con P Bray menor a 10 ppm, se puede esperar una respuesta aproximada a 500 kg ha-1 para esa dosis. Cuanto menor sea la disponibilidad de P en el suelo, la respuesta será más probable y de mayor magnitud. En nuestra red de ensayos de 2013-2014, hemos obtenido respuestas de 363 kg ha-1 en el centro de la provincia de Buenos Aires

y Gualeguaychú, con valores de P-Bray menores a 9 mg kg-1. 

Con los valores actuales, para una dosis de reposición y las respuestas esperables, la rentabilidad de la práctica se ubica entre $ 1.7 y $ 2 por peso invertido. No interesa solamente la rentabilidad de la práctica en sí, sino también que el aumento en el rendimiento permita reducir el costo por tonelada producida al diluir los costos fijos de la siembra. El costo de la semilla, de las labores y demás insumos, y en especial del arrendamiento (a quintales fijos), es independiente del rendimiento obtenido. Con el aumento de costos y la baja en el precio de la soja, el rendimiento de indiferencia –aquel necesario para no perder plata- es cada vez más alto. En la Tabla 2 se calcula el Margen Bruto esperado en 4 escenarios para un campo en la zona núcleo: campo propio y arrendado, con y sin fertilizar con 90 kg ha-1 de SPT. Se supone que el campo se arrienda pagando 1400 kg ha-1 al valor actual de la soja (esperado a Mayo 2015) y que el arrendatario tiene un costo operativo de 28 US$ ha-1 más el 3% del Ingreso Neto.

Resulta claro que un rendimiento de 3600 kg ha-1 no es suficiente para cubrir los costos en un campo arrendado y que el aumento en el rendimiento esperado por la fertilización permite no perder en campo arrendado y mejorar la rentabilidad
en campo propio. 

La única manera de obtener resultados positivos en el contexto actual es con rendimientos muy altos; para lograrlos debemos fertilizar al cultivo en forma suficiente para que exprese todo su potencial genético. Debemos entender al cultivo como un todo, conocer sus necesidades, contar con un análisis de suelo que nos indique la disponibilidad de nutrientes, realizar un diagnóstico apropiado y aplicar los insumos de la manera más eficiente que nos sea posible.

 


¿Cómo se puede revertir la falta de rotación y reposición de nutrientes?

La sostenibilidad del sistema productivo pasa indudablemente por una rotación balanceada.

Para favorecerla, se debería liberar la comercialización de los granos –trigo y maíz principalmentey eliminar o al menos disminuir significativamente los derechos de exportación de los cereales y el girasol. Se debería también disminuir paulatinamente los derechos de exportación de soja. El diferencial impositivo estimulará la inclusión de gramíneas en la rotación al mejorar su rentabilidad.

La reposición de nutrientes podría también estimularse mediante la doble desgravación en el cálculo del impuesto a las ganancias de la inversión en fertilizantes y en el asesoramiento agronómico.

Aunque resulte prematuro especular con la política económica que implementará el próximo gobierno, puede razonablemente esperarse que no aumente la presión impositiva y que se corrija el atraso cambiario (al momento de escribir esta
nota el dólar soja, neto de retenciones, vale $ 5.65). Puede ser un muy buen negocio transformar los pesos disponibles en soja futura, mediante la compra de insumos para el cultivo. 


BIBLIOGRAFÍA

  • Álvarez, R., J.H. Lemcoff y A.H. Merzari. 1995. Balance de nitrógeno en un suelo cultivado con soja. Ciencia del Suelo 13:38-40
  • Bacigaluppo, S., M. Bodrero y F. Salvagiotti. 2009. Producción de soja en rotación vs monocultivo en suelos con historia agrícola prolongada. EEA-INTA Oliveros. Para Mejorar la Producción 42:53-55
  • Bermúdez, M., M. Díaz-Zorita, G. Espósito, G. Ferraris, G. Gerster, M. Saks, F. Salvagiotti y L. Ventimiglia. 2014. Fertilización con fósforo en secuencias continuas de soja Actas XXIV Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, AACS, Bahía Blanca.
  • Cruzate, A.G y R. R. Casas. 2012. Extracción y balance de nutrientes en los suelos agrícolas de la Argentina. Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica. 6:7-14 
  • Darder, L., M. Castiglioni; C. Sasal, A. Andriulo, L. Garcia, J. Dalpiaz, J. Torti, D. Colombini y F. Villalba. 2014. Pérdida de agua, sedimentos y nutrientes en argiudoles con diferentes rotaciones de cultivos. Actas XXIV Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, AACS, Bahía Blanca.
  • Felizia, J.C., C.A. Rivas Fanconi, J.A. Pabón y W. Hofer, 1994. Influencia del maíz y sorgo granífero sobre el rendimiento de la soja en suelos degradados del área de influencia de la AER Roldán. En: Rotaciones para Producir Rastrojos, pp. 23-25. Proyecto PAC II, Serie Agricultura Sostenible N° 2, INTA.
  • Fontanetto, H., O. Keller, O. Giailevra, L. Belotti, y C. Negro. 2008. Fertilización fosfatada del cultivo de soja en suelos de la región central de Santa Fe: Respuesta física del cultivo, eficiencia de uso del P y niveles críticos en el suelo. Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica.39:
  • García, F.O., y M.F. González San Juan. 2013. La nutrición de suelos y cultivos y el balance de nutrientes: ¿Cómo estamos? Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica. 9:1-7. 
  • Gutiérrez Boem, F., Prystupa, P y Alvarez, C.R. 2006. Comparación de dos redes de ensayos de fertilización fosforada de soja en la región pampeana. Informaciones Agronómicas de Hispanoamérica 31. 
  • Havlin, J.L, D.E. Kissel, L.D. Maddux, M.M. Claassen y J.H. Long. 1990. Crop Rotation and Tillage Effects on Soil Organic Carbon and Nitrogen. Soil Science Society of America Journal 54:448-452 
  • Lauer, J., P. Porter, y E. Oplinger. 1997. The corn and soybean rotation effect. Field Crops 27.426, 28.426-14 
  • Novelli, L.E., V.C. Gregorutti, O.P. Caviglia, y R.J.M. Melchiori. 2014. Simulación del carbono orgánico del suelo en diferentes secuencias de cultivos. Actas XXIV Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, AACS, Bahía Blanca. Revista Agromercado. 2014. Wilde, Buenos Aires. www.agromercado.com.ar Revista Márgenes Agropecuarios. 2015. Ciudad de Buenos Aires. www.margenes.com.ar
  • Sainz Rozas, H.R., H. E. Echeverría, P.A. Barbieri y M. Eyherabide. 2014. Relevamiento y mapeo de la fertilidad en suelos agrícolas de la región pampeana argentina. Revista Fertilizar 29:4-8 
 
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