Agricultura de Precisión, El futuro ya llegó

Publicado el: 30/12/2019
Autor/es: Nicolás Martínez Cuesta (Becario doctoral CONICET - UIB) y Marcelo José López De Sabando (AER INTA Tandil - EEA Balcarce - INTA). Argentina
Resumen

La agricultura de precisión es un proceso que “llegó para quedarse”, que requiere inversión, conocimiento e investigación a nivel de lote.

Cuando se habla de Agricultura de Precisión (AP) inmediatamente se piensa en mapas de rendimiento, drones, sensores, imágenes satelitales, aplicaciones variables, etcétera… pero, para muchos agrónomos, la AP se trata simplemente de un proceso de toma de decisiones facilitado por herramientas tecnológicas. Detallando un poco más, la AP es un proceso continuo de toma de decisiones y mejoras, que se basa en la reducción del tamaño de las unidades de toma de decisiones buscando mejorar el manejo de las relaciones cultivo/ambiente y la optimización del uso de los recursos naturales e insumos.

A los fines prácticos no importa tanto su definición. Lo que hay que tener en claro es que la AP es la agricultura del siglo XXI (el futuro ya llegó) y con ella trae oportunidades. La AP tiene gran potencial para optimizar el uso de los recursos, incrementar rendimientos, aumentar eficiencias y reducir el impacto ambiental. La agricultura sigue siendo un mercado de commodities donde, a pesar de haber ciertas herramientas como los futuros y opciones, el productor es un tomador de precios de un producto no diferenciado. Aún no se premia tanto la calidad y el productor tiene mayor control sobre los factores que afectan el rendimiento que sobre los factores que afectan el precio de mercado. En consecuencia, la primera estrategia de negocio, que decanta por sí sola, es la optimización de los recursos y el aumento de las eficiencias. Es por esto que la AP llegó para quedarse y, tarde o temprano, quienes quieran permanecer en el negocio tendrán que adaptarse a esta forma de producción para ser más eficientes y competitivos. Cualquier semejanza con la teoría de selección natural o “supervivencia del más apto” propuesta por Darwin en 1859 es pura coincidencia.

  
Figura 1: Zonas de productividad (diferentes colores) diferenciadas a nivel de campo.

La AP es un proceso de mejora continua, y para ello requiere inversión (tiempo y dinero) en tecnología, conocimiento e investigación a nivel de lote. Cambiar de una agricultura convencional a una de precisión requiere superar las barreras de adopción de la tecnología e innovación y, para eso, se necesita reflexionar cuidadosamente sobre nuestros propios modelos mentales y tratar de romperlos para crear modelos nuevos y actuales. Los paradigmas no se cambian hasta que, por alguna razón, dejan de funcionar. A veces, cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde y ocurren crisis. De hecho el concepto de tratar áreas dentro de un lote como unidades de manejo distintas no es algo nuevo. Un ejemplo son las cartas de suelo 1:50000 de la provincia de Buenos Aires, que se realizaron en los años 70 y definen ambientes separados por capacidad de uso del suelo con la finalidad de mitigar la degradación de este recurso no renovable.

La primera condición necesaria para poder realizar AP es la existencia de variabilidad en las características del lote. Esta variabilidad puede determinar variaciones tanto en los rendimientos como en la calidad de los granos. Comúnmente esa variabilidad existe y puede ser espacial (es decir en distancia y profundidad) y/o temporal (día a día, campaña a campaña). Algunas propiedades de suelo que determinan variabilidad dentro de los lotes no varían tanto en el tiempo, como por ejemplo la textura, el pH, la profundidad efectiva, etc. Mientras que otras si lo hacen constantemente, como por ejemplo la concentración de nutrientes móviles como nitratos y sulfatos, el agua útil, etcétera. Por otro lado, hay que considerar que los ambientes son los factores externos que modifican el crecimiento de un organismo, y por lo tanto, condiciones de variabilidad que modifiquen el crecimiento de un cultivo pueden no modificar el crecimiento de otro.

Las tecnologías de AP se pueden usar en todas las prácticas del ciclo productivo (muestreo de suelos, labranza, siembra, fertilización, pulverización, seguimiento de cultivos, cosecha, gestión, logística, control de calidad de labores, etcétera). Sin embargo, cada sistema productivo es un universo en sí mismo y representa un esquema de manejo único. Por ello hay que ser claro en la definición de los objetivos y luego es el objetivo quien define las herramientas a utilizar. Por ejemplo, si el objetivo es describir la variabilidad en la disponibilidad de un nutriente debería seleccionar alguna variable de medición rápida y económica que describa la variabilidad del nutriente en cuestión, y no necesariamente los mapas de rendimientos son la variable adecuada. Continuando con otro ejemplo, si el objetivo es definir zonas con problemas de malezas para realizar una aplicación de herbicida dirigida a esos “manchones” será poco útil realizar un relevamiento en grilla de disponibilidad de nutrientes. En AP hay que ser pragmático de la coyuntura, esto es usar la herramienta que mejor se adapte a nuestras necesidades y objetivos.

Figura 2: Caracterización de zonas de productividad. Identificación y descripción de suelos predominantes, y limitantes de producción. Insumo inicial para mejorar
toma de decisiones (agronomía clásica).
Figura 3: Índice de verdor de lote de trigo evaluado en un nudo. Patrones de variabilidad asociados a condiciones de sitio (tipo de suelo) y efectos de antropicos (franaja sin fertilización inicial con fósforo).

Para comenzar, el asesor/productor debe plantearse ciertas preguntas: ¿Cuáles son mis objetivos? ¿Qué características del sitio varían espacial y temporalmente? ¿Cómo afectan estas variaciones del sitio al organismo de interés en producción? ¿Puedo manejar esa variabilidad? Empezando por la primera pregunta, la respuesta que se arroja es aumentar rendimientos. Pero ese no es el único objetivo que puede tener un productor. Los agricultores quieren aumentar la rentabilidad pero también quieren evitar externalidades ambientales negativas, cumplir con las normativas vigentes, tener más tiempo para la familia y el ocio, o enriquecer el legado de recursos naturales e información que se transmite a la próxima generación. Ahora imagínese la heterogeneidad de respuestas para las preguntas que quedaron pendientes.

Para aumentar las eficiencias es clave y necesario entender los procesos (Andrade, 2016). Las variaciones de producción dentro de los lotes se asocian, en ausencia de factores reductores (plagas, enfermedades, inclemencias climáticas, etcétera), a variaciones en la disponibilidad de agua y nutrientes. La correcta caracterización de los sitios de producción, los requerimientos del cultivo, y el conocimiento de ésta interacción en su dinámica temporal permite identificar y priorizar ajustes y mejoras. Pero, para tamaña tarea, el conocimiento y la agronomía clásica de pala, barreno, libro y lote resulta un insumo indispensable.

En otras palabras, la tecnología de AP no reemplaza el rol del ingeniero agrónomo en el proceso de toma de decisiones. Hay que ponerle criterio agronómico, este es el ingrediente esencial. No puede faltar. La tecnología es solo un medio para producir más y mejor, no un fin en sí misma. Mapas de colores sin criterio agronómico, que no expliquen relaciones de causa-efecto entre variables que afectan la producción y su calidad, son solo eso: mapas de colores. La agricultura siempre fue, es y será transformar radiación, gases, agua y nutrientes en alimentos, fibras o energía, y los principios básicos que rigen la biología de las plantas seguirán siendo los mismos. Conclusión: agronomía clásica.


Figura 4. Lotes de trigo en estado de primer nudo. Con franjas de suficiencia de nitrógeno. Evaluación durante ciclo de cultivo de necesidad de ajuste de nitrógeno. Izquierda, lote con deficiencia de nitrógeno donde la franja de suficiencia muestra diferencia significativa sobre resto de lote. Derecha, lote sin deficiencia de nitrógeno, la franja de suficiencia no presenta diferencias que justifican economicamente corrección. Herramientas de agricultura de precision que permiten mejorar decisiones

Por último, y no menos importante, es lograr que las cosas se hagan y bien. Que lo que se pensó recorriendo el lote y se diseñó en un software de GIS, se haga realidad en cada ambiente. Para ello hay que monitorear, tener puntos de control, realizar ajustes y repetir el proceso de mejora campaña a campaña. La AP es una oportunidad para prestar atención, sentarse a pensar y trabajar sobre los detalles de manejo de los sistemas. Recuerde que este proceso se alimenta de datos. Si no está dispuesto a dedicar tiempo y energías adicionales para recopilar los datos e interpretar los resultados no debe considerar la AP como una opción.

Tener banderilleros satelitales, monitores de siembra, dosificadores variables, balanzas y monitores de rendimiento no lo hacen por sí solos un mejor productor, ni un productor de AP. Es en el manejo diferenciado de los ambientes donde se hace AP. Rompa el molde, empiece de a poco, de manera incremental, de menos a más. Si se le llenó la parrilla de achuras pida ayuda. Conforme un equipo. Usted tiene mucha tela para cortar y realizar sintonía fina en temas de agronomía clásica. Variables como fecha de siembra, densidad, espaciamiento, cultivo, rotación, enmiendas, inoculación, fertilización, etcétera, es donde está la respuesta a los factores que limitan la producción. Si usted logra abandonar el manejo de datos “promedio del lote” por el manejo “por ambientes” ya está haciendo AP. Empiece antes que el medio se lo exija. Después de todo, hacer las cosas bien, en el momento y el lugar correcto es algo muy intuitivo y que muchos buscamos hacer en la vida cotidiana.

Articulo publicado en Visión Rural - Año XXVI • Nº 129 SEPT.-OCTUBRE 2019 ISSN 0328-7009

 
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