Siembra Directa en Chile

Fecha de publicación: 13/7/2007
Fuente: Diario AUstral. Chile
La tradicional imagen de un tractor arando los campos del sur de Chile, hasta ahora un verdadero símbolo de la actividad agrícola, es curiosamente una de las prácticas que quienes abogan por el establecimiento del sistema de producción llamado cero labranza, pretenden "desterrar" del paisaje nacional.



Es un desafío que está muy lejos de resultar sencillo y prueba de ello es que al menos durante los últimos 10 años, muchos pioneros de esta nueva manera de entender el agro —que tiene mucho de filosofía— han intentado introducir en nuestro país, sin el éxito esperado.

Sin embargo, para el principal impulsor de la cero labranza en Chile, el agricultor Carlos Crovetto Lamarca, esta es una práctica posible de aplicar en Chile, tal como ocurre en otras parte de Sudámerica.


NO AL ARADO

Este sistema declara la "guerra" al arado, "ya que además de generar fuertes pérdidas de materia orgánica, provoca una disminución de elementos químicos indispensables para las plantas, como nitrógeno, fósforo, calcio y otros, tanto por procesos de fijación, volatilización, lixiviación o erosión. Esta exposición de los elementos químicos al aire causa que éstos se oxiden y el terreno se empobrezca", explicó Crovetto.

A su juicio, arar el suelo también provoca el decrecimiento de la población de microorganismos, responsables directos de la fertilidad de las plantas.

"Por su propia fisiología, actividad metabólica e intercambio de gases, esta microfauna es capaz de transformar los elementos o compuestos químicos naturales necesarios para la alimentación de las plantas. Los metabolitos secundarios que esta actividad genera, activan los procesos enzimáticos y estimulan los nutrientes que el suelo dispone en forma natural para que aumenten las plantas", añadió.

Otra práctica que también es rechazada por la cero labranza, es la quema de los rastrojos, una vez que se ha producido la cosecha. Según Crovetto, el manejo deficiente en este ámbito, principalmente de los suelos forestales, ganaderos y agrícolas, ha provocado una acelerada pérdida de carbono de la tierra, en forma de CO2, por la oxidación violenta producida por el fuego.


LA OTRA VIA

En reemplazo del arado y la posterior quema de rastrojos, la cero labranza propone el regreso a lo natural.

La idea es emular el proceso natural, dejando en el suelo los rastrojos producidos por la cosecha, lo que aporta una gran cantidad de carbono —el "alimento" del suelo— a las plantas.

Esto además se transforma en una protección para la tierra, ya que permite que el impacto de la gota de agua no sea tan fuerte y que su energía cinética se disperse, evitando la erosión y la compactación del suelo provocada por la lluvia.

Crovetto plantea que tal como ocurre con la planta, es necesario preocuparse de la riqueza del suelo. Pero, ¿por qué los agricultores no lo han hecho?

Para el agricultor de Concepción, la respuesta es clara: todos los productores del mundo basan su uso de la tecnología en los especialistas en el tema.

"Y ellos —en nuestro caso los agrónomos— no se han preocupado del suelo. ¿Cómo vamos a cambiar si los entendidos dicen que este sistema todavía no procede?, ¿Y cuándo lo vamos a hacer; cuándo este país sea un desierto absoluto de norte a sur?", se preguntó.

"Mejorar esta situación depende exclusivamente de los productores, porque tienen que considerar qué oportunidad tienen de seguir trabajando con arado y quema de rastrojos. Yo les digo que las posibilidades son muy escasas, porque los suelos de Chile están mutilados por mal manejo. Y eso significa que a la postre ese productor tendrá que abandonar su actividad y, a lo mejor, dedicarse a la forestación o vender su campo", precisó.


VENTAJAS

Todas estas materias fueron analizadas durante el transcurso de un seminario efectuado en el Instituto Profesional Agrario "Adolfo Matthei" de Osorno, el primero que abordó por primera vez el tema de la cero labranza en forma exclusiva.

La masiva asistencia —unas 150 personas entre productores, profesionales y estudiantes— dejó muy conforme a Carlos Crovetto.

"Veo con cierto optimismo que comenzarán a terminarse las quemas en la Décima Región, se disminuirán los suelos degradados y poco a poco los agricultores encontrarán soluciones más pragmáticas, reales, que significarán en el corto plazo una disminución de sus costos de producción, por economía en petróleo, horas de tractor y operadores", sostuvo.

Precisó que con cero labranza es posible disminuir los costos en combustible de tres a cuatro veces, cubriendo más superficie en menor tiempo. Además, asegura que es posible sembrar zonas con gran pendiente o hacerlo directamente sobre una pradera.

El cambio de sistema se traduce en una enorme economía en el uso de fertilizantes, principalmente en los fosfatados, porque se potencializa el uso de los fosfatos ocluidos, lo que implica una menor inversión por hectárea.


Lucha contra la resistencia

No es un misterio que en Chile la cero labranza ha tenido una dura resistencia, pero a juicio de Carlos Crovetto, ésta se comenzará a vencer dentro de poco.

"Creo que los agricultores están captando que ya no tienen otra alternativa que utilizar el bosque y praderas permanentes, o la cero labranza", explicó.

A su juicio, Chile tiene hoy entre un 12 a 14% de superficie sembrada sin arar. "Comparando con Argentina (30%) y Paraguay (70%) estaríamos en desventaja, pero si se considera que en países como Estados Unidos aún se queman rastrojos y se aran grandes extensiones de suelos, la situación no es del todo desalentadora".

Añadió que "la idea es sacudirse estos antiguos esquemas e ingresar a una producción más conservacionista y productiva".

El experto dijo que la técnica que él propone, no incluye instrumentos de mínima labranza. "Si volvemos a pasar una rastrita liviana o un cultivador superficial, estaríamos nuevamente perdiendo lo poco y nada que ganamos en dos, tres o cinco años de cero labranza, generando problemas de fijación de fósforo, oxidación de materia orgánica, pérdidas de nutrientes y otros".


TRAYECTORIA

Carlos Crovetto es presidente de la Asociación de Conservación de Suelos de Chile y activo promotor del sistema de cero labranza a nivel mundial. Sólo como ejemplo, cabe consignar que en los últimos 12 años ha estado 30 veces en Estados Unidos y 34 en Argentina.

Posee muchas publicaciones a su haber, e incluso, su libro "Agricultura de Conservación" cuenta con varias ediciones, traducidas al inglés y francés.

Además, está preparando un nuevo libro sobre manejo de rastrojos, un tema que preocupa sobre manera a los agricultores de la Décima Región.

Crovetto es productor agrícola de la comuna de Florida, provincia de Concepción, y en su campo recibe anualmente a unas 1.500 personas, sobre todo estudiantes de diversas universidades chilenas.

 
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