Uso de subproductos del destilado de granos en bovinos para carne

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"Me gusta" de Referentes: Umberto Francesa, Francisco J. Santini
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1. Introducción

La producción de biocombustibles surge ante la necesidad de fuentes de energía que reemplacen, al menos en parte, a los combustibles fósiles. En tal sentido, la bioenergía es una opción promisoria (Heinimo y Jungnger, 2009), cubriendo en el año 2005 un 12% de la energía demandada mundialmente (RFA, 2012a).

 

Los biocombustibles son una fuente renovable de energía y se originan de la biomasa, así denominada ya que proviene de material de origen orgánico luego de sufrir diferentes procesos biológicos. Estos han adquirido mayor importancia dadas sus implicancias ambientales (mediante la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)), económicas y sociales. En este sentido han permitido posicionar al sector agropecuario como proveedor de energía, generando empleo, inversión y valor agregado (SAGPyA, 2006).

 

Existen tres tipos de biocombustibles, los sólidos (madera y carbón vegetal), los gaseosos (biogás e hidrógeno) y los líquidos como el bioetanol y el biodiesel (GBEP, 2007). La bioenergía moderna está representada principalmente por estos últimos (FAO, 2008b) que se utilizan en el transporte, mezclados con los combustibles tradicionales en los motores convencionales, o bien solos en motores especializados (UNCSD, 2007).

 

De acuerdo a la materia prima utilizada en la producción, los biocombustibles líquidos se denominan, de primera o de segunda generación. En el primer caso, se utilizan para su elaboración, granos o semillas que por lo general requieren procesos simples para la obtención del combustible (Larson, 2008). Los principales productos dentro de esta categoría son el biodiesel y bioetanol, y representan el 15 y el 85% de la energía global producida a través de los biocombustibles respectivamente (FAO, 2008c).

 

Los biocombustibles de segunda generación utilizan como materia prima residuos lignocelulósicos no comestibles que están compuestos principalmente por celulosa, hemicelulosa y lignina (USDOE, 2006). Se usan los residuos de empresas forestales o de la producción de cultivos alimentarios como tallos de maíz o cáscara de arroz, como así también sorgo, alfalfa o residuos de cosecha (Scott et al., 2011 y Anandan et al., 2012), plantas enteras de gramíneas y/o árboles plantados específicamente para producir biocombustibles.

 

En la presente revisión se describen las características nutricionales de los principales subproductos de la industria del destilado de granos para la producción de etanol, y su uso en la alimentación de bovinos para carne.

 

2. Producción de bioetanol y sus subproductos

El bioetanol es el biocombustible que más se produce a nivel mundial (85% del total de biocombustibles), alcanzando en el 2011 c.a. 53 billones de litros (RFA, 2012a) lo que representa el triple de la producción del año 2000. Estados Unidos (51%) y Brasil (37%) lideran la producción mundial, seguidos por la UE (4%) (Principalmente Francia y Alemania), China (4%), Canadá (2%), India (1%) y los países restantes con solo el 2% (FAO, 2008c).

 

El bioetanol tiene un menor valor energético (66%) que el petróleo, pero debido a su mayor nivel de octanaje, la mezcla de ambos puede mejorar el rendimiento energético del combustible, y a la vez disminuir las emisiones de CO2 y óxidos de azufre al ambiente (FAO, 2008c).

 

El etanol se obtiene a través de la fermentación y destilación de materiales que contienen alto contenido de azúcares libres como caña de azúcar, sorgo dulce o remolacha azucarera, o a partir de una sacarificación previa de polisacáridos como el almidón contenido en el grano de distintos tipos de cereales (cebada, trigo, maíz o sorgo) o como la celulosa contenida en materias primas lignocelulósicas (Molina, 2006). En Brasil se utiliza principalmente caña de azúcar en tanto que el maíz predomina en EUA (FAO, 2008a). Si se usan cultivos azucareros, el proceso consiste en extraerles el azúcar, para luego fermentar la glucosa, sacarosa y/o fructosa y producir etanol. La fermentación es un proceso bioquímico que llevan a cabo cultivos de levaduras específicos u otros microorganismos, dejando como producto final etanol y CO2. El último paso es la destilación o purificación para lograr la concentración de etanol deseada. Si se remueve toda el agua se obtiene etanol anhidro.

 

El proceso con materiales ricos en almidón o celulosa es más complejo, dado que requiere en su instancia inicial una hidrólisis o sacarificación mediante la cual se desdoblan los polímeros a su monómero constituyente, la glucosa. Este proceso se puede realizar utilizando enzimas amilolíticas o bien mediante el uso de ácidos y bases (Balt et al., 2008). La fermentación posterior es similar a la expuesta y generalmente se utilizan para tal fin cepas de Saccharomyces cerevisiae.

 

El maíz y otros cereales pueden ser procesados mediante dos tecnologías: molienda en seco o en húmedo (Rausche y Belyea, 2006), según se presenta en las Figuras 1 y 2.

 

Figura 1. Proceso de molienda seca del maíz, productos y subproductos.

 

Figura 2. Proceso de molienda húmeda del maíz, productos y subproductos.

 

Molienda seca

La molienda en seco se utiliza para obtener aceite, polenta, y harinas entre otros; y también es la tecnología de procesamiento más utilizada para obtener bioetanol. Esta molienda utiliza el grano entero por lo que el proceso demanda menos inversión inicial de capital que la molienda húmeda (Belyea et al., 2010, Li et al., 2012). La fermentación del grano genera dos subproductos básicos: una fracción compuesta por grano no fermentado (Granos destilados, GD), y una fracción líquida que contiene levaduras, partículas finas de grano y nutrientes en solución denominada “solubles”. También se genera anhídrido carbónico que se puede utilizar en bebidas y para congelar carnes.

 

Los subproductos de la molienda seca varían en denominación y calidad de acuerdo al proceso específico empleado y la materia prima utilizada. Estos subproductos pueden ser incorporados en la formulación de alimentos balanceados si están secos o bien directamente a las ración de los animales ya sea en su forma seca o húmeda.

 

De acuerdo al proceso específico empleado se pueden generar los siguientes subproductos de la molienda seca:

Granos destilados húmedos (GDH, o WDG-Wet Distillers Grains): producto con elevado contenido de agua compuesto por partículas de grano destilado no fermentado.

 

Granos destilados secos (GDS, o DDG-Dry Distillers Grains): están constituidos por el mismo residuo de los GDH sometido a un proceso de secado. El contenido de materia seca se encuentra en el rango de 85-90%.

 

Solubles de destilería condensados (SDC, o CDS-Condensed Distillers Solubles): constituido por la fracción liquida de la fermentación condensada, formando un jarabe de 25-45% de materia seca y alto contenido de fósforo (P- 1,57%) y azufre (S-0.92%) (Erickson et al., 2007).

 

Granos destilados húmedos con solubles (GDHS, WDGS-Wet Distillers Grains plus Solubles): están compuestos por los GDH con el agregado de los solubles condensados, presentando 31-36% de materia seca. También se los denomina “Burlanda húmeda con solubles”.

 

Granos destilados secos con solubles (GDSS, DDGS-Dry Distillers Grains plus Solubles): Están constituidos por la mezcla de los GDS con los solubles condensados, y presenta entre el 85-90% de materia seca. También se los denomina “Burlanda seca con solubles”.

 

Otro producto que se comercializa en EUA es la “Burlanda modificada”, que se origina al secar parcialmente la burlanda húmeda hasta un contenido aproximado de 50% humedad (Di Lorenzo, 2013).

 

Molienda húmeda

En el caso de la molienda húmeda se separa el almidón del grano y posteriormente se lo fermenta. Se obtiene como principal producto el jarabe de maíz de alta fructosa, CO2 y germen de maíz que se utiliza para obtener aceite. Se generan en el proceso dos subproductos principales, el “gluten feed” (GF) y el “ gluten meal” (Gluten de maíz, GM). El primero es el residuo que queda luego de haber sido extraídos la mayor parte del almidón, del gluten y del germen, resultando un alimento alto en fibra y con 21-26% de proteína, no obstante su calidad  es variable y dependiente de variaciones en el proceso de obtención. En tanto que el GM se genera en etapas posteriores del proceso donde se separa el almidón del gluten, el cual es centrifugado, filtrado y secado dando origen al subproducto (Dimeagro, 2009). Éste posee alto contenido en proteína (c.a. 60%) y baja fibra pero su costo es elevado como para incluirlo en las dietas de bovinos (Di Lorenzo, 2013). También se puede utilizar el almidón así obtenido para su posterior fermentación y obtención de etanol, generándose también subproductos como la burlanda húmeda con solubles y seca con solubles, aunque es un proceso más costoso y demanda mayor inversión en capital (Rausch y Belyea, 2006).

 

En EUA en el año 2011 se generaron 39 millones de toneladas de alimento para el ganado a partir de estos subproductos, utilizando el 3,2% del total de granos producidos en el mundo. Un tercio del maíz utilizado en la producción de bioetanol, regresa como alimento para el ganado (RFA, 2012a). En 2011 se destinó un 48% a la alimentación de bovinos de carne, un 32% a rodeos lecheros, un 11% a cerdos y un 8% a aves de corral (RFA, 2012b).

 

3. Composición química y nutricional de subproductos

La valoración nutricional de cualquier alimento se basa en dos factores principales, la composición nutricional y su variabilidad. En los subproductos la concentración de nutrientes presentes en la materia prima (granos) que no se consumen durante la producción de etanol (ej., materia grasa total o extracto etéreo, proteína bruta, fibra, minerales) se triplican (Klopfenstein et al., 2008). La composición química y el perfil nutricional de los subproductos del destilado de granos es variable, tal como sucede con la mayoría de los subproductos agroindustriales (Cuadro 1).

 

Cuadro 1. Composición química de subproductos de la molienda seca del maíz.

Adaptado de Di Lorenzo, 2013

 

A continuación se presentan valores de burlanda producida en el país en una plata cordobesa.

 

Cuadro 2. Composición química de subproductos del maíz: Valores nacionales.

1. Brunetti, MA. 2013. Comunicación personal.
2. Arroquy, J. 2013. Comunicación personal.

 

La composición nutricional de estos productos está influenciada por varios factores entre los que se destacan: el tipo de grano y su calidad, el proceso de molienda, la extensión de la fermentación, las condiciones de secado, la extracción o no de aceite, y la cantidad de solubles generados en la fermentación que son incorporados al subproducto (Balyea et al., 2010; Sharma et al., 2007; Singh y Graeber, 2005). Respecto a esto último, en la Figura 3 puede verse que a medida que aumenta el nivel de incorporación de solubles condensados en el subproducto de la molienda seca disminuye la concentración de fibra en detergente neutro (FDN) y proteína bruta (PB), mientras que aumenta el contenido de extracto etéreo y energía (Corrigan et al. ,2007).

 

Figura 3. Cambios en la composición nutricional de los GD según el nivel de agregado de solubes condensados (Adaptado de Corrigan et al., 2007).

 

Balyea et al. (2010) evaluaron 9 plantas productoras de etanol en EUA, y observaron que la mayor fuente de variación en la calidad se registraba entre lotes o partidas de granos dentro de una misma planta, debido a variaciones en las características composicionales y/o fisiológicas del grano de maíz y/o a las condiciones de procesamiento que afectan la fermentación del grano. La eficiencia de fermentación depende de las características del híbrido (Belyea et al.; 2010). A mayor cantidad de amilosa, es menor la eficiencia y por ende menor el rendimiento en etanol (Sharma et al., 2007). Al respecto Singh y Graeber (2005), encontraron un 23% de variación entre la producción de etanol a partir de diferentes híbridos de maíz. Por otra parte, el tamaño de partícula del grano durante la fermentación es determinante de la calidad de la misma, por lo que todos aquellos factores que afectan la granulometría repercuten en la calidad del subproducto obtenido.

 

No obstante la mayor fuente de variación se da en el proceso utilizado, sea este en seco o húmedo, y los efectos interactivos dificultan la identificación y control de las fuentes de variación en el proceso y en consecuencia en la calidad de los GD resultantes.

 

El contenido de nutrientes varía entre estudios realizados y dentro de los mismos estudios (Liu, 2011) y sus diferencias no sólo son debidas a diferencias de procesado entre plantas, sino también dentro de cada planta y de cada lote, por lo que se recomienda que se realicen análisis periódicos.

 

Por lo general los nutrientes están más concentrados en los GD provenientes del proceso de molienda seca respecto a la húmeda debido a la mayor eficiencia de fermentación de la primera (Belyea et al., 2010) (Cuadro 3).

 

Cuadro 3. Composición química de subproductos de la molienda seca y húmeda (Adaptado de Di Lorenzo, 2013; Blasi et al., 2001; NRC Dairy, 2001; NRC Beef, 2000).

GDSS= granos destilados secos con solubles, SC= solubles condensados, GDHS= granos destilados húmedos con solubles, GDSM= granos destilados secos con solubles modificados, GF= gluten feed. TND = Total de nutrientes digestibles.

 

Contenido de humedad.

El elevado contenido de agua (o elevada humedad) de los GD genera limitaciones en su uso, ya que dificulta el almacenamiento prolongado, aumenta los costos de transporte y manipulación, e incorporado en dietas con elevado contenido de humedad (ej., silaje) puede limitar el consumo. Sin embargo, estudios realizados en Nebraska (EUA) estimaron un consumo similar entre húmedo y seco (Kononoff y Janicek, 2005). Los GD húmedos no duran frescos y palatables por períodos prolongados de tiempo. El tiempo de almacenaje varia con la temperatura ambiente, 5-7 días en verano y 12-14 días en invierno (Di Lorenzo, 2013). Por el contrario, si se secan a 90% de MS pueden ser almacenados por mucho más tiempo. Aunque se debe considerar que el secado puede producir alteraciones de la calidad nutricional del subproducto debido a la ocurrencia de reacciones de Maillard (Combinación de azúcares, aminoácidos, carbohidratos complejos y amidas por el sobrecalentamiento de alimentos con contendidos medio a altos de proteínas). Este fenómeno químico repercute en la coloración del subproducto obtenido, y en la digestibilidad de la PB y FDN (Robinson et al., 2008). Un indicador indirecto y subjetivo de calidad, que permite evaluar el daño por calor durante el secado de la burlanda es el color. El color varía de amarillo dorado a marrón oscuro, diferencias atribuidas al color inicial del grano, la cantidad de solubles añadidos, al tiempo y temperatura de secado utilizados (Barragán Ramírez et al., 2008). El color amarillo dorado está asociado a más alta digestibilidad y palatabilidad, mientras que un color marrón indicaría una menor digestibilidad y mayor contenido de NIDA (Nitrógeno insoluble en detergente ácido) (Donkin et al., 2006). La temperatura de secado puede variar de 127 a 621°C, en función de la planta de producción, la cual puede reducir la digestibilidad de la proteína y de los aminoácidos, especialmente lisina.

 

El método de coloración se utiliza comercialmente, y permite caracterizar la calidad del proceso de secado rápidamente. En el mercado interno de Estados Unidos o en el comercio internacional se utilizan escalas de color (Figura 4) para calificar el grado de daño por calentamiento de los productos secados.

 

Figura 4. Escala fotográfica de colores para calificar daño por calor en los GDSS (Adaptado de US Grain Council, 2012).

 

La escala varía de 1 a 5. A medida que aumenta el oscurecimiento, mayor es el contenido de N ligado a la FDA (NIDA) y el daño del secado sobre el material. En siguiente sección se discutirá la importancia nutricional del daño por temperatura.

 

Proteína y aminoácidos

La proteína de los alimentos puede ser utilizada en el rumen por los microorganismos (proteína degradable en rumen, PDR) o puede pasar al intestino sin degradarse (proteína no degradable en rumen, PNDR), donde es digerida y absorbida o desechada en heces.

 

El contenido de proteína depende de varios factores, tipo de molienda (Húmeda vs. Seca), tipo de grano, subproducto, y método de procesamiento. De la molienda húmeda, el GF generalmente tiene menor contenido de PB y mayor de PDR comparado con los subproductos de la molienda seca (solubles condensados; Cuadro 1). El gluten de maíz (GM), obtenido en la  molienda húmeda, es el subproducto de mayor contenido proteico (c.a., 60-66%) y de PNDR (60%).

 

Los productos de la destilería de granos tienen un contenido proteico que varía entre 14 y 40,7% de PB dependiendo del tipo de grano, subproducto, y el método de procesamiento de cada planta (Cuadro 2). A diferencia de lo que ocurre con otros nutrientes, la variabilidad entre plantas en el contenido de proteína bruta – dentro de cada tipo de subproducto – no es elevada. Los coeficientes de variación van de 0,92% (Buckner et al., 2011) a 7,7% (Shurson et al., 2001).

 

Cromwell et al. (1993) informaron no solo diferencias en el contenido de MS, cenizas, FDN, FDA y PB, sino también en el contenido y proporción de aminoácidos, debido a que el aporte proteico no está dado solamente por el contenido de nitrógeno que posee la materia prima, sino además por el aporte de las levaduras que fueron incorporadas para la fermentación. Belyea et al. (2004) sugirieron que el aporte de proteína por parte de las levaduras fue un 50%.

 

Los rumiantes requieren en primer término PDR para optimizar los procesos digestivos ruminales. Por lo tanto, limitaciones en la disponibilidad ruminal de proteína influyen sobre la digestibilidad de la dieta y la producción de proteína microbiana. Una vez cubiertas las necesidades de PDR, con el fin de incrementar la producción y mejorar la eficiencia es necesario aumentar la disponibilidad de proteína metabolizable en intestino. En este sentido incrementos en el nivel y la proporción de PNDR impacta positivamente sobre la productividad animal, y en particular cuando se desean alcanzar niveles elevados de producción (NRC, 1996; Gutierrez-Ornela y Klofeinstein, 1991). En el pasado el uso de harinas de origen animal en la formulación de raciones permitía elevar el estatus de PNDR con respecto a las harinas proteicas de origen vegetal, las cuales son comúnmente bajas en PNDR. Sin embargo a partir de brotes de encefalopatía espongiforme bovina (BSE) se ha limitado el uso de subproductos de origen animal. En la actualidad los GD surgen como una alternativa de reemplazo de las harinas de origen animal para elevar el contenido de PNDR en dietas para bovinos. En el Cuadro 4 se presentan los valores de proteína y PNDR de diferentes alimentos.

 

Cuadro 4. Contenido proteico, degradabilidad ruminal y digestión intestinal y total de la proteína en distintos subproductos de la molienda del maíz. Di Lorenzo 2013 (adaptado de Kelzer et al., 2007)

 

Si bien generalmente se asume que los subproductos derivados de la molienda seca de la producción de etanol contienen elevado contenido de PNDR y bajo de PDR, la bibliografía muestra un amplio rango de variación en el contenido de PDR y/o PNDR. Por ejemplo, la proporción de PDR varia de 38% a 71% de la proteína bruta con valores de PNDR que oscilaban desde 15 y 52% de la PB (Kleinschmit et al., 2007; Nuez-Ortín y Yu, 2009; Mjoun et al., 2010 ; MacDonald et al. , 2007 y Belyea et al. 2010). Otros autores estimaron contenidos de PNDR superiores a 57% de la PB (Brouk et al., 1994; Erickson et al., 2005).

 

El incremento en PNDR está fundamentado en dos factores principales que alteran la degradabilidad de la proteína durante la manufactura de subproductos. En GD húmedos y secos las fracciones proteicas más digestibles se consumen durante la fermentación para producción de etanol, además a los GD secos se le suma la formación de compuestos de Maillard durante el secado. Sin embargo, Kononoff y Janicek (2005) y Erickson et al. (2005) sugieren que el contenido de PNDR es similar o ligeramente superior en los residuos húmedos  que en los secos. Erickson et al. (2005) estimaron valores generales de PNDR que variaban entre 60 y 70% de la PB. Cavalho et al. (2005) en estudios con granos secos de destilería, sugieren que si bien representan una buena fuente de PNDR, en ciertos casos puede ser baja su digestibilidad intestinal.

 

En este sentido el N insoluble en detergente ácido (NIDA) es un indicador objetivo que permite cuantificar en laboratorio el nivel de daño que sufre la proteína contenida en GD secados. Al respecto se reportaron valores de NIDA que van de 13,3 hasta 56 % de PB para los granos de destilería originados del trigo y valores de entre 9,1 y 34,4 % PB para los provenientes de la destilación del maíz (Nuez-Ortín y Yu, 2009; Mjoun et al., 2010; Li et al., 2011; Li et al., 2012). El amplio rango de variación en el contenido de PDR y PNDR se origina en los diferentes procesos llevados a cabo en cada una de las plantas de destilación, en especial en el proceso de molienda y secado (Spiehs et al., 2002; Belyea et al., 2004; Li et al., 2012).

 

Los granos de destilería provenientes del maíz poseen en general menos proteína que los de sorgo (Urriola et al., 2009) y trigo (Philippeau y Michalet-Doreau, 1999; Mustafa, et al., 2000; Schingoethe, 2006). Los GD de trigo poseen hasta 41% de PB (Stein y Shurson, 2009). En general los GD de maíz tienen mayor proporción de PNDR que los provenientes de trigo. No obstante, algunos autores han reportado valores de NIDA superiores a los observados en maíz, que van desde 13,3 a 56% (Nuez-Ortín y Yu, 2009; Mjoun et al., 2010; Li et al., 2011; Li et al., 2012).

 

Por otra parte, si bien los microorganismos ruminales sintetizan proteína microbiana con un perfil de aminoácidos apropiado para mantener niveles moderados de producción (Santos y Santos, 1998), en los sistemas intensivos de producción la baja disponibilidad y digestibilidad de los aminoácidos dietarios puede limitar la productividad en bovinos para carne.

 

De modo similar a lo que sucede con otros nutrientes, la concentración de aminoácidos en los granos de destilería se incrementa con respecto al grano original. Los GD de sorgo tienen menor contenido de lisina y arginina, similar de metionina y superior de triptofano (aprox. 40%) que los GD de maíz (Stein y Shurson, 2009). Por su parte, los GD de trigo presentan valores similares de lisina y metionina que los de maíz y sorgo (Stein y Shurson, 2009).

 

El proceso de destilado y secado de los diferentes granos puede alterar la biodisponibilidad de los aminoácidos comparado con el grano en su estado original. Stein y Shurson (2009) observaron que la digestibilidad de aminoácidos variaba significativamente entre granos y dentro de un mismo tipo de grano. Estos autores observaron que la digestibilidad de la lisina era la más variable entre distintos productos de destilados de grano debido a que este aminoácido es el más sensible al daño por calor (Cromwell et al., 1993; Stein et al., 2006). En general, los otros aminoácidos presentes en estos subproductos tienen un 10% menos de digestibilidad comparado con el grano original. La variabilidad en la digestibilidad de aminoácidos, con la excepción de la lisina, tiene un rango similar a otros ingredientes. En general la digestibilidad de los aminoácidos en destilados de granos de sorgo y trigo es similar a lo observado en GD de maíz (Urriola et al., 2009; Widyaratne y Zijlstra, 2007; Lan et al., 2008).

 

En el Cuadro 5 se presentan los valores promedios de los aminoácidos en los subproductos de maíz, en tanto que en el Cuadro 6 se presentan valores de digestibilidad para la lisina, metionina y treonina.

 

Cuadro 5. Composición de aminoácidos del maíz y sus subproductos (% base fresca. Adaptado de Stein, 2011).

GDSS: granos destilados secos con solubles, GDS: granos destilados secos, GM: gluten meal, GF: gluten feed.

 

Cuadro 6. Valores de concentración y digestibilidad de los aminoácidos digestibles de los subproductos de destilería del maíz (Adaptado de Stein, 2007).

 

Carbohidrados

En la molienda seca el 97-99% de los carbohidratos no estructurales (i.e., almidón) son consumidos durante la fermentación de los granos, mientras que en los subproductos de molienda húmeda el almidón remanente es sustancialmente mayor (c.a. 18 a 26%; Blasi et al., 2001). Por su parte, los carbohidratos estructurales no son fermentados, incrementándose significativamente su contenido en comparación con el material original. La FDN remanente del proceso de destilación de alcohol es altamente digestible lo cual permite su uso en dietas ricas en almidón o forrajes (Schingoethe, 2007). Kaiser (2006) sugiere que el proceso de fermentación para la producción de etanol mejora la digestibilidad de la fibra. No obstante se debe considerar que esta fibra no es considerada fibra efectiva ya que no estimula la salivación ni la rumia (Di Lorenzo y Galyean, 2010).

 

El reemplazo de almidón por fibra digestible podría reducir los problemas de acidosis que comúnmente se dan con dietas ricas en granos (Klopfenstein et al., 2011).

 

Los GD de maíz en promedio poseen entre 32 y 49% de FDN (Spiehs et al., 2002; Al-Swaiegh et al., 2002; Anderson et al., 2006), y puede llegar a valores de 72% (Ojowi et al., 1997; Mustafa et al., 2000), y 11-18% de FDA (Spiehs et al., 2002; Kleinschmidt et al., 2007). Los contenidos de FDN y FDA de los destilados de sorgo, cebada, y trigo son similares a los informados para maíz.

 

La variabilidad en el contenido de FDN y FDA es significativamente mayor a la de otros nutrientes. Shurson et al. (2001) observaron coeficientes de variación de 5 hasta 54% en el contenido de FDA en GD de maíz dentro de cada planta de destilado. Sin embargo, más recientemente Belyea et al. (2010) informaron una menor variación en el contenido de FDA entre partidas dentro de cada planta (CV%: 2,8 a 5,9%).

 

Materia Grasa total o extracto etéreo

En general el contenido de materias grasas es tres a cinco veces mayor en los subproductos de la molienda seca que en los subproductos de la molienda húmeda (Cuadro 1). Si bien el elevado contenido de lípidos en los GD aumenta la concentración de energía de estos productos, debe considerarse que en rumiantes niveles elevados de lípidos afectan negativamente el consumo voluntario y la digestibilidad de la fibra (Hess et al., 2008). Esta característica restringe el nivel de inclusión dietario de estos subproductos en rumiantes. El contenido de extracto etéreo en los GD varía entre 7 a 14% (Spiehs et al., 2002; MacDonald et al., 2007; Walter et al., 2010). En este aspecto existe variabilidad dentro de plantas y entre plantas que van desde el 1,8 y el 19,1% (Shurson et al., 2001; Belyea et al., 2010; Buckner et al., 2011). En el caso de los GD secos, otro aspecto a considerar es que el secado puede alterar el perfil lipídico por oxidación durante el proceso. Se debe considerar que en algunos casos se realiza una extracción de aceite sobre el subproducto dejando un contenido mínimo de lípidos.

 

Energía

El contenido de energía de los subproductos depende del tipo de molienda. En los subproductos de la molienda húmeda (ej.GF) el contenido energía es similar o inferior al de los granos (NRC, 1996), mientras que los GD con o sin solubles de la molienda seca tienen un contenido de energía generalmente superior al de los granos. Resultados experimentales han demostrado que pueden incluirse reemplazando granos en raciones de terminación, y actuando como fuente primaria de energía. Ham et al. (1994) en un experimento de terminación observaron que los GD con solubles proveían 21% más de energía neta (ENg) que el maíz partido. Stock et al. (1999) concluyeron en su revisión que los GD tienen en promedio 9% más de energía que el grano, con valores que pueden superar hasta el 24% en maíz.

 

Minerales

El contenido de cenizas oscila entre 4,8 y 9% (Blasi et al., 2011; Spiehs et al., 2002) para subproductos de la molienda húmeda y seca respectivamente. Los GD tienen elevado contenido de fósforo y azufre. Ambos minerales usualmente provienen de los solubles. Un valor muy elevado de P es indicador de que se le agregó una proporción alta de solubles. En comparación con el grano de maíz, el contenido de fósforo es tres veces superior en los GD. Los niveles elevados de ciertos minerales deben ser considerados para su utilización, a los fines de minimizar su excreción para reducir los riesgos de contaminación con los mismos. Durante el proceso se utilizan diferentes compuestos que pueden modificar la composición mineral del subproducto. Por ejemplo, el hidróxido de sodio se utiliza para la limpieza de los equipos (Liu, 2011). Además, el contenido de azufre puede verse elevado cuando se utiliza ácido sulfúrico para controlar el pH de la fermentación, también se incrementa con el aumento de la inclusión de solubles en el subproducto. Un elevado porcentaje de azufre en los subproductos incrementa la incidencia de casos de polioencefalomalacia (Uwituze et al., 2011) y disminuye la ganancia diaria de peso (Drewnoski y Hansen, 2013). En los GD el contenido de azufre puede llegar a duplicar o quintuplicar a los niveles de requerimientos de azufre de bovinos para carne.

 

El contenido de fósforo de los granos destilados de la molienda seca oscila entre 0,89 y 1,02% (NRC, 2001; Spiehs et al., 2002), y los provenientes de la molienda húmeda presentan contenidos ligeramente inferiores (c.a. 0,16 a 1%). El proceso de fermentación de los granos para producir alcohol no solo aumenta la concentración sino también la disponibilidad del P (Spiehs et al., 2002; Crowell et al., 1972). El contenido de calcio en el grano es generalmente bajo (0.01%, Stein, 2011), y en los GD aumenta entre 50 y 100% su concentración. Los GDSS presentan una concentración de 0.03% de calcio, en tanto que el GM y GF poseen 0.05 y 0.22% respectivamente (Stein, 2011). Sin embargo el contenido sigue siendo bajo para los requerimientos de determinadas categorías vacunas, sobre todo al considerarlo en conjunto con el fósforo. De modo similar a lo que sucede con otros nutrientes, la concentración de minerales varía entre años, cultivos, región, y de acuerdo al ajuste de la fermentación que tienen las distintas plantas de procesamiento (Spiehs et al., 2002). Dichas concentraciones algunas veces pueden conducir desordenes metabólicos y/o pueden llegar a contener mayores niveles en las heces, provocando así contaminaciones en el suelo.

 

4. Uso de subproductos y respuesta animal

En la Argentina, los subproductos de la molienda húmeda se utilizan en raciones de bovinos para carne desde hace varios años. Sin embargo el uso de los subproductos de la molienda seca es incipiente, y aunque ha tenido un vertiginoso crecimiento en los últimos años, en la actualidad su utilización está circunscripta a áreas cercanas a las plantas de producción. En los países donde se utilizan desde hace más de una década, los granos de destilería se incluyen comúnmente en las dietas como una fuente de energía y proteína, reemplazando en parte al concentrado (Schingoethe et al., 1999; Liu et al., 2000; Anderson et al., 2006) y como suplemento de dietas a base de forraje voluminoso. Por su elevado contenido de fibra pueden suplantar también, al menos en parte, al forraje voluminoso en dietas concentradas, aunque se reitera que debe considerarse su bajo aporte de fibra efectiva. El uso de GD húmedo mejora la condición de la ración al favorecer el mezclado en dietas secas (ej. base de grano y heno), disminuyendo el polvo y la selección. En dietas húmedas (ej. silajes) la utilización de GD puede ser limitado debido al elevado contenido de humedad, que en algunos casos puede llegar a limitar el consumo (Di Lorenzo, 2013).

 

En la Argentina la información relacionada con el uso de GD en ganado bovino para carne es escasa, y las recomendaciones actuales de uso se basan en información generada en el extranjero. En este sentido, si bien la tecnología de las plantas de producción de etanol nacionales es similar a la utilizada en otras partes del mundo, se ha descripto en otros países que existe variabilidad en el proceso de producción entre plantas, así como en la materia prima utilizada (diferencias entre híbridos, efecto del ambiente, etc.; Shurson et al., 2001; Belyea et al., 2010); lo cual generaría subproductos con cierto grado de variación asociado a las características locales de producción. Aunque la información externa es de utilidad local, es necesario trabajar en la caracterización nutricional de los GD producidos regionalmente, y avanzar en la evaluación de la respuesta animal al incluir estos subproductos en dietas de sistemas de alimentación nacionales.

 

Subproductos de destilados de grano en la alimentación a pastoreo

En condiciones de pastoreo o en dietas a base de forraje voluminoso los subproductos de granos destilados son excelente fuente de proteína, energía, y minerales para suplementar categorías de cría, recría (terneros/as, y novillitos) y engorde (vaquillonas y novillos).

 

Forrajes de mediana y baja calidad

En los forrajes de baja calidad, típicamente rastrojos y pasturas diferidas al invierno, la proteína, y en particular aquella fracción degradable en rumen (PDR), es el primer limitante nutricional. Una vez corregida dicha deficiencia, si el objetivo es alcanzar niveles de ganancia de peso superiores, la disponibilidad de energía y proteína metabolizable (PM) comienzan a limitar la productividad animal. El aporte de energía se realiza comúnmente mediante la suplementación con concentrados energéticos (ej., granos ricos en almidón), y el aumento de la PM mediante el suministro de suplementos con elevado contenido de proteína no degradable en rumen (PNDR).

 

Los granos de destilería tanto de la molienda seca (granos destilados con o sin solubles) como de la húmeda (gluten feed, gluten meal) tienen una concentración proteica elevada, y un contenido energético, dependiendo del subproducto, ligeramente inferior o superior a los granos. Por su bajo contenido de almidón se puede utilizar en niveles relativamente altos sin afectar negativamente la utilización del forraje base.

 

El GF por su contenido de PB (c.a. 26%), y en particular de PDR (c.a. 75% PDR) y de fibra de alta digestibilidad es un suplemento energético proteico apropiado para forrajes de baja y mediana calidad (DeHann et al., 1983; Firkins et al., 1985; Loy et al., 1987). A diferencia de la suplementación energética con granos, el uso de GF al no tener almidón tiene la ventaja de no ejercer efecto depresor sobre la digestibilidad de la fibra y el consumo de forraje. El almidón del grano favorece la flora ruminal amilolítica en detrimento de los microorganismos fibrolíticos, generando una deficiencia secundaria de proteína degradable en rumen que puede limitar la digestión de la fibra. La suplementación proteica con GF a vacas de cría con ternero al pie sobre pasturas de baja calidad (Fleck y Lusby, 1986) o rastrojo de maíz (Willms et al., 1992) fue igual o más efectiva que suplementos a base de soja.

 

En terneros de recría, Oliveros et al. (1987) observaron que la suplementación de forraje de baja calidad con GF (40% reemplazo de forraje) prácticamente duplicó la tasa de aumento de peso y mejoró la conversión. Por otra parte, la mayor eficiencia de conversión la presentaron los animales que consumieron GF húmedo, seguidos por GF seco y finalmente los alimentados con maíz.

 

Los granos destilados provenientes de la molienda seca presentan características similares al GF, aunque con un contenido proteico y lipídico mayor. El mayor contenido de grasa en los GD y la variabilidad en el contenido de proteína degradable en rumen (PDR: 36 - 70% de la PB) ejercerían un efecto diferencial cuando se los compara con los productos de la molienda húmeda. Por ejemplo, en un estudio realizado por Laeflet (1998) se estimó menor consumo total en dietas a base de forraje de baja calidad en los tratamientos suplementados con GD con respecto a los suplementados con GF.

 

Loy et al. (2008) informaron un mayor aumento medio diario (AMD) y mejor conversión en vaquillonas al suplementar heno de gramíneas (8,7% PB) con GDSS que cuando se utilizó maíz partido (+4,7% urea) (Cuadro 7).

 

Cuadro 7. Consumo, ganancia diaria de peso y eficiencia alimenticia en vaquillonas suplementadas con grano de maíz partido vs. granos destilados con solubles secos (GDSS; Loy et al., 2008).

1 Medias seguidas por letras distintas entre Maíz con urea vs. GDSS dentro de cada nivel de suplementación difieren entre sí (P<0,01)

 

Jenkins et al. (2009) al suplementar novillitos consumiendo un pastizal natural de baja calidad (8,8% PB, 67,4% FDN y Digestibilidad in vivo MS: 48.9%) con cuatro niveles de GDSS (31.6% PB, 32,8% FDN y 11% EE) observaron un incremento lineal en el aumento medio diario (AMD) en respuesta a la suplementación con GDSS hasta 0,75% del peso vivo (Cuadro 8).

 

Cuadro 8. Aumento medio diario de peso vivo (AMD) y conversión del suplemento en novillitos pastoreando forraje de baja calidad suplementados con granos de destilería (Adaptado de Jenkins et al., 2009).

 

En un estudio similar con forraje de baja calidad, pero con niveles superiores de suplementación con GDSS (0, 0,3, 0,6 y 1.2% PV), Gadberry et al. (2010) observaron que el AMD de un período de suplementación de 82 días se incrementó, respecto al control, en 400 y 540 g con la suplementación al 0,3 y 0,6% del PV respecto al control sin suplementación. En tanto que el nivel más elevado de suplementación de GDSS mejoró el AMD en 832 g (50 vs 882 g; Cuadro 9).

 

Cuadro 9. Aumento medio diario de peso vivo (AMD) y conversión del suplemento en novillitos pastoreando forraje de baja calidad durante el invierno (Adaptado de Gadberry et al., 2010).

 

Como era de esperar, la eficiencia de uso de los GDSS como suplemento (g de aumento de peso/kg de suplemento suministrado) es inversamente proporcional al nivel de inclusión. En términos generales, en los niveles menores de suplementación por cada gramo de suplemento se obtuvo una respuesta en AMD de 170 a 220 g. Mientras que en los niveles intermedios (0,5-0,6%), la respuesta fue de 73 a 74 g de AMD por gramo de suplementación con GD. En los niveles superiores (i.e., 0,75-1,2%) por cada gramo de suplementación con GD la respuesta al suplemento en AMD fue de 27 a 45 g. Este comportamiento en la respuesta animal (AMD y conversión) a niveles crecientes de GDSS (% del PV) puede verse en la Figura 5.

 

Figura 5. Aumento medio diario (AMD) y conversión de suplemento según el nivel de GDSS suministrado (En base a Loy et al., 2008; Jenkins et al., 2009 y Gadberry et al., 2010).

 

En general, la suplementación con GD disminuye el consumo de forraje (Leupp et al., 2009) y aumenta la ganancia de peso (McDonald et al., 2007). A medida que aumenta el nivel de consumo de los GD se incrementa el contenido de grasa, que reduce linealmente el consumo (McDonald et al., 2007) y puede llegar a afectar negativamente la digestión de la fibra (Hess et al., 2008). Con niveles superiores al 1% PV de GD el contenido de lípidos en la dieta puede comenzar a limitar la productividad animal y reducir la eficiencia del suplemento mediante un efecto depresor en la digestibilidad de la fibra y el consumo de forraje que no compensaría el incremento del consumo de energía a través de la grasa ingerida. En este sentido, se ha indicado que un contenido de lípidos superior al 6% disminuye significativamente el consumo en dietas a base de forrajes (Doreau y Chilliard, 1997).

 

Además de la suplementación de pasturas de baja calidad, los GD pueden también ser un suplemento efectivo para mejorar la utilización de rastrojos y/o residuos de cosecha. Jordon et al. (2001) evaluaron niveles crecientes de GF húmedo suministrados hasta el 1% PV en novillitos pastoreando rastrojo de maíz. En este estudio estimaron que la suplementación con GF aumentó la receptividad, mejoró la ganancia de peso y la conversión. En un estudio similar Gustad et al. (2006) utilizaron GDSS como suplemento y observaron un incremento cuadrático en un rango de ganancias de peso que fueron desde 0,45 a 0,90 kg en respuesta a la suplementación. Estos autores, además observaron una disminución lineal en el consumo de rastrojo de maíz por la suplementación con GD, y sugieren que niveles superiores de suplementación al 1.1% no aumentarían significativamente la ganancia de peso.

 

Forrajes de buena calidad

La suplementación con GD aumenta la ganancia de peso tanto en forrajes de baja como de alta calidad (Morris et al., 2006; MacDonald et al. 2007; Gadberry et al., 2010) en respuesta al incremento en proteína metabolizable y energía (Islas y Soto-Navarro, 2011, Martínez-Pérez et al., 2013).

 

Los forrajes de alta calidad (i.e., verdeos de invierno, alfalfa, gramíneas templadas perennes) normalmente no tienen grandes limitantes en cuanto al contenido de PB, aunque si en el aporte de proteína metabolizable. En general, una de las limitantes para optimizar las ganancias de peso en forrajes de alta calidad es el exceso de NNP (Nitrógeno no proteico) y proteína rápidamente degradable (c.a. >50% del N total), y el bajo contenido de carbohidratos no estructurales. En este tipo de forrajes se demostró que el suministro de proteína pasante mediante la suplementación con gluten de maíz u otra fuente (harina de algodón, harina de plumas) mejoró la retención de N (Phillips et al., 1995) y la ganancia de peso (Arelovich et al. 2003). En este sentido, si bien los verdeos tienen elevados contenidos de PB son deficientes en el aporte de proteína metabolizable intestinal bajo ciertas condiciones de desbalance. Por lo tanto los GDSS o GDSH en base a su alto contenido de PNDR (c.a. 70% de la PB) se convertirían en un recurso importante para la suplementación de los forrajes de alta calidad.

 

Por otra parte, la elevada digestibilidad de la fibra de los GD es de importancia al momento de suplementar forrajes de buena calidad.

 

En verdeos de trigo, Horn et al. (1995) probaron que la suplementación con fibra de alta degradabilidad (i.e., cascarilla de soja) fue más efectiva para mejorar la ganancia de peso y la conversión que los suplementos a base de almidón como el grano de maíz. Islas y Soto-Navarro (2011) utilizaron granos de destilería en suplementación en pastoreo de verdeos invernales en una proporción de 0, 0.2, 0.4 y 0.6% del PV. La suplementación hasta 0.6% del PV aumentó el consumo de lípidos sin efectos adversos sobre la digestión de la FDN.

 

Por otra parte, varios estudios evaluaron el impacto de la suplementación con GD sobre pasturas perennes templadas durante la estación de crecimiento (Greenquist et al., 2009; Griffin et al., 2009, 2012). Greenquist et al. (2009) observaron que en pasturas de cebadilla la suplementación con 2,3 kg de GDSS aumentó 35% la ganancia de peso en novillos de 330 kg de PV respecto al control sin suplementación (AMD: 680 vs. 920 g/d). Griffin et al. (2012) realizaron un meta-análisis de 13 experimentos (38 tratamientos) para evaluar el efecto de la suplementación con GD sobre la respuesta animal y la tasa de sustitución de consumo de forraje. Los autores observaron un incremento en el AMD en respuesta a la suplementación con GD con solubles (Figura 6 controlar). A medida que se incrementó el nivel de suplementación el consumo de forraje disminuyó linealmente (Cuadro 10). La tasa de sustitución de forraje por suplemento fue de c.a. 200 g/kg GDSS para los niveles más bajos de suplementación y de 480 g/kg GDSS en el nivel más elevado de suplementación (c.a. 1.2%).

 

Figura 6. Aumento medio diario de peso vivo en respuesta a niveles crecientes de suplementación con granos de destilería sobre pasturas perennes en crecimiento (Adaptado de Griffin et al., 2009)

 

Cuadro 10. Efecto del nivel de suplementación con GD sobre el consumo y la tasa de sustitución de forraje (Adaptado de Griffin et al., 2012).

 

Reproducción 

Desde el punto de vista reproductivo la suplementación preparto de vaquillonas para cría con fuentes de lípidos y proteína no degradable en rumen puede optimizar la actividad reproductiva y acelerar el inicio de la pubertad. La inclusión de lípidos hasta alcanzar niveles del 3% de la MS en dietas a base de forraje es recomendado para obtener el máximo beneficio de los lípidos sin afectar la utilización de los componentes dietarios restantes (Hess et al., 2008). Al utilizar fuentes de PNDR (Patterson et al., 2003) o lípidos (Lammoglia et al., 1997; Bellows et al., 2001) en hembras de gestación avanzada, se informaron mejoras en las condiciones de gestación e índice de preñez respecto al control.

 

Por esto los GD podrían ser beneficiosos en vaquillonas ya que poseen buena proporción de lípidos y elevada fracción de PNDR. Engel et al. (2008), compararon la inclusión de GDSS o de cascarilla de soja en dietas a base de heno de gramíneas en vaquillonas con preñez avanzada. Las vaquillonas que recibieron suplementación con GDSS tuvieron mayor tasa de preñez que las que recibieron cascarilla. Los autores atribuyen el efecto positivo de la suplementación con GDSS al mayor aporte energético y de proteína pasante con respecto a la cascarilla de soja. La utilización de GD en la recría de vaquillonas podría afectar también positivamente el inicio de la pubertad a través de un mayor aporte de grasa (Hess et al., 2008). Los autores recomiendan la suplementación con grasa en vaquillonas de remplazo por 60 a 90 días antes del comienzo del servicio cuando el desarrollo de las mismas es normal. Sin embargo, concluyen que la suplementación con grasa en vaquillonas sobrealimentadas demora la pubertad.

 

Winterholler et al. (2012) evaluaron tres niveles de suplementación con GD, un control negativo (sin suplementación) y un control positivo (suplemento a base de harina de algodón y afrechillo de trigo) en vacas de cría durante la gestación y lactancia. En la mayoría de los parámetros evaluados el control positivo no difirió de la suplementación con GD. Sin embargo, niveles crecientes de GD aumentaron linealmente tanto el peso como la condición corporal al parto y posparto, y fueron superiores al control negativo.

 

Martin et al. (2007) contrastaron el uso de un suplemento a base de GD más solubles (i.e., Alto PNDR) con un suplemento basado en GF (i.e., bajo PNDR) en vaquillonas en desarrollo alimentadas a base de heno de pastura (8-11% PB). Los suplementos se diferenciaron sólo en el balance de PDR o PM según NRC (2000). Los autores concluyeron que los GD, al menos para los niveles de suplementación utilizados como fuente de proteína y energía, permitieron ganancias de peso moderadas, pero no adelantaron la edad de la pubertad.

 

Subproductos de destilados de grano en la alimentación a corral

Los granos de destilería tanto de molienda seca como de la molienda húmeda han sido ampliamente evaluados en dietas de corral como fuente de proteína, energía y fósforo.

 

Recrías a corral

En raciones de crecimiento o recría fueron evaluados ambos tipos de subproductos (molienda húmeda y seca). Varios estudios mostraron mejor productividad animal en dietas de recría con elevado contenido de forraje utilizando GF como fuente energética que utilizando granos. El valor energético del GF en relación al grano de maíz es mayor en dietas con alta proporción de forraje. El elevado contenido proteico, y el bajo contenido de lípidos y almidón del GF permitirían utilizarlo en proporciones elevadas, reemplazando efectivamente una gran proporción de grano en dietas de crecimiento.

 

Ham et al. (1995) observaron que el reemplazo del 100% de la porción de grano de maíz en raciones de recría por GF aumentó la ganancia de peso y la eficiencia de conversión en 16%. Recientemente, Segers et al. (2013) evaluaron la respuesta en ganancia de peso y en parámetros de la res en dietas de recría con 75% de silaje de maíz (8,6% PB) utilizando tres fuentes proteicas diferentes: GF, GDSS, y un concentrado a base de 40% harina de soja + 60% de espiga de maíz picada. Los animales suplementados con GDSS o el concentrado tuvieron mayor ganancia de peso y mejor eficiencia de conversión que los alimentados con GF. Sin embargo, ni el área de ojo de bife, ni la grasa dorsal o intramuscular se afectó por el uso de una u otra fuente proteica.

 

En dietas de recría, una de las ventajas en el uso de GD es la reducción del contenido de almidón de la dieta mediante el reemplazo de granos por estos subproductos, lo cual según Vasconcelos et al. (2009) reduciría la deposición de grasa intramuscular en la etapa de recría. Reinhardt et al. (2007) en un meta-análisis (21 experimentos) concluyeron que la grasa intramuscular decrece cuando el nivel de GD supera el 23% de la ración.

 

Terminación a corral

En animales en terminación el objetivo es maximizar el consumo de energía para obtener el grado de engrasamiento deseado. En este sentido, existen diferencias en el contenido energético entre los subproductos de la molienda húmeda (GF) comparados con los de la molienda seca. Los primeros tienen un menor aporte de energía que los GD de la molienda seca. Algunos estudios han demostrado que el reemplazo de maíz por GF en raciones de terminación a corral mejora el AMD c.a. 4,9% (Green et al., 1987, Ham et al., 1995, Firkins et al., 1985, Richards et al., 1998, Sindt et al., 2000). Sin embargo otros estudios (Green et al., 1987, Trenkle, 1987) observaron una reducción de 3,5% respecto al tratamiento control sin GF. Por otra parte, la conversión alimenticia muestra también resultados contradictorios, mejoras de c.a. 7.05% (Green et al., 1987, Firkins et al., 1985, Tenkle, 1987) o disminución de c.a. 5.05% (Ham et al., 1995, Richards et al., 1998, Sindt et al., 2000). Además han sido reportadas diferencias entre GF húmedo vs. Seco. Firkins et al. (1985) observaron que novillos alimentados con GF húmedo tuvieron menor consumo de MS (7%) y similar AMD, resultando en una mayor eficiencia alimenticia que los alimentados con GF seco. Los autores atribuyeron estas diferencias en consumo al mayor tamaño de partícula del GF seco, la cual habría afectado la tasa de pasaje y consecuentemente la extensión de la digestión.

 

Si se comparan los GD de la molienda húmeda con los de la molienda seca, estos últimos tendrían como ventaja en las dietas de terminación un mayor contenido energético y de PNDR que el GF.

 

El uso de GD en animales en terminación a corral se evaluó tanto como reemplazo del concentrado o de la fuente de fibra. Animales alimentados con GD con solubles húmedos presentaron mayor ganancia de peso que aquellos que recibieron GD secos en dietas de terminación (Erickson et al., 2005). Estos autores sugieren que las ventajas del GDSH respecto al seco se deben mayormente a un mejor control de la acidosis.

 

La utilización del 30-40% GDSH en reemplazo de grano de maíz mejoró un 15 a 25% la conversión en dietas de terminación a corral (DeHaan et al., 1982; Farlin, 1981; Firkins et al., 1985; Fanning et al., 1999; Larson et al., 1993; Trenkle, 1997a,b; Vander Pol et al., 2005a), debido al mayor valor energético de los GDSH (c.a., 102-127%).

 

El nivel de inclusión óptimo en las dietas es muy variable, existen datos que sugieren que un 33% de GD en dietas de terminación afectarían la calidad de la carne (Reinhardt et al., 2007). Por su parte, Felix et al. (2011), evaluaron la inclusión de granos de destilería al 20 y 40% de la MS y concluyeron que un 20% pueden suministrarse sin efectos negativos sobre la calidad de la carne. Sin embargo, Eun et al. (2009) comprobaron que el nivel de inclusión no debería superar el 18.3%. En su estudio con niveles de inclusión dietaria de GDSS de hasta el 50%, Reed et al. (2006) no encontraron diferencias en respuesta animal y calidad de la carcasa.

 

Otros estudios sugieren no superar el 40% de inclusión de granos destilados en el total de la MS de la dieta (Larson et al., 1993; Ham et al., 1994; Al-Suwaiegh et al., 2002) principalmente porque comienza a aparecer sintomatología en el animal relacionada con el alto nivel de lípidos y azufre de la dieta (Loza et al., 2010). Leupp et al. (2008) reportaron una disminución del CMS con 45 y 60% de inclusión de GDSS en dietas al compararlas con un 15% de inclusión, estimando también que el total de AGV (ácidos grasos volátiles) producidos disminuía a partir del 30% de inclusión de GDSS. En contraste, Gibb et al. (2008) determinaron un aumento lineal en el CMS al incorporar mayor cantidad de GDSS de trigo (20, 40 y 60%) en dietas de terminación de vaquillonas cruza británicas base grano de cebada.

 

El efecto sobre el CMS es variable en función de las características nutricionales de la dieta base y del GD utilizado (maíz o trigo principalmente). En el caso de la eficiencia alimenticia o de conversión, algunos estudios sugieren que la misma aumenta para los niveles más altos de GDSS, 17.5% en dietas de crecimiento y 18.3% en dietas de terminación (Eun et al., 2009). En concordancia Beliveau et al. (2007) y Bunckner et al. (2007) estimaron que a partir del 20% de inclusión de GD en dietas de terminación a base de maíz, se incrementaba de forma cuadrática la EC en novillos.

 

En un meta-análisis realizado por Klopfenstein et al. (2008) se sintetizó el resultado de varios experimentos y se concluyó que el AMD presentaba un comportamiento cuadrático con el incremento de GDSS en la ración. Para la eficiencia de conversión la respuesta fue cúbica y concluyeron que con un nivel de inclusión del 20-30% de GDSS en la dieta se estimó la máxima ganancia de peso, mientras que la máxima eficiencia de conversión se obtuvo con un nivel de inclusión del 10 al 20%. En este estudio, también reportaron que con GDSH la máxima tasa de ganancia de peso y eficiencia de conversión se alcanzaba a niveles de uso superiores a la de GDSS, y que la disminución en el valor alimenticio en respuesta al incremento del consumo de destilados fue mayor en los GDSS comparado con los GDSH.

 

Para Van der Pol et al. (2006) la máxima EC se estimó con 40% de inclusión de GD, en tanto que otros estudios sugieren que los niveles óptimos se encuentran entre 20 y 30% para dietas de terminación (Benson et al., 2005; Buckener et al., 2008).

 

Por su parte, McKinnon y Walker (2008) estimaron que un nivel de inclusión del 25% de GDSS de trigo fue suficiente para cubrir los requerimientos de proteína para el crecimiento de novillos. Al incorporar 25-50% de GDSS de trigo en dietas base grano de cebada rolada estimaron un incremento del AMD y de la EC. Sin embargo, Beliveau y McKinnon (2008) no encontraron efectos sobre el AMD, CMS y EC al agregar 23% de GDSS de trigo en dietas de terminación.

 

Otro estudio llevado a cabo por Walter et al. (2010) sobre novillos cruza, probó el efecto de GDSS de trigo y maíz sobre la performance productiva y rendimiento de la carcasa a faena en dietas a base de cebada. Estimaron que el CMS se incrementaba para GDSS de trigo y disminuía para los de maíz a medida que aumentaba la inclusión en la dieta de 20 a 40%, similar a lo encontrado por Gibb et al. (2008); sin efectos sobre el AMD. Estos resultados podrían asociarse al incremento en el EE en la dieta producto de la incorporación de GDSS de maíz y su efecto depresor del consumo (Zinn y Jorquera, 2007). Sin embargo, cuando la dieta fue en base a maíz, no se observó ese efecto depresor sobre el CMS como resultado de la inclusión de GDSS de maíz. Buckner et al., (2008) tampoco encontraron efectos sobre el CMS al incorporar un 40% de burlanda seca de maíz, en tanto que Benson et al. (2005) estimaron un incremento cuadrático al incorporar 35% del subproducto en dietas base maíz.

 

Eun et al. (2009) probaron la inclusión de GDSS en dietas de crecimiento y terminación de novillos cruza, en niveles de 10.5 y 17.5% para las dietas de crecimiento y de 11.4 y 18.3% en terminación sobre dietas en base de granos de cebada. En ningún caso se afectó la respuesta productiva con una tendencia a mejorar el AMD y reducir el CMS, sin diferenciarse significativamente entre ellos. Tampoco se afectó el peso de la carcasa a faena.

 

En la Figura 7 y 8 se muestra la relación entre niveles crecientes de inclusión de GD en dietas de terminación y el AMD y eficiencia de conversión, basada en 214 tratamientos provenientes de 54 publicaciones científicas. La proporción de ingredientes en los experimentos seleccionados cubre el rango de inclusión de alimentos principales: 0 a 60% GD, 8 a 93% concentrado, y 0 a 20% forraje voluminoso. Esta base de datos incluyó GD mayoritariamente de maíz, y una proporción baja representada por sorgo, trigo, cebada y triticale. En la Figura 7 se puede observar, como fue descripto previamente, la existencia de un rango de variación muy amplio en respuesta animal ante distintos niveles de inclusión de GD. Sin embargo se observa que niveles de inclusión hasta el 40% de GD incrementa el AMD en raciones de terminación a corral, y cuando la proporción de GD supera este valor el AMD disminuye. Por su parte la eficiencia de conversión (Figura 8) también muestra una relación cuadrática respecto al nivel de inclusión dietario, sin embargo alcanza la eficiencia óptima con una proporción del 30%.

 

Figura 7. Nivel de inclusión de GD en raciones de terminación y aumento medio diario de peso vivo (54 artículos científicos con 214 tratamientos y 882 unidades experimentales).

 

Figura 8. Nivel de inclusión de GD en raciones de terminación y eficiencia de conversión (54 artículos científicos con 214 tratamientos y 882 unidades experimentales).

 

De modo similar a lo observado por Klopfenstein et al. (2008), de la base de datos recopilada surge que los niveles de inclusión óptimos no parecen ser los mismos para AMD y eficiencia de conversión.

 

Desórdenes metabólicos

En cuanto a desordenes metabólicos, el uso de GDSS de trigo o maíz no afectó la incidencia de abscesos hepáticos en novillos (Beliveau y Mckinnon. 2008; Gibb et al., 2008 y Walter et al., 2010). Klopfeinstein (1996) no observó abscesos hepáticos severos en animales que recibieron hasta el 40% de GDSH, en tanto que el grupo control (sin granos de destilería) los presentó en tres oportunidades, sin diferenciarse significativamente. Esto se podría atribuir a la mejora en el pH ruminal generada por el consumo de los granos de destilería al poseer bajo almidón y alta fibra (Galyean y Defoor, 2003; Klopfeinstein et al., 2008).

 

4. Uso de subproductos y calidad de la carne

El color de la carne es un factor determinante de la aceptación por parte del consumidor. Al oxidarse los lípidos que ésta contiene se producen radicales libres que resultan en una decoloración parduzca de la carne y en la aparición de olor y sabor rancios (Yang et al., 2002).

 

Los GD contienen tocoferoles, sustancias naturales conocidas como poderosos agentes antioxidantes (Gordon et al., 2002), y también pigmentos amarillos conocidos como xantofilas (Roberson et al., 2005), los cuales pueden mejorar o preservar ciertos atributos de coloración de la carne durante su conservación. Al respecto, Koger et al. (2010) encontraron que las dietas que contenían GDSS poseían mayores niveles de alfa-tocoferol respecto a las que tenían GDHS, no obstante esto no se tradujo en mayores niveles de este compuesto en la carne. Por su parte, Roeber et al. (2005) relacionaron el uso de GD en novillos Holstein con una mayor coloración roja (valores de a*, según sistema de medición CIELAB; CIE, 1978) de la carne en comparación con dietas a base de grano de maíz. Además observaron que con 10-25% de GDHS o GDSS de maíz se mantenía o mejoraba ligeramente la vida útil de la carne, sin efectos en la palatabilidad; pero que con 40-50% de inclusión de GD se perjudicaba la estabilidad en la coloración de la carne. Esto podría deberse a que elevados niveles de inclusión de GD incrementan fuertemente la cantidad de AGPI en la carne, aumentando su susceptibilidad a la oxidación con posibles efectos en la estabilidad, en la coloración, rancidez y desarrollo de sabores desagradables (Aalhus y Dugan, 2004). Así, al evaluar la aceptación del consumidor, Roeber et al. (2005) determinaron que un mayor porcentaje de la carne proveniente de animales alimentados con un 40% de GDS secos o húmedos fue considerado moderadamente inaceptable por el consumidor. La carne proveniente de animales que recibieron un 25% de GDS presentó una mejor coloración, más roja, respecto a los que recibieron 0% o 50% de GDS.

 

Por su parte Gill et al. (2008), estudiaron el efecto de la incorporación de GD (15% de la MS), secos y húmedos, de maíz y de sorgo, en dietas a base de maíz para novillitos cruza, y estimaron que la dieta no afectó los atributos sensoriales de la carne, con resultados variables en la coloración de la misma según el tiempo de sacrificio del animal. Mientras que al comparar los efectos del uso de GDSS de maíz y trigo, al 20 y 40%, Aldai et al. (2010) encontraron que el tratamiento control a base de cebada presentó una coloración de carne más oscura y una menor terneza que los demás tratamientos. La terneza, palatabilidad, intensidad de sabor y atractivo fueron mayores en la carne proveniente de los animales que consumieron GDSS de maíz ubicándose los de trigo en valores intermedios.

 

Kropf et al. (2003) sugieren que un nivel de inclusión del 40% de GD en dietas de terminación a base de maíz, proporcionan una cantidad de carbohidratos suficientes para mantener el pH normal de la carne. A su vez, Koger et al. (2010) observaron que la inclusión de GDSS no afectó el contenido de glucógeno en el músculo Longissimus dorsi, el cual se asocia directamente con el color del músculo y su pH final (Lawrie, 1998), y a su vez repercute en el color final de la carne y su terneza (Dutson, 1983). Sin embargo, otro trabajo estableció un aumento lineal de la terneza miofibrilar y total de la carne a medida que aumentaba el contenido de GDS en la dieta de 0 a 75% de la MS (Depenbusch et al., 2009).

 

Wierenga et al. (2010) evaluaron la inclusión de 20, 25 y 30% de GDS de triticale en dietas de terminación sobre grano de cebada y sobre silaje de cebada. Al reemplazar grano de cebada por GDS se estimó un aumento de la grasa de la carcasa pero no así al reemplazar el silaje po  GDS. Sobre una dieta basada en silaje de maíz y heno de alfalfa, Klopfenstein (1996) tampoco encontró diferencias en espesor de grasa a faena respecto al control al incluir 52, 126 y 400 g/kgMS de granos de destilería húmedos en novillitos y terneros de feedlot. En tanto que en dietas a base de maíz partido y harina de soja, Koger et al. (2010) registraron un mayor espesor de la grasa dorsal en novillos alimentados con 20 y 40% de GDS secos y húmedos, sin encontrar efectos en la grasa intramuscular (marmoreo). Estos resultados concuerdan con lo estimado por Klopfenstein et al. (2008) quienes observaron un efecto cuadrático en el aumento del espesor de la grasa a medida que aumentaba la inclusión de GDS en la dieta de 10 a 30%. En contraste a estudios previos en que no se observaron diferencias en el espesor de grasa sobre novillos (Ham et al., 1994; Lodge et al., 1997; Vander Pol et al., 2004) ni vaquillonas (Vander Pol et al., 2004) al utilizar GDSS. Por su parte, Gibb et al. (2008) observaron un descenso en el espesor de la grasa al aumentar el nivel de GDSS a 60%, sin afectar el rendimiento al gancho. Contrariamente, Benson et al. (2005) y Walter et al. (2010) estimaron un aumento del rendimiento al gancho al aumentar el nivel de GDSS de maíz en una dieta a base cebada, hasta 26 y 35% respectivamente en novillos.

 

Al-Suwaiegh et al. (2002), Beliveau y Mckinnon (2008) y Depenbusch et al. (2009) tampoco detectaron efectos de la inclusión de GDS en la grasa de marmoreo. De la misma manera, Meyer et al. (2010) observaron que la inclusión de GDSS de trigo y cebada, solos o en combinación con harina de colza como fuente proteica, no afectaron la calidad de la carcasa en machos Holstein. Sin embargo, Eun et al. (2009) estimaron una tendencia a aumentar la grasa de marmoreo y disminuir el área de ojo de bife en novillos británicos cruza.

 

Otro aspecto importante a considerar en calidad de carne son los cambios en composición que pueden inducirse a través de alimentación, siendo los más importantes desde el punto de vista de la salud humana, aquellos relacionados con la cantidad y tipo de ácidos grasos presentes en la carne vacuna. Se ha estudiado la efectividad de diferentes estrategias alimenticias para manipular el perfil lipídico tendientes a reducir la proporción de ácidos  grasos saturados (AGS), fundamentalmente el ácido palmítico (C16:0) y aumentar la proporción de AG poli-insaturados (AGPI), en especial aquellos de la familia omega-3 (Ω3). Además, la reducción de la relación AGS/AGPI, mantener por debajo de 4 la relación omega-6/omega-3 (Ω6/Ω3) y maximizar la concentración del isómero cis-9, trans 11 del ácido linoleico conjugado (CLA) por sus potenciales efectos contra el cáncer, han sido estudiadas por ser consideradas de gran interés y prioridad institucional en la última década, y pueden consultarse en diferentes publicaciones editadas por INTA (Martínez Ferrer, 2010; Pordomingo et al., 2013). A continuación, se resumen algunos trabajos en los que se estudiaron los efectos de la inclusión de GD, diferentes niveles y tipos, y su interacción con la dieta base, sobre los cambios inducidos en el perfil de AG de la carne vacuna.

 

Aldai et al. (2010b) al comparar dietas a base de grano de cebada con y sin el agregado de GDSS de maíz o trigo, encontraron que la carne proveniente de animales alimentados con burlanda de trigo tenían un perfil de ácidos grasos más favorable que la proveniente de los que consumían burlanda de maíz, debido a un incremento de la relación Ω6/Ω3. La inclusión de GDSS de maíz también provocó un mayor contenido de AG trans 18:1 y sus isómeros, lo cual sería positivo, por ser precursores endógenos de CLA. La dieta no afectó el contenido AGS ni de CLA en la grasa dorsal de los animales; pero si afectó el contenido de AGPI, siendo mayor al utilizar GDSS, resultados que concuerdan con Dugan et al. (2008) y Koger et al. (2010). Depenbusch et al. (2009) concluyeron que al aumentar el contenido de GD con solubles en la dieta se incrementaba el contenido de ácido linoleico y el total de AGPI Ω6.

 

La inclusión de 40% de GDS respecto a un 20% de la MS redujo las cantidades de C17:0, C18:1c9 y algunos AG monoinsaturados (AGMI) y mejoró la cantidad total de ácidos grasos poliinsaturados (AGPI), sin cambios significativos en los isómeros cis-9 y trans-11 del CLA (Koger et al., 2010).

 

Beaulieu et al. (2002), Felton y Kerley (2004) y Koger et al. (2010) no encontraron ninguna influencia de la dieta sobre el contenido de CLA, a diferencia de Depenbusch et al. (2009a) quienes si observaron un incremento en el contenido de CLA al incluir GDSS en la dieta. Por su parte Gill et al. (2008), informaron que la inclusión de GD (15% de la MS) de maíz y sorgo en su forma seca presentó una mayor concentración de CLA en la carne respecto a la forma húmeda de dichos GD. En general el suministro de cualquier tipo de GD incrementó la relación Ω6:Ω3 respecto a la dieta base, presentando el GD de maíz los mayores valores. Algunos autores estimaron que a medida que se incrementaban los niveles de GD (seco y húmedo; maíz y sorgo) se reducía linealmente el contenido de AG de cadena ramificada y aumentaba el contenido total e individual de AG trans en la grasa dorsal (Gill et al., 2008; Van der Pol et al., 2009). La variabilidad en la respuesta encontrada entre distintos trabajos podría deberse a que el perfil de AG de la carne es más sensible a la cantidad de lípidos dietarios cuando los mismos presentan cierta resistencia a la biohidrogenación ruminal (Rule et al., 1994).

 

6. Compuestos antinutricionales

6.1 Micotoxinas

En los GD las micotoxinas están presentes principalmente debido al procesamiento de granos que ya vienen contaminados, y que durante el proceso de fermentación o secado no se metabolizan (Liu, 2011). El nivel de estas puede afectar a las levaduras en la fermentación y disminuir el rendimiento da etanol, por lo que alteraría aún más la concentración de cada nutriente.De hecho, la concentración de micotoxinas presentes en el grano se triplica en los GD. Este es un punto importante, ya que si el nivel de micotoxinas presentes en la burlanda es alta, el grado de consumo sería restringido y se debería mezclar con otros ingredientes en la dieta que diluyan su concentración (García et al., 2008).

 

Las micotoxinas son metabolitos secundarios de hongos que afectan negativamente la salud, crecimiento, y reproducción en mamíferos. Las aflatoxinas (B1, B2, G1 y G2) son las más tóxicas y son producidas por especies de Aspergillus. La formación de aflatoxinas se da generalmente en cultivos que crecen bajo condiciones de estrés hídrico y altas temperaturas, o bajo condiciones de almacenaje de alta humedad. Por otra parte, el deoxinivalenol (DON o vomitoxina) es una micotoxina producida por Fusarium graminearum, el mismo que produce la Zearalenona (metabolito con actividad estrogénica). Este hongo sobrevive en los residuos de cultivos previos, y ciertas condiciones climáticas (alta humedad) favorecen el crecimiento del hongo en la planta de maíz. En general durante el almacenamiento no es una fuente potencial de producción de DON o zearalenona (Richard, 2000) si se almacena con humedad menor de 14%. En un estudio (Zhang et al., 2009) realizado en el cinturón maicero de EUA si bien se observó presencia de vomitoxina, zearalenona, aflatoxinas, y toxina T-2, la frecuencia y concentración de estas micotoxinas fueron bajas.

 

6.2 Azufre

El exceso de azufre (S) en dietas para rumiantes (c.a., >0,4% S de la MS; NRC, 1996) puede generar problemas neurológicos como la poliencefalomalacia (PEM). Sin embargo el efecto subclínico por elevado contenido de azufre es quizás económicamente más relevante. Drewnoski et al., (2013) evaluaron dietas de terminación con niveles moderados (0,3%) y elevados (0,6%) de azufre. En este estudio estimaron una disminución de c.a. 18% en AMD y la eficiencia de conversión en los primeros 42 días de alimentación en el tratamiento con 0,6% S respecto al de 0,3% S (Cuadro11). En todo el período de alimentación (98 días) en el tratamiento con elevado S se redujo el AMD y la eficiencia de conversión respecto al que presentaba S moderado, c.a. 15% y 14% respectivamente. Estas diferencias en desempeño animal estuvieron asociadas con un menor consumo y mayor concentración ruminal de sulfhídrico en el tratamiento de S elevado.

 

Cuadro 11. Respuesta animal a raciones de terminación con niveles moderados (0,3%)y elevados (0,6%) de azufre (Adaptado de Drewnoski et al., 2013).

 

El S consumido es reducido por las bacterias a sulfuro de hidrógeno, y su acumulación en el rumen puede tener efectos tóxicos. Adicionalmente el S en exceso interfiere en la absorción y metabolismo del cobre. Bajo estas condiciones es necesario incrementar los niveles de Cu cuando se suministran elevados niveles de S por largos períodos de tiempo. Vanness et al. (2009) en una revisión de varios estudios con GD mostraron que la incidencia de PEM aumentó cuando el S en la dieta aumentó de 0,4 a 0,56% en dietas concentradas (6-8% forraje voluminoso). En dietas con alto contenido de S y almidón rápidamente fermentable (>30%), y bajo contenido de fibra efectiva, la incidencia de PEM aumentó (Drewnoski et al., 2011). Vanness et al. (2009) estimaron que niveles de inclusión de GD elevados (40% MS) aumentaba el nivel de azufre por encima de los niveles máximos tolerantes para PEM. El contenido de S es altamente variable entre GD y varía entre 0,31 y 1,93% (US Grain, 2012). Sin embargo el manejo de la alimentación y el nivel de fibra dietaria, reducen la incidencia de toxicidad por azufre. A nivel nacional es importante evaluar el contenido y la variabilidad de S en los GD, así como las situaciones en las que son utilizados dichos granos (aguas con elevado nivel de sulfatos, dietas a base de forraje o concentrados, reservas forrajeras, etc.).

 

7. Conservación y manipulación de subproductos húmedos y secos

En general, el almacenamiento de los GD es dificultoso, especialmente cuando tienen solubles, por lo que la conservación mediante el ensilado es una alternativa interesante de evaluar (Anderson et al., 2009)

 

Los subproductos expuestos al aire durante 3 a 14 días se deterioran en la parte superficial del almacenaje. La estabilidad depende de la temperatura ambiente, a temperaturas elevadas se deteriora más rápidamente. Tanto los GD húmedos como el GF húmedo tienen pH ácido, c.a. 4,0-4,5. Con esta acidez, la fermentación es potencialmente mínima. En base a estas características si el aire es totalmente excluido, el material se pude almacenar indefinidamente. Sin embargo, existe intercambio de aire en la parte superficial del almacenaje. La principal limitante en el almacenaje de GD húmedos (35% MS) es la dificultad en la compactación del material durante el mismo.

 

Materiales absorbentes (ej., forrajes o granos secos) pueden utilizarse para aumentar el volumen y el contenido del material a almacenar. Los GD húmedos modificados (50% MS) parecen tener suficiente densidad para el embolsado. Pueden embolsarse sin compactación, aunque este método es menos eficiente en la relación volumen-área de almacenaje, sumado a que se producen algunos bolsones de aire que deterioran el material. El embolsado bajo presión (300 psi) puede generar ruptura de las bolsas pocos días después de embolsado. Erickson et al. (2005) proponen el uso de diluyentes voluminosos secos para mejorar el almacenamiento. Por ejemplo, heno de gramíneas, alfalfa, paja de trigo, rastrojo de maíz e incluso cáscara de maní para ser usado en cría. Los autores recomiendan utilizar niveles de 5% de paja o rastrojo de maíz (c.a., 12,5% en base seca) para embolsar GD húmedos. Para mezclas con henos de mejor calidad, como henos de gramíneas templadas, debe incrementarse la proporción de heno en la mezcla hasta 6 o 6,5% (c.a., 15% en base seca) de la mezcla total. Con henos de alfalfa, los autores recomiendan utilizar 22,5% de heno y 77,5% de GD húmedos.

 

La conservación es uno de los puntos críticos en el uso de estos subproductos, ya que si bien se recomiendan determinadas alternativas de manejo, no hay información sobre lo que sucede con el almacenamiento durante períodos prolongados.

 

8. Implicancias y conclusiones

La concentración de nutrientes presentes en el material original (ej., extracto etéreo, proteína bruta, fibra, y minerales) que no se consumen durante la producción de etanol se triplican en el subproducto resultante, sin embargo, como sucede con la mayoría de los subproductos agroindustriales, su composición nutricional es variable debido al proceso de molienda, el tipo de grano, la extensión de la fermentación, condiciones de secado, y cantidad de solubles incorporados en el subproducto. La variación en la composición es uno de los factores más importantes a tener en cuenta cuando se pretende valorizar nutricionalmente estos productos. En este sentido, es importante remarcar la necesidad de evaluación de los GD a nivel nacional de modo tal que la industria procesadora logre la mayor eficiencia en sus procesos industriales y el productor pueda contar con productos de estabilidad composicional.

 

Los subproductos de la molienda húmeda (ej., GF) tienen menor concentración de nutrientes que los provenientes de la molienda seca. Ambos subproductos en su estado original presentan elevado contenido de humedad (c.a. 45 a 75%) que limita su uso bajo determinado tipo de raciones y su conservación por períodos prolongados.

 

Los productos de destilería (molienda seca o húmeda) son una excelente fuente de proteína para la alimentación animal. Los de la molienda seca son particularmente ricos en proteína no degradable en rumen, aunque existe un rango amplio de variación que debe ser tenido en cuenta al momento de formular raciones. Por otra parte, el proceso de secado altera la disponibilidad de la proteína ruminal y en algunos casos la disponibilidad intestinal de aminoácidos.

 

Con respecto al contenido de energía, los subproductos provenientes de la molienda seca tienen mayor aporte energético que los granos. Mientras que los de la molienda húmeda (ej. GF) tienen comúnmente un contenido energético similar o levemente inferior al de los granos.

 

La concentración de los minerales se triplica, aunque el contenido de azufre puede verse quintuplicado en las plantas que utilizan ácido sulfúrico para controlar el pH de la fermentación. En estos casos es importante prestar particular atención porque niveles elevados de azufre dietario reducen la productividad animal y en casos extremos causan toxicidad.

 

Los granos de destilería son una excelente fuente de proteína, energía, y minerales para suplementar rodeos de cría, recría, y engorde bajo pastoreo. En forrajes de baja y mediana calidad tanto los GD provenientes de la molienda seca o húmeda utilizados como suplementos energético-proteicos mejoran sustancialmente la productividad y eficiencia en comparación con los suplementos tradicionales a base de harinas de oleaginosas y granos. Por su parte, el GF debido a su bajo contenido de almidón puede utilizarse a niveles relativamente elevados sin afectar adversamente la utilización del forraje base. Los GD de la molienda seca se complementan perfectamente con los forrajes de baja calidad debido a su elevado aporte de proteína y PNDR. Sin embargo, la elevada concentración de grasa limita su nivel de uso como suplemento. Niveles superiores al 1 o 1,1% (MS/ PV) deprimen la utilización del forraje y no representan un beneficio significativo en el desempeño animal.

 

En forrajes de alta calidad, los GD son una excelente fuente de PNDR y fibra digestible que como suplementos incrementan el estatus de proteína metabolizable y de energía (a través del extracto etéreo y fibra digestible) lo que repercute directamente en una mejora sustancial en la respuesta animal.

 

En la recría a corral una ventaja de los GD, además del aporte de proteína y PNDR, es el bajo contenido de almidón lo que reduciría la deposición de grasa intramuscular en esta etapa de alimentación. Este efecto se manifiesta particularmente cuando los niveles de GD superan el 23% de la ración.

 

La respuesta al uso de GD en corrales de terminación es variable, sin embargo de los trabajos revisados se observa que hasta un 40% de inclusión mejora la ganancia de peso. Mientras que la eficiencia de conversión alcanza su óptimo con niveles cercanos al 30%. La variabilidad en respuesta animal depende de la gran variabilidad que tienen los subproductos en composición (tipo de grano, procesamiento, región, tipo de híbrido, etc). A esto debe sumarse el tipo y nivel de concentrado de la dieta base, así como el tipo y nivel de forraje voluminoso que interactúan con los distintos tipos de granos de destilería.

 

Es imperante avanzar en materia de investigación a nivel nacional a fin de generar información de valor para el productor ganadero, asesores técnicos y empresas relacionadas con la nutrición animal, a la vez que sea desencadenante de futuros trabajos experimentales.

 

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