Ganadería de precisión ¿porque decirle adiós a la yerra?

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Tradicionalmente a la yerra se la suele hacer coincidir con el destete, cuando los terneros tienen entre 6 y 9 meses de edad. Esta costumbre,  fuertemente arraigada, forma parte del acervo cultural y folclórico en muchos sistemas extensivos de cría.

Durante la yerra se ejecutan muchas tareas por “diversión”, como montar a los terneros y  pialarlos sin necesidad, estableciendo un ambiente de permanente alboroto en los corrales, como manifestación de festejos, que generan un clima de pánico absoluto en los animales, el cual quedará gravado en su memoria.

Los golpes, producto de estas prácticas traumáticas, afectarán a los músculos, produciendo un intenso dolor y un elevado aumento de los niveles de cortisol, generando una marcada disminución de las defensas, situación que se agrava, en el caso de los machos, como consecuencia de la castración.

Es así que en estas condiciones, la familia de los Clostridium, bacilos presentes en el suelo e incorporados por los animales a su organismo por ingestión, pueden circular  por el torrente sanguíneo transportados por los glóbulos blancos (macrófagos) y ser almacenados en hígado y músculo, donde permanecerán latentes, a la espera de una ocasión para expresarse. Esta oportunidad estará dada por los golpes que sufren los animales durante la yerra. La acción de los traumatismos sobre las grandes masas musculares crean  las condiciones para que la flora clostridial realice su anclaje en las mismas, pasando a la fase de multiplicación exponencial, confiriéndole todos los atributos de patogenicidad y de producción de toxinas y enzimas, que terminan otorgándole su máxima potencia para provocar una sepsis generalizada y posterior muerte por mancha y gangrena.

El valor económico de un ternero, en términos de inversión en genética y en pasto es muy alto. Echar por la borda este esfuerzo por una tradición, no vale la pena.

En el proceso que debe llevar a la adopción de una ganadería de precisión, junto a una agricultura ganadera intensiva, es importante reflexionar en términos económicos, la decisión de erradicar o no aquellas prácticas que afecten a las empresas pecuarias, no solo por las pérdidas, producto de los malos hábitos, que pueden devenir por la muerte de animales, sino también por  la conveniencia de adoptar las rutinas que permitan prevenir o eliminar los potenciales accidentes laborales (siniestros)  que devienen de dicha actividad. Tengamos en cuenta que un accidente que puede ser evitado, no es accidente. Es hora de pensar en que, valorar a la yerra por su tradición, es depreciar el capital de la empresa.

Por otro lado, trabajar bien durante la yerra significa respeto por las buenas prácticas en pos de la seguridad del personal y del bienestar animal.

En el diseño de una ganadería inteligente no hay lugar para acciones improductivas e innecesarias, por lo tanto digámosle adiós al folclore y terminemos con esa práctica.

Las pialadas, corridas y paleteadas; los gritos y maltrato de toda índole, tienen que dejarse de lado. Las tecnologías de proceso, entendiendo por tales a la implementación de las buenas prácticas ganaderas y a la adopción de los conceptos de bienestar animal y la utilización de la tecnología de insumos disponible, como el uso de las mangas portátiles para terneros, permitirá generar un ambiente de trabajo que contemple la seguridad de los operarios y la disminución de las causas que inducen a las  pérdidas durante las prácticas usuales. 

En este cambio de paradigma, es importante comprender que el sector pecuario forma parte de una cadena agroalimentaria, en la cual deberá dejar de criar animales para concentrarse en la producción de alimentos, donde la seguridad y el bienestar animal pasan a ser atributos de calidad de ese alimento que produce.

 
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