Efecto de la luz sobre el comportamiento y la actividad reproductiva en gallinas

Publicado el: 13/7/2009
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La luz, en algunas especies, posee un efecto inductor de la actividad reproductiva. Es así como en las cabras y ovejas una disminución de las horas de luz (fotoperíodo) inician la ovulación, en las yeguas es necesario un aumento del largo del día para iniciar la actividad reproductiva y en las aves el fotoperíodo afecta la edad de madurez sexual y la frecuencia ovulatoria.

Los factores de variación a la hora de estudiar la influencia de la luz en la avicultura son: intensidad, fotoperíodo o duración, longitud de onda y fuente de iluminación (Hevia, y Quiles, 2004). Por el tipo de explotación que presentan las aves (confinamiento absoluto y con mayor posibilidad de ambiente controlado), ha sido más fácil el control del fotoperíodo para un beneficio productivo.

La visión es una sensación subjetiva que se inicia cuando la luz incide sobre el ojo. En las aves la visión es un aspecto fundamental, como lo demuestra el hecho del tamaño relativamente grande del ojo en relación a la cabeza o al cerebro: en las gallinas el peso de ambos ojos es casi el mismo que el del cerebro.

La situación lateral de los ojos en las aves les permite un campo de visión de 300º, pero su cobertura es mucho más pequeña en la zona binocular que los predadores carnívoros que tienen los ojos situados frontalmente. Por otra parte, la visión en color de las aves es particularmente buena (las especies diurnas, como la gallina, posee más conos que bastones).

Las aves criadas al aire libre -sistemas semiextensivos- están expuestas a diferentes fotoperíodos e intensidades de luz solar. Sin embargo, la mayoría de las aves (gallinas ponedoras y pollos de engorda) son explotadas en regímenes ultra-intensivos con ambiente controlado, donde ambos parámetros (intensidad y duración de luz) son manipulables por el hombre con el fin de mejorar el crecimiento animal, controlar la reproducción y puesta de huevos, modificar el comportamiento o simplemente para ahorrar costos de energía eléctrica.
 

Influencia de la intensidad lumínica.- Las aves se caracterizan por tener una mayor proporción de conos que bastones en la retina, por lo que tienen una mejor visión diurna que nocturna. Las gallinas, son criadas con unas intensidades lumínicas que oscilan entre 5-10 lux, intensidades suficientes para mantener el fisiologismo de la puesta, a través de la estimulación del nervio óptico. Una de las razones, por las cuales se emplean bajas intensidades, es porque con ello reducimos el porcentaje de picajes entre las aves. Aunque, a la vista de varios resultados de investigación, es realmente difícil aportar unas cifras orientativas de cuál debería ser la intensidad lumínica ideal, desde el punto de vista etológico y del bienestar de las aves, reduciendo al mínimo el picaje, ya que sobre estos aspectos hay una serie de factores que influyen notablemente, como son: temperatura y humedad ambiente, estrés de los animales, densidades, etc., que habría que tenerlos en cuenta.


Influencia del fotoperíodo
.- La duración del fotoperíodo en avicultura puede variar enormemente (desde 2-3 horas hasta 24 horas de luz al día). No obstante, se recomienda, desde el punto de vista del bienestar animal, que las aves reciban, al menos 8 horas de luz al día cuando no tengan acceso a la luz natural. Si bien no está claro si las 8 horas de luz al día deben ser continuas o intermitentes, en cualquier caso, el proporcionar menos de 8 horas va en detrimento del bienestar del ave.

Podemos definir a los programas intermitentes como aquellos formados por más de un período de oscuridad y de luz por cada 24 horas. Estos programas pueden dividirse en tres grupos:

  1. Asimétricos: son los que contienen dos períodos de diferente duración de luz y oscuridad en un ciclo de 24 horas. Ejemplo: 8L:4D:2L:10D (el ave interpreta como 14L:10D, siendo L:luz D: oscuridad).

  2. Simétricos: son los que los períodos de luz y oscuridad se repiten alternativamente. Ejemplo: 4 x (3L:3D) o 6 x (1L:3D)

  3. Biomitente: en el que cada hora del día subjetivo se divide en períodos de 15´ L y 45´D ( 15 x (15´L:45´D): 9D), interpretando el ave como un programa 14,25 L:9,75D.

Asimismo, también contamos con programas de iluminación ahemerales, cuyo ciclo (horas de luz + horas de oscuridad) es superior a 24 h. Ejemplo: 13L: 14D, el ave lo interpreta como si estuviese sometido a un fotoperíodo de 16h. La principal razón de la existencia de estos programas es porque se ajustan al período de formación del huevo, que oscila entre 25 y 27 h. En líneas generales, las gallinas ponedoras son sometidas a fotoperíodos de 16 h de luz.

Tanaka y Hurnik, citados por Hevia, y Quiles (2004) observaron el comportamiento de las gallinas tanto en jaula como en suelo, sometidas a dos prácticas de manejo de la iluminación distintas. En la primera, el encendido y apagado de las luces era instantáneo, mientras que en la segunda, el paso de luz a oscuridad o viceversa era gradual (simulando un alba o un atardecer natural). En ambas situaciones, se observó un incremento de la ingesta de alimento antes de la oscuridad, para posteriormente dirigirse a las zonas de descanso. Cuando la luz era apagada de modo repentino, algunas gallinas, sobre todo en el sistema de alojamiento en suelo, no habían tenido tiempo de buscar los nidales, teniéndolo que hacer a oscuras, con el consiguiente estrés. Esto no ocurría cuando se simulaba un atardecer (con una reducción gradual de la luz durante 5 minutos). Respecto al encendido, cuando éste era repentino, ocasionaba en las gallinas una situación de alarma y de desorientación, llegando, incluso, a provocar alguna esterotipia (giraban alrededor de sí mismas). Estos autores, concluyeron que un encendido y/o apagado gradual incrementaría el confort de la gallinas. Sin embargo, ellos mismos señalaron que las gallinas han de estar acostumbradas a cambios repentinos de luz/oscuridad o viceversa, para que ante cualquier fallo en el sistema eléctrico no se desencadene una situación de pánico generalizado en el gallinero.


Influencia de la longitud de onda
.- La longitud de onda de la luz determina su color, siendo la mezcla de todas las longitudes las que originan la luz blanca, muy similar a la luz emitida por el sol. Realmente es difícil determinar cuál es el efecto que la longitud de onda ocasiona sobre el comportamiento de las aves, ya que en muchas ocasiones la propia longitud de onda de la luz varía la intensidad de la luz.


Efectos sobre la reproducción
.- En este caso la evaluación de los efectos del color de la luz es complicada debido a que el crecimiento de las gónadas se halla influido por la infor mación de la luz recibida por la retina y por el hipotálamo y, además, por las diferencias en la sensitividad retinal y la penetrabilidad de los fotoreceptores hipotalámicos, que varían con la longi tud de onda. En el gallo, el pavo y el pato Mallard, las mediciones efectuadas sobre el peso de los testiculos, la pituitaria y la cresta muestran que la mayor estimulación de la madurez sexual se logra mediante la exposición a la luz blanca o a la parte roja del espectro. En la gallina, aunque el fallo en igualar la potencia luminosa puede hacer confundir la intensidad con la longitud de onda, es improbable que tenga una influencia significativa sobre la madurez sexual y la puesta ya que las intensidades estudiadas en la mayor parte de experiencias eran superiores que las necesarias para el desarrollo gonadal. Y, al igual que con los machos, parece que la luz roja o la blanca -que contiene el color rojo- estimula más el desarrollo de las gónadas que la luz azul o la verde, tanto en la gallina, como en la pava o en la codorniz. Lo sorprendente hubiese sido el haber llegado a diferentes conclusiones en un sexo y otro.

Influencia de la fuente de luz.- En la avicultura moderna, la luz fluorescente es preferida a la luz incandescente ya que proporcionando la misma intensidad, supone un menor coste energético y una mayor duración, a pesar de su mayor inversión inicial. Las aves son capaces de distinguir entre ambas fuentes de luz, fluorescente e incandescente, como lo demuestra el hecho que las gallinas mantenidas con luz fluorescente tienen una mayor actividad física que las explotadas con luz incandescente.

(1) La unidad de iluminación utilizada es el lux, que lo podríamos definir como la cantidad de luz (luminosidad) que recibe una superficie de 1 m2, iluminada perpendicularmente, y situada a la distancia de 1 m de una fuente luminosa con una potencia de 1 candela.

(2) Algunos autores afirman que las aves son prácticamente ciegas para la luz azul (lo cual posibilita la utilización de radiación luminosa con esta longitud de onda para atraparlas). La luz actúa en el interior del cerebro, sobre receptores hipotalámicos. En principio, estos receptores son sensibles a todas las longitudes de ondas visibles, pero las radiaciones rojo-naranja (de 640 nm) son las más eficaces, dado que son las que tienen la capacidad de penetración más elevada a través del cráneo.
 

Efecto de la luz sobre la actividad reproductiva en gallinas.

Conforme las aves se acercan a la madurez sexual se vuelven sensibles a la fotoestimulación, y este cambio es el responsable del desarrollo sexual futuro. Como respuesta al cambio en la duración del día, no a la luz del día total, el hipotálamo altera su producción de factores liberadores de gonadotropina (RF). Sin embargo, existe duda a si hay un factor de liberador de una hormona específica estimulante del folículo (FSH-RF) al igual que un factor liberador de la hormona luteinizante; el LHRF probablemente es similar al de los mamíferos. Estas hormonas a través del sistema porta actúan en la hipófisis y producen cambios en la secreción de gonadotropina. Se sabe poco de este punto, aunque se ha demostrado que el nivel de hormona luteinizante (LH) en plasma aumenta uniformemente hasta poco antes de que se deposite el primer huevo, para disminuir más tarde. Así mismo se sugiere que dicha disminución se acompaña de mayor nivel de esteroides en plasma, causado por el desarrollo de los folículos.

 

Los estróegenos, andrógenos y progestágenos, son los esteroides que producen los principales cambios internos y externos, relacionados con la aparición de las caractereísticas adultas del animal de cría. Los estrógenos hacen que desaparezca la lámina que cierra el oviduto; aumentan la captación del calcio por el intestino; actúan en el hígado para producir las lipoproteínas específicas del vitelio; incrementan el depósito de grasa corporal, estimulan el crecimiento del oviduto y entre otras funciones no menos importantes, intervienen en la retroalimentación en el control de la secreción de gonadotropina. La progesterona tiene efectos más específicos, pero también participa en el metabolismo del calcio, conducta, crecimiento y función de oviductos. Los andrógenos también son producidos por la hembra e intervienen en el crecimiento y diferenciación del oviducto y el desarrollo de las características sexuales secundarias. También pueden modificar la producción de gonadotropinas por parte de la hipófisis.

 
Efecto de fotoperíodos constantes sobre edad a madurez sexual.

 
Efecto de la luz sobre el tiempo transcurrido entre dos ovulaciones.

1.- Luz natural 
2.- Luz artificial alcanzando 17 horas de luz diarias, las que producen el máximo aumento en la frecuencia de postura en las aves.

 
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