Micotoxinas y su impacto en la producción porcina - 07/05/2008 La presencia de micotoxinas en granos y piensos es un grave problema mundial con implicaciones económicas y de salud, tanto animal como humana. En este artículo se revisan las más importantes y su efecto sobre la producción porcina, así como los prin
Alberto Gimeno: Consultor técnico de SPECIAL NUTRIENTS, INC.,
1394 Coral Way, Miami, Florida, 33145 USA. María Ligia Martins: Consultoria técnica en micologia
y micotoxicologia alimentar.
Rua Augusto Costa, nº 14-6º Dto, 1500-064 Lisboa, Portugal
El presente articulo corresponde a una revisión
y actualización del trabajo que con el titulo “Analisis
de riesgo de las más relevantes micotoxicosis en humanos”
fue presentado por los mismos autores en el “I SYMPOSIUM PANAMERICANO
DE MICOTOXINAS PARA LA INDUSTRIA”, ABRIL 1-4, 2003, CIUDAD DE MEXICO y
del capitulo correspondiente a micotoxicosis en humanos contenido en el manual
(publicado por los mismos autores) “Micotoxinas y Micotoxicosis en Animales
y Humanos” Special Nutrients, Inc. USA (Ed.). Talleres graficos del SRL,
Buenos Aires (Argentina). pp. 1-160."
Resumen
Las micotoxinas Aflatoxina B1(AFB1), Aflatoxina M1(AFM1), Ocratoxina A (OTA),
Fumonisina B1 (FB1), Vomitoxina o Deoxinivalenol (DON) y Patulina contaminan
frecuentemente los géneros alimenticios, (cereales y productos de cereales,
cacahuetes, nueces, pistachos y otros frutos secos, carnes ahumadas, especias,
vinos, café, frutas, zumos de frutas y otros). Algunas de ellas pueden
ser encontradas como residuos en leche y derivados, carne y huevos. Las micotoxinas
pueden causar efectos adversos en la salud humana, problemas tales como: hepatotóxicos,
nefrotóxicos, neurotóxicos, gastroentéricos, cancerígenos
e inmunosupresivos. El riesgo en humanos que representa la ingestión
de géneros alimenticios contaminados con micotoxinas, puede ser evaluado
relacionando la TDI (dosis tolerable de micotoxina ingerida diariamente), TD50
(dosis con la cual el 50% de los individuos pueden desarrollar tumores malignos)
y la exposición de los humanos a esas micotoxinas, con los valores medios
de consumo diario de algunos géneros alimenticios, con los niveles de
micotoxinas en el alimento que es consumido y con el peso corporal. Sin embargo,
otros factores, tales como, el estado fisiológico del individuo y la
edad pueden aumentar o disminuir la toxicidad. De momento, la Unión Europea
(UE) tiene legislación para las aflatoxinas, ocratoxina A y patulina.
En otros países existen reglamentaciones o recomendaciones para esas
micotoxinas, así como también para otras micotoxinas, mismo dentro
de la UE. Los niveles de micotoxinas en el alimento pueden ser controlados utilizando
métodos preventivos que eviten el crecimiento de hongos toxicogénicos
o bien a través de sistemas de descontaminación, inactivación
y detoxificación directamente en el alimento.
Micotoxicosis es el nombre que se da al grupo de enfermedades y trastornos
originados en el hombre y los animales por unos metabolitos secundarios tóxicos
denominados micotoxinas. Las micotoxinas son compuestos policetónicos
resultantes de las reacciones de condensación que tienen lugar cuando
en determinadas condiciones físicas, químicas y biológicas
se interrumpe la reducción de los grupos cetónicos en la biosíntesis
de los ácidos grasos realizada por los mohos. Estos ácidos grasos
son metabolitos primarios utilizados por los mohos como fuente de energía.
Las micotoxinas se suelen formar al final de la fase exponencial o al principio
de la fase estacionaria del crecimiento del moho.
La contaminación de los géneros alimenticios con micotoxinas puede
ser de una forma indirecta a través de los residuos de éstas en
la carne, los huevos y la leche como consecuencia del consumo por parte del
animal de alimentos compuestos contaminados, o bien una contaminación
directa de los géneros alimenticios (cereales, productos de cereales,
frutos secos, frutas, y otros) por la contaminación de éstos con
mohos toxicogénicos que podrán producir micotoxinas.
Los principales factores que tienen influencia sobre la toxicidad de las micotoxinas
en los humanos son: La biodisponibilidad y toxicidad de la micotoxina; Los sinergismos
entre ellas; La cantidad de micotoxina ingerida diariamente en función
de la concentración de micotoxina y de la cantidad de alimento ingerido;
La continuidad o intermitencia de ingestión del alimento contaminado;
El peso del individuo y el estado fisiológico y de salud de éste;
La edad del individuo. Así pues, los niños y los jóvenes
son más susceptibles a la toxicidad de las micotoxinas debido a una mayor
variación del metabolismo basal, ellos pueden no tener suficientes mecanismos
bioquímicos para la detoxificación. En los niños el cerebro
continua su desarrollo durante muchos años después del nacimiento
y esto puede causar una mayor susceptibilidad a las micotoxinas que afecten
al sistema nervioso central (Kuiper-Goodman, 1994). La conjugación de
todos los factores antes mencionados y que tienen influencia sobre la toxicidad
de las micotoxinas hace que el análisis de riesgo respecto a los problemas
de salud en humanos (hepatotóxicos, nefrotóxicos, neurotóxicos,
gastroentéricos, cancerígenos e inmunosupresivos) que pueden ser
causados por la ingestión de esos metabolitos tóxicos, sea complejo
y la mayor parte de las veces difícil de entender y correlacionar (Smith
et al., 1994). Por otro lado, la situación es aun más complicada
ya que en la interpretación de los datos epidemiológicos que pueden
estar relacionados con una micotoxina, debemos también tener en cuenta
la posible influencia de otros factores de riesgo como, el estado nutricional
del individuo, las infecciones endémicas y la ingestión de otras
substancias tóxicas (Kuiper-Goodman, 1994).
Los estudios de toxicidad de las micotoxinas en humanos son normalmente realizados
en animales de laboratorio. Para una evaluación completa es necesario
los datos de toxicidad aguda, toxicidad a los 30-90 días del ensayo,
cambios metabólicos, efectos reproductivos, teratogenicidad, mutagenicidad
y toxicidad crónica o carcinogénica. Con los datos obtenidos se
hacen interpolaciones y se establecen unos parámetros de los que citaremos
los que se van a utilizar en este articulo, a saber: NOAEL (no observed adverse
effect levels), es la estimación del nivel de micotoxina con el que no
se observan efectos adversos. La TD50, es la dosis de micotoxina con la cual
el 50% de los individuos pueden desarrollar tumores malignos, estableciéndose
así una estimación del potencial cancerigeno. NEL (no effect level)
es la estimación del nivel de micotoxina que no causa efecto y LOAEL
(lowest observed adverse effect level) es el nivel de micotoxina con el cual
se observan los efectos adversos mas bajos. Finalmente existe un parámetro
comúnmente utilizado que es la TDI (tolerable daily intake), o sea, la
ingesta de micotoxina diaria que puede ser tolerada. Todos los parámetros
anteriores vendrán expresados en, microgramos de micotoxina / Kg de peso
corporal (p.c.)/ día o bien en el caso de la TDI puede venir expresado
en algunos casos en nanogramos (ng) de micotoxina/Kg de peso corporal (p.c.)
/día. Normalmente el valor de TDI se suele obtener dividiendo el valor
de NOAEL o el valor de NEL por un factor de seguridad que puede oscilar entre
50 y 50000 o bien haciendo lo mismo pero con el valor de TD50, todo esto depende
del método de extrapolación utilizado, siendo este último
más utilizado en las micotoxinas carcinogénicas. La TDI viene
acompañada de un factor de riesgo que normalmente es 1/100000 (Kuiper-Goodman,
1990; Kuiper-Goodman, 1994). Cuando el valor de TDI está aún en
estudio y por lo tanto es provisional se utiliza la denominación PTDI
(provisional tolerable daily intake).
En este articulo trataremos específicamente de las micotoxinas Aflatoxina
B1 (AFB1), Aflatoxina M1 (AFM1), Ocratoxina A (OTA), Fumonisina B1 (FB1), Vomitoxina
o Deoxinivalenol (DON) y Patulina por ser estas unas de las que más comúnmente
pueden afectar a la seguridad alimentar y en términos relativos (a depender
de la micotoxina), a la salud publica (Kuiper-Goodman, 1990; Kuiper-Goodman,
1994; JECFA, 2001; WHO, 2002; CAST, 2003). Casi todas ellas son inmunosupresivas
ya que inhiben la síntesis proteica e interrumpen la síntesis
de ADN y ARN, inhibiendo también la fagocitosis (Sharma, 1993).
2.- Micotoxinas y micotoxicosis
2.1.- Aflatoxinas
Las aflatoxinas son producidas por varias especies de Aspergillus
esencialmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus.
La más tóxica es la aflatoxina B1 (AFB1), siguiendo después
la aflatoxina M1 (AFM1) (derivado metabólico de la AFB1 y que se forma
dentro del organismo animal pasando después a contaminar, por ejemplo,
la leche), la aflatoxina G1 (AFG1), la aflatoxina B2 (AFB2) y la aflatoxina
G2 (AFG2). Las aflatoxinas se pueden encontrar como contaminantes naturales
en una variedad de géneros alimenticios tales como, cereales y productos
de cereales, cacahuetes, nueces, almendras, pistachos, avellanas y otros frutos
secos, coco, cacao, patatas dulces, manteca de cacahuete, lentejas, plátanos,
quesos, vinos, especias, leche y derivados (esencialmente la AFM1) y otros géneros
alimenticios.
Las aflatoxinas son cancerígenas, teratogénicas y mutagénicas,
hepatotóxicas e inmunosupresivas, afectando al hígado riñón
y cerebro.
2.1.1.- Relación entre la cantidad de AFB1 ingerida y la concentración
de AFM1 excretada en la leche
La AFM1 se encuentra en la leche y consecuentemente se puede encontrar en los
alimentos derivados de la leche. Los residuos de AFM1 en la leche se pueden
ya encontrar a las 6 – 24 horas de que una vaca haya ingerido un alimento
contaminado con AFB1. En vacas lecheras la relación entre la concentración
de AFB1 (ppb, microgramos/Kg) en la ración final (racionamiento y/o unifeed)
y la de AFM1 (ppb, microgramos/Litro) excretada en la leche podría ser
de 300:1, sin embargo esta relación es muy aproximada ya que el rango
oscila entre 34:1 a 1600:1 (Rodricks & Stoloff,1977; Gimeno y Martins, 2000;
Gimeno y Martins 2000a). Con una ingestión de AFB1 correspondiente a
2-60 miligramos(mg)/vaca/día, los residuos de AFM1 en la leche cruda
pueden oscilar entre 1 a 50 microgramos/Litro (Edds, 1979). El nivel de residuos
de AFM1/día (mg) en la leche cruda podría ser aproximadamente
el 2,2% de la ingesta diaria de AFB1 (mg) con un CV (coeficiente de variación)
entre 42 y 59%, dividiendo el resultado obtenido por el número de litros
de leche producidos/vaca/día y multiplicando por 1000 nos daría
la concentración (microgramos/Litro) de AFM1 en la leche cruda (Patterson
et al, 1980; Van Egmond, 1989). Incluso se llega a establecer una ecuación:
y = -2,55 + 0,84x (r2 = 0,73; n = 43) donde x = mg AFB1/vaca/día; y =
microgramos AFM1/litro de leche (calculando una media de 20 litros de leche/vaca/día)
(Sieber y Blanc, 1978; Van Egmond, 1989).
La concentración de AFM1 en la leche variará según la raza
de la vaca, la concentración de AFB1 en la ración, la cantidad
y duración del consumo de alimento contaminado y el estado de salud del
animal. Sin embargo, a todo esto debemos añadir que estas discordancias
de correlación entre autores serán también debidas, entre
otras cosas, al sistema metabólico de un animal poligástrico,
lo que provoca que las concentraciones de AFM1 en la leche varíen entre
animales, de un día para otro y de una producción de leche a la
siguiente.
2.1.2.- Distribución de la AFM1 en algunos derivados lácteos
La distribución de la AFM1 en algunos alimentos elaborados con leche
contaminada, es aproximadamente la siguiente: 40-60% en quesos, 10% en la nata
y < 2% en la mantequilla.
Visto que la AFM1 es muy soluble en agua, no se comprende cómo la mayor
parte va al queso y no al suero. La asociación de la AFM1 con la caseína,
cuando ésta precipita puede ser una explicación razonable para
ello (Yousef & Marth, 1989).
2.1.3.- TD50, TDI y NOAEL para AFM1 y AFB1
La AFM1 y la AFB1 tienen una TD50 de 10,38 y 1,15 microgramos /Kg p.c. (peso
corporal)/día, respectivamente, lo que hace suponer que la AFM1 es aproximadamente
nueve veces menos carcinogénica que la AFB1. La TDI para la AFB1 esta
comprendida entre 0,11 y 0,19 ng (nanogramos)/Kg p.c/día, con un factor
de seguridad de 5000 y un nivel de riesgo de 1/100000. Los valores de NOAEL
para la AFM1 y la AFB1 son, < 2,5 y 0,75 microgramos/Kg p.c./día,
respectivamente (Kuiper-Goodman, 1990; Kuiper-Goodman, 1994). Si dividimos el
valor de TD50 correspondiente a la AFM1 por el factor de seguridad 5000, podríamos
atribuir hipotéticamente un valor de TDI para la AFM1 de 2 ng/Kg p.c./día,
lo que representa, aproximadamente, diez veces más de tolerancia que
la AFB1 comparado con el mayor valor de TDI para la AFB1(Gimeno y Martins, 2003).
2.1.4.- La Legislación
La Unión Europea (UE) tiene legislación (Official Journal of
the European Union, 2003; Micotoxinas, 2003) para estas micotoxinas en géneros
alimenticios para consumo humano y actualmente los niveles máximos admisibles
están establecidos en 0,05 microgramos/Kg (0,05 ppb) para AFM1 en leche
(leche cruda, leche para la fabricación de productos lácteos y
leche tratada térmicamente) y varían entre 2 a 8 microgramos/Kg
para AFB1 y de 4 a 15 microgramos/Kg para AFB1+AFB2+AFG1+AFG2, dependiendo de
los diferentes géneros alimenticios (cacahuetes, frutos de cáscara,
frutos secos y productos derivados de su transformación, cereales y productos
derivados de su transformación) tanto si son utilizados para consumo
humano directo o como para ingredientes de los productos alimenticios. La legislación
también incluye en estos géneros alimenticios, aquellos que son
sometidos a procesos de selección o bien a otros tratamientos físicos
antes del consumo humano directo o como ingredientes de productos alimenticios
y tiene en cuenta que esos procesos pueden reducir la concentración original
de AFB1. Se especifica también que esas concentraciones máximas
admisibles se refieren a la parte comestible, excluyendo pues la cáscara
en los géneros alimenticios que la tienen. La legislación de la
UE también establece niveles máximos permitidos de, 5 microgramos/Kg
para AFB1 y de 10 microgramos/Kg para AFB1 + AFB2+ AFG1 + AFG2, en algunas especias.
En el caso de alimentos infantiles y alimentos elaborados a base de cereales
para lactantes y niños de corta edad y alimentos dietéticos destinados
a usos médicos especiales dirigidos especificamente a los lactantes,
la concentración máxima permitida de AFB1 es de 0,10 microgramos/Kg
(referido a materia seca cuando se trata de alimentos infantiles y alimentos
elaborados a base de cereales). En el caso de preparados para lactantes, preparados
de continuación (incluidas la leche para lactantes y la leche de continuación),
y alimentos dietéticos destinados a usos médicos especiales dirigidos
específicamente a los lactantes, la concentración máxima
permitida de AFM1 es de 0,025 microgramos/Kg (Official Journal of the European
Union, 2004).
En otros países ( Australia, Brasil, Holanda, Rumania, Suiza, USA) las
concentraciones máximas admitidas para la AFM1 en la leche y productos
lácteos varían entre 0,01 y 0,5 microgramos/Kg, dependiendo del
país y del alimento lácteo. Es de destacar que en Suiza y Brasil,
los alimentos lácteos para niños tiene un limite de contaminación
con AFM1 de 0,01 microgramos/Kg y que en Australia y USA (Estados Unidos de
América) la concentración máxima de AFM1 permitida en la
leche es de 0,5 microgramos/Kg. No hay legislación para la AFM1 en quesos
ni mantequilla, sin embargo Holanda tiene establecido un máximo de tolerancia
de 0,2 y 0,02 microgramos/Kg, respectivamente. Algunos países como Austria
y Suiza tienen un límite para quesos de 0,25 microgramos de AFM1/Kg (Smith
et al, 1994; EHSO; FDA, 2000; CAST, 2003). La norma adoptada por USA
para AFM1 en la leche, lo ha sido también por algunos países de
la América Latina, entre ellos los que forman parte de MERCOSUR (Argentina,
Brasil, Paraguay y Uruguay) (Micotoxinas on line). Vemos pues que en el caso
de USA y otros países, el nivel de tolerancia para AFM1 en la leche es
10 veces superior al de la UE.
Para las otras aflatoxinas y en países como Australia, Canadá,
Colombia, Hungría, India, Japón, México, Cuba, Tailandia
y USA también hay niveles máximos de tolerancia que oscilan entre
5 y 30 microgramos/Kg para AFB1 y para la suma de las cuatro aflatoxinas, dependiendo
del país y del alimento en cuestión (frutos de cáscara
y productos de éstos, cacahuetes, todos los géneros alimenticios),
destacamos a la India con el nivel de tolerancia más alto (30 microgramos
AFB1/Kg para todos los géneros alimenticios) y a México y USA
con el nivel de tolerancia más alto para la suma de las cuatro aflatoxinas
(20 microgramos/Kg en todos los géneros alimenticios) (Smith et al.,
1994).
2.1.5.- Ocurrencia de AFM1 e ingestas
Respecto a las contaminaciones en géneros alimenticios encontradas en
ciertos países, referimos que en lo que respecta a AFM1 y desde 1996,
en algunos países de Europa (Francia, Italia, Alemania, Holanda, Portugal)
los niveles oscilaban entre < 0,001 y 0,060 microgramos/Kg para leche liquida
comercial; < 0,001 y 0,080 microgramos/Kg para leche en polvo; < 0,001
y 0,098 microgramos/Kg para yogures y < 0,005- 0,500 microgramos/Kg para
quesos (COST, 2001; Gimeno y Martins, 2002).
Datos más amplios y referidos al consumo de leche indican que las medias
de contaminación con AFM1 en la leche correspondiente a la dieta de Europa,
América Latina, Extremo Oriente, Oriente Medio y África, son de:
0,023; 0,022; 0,36; 0,005 y 0,002 microgramos/Kg, respectivamente. Estas concentraciones
medias estuvieron basadas en los resultados de análisis de 10778, 893, 1191,
231 y 15 muestras de leche procedentes de Europa, América Latina, Extremo
Oriente, Oriente Medio y Africa, respectivamente. Con estos
datos y las medias del consumo de leche, la ingesta de AFM1 se estimó
en: 6,8; 3,5; 12; 0,7 y 0,1 ng/persona/día, en Europa, América
Latina, Extremo Oriente, Oriente Medio y África, respectivamente. Si
consideráramos que toda la leche consumida tuviera una contaminación
con AFM1 de 0,05 microgramos/Kg (nivel máximo permitido en la UE) o de
0,5 microgramos/Kg (nivel máximo permitido en USA), la ingesta de AFM1
en la dieta Europea sería de 15 y de 150 ng/persona/día, respectivamente
(JECFA, 2001, WHO, 2002 ). Así pues, considerando jóvenes de 50
Kg de peso, la ingesta de AFM1/Kg p.c./día sería de 0,3 ng y de
3 ng para los dos niveles máximos indicados, respectivamente. El primer
valor está por debajo de la TDI para AFM1 que hipotéticamente
se consideró de 2 ng/Kg p.c/día, no siendo lo mismo para el segundo
valor. Aplicando estos cálculos a bebés de 10 Kg de peso, la ingesta
sería de 1,5 y de 15 ng/Kg p.c./día, para los dos niveles máximos
permitidos como antes hemos referido, respectivamente. El primer valor continúa
siendo inferior a la TDI mencionado no siendo así para el segundo valor.
Si hacemos los cálculos de otra forma y consideramos un niño de
20 Kg p.c. que consumiera 0,5 litros de leche diarios contaminada con 0,05 ppb
(microgramos/kg) o con 0,5 ppb (microgramos/Kg) de AFM1, la ingesta de micotoxina
diaria sería de 1,25 o de 12,5 ng/Kg p.c./día, respectivamente.
Siendo pues el primer valor inferior a la TDI ya referida a diferencia del segundo
valor que la supera significativamente. El nivel máximo permitido en
USA para AFM1, no es aceptado en la UE (Gimeno & Martins, 2003; Gimeno,
2004) .
Sin embargo, debemos tener en cuenta que los valores de TDI están a depender
del factor de seguridad que se aplica y que puede oscilar entre 50 y 50000 (recordemos
que una de las formas de obtener la TDI cuando se trata de micotoxinas carcinogénicas,
es la de dividir la TD50 por el factor de seguridad, y que depende del método
o criterio de extrapolación utilizado) (Kuiper-Goodman, 1990; Kuiper-Goodman,
1994; Gimeno & Martins, 2000; Gimeno & Martins, 2003). Como este factor
aparece como denominador, es evidente que cuanto más alto sea, más
bajo será el valor de TDI y por lo tanto más riguroso y más
seguro; y viceversa cuanto más bajo sea, más alto será
el valor de TDI y por lo tanto menos riguroso y menos seguro.
2.1.6.- Ocurrencia de AFB1 e ingestas
La variación de niveles de contaminación con AFB1 encontrados
últimamente en diferentes países es muy grande y esta sujeta al
tipo de alimento en cuestión, al país y a la disponibilidad de
los datos publicados, pudiendo oscilar entre 0,05 y 789 microgramos/Kg para
AFB1 y entre 0,05 y 1870 microgramos/Kg para la suma de las cuatro aflatoxinas
en cacahuetes, pistacho y otros frutos secos, especias y otros géneros
alimenticios (COST, 2001; Martins et al., 2001).
El FDA (Food and Drug Administration) estima que la ingesta de AFB1 a través
de los géneros alimenticios esta en 2,73 ng/Kg p.c./día en USA
y de 3,5 a 22,4 ng/Kg p.c/día en Tailandia y el Este de África.
Niveles de 500 microgramos de AFB1/Kg han sido encontrados en hígado
y otros tejidos de individuos de Europa y América del Norte (Smith et
al., 1994). Considerando el valor máximo de TDI para AFB1 de 0,19 ng/Kg
p.c./día, anteriormente referido, estos valores están muy por
encima de ese valor y por debajo del valor de NOAEL también referido
anteriormente y que es de 750 ng/Kg p.c./día (0,75 microgramos/Kg p.c./día).
Si consideramos la concentración máxima más baja de AFB1
(2 microgramos/Kg) permitida por la UE en géneros alimenticios tales
como cereales y ciertos frutos secos y tenemos en cuenta el valor anterior de
TDI de 0,19 ng/Kg p.c./día, un joven de 50 Kg de peso corporal podría
ingerir 9,5 ng AFB1/día, por lo tanto la ingesta máxima diaria
de alimento uniformemente contaminado con 2 microgramos de AFB1/Kg no podría
ser superior a 5 g, aproximadamente. Sin embargo debemos considerar que estamos
ha calcular todo esto con un valor de TDI que es aproximadamente, 4000 veces
inferior al valor de NOAEL.
2.1.7.- Micotoxicosis (aflatoxinas M1 y B1)
Aunque se presume que la AFM1 induce el cáncer de hígado en roedores
por medio de un mecanismo semejante al de la AFB1, no existen estudios epidemiológicos
adecuados que relacionen la dosis-respuesta entre la ingesta de AFM1, la exposición
a la hepatitis vírica B o C y el cáncer de hígado. Los
riesgos adicionales para la predicción del cáncer de hígado
utilizando niveles de AFM1 comparativos de 0,05 microgramos/Kg (nivel máximo
permitido por la UE) y 0,5 microgramos/Kg (nivel máximo permitido en
USA y otros países) son muy pequeños. En una población
como USA y Europa Occidental donde la prevalencia de hepatitis vírica
B es de 1%, la prevalencia adicional de casos de cáncer de hígado
asociados con la contaminación de la leche con 0,5 microgramos/Kg “versus”
0,05 microgramos/Kg sería de 29/1000 millones de individuos/año
(JECFA, 2001; WHO, 2002). A todo esto, continúa el tema en debate entre
la Union Europea y los países que defienden que el límite máximo
de contaminación de la leche con AFM1 sea de 0,5 microgramos/Kg en lugar
de 0,05 microgramos/Kg (CCFAC, 1999; CCFAC, 2000; CCFAC, 2001; CODEX, 2002).
Respecto a las otras aflatoxinas esencialmente la AFB1, los problemas hepatotóxicos
con significativas incidencias de cáncer de hígado se remontan
al año 1971 y anteriores con aflatoxicosis agudas en la India, África
y Tailandia provocadas por el consumo de géneros alimenticios, esencialmente,
maíz, mandioca, arroz, cacahuetes, patatas dulces y plátanos,
contaminados con AFB1 en contaminaciones que podían oscilar entre 10
y 144000 microgramos/Kg. El síndrome de Reye caracterizado por una asociación
anatomopatológica de un edema agudo cerebral con una degeneración
grasa del hígado en niños, fue atribuido también al consumo
de géneros alimenticios contaminados con AFB1, sin embargo la etiología
de este síndrome es muy problemática y su relación directa
con la AFB1 no está suficientemente esclarecido. En cuanto a la aflatoxicosis
crónica, muchos son los estudios efectuados esencialmente en Tailandia,
China y África, llegándose a la conclusión de que se tienen
suficientes evidencias como para considerar a la AFB1 como uno de los factores
de riesgo responsable por los problemas carcinogénicos (Gimeno y Martins
1987; Smith et al., 1994; CAST, 2003).
2.2.- Ocratoxina A
La Ocratoxina A (OTA) es producida por varias especies de Aspergillus
esencialmente el Aspergillus ochraceus. La OTA se puede encontrar como
contaminante natural en cereales y productos de cereales, semillas de cacao,
legumbres, quesos, cacahuetes, granos de café crudo y tostado, carne
ahumadas (jamón, tocino, embutidos), vinos, cerveza y otros géneros
alimenticios.
El principal síndrome que provoca es el nefrotóxico. Es inmunosupresiva
y afecta al riñón y al hígado.
2.2.1.- TDI y PTDI para Ocratoxina A
La TDI para OTA no está aún suficientemente bien establecida.
Basados en estudios carcinogénicos el rango de TDI oscila entre 1,5 y
5,7 ng/Kg p.c./día con unos factores de seguridad de 50000 y 5000, respectivamente
y un factor de riesgo de 1/100000. El valor de TDI correspondiente a 5,7 lo
obtuvieron dividiendo el valor de NEL por 5000 y el valor de TDI = 1,5 fue obtenido
dividiendo el valor de TD50 por 50000 .
Canadá propone una TDI de 4 ng/Kg p.c./día a diferencia de los
Países Nórdicos que la proponen de 5 ng/Kg p.c./día. La
FAO/WHO Joint Expert Committee on Food Additives, proponen también valores
de TDI provisionales (PTDI) entre 10 y 16 ng/Kg p.c./día con un factor
de seguridad de 500 y basados en estudios efectuados en cerdos con respecto
a las alteraciones de la función renal. El valor más elevado de
TDI corresponde al valor de LOAEL dividido por 500. Es evidente que este rango
de PTDI tan amplio y que va de 1,5 a 16 ng/Kg p.c./día, esta motivado
por el efecto tóxico en que se basan los estudios, los diferentes métodos
de extrapolación y los diferentes factores de seguridad que se aplican.
Es necesario un mayor número de estudios al respecto. Probablemente la
tendencia es la de establecer un valor de TDI igual o inferior a 5 ng/Kg p.c./día
basándose en los estudios carcinogénicos, sin embargo no hay aún
suficientes evidencias de que la OTA sea carcinogénica para los humanos,
si las hay para los animales (Kuiper-Goodman, 1994; JECFA, 1995; Smith et al,
1994; JECFA, 2001; WHO, 2002).
2.2.2.- La legislación
La UE tiene legislación (Official Journal of the European Communities,
2002; Micotoxinas, 2003) para la OTA en géneros alimenticios de consumo
humano y los niveles máximos admitidos están establecidos en 5
y 3 microgramos/Kg para cereales en grano sin transformar y para productos derivados
de cereales, respectivamente. En estos últimos se incluyen los productos
trasformados a base de cereales y los cereales en grano para consumo directo.
Con respecto a las uvas pasas el contenido máximo admitido está
en 10 microgramos/Kg. En el caso de alimentos infantiles y alimentos elaborados
a base de cereales para lactantes y niños de corta edad y alimentos dietéticos
destinados a usos médicos especiales dirigidos específicamente
a los lactantes, la concentración máxima permitida de OTA es de
0,50 microgramos/Kg (referido a materia seca cuando se trata de alimentos infantiles
y alimentos elaborados a base de cereales)(Official Journal of the European
Union, 2004).
En otros países como Hungría y Rumania los niveles máximos
admitidos son de 20 y 5 microgramos/Kg, respectivamente, para todos los géneros
alimenticios. En Brasil se admite un máximo de 50 microgramos/Kg en cereales
y en Grecia un máximo de 20 microgramos/Kg para cafés. En Dinamarca
existen máximos admisibles para vísceras y canal de cerdo que
oscilan entre 10 y 25 microgramos OTA/Kg (Smith et al., 1994).
2.2.3.- Ocurrencia de Ocratoxina A e ingestas
La información sobre el rango de niveles de contaminación encontrados
en los géneros alimenticios es muy amplia y esta a depender esencialmente
del tipo de alimento, del área geográfica y de los datos publicados
que están disponibles, así pues en cereales tenemos contaminaciones
que van desde 10 a 2400 microgramos/Kg; en cafés tostados, de 0,2 a 1,7
microgramos/Kg; en granos de café crudo, de 0,4 a 23 microgramos/Kg;
en vinos tenemos rangos de contaminación entre 1 a 7,63 microgramos/Kg,
las mayores contaminaciones se encuentran en el vino tinto. Los análisis
de OTA efectuados en riñón de cerdo y en fluidos biológicos
de humanos dieron rangos de contaminación que fueron de 0,1 a 240 microgramos/Kg
y de 0,05 a 14,4 microgramos/Kg, respectivamente (Smith et al., 1994;
Leoni et al., 2000; Otteneder y Majerus, 2000; COST, 2001; Pietri et al.,
2001).
La incidencia de OTA se da frecuentemente en la dieta de los países de
Europa, los estudios efectuados dan una media de ingestión de OTA de
6,42 ng/Kg p.c./día considerando un peso medio corporal de 60 Kg. Los
cereales y el vino contribuyen, aproximadamente, en 3,57 y 1,43 ng OTA/Kg p.c./día
(55 y 22%), respectivamente. Otros géneros alimenticios como el zumo
de uva y el café contribuyen en 0,29 y 0,43 ng OTA/Kg p.c./día
(4,51 y 6,7%), respectivamente y todo un conjunto de géneros alimenticios
como los frutos secos, cerveza, té, leche, cacao, legumbres y otros contribuyen
en menos de 0,14 ng OTA/Kg p.c./día (2,18%). El consumo de tejidos comestibles
de cerdo contribuye en 0,21 ng OTA/Kg p.c./día (3,27%).
En vista de esas contribuciones, el riesgo para los individuos que consumen
grandes cantidades de cereales es mayor. Estudios efectuados revelan que esos
individuos pueden tener ingestiones de OTA de 13,14 ng/Kg p.c./día (JECFA,
2001; WHO, 2002).
Si tenemos en cuenta los estudios efectuados en cuanto a problemas cancerigenos
y tomamos el valor de TDI de 5,7 ng/Kg p.c./día, la media de ingestión
de OTA en la dieta Europea estaría en un 112% la TDI. Sin embargo si
tomamos el criterio de alteraciones en la función renal y unos de los
valores anteriores de TDI, por ejemplo, 16 ng/Kg p.c./día, esta media
de ingestión seria de un 40% la TDI. A todo esto y teniendo en cuenta
la concentración máxima admisible de OTA en cereales y productos
de cereales establecida por la UE de 5 microgramos/Kg, un individuo de 60 Kg
de peso tendría un límite de ingestión de OTA de 324 ng/día
(TDI = 5,7 ng/Kg p.c./día) o de 960 ng/día (TDI = 16ng/Kg p.c./día)
lo que representaría una ingestión máxima diaria permisible
de 68,5 o de 192 g de cereal contaminado uniformemente con 5 microgramos OTA/Kg
, respectivamente. Sin embargo debemos tener en cuenta que estamos considerando
valores de TDI que son 5000 y 500 veces más bajos que los valores de
NOAEL y LOAEL, respectivamente. Si aplicáramos todo esto a los niños,
los límites de ingestión serian aun más bajos, visto la
rigurosidad que impone la legislación en lo que se refiere a la concentración
máxima de OTA (0,50 microgramos/Kg) permitida (Official Journal of the
European Union, 2004).
2.2.4.- Micotoxicosis
Los primeros problemas con OTA en humanos datan del año 1956 con el
aparecimiento de una grave nefropatía endémica en la región
de los Balcanes (Bulgaria, Rumania, Yugoslavia) atribuida al consumo de carnes
ahumadas que estaban contaminadas con OTA en concentraciones comprendidas entre
10 y 920 microgramos/Kg. Parece ser que la mayor fuente de contaminación
fue las condiciones insalubres con falta de higiene en el almacenamiento de
estas carnes ahumadas. El análisis de OTA en el suero de individuos afectados
dio niveles comprendidos entre 1 a 40 microgramos/Kg. Estudios epidemiológicos
revelan que aproximadamente la mitad de la población de Europa está
expuesta a la OTA. Sin embargo la relación directa de las nefropatías
con la exposición a la OTA no está aún suficientemente
esclarecida ya que en Alemania, Francia, Italia, Dinamarca, Suecia, Checoslovaquia,
Polonia y Canadá han sido encontrados niveles de OTA comprendidos entre
0,1 y 14,4 microgramos/L en sangre y leche materna de personas saludables. La
presencia de OTA en fluidos biológicos se considera más como una
evaluación indirecta de la exposición a esta micotoxina. En algunos
países de África, el 95% de los individuos que sufren de problemas
de nefropatía son OTA positivos con concentraciones en sangre del orden
de 90 microgramos/L y la prevalencia de ocratoxicosis se considera en un 55
a 80% superior a la de Europa (Gimeno y Martins, 1987; Smith et al.,
1994; CAST, 2003)
2.3.- Fumonisinas
Las fumonisinas son producidas por varias especies de Fusarium, esencialmente
por el Fusarium moniliforme. Las más tóxicas son la fumonisina
B1 (FB1) y la fumonisina B2 (FB2). Las fumonisinas pueden ser encontradas esencialmente
en cereales y productos de cereales. Los principales síndromes que pueden
provocar son: neurotóxicos (leucoencefalomelacia), nefrotóxicos,
hepatotóxicos, edema pulmonar y cerebral, lesiones cardiacas y cáncer
de esófago. Los órganos afectados son: cerebro, pulmón,
hígado, riñón y corazón.
2.3.1.- PTDI y NOAEL para Fumonisinas
La PTDI (TDI provisional) para FB1, FB2 y FB3, solas o en combinación
es de 2 microgramos/Kg p.c./día. Este valor está obtenido dividiendo
el valor de NOAEL de 200 microgramos/Kg p.c./día por el factor de seguridad
de 100 (JECFA, 2001; WHO, 2002).
2.3.2.- La Legislación
La UE no tiene legislación para fumonisinas y el FDA aconseja niveles
máximos de contaminación con fumonisinas (FB1+FB2+FB3), de 2000
microgramos/Kg para productos del maíz desgerminados; de 4000 microgramos/Kg
para productos del maíz parcialmente desgerminados, salvado de maíz
y maíz limpio destinado a la producción de pastas y de 3000 microgramos/Kg
para maíz limpio destinado a la producción de palomitas de maíz.
En Suiza la concentración máxima admisible que fue propuesta para
fumonisinas (FB1+FB2) fue de 1000 microgramos/Kg en productos del maíz
(Zoller et al, 1994; FDA, 2000a; CAST, 2003,).
2.3.3.- Ocurrencia de Fumonisinas e ingestas
La mayor incidencia de contaminación con FB1 y FB2 ocurre en el maíz
y los productos del maíz (pan de maíz extrusionado, palomitas
de maíz, copos de maíz, harina de maíz, pasta de maíz,
polenta y otros productos del maíz), el rango de contaminación
encontrado es muy amplio y puede oscilar entre 0,15 y 7900 microgramos/Kg para
FB1 y entre 0,10 y 2250 microgramos/Kg para FB2. En maíces enmohecidos
que fueron utilizados para la elaboración de la cerveza fueron encontrados
niveles de FB1 comprendidos entre 110 y 117520 microgramos/Kg (media de 53740
microgramos/Kg) para FB1 y de 0 a 22960 microgramos/Kg (media de 13680 microgramos/Kg)
para FB2 (COST, 2001, Marasas, 1995).
Los estudios estadísticos efectuados revelan que los valores medios de
ingesta de FB1 a nivel internacional son: Europa, 0,2 microgramos/Kg p.c./día;
América Latina, 1,0 microgramos/Kg p.c./día; África, 2,4
microgramos/Kg p.c./día; Oriente Medio, 1,1 microgramos/Kg p.c./día,
Extremo Oriente, 0,7 microgramos/Kg p.c./día; Canadá, 0,02 microgramos
y USA, 0,08 microgramos/Kg p.c./día. Destacamos que en el Reino Unido
(UK) y Suiza la ingesta media es de 0,03 microgramos/Kg p.c./día y en
Holanda es de 0,06 y 1 microgramos/Kg p.c./día, para el total de la población
y para los consumidores regulares de maíz, respectivamente. Si tenemos
en cuenta la PTDI anteriormente mencionada para FB1 de 2 microgramos/Kg p.c./día,
vemos claramente que todos estos consumos medios respecto a todos estos países
menos África, están por debajo de ese valor, mismo cuando la ingesta
de FB1 debe ser incrementada en un 40% si tenemos en cuenta la presencia de
las fumonisinas FB2 y FB3 (JECFA, 2001; WHO, 2002).
2.3.4.- Micotoxicosis
El mecanismo de acción de las fumonisinas consiste esencialmente en
la inhibición de la síntesis de los esfingolipidos (esfinganina y esfingosina), éstos controlan la comunicación
entre células. Actualmente, no hay una evidencia directa para afirmar
que las fumonisinas causen problemas de salud en los humanos. A pesar de esto
los problemas de cáncer de esófago y de estomago han sido asociados
al consumo frecuente de géneros alimenticios contaminados con fumonisinas,
esencialmente los productos del maíz en países tales como Sudáfrica,
China, Italia y a los problemas de síntomas gastrointestinales adversos
como diarreas y espasmos dolorosos en la India por consumos de sorgo y maíz
enmohecidos y contaminados con altos niveles de fumonisinas. Sin embargo, la
Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC)
concluye que los estudios y datos cuantitativos disponibles no son significativamente
conclusivos y son insuficientes para evidenciar que las fumonisinas ingeridas
por vía oral sean carcinogénicas para los humanos y así
pues son consideradas como “posibles carcinogénicas” (IARC,
1993; EC, 2000; FDA, 2000a; CAST, 2003).
2.4.-Vomitoxina o deoxinivalenol
La vomitoxina o deoxinivalenol (DON) forma parte de la familia de las micotoxinas
tricotecenas. Es producida por varias especies de Fusarium, en esencial
por el Fusarium graminearum(Gibberella zeae) y el Fusarium
culmorum. Se puede encontrar como contaminante natural en los cereales
y productos de cereales. El principal síndrome que provoca es el gastroentérico.
La vomitoxina tiene una potente actividad inmunosupresiva. El principal órgano
afectado es el aparato digestivo. La vomitoxina reduce también el crecimiento
en niños.
2.4.1.- TDI, PTDI, NOAEL para Vomitoxina o deoxinivalenol
La TDI para DON varía entre 0,04 y 0,375 microgramos/Kg p.c./día
dependiendo de la dirección que se de a los estudios realizados en el
efecto crítico de esta micotoxina. Actualmente se ha decidido establecer
la TDI con respecto al efecto crítico producido en la reducción
del crecimiento en ratones durante un periodo de 2 años y así
se establece un valor de NOAEL de 100 microgramos/Kg p.c./día que dividido
por el factor de seguridad de 100 nos da una TDI provisional (PTDI) de 1 microgramos/Kg
p.c./día (Iverson et al., 1995; EC, 1999; Pieters et al.,
1999).
2.4.2.- La legislación
La UE no tiene legislación para DON. En 1999 y en Holanda, se propusieron
limites de concentración máxima para esta micotoxina que van desde
120 microgramos/Kg para trigo limpio; 60 microgramos/Kg para pan y 120 microgramos/Kg
para géneros alimenticios con contenido de trigo superior a 33%. Para
los géneros alimenticios con contenido de trigo inferior a 33% se sugiere
controlar el trigo limpio utilizado como ingrediente y aplicar el criterio establecido
para éste (Pieters et al, 1999).
2.4.3.- Ocurrencia de Vomitoxina o deoxinivalenol e ingestas
La mayor incidencia de contaminación ocurre en los cereales (esencialmente
trigo, maíz y cebada) y productos de cereales (pan, galletas, bizcochos,
pastas, cereales de desayuno, croissant y otros). El rango de contaminación
puede oscilar entre 1 a 5700 microgramos/Kg para el trigo; de 3 a 3700 microgramos/Kg
para el maíz; de 4 a 9000 microgramos/Kg para la cebada; de 4 a 760 microgramos/Kg
para la avena; de 6 a 5100 microgramos/Kg para el arroz y de 13 a 240 microgramos/Kg
para el centeno. En cereales de desayuno a base de trigo se tienen encontrados
niveles de contaminación que fueron desde 103 a 6040 microgramos/Kg con
una media de 754 microgramos/Kg (COST, 2001; Martins y Martins, 2001; JECFA,
2001; WHO, 2002).
La ingesta de DON en las dietas de África y Oriente medio se estimó
en 0,77 y 2,4 microgramos/Kg p.c./día, respectivamente. No tenemos datos
sobre las medias de ingestión de DON en las dietas de Europa, América
Latina y Extremo Oriente. Sin embargo, los consumos mayores de trigo (64 a 88%
del total de la dieta) se dan en Europa, América Latina y Oriente Medio
mientras que en África y Extremo Oriente hay mayor variedad de consumo
de cereales, trigo, arroz y maíz, trigo y arroz, respectivamente (JECFA,
2001; WHO, 2002).
En Holanda hay una gran preocupación por las ingestiones de DON, ellos
consideran que los niños de 1 a 4 años (media de peso corporal
= 10 Kg) de edad corren un gran riesgo con la ingestión de esta micotoxina
visto que calculan consumos de trigo del orden de 4,5 a 8,5 g/Kg p.c./día.
El rápido crecimiento de los niños puede ser reducido por uno
de los efectos adversos del DON.
Los holandeses se basan en una dieta para niños y niñas a base
de pan y productos del trigo con más de 33% de trigo. Ellos consideran
que niños y niñas de 1 a 4 años de edad con un peso medio
de 10 Kg pueden ingerir diariamente una media de 51 g de pan + 72 g de productos
del trigo y de 46 g de pan + 46 g de productos de trigo, respectivamente. A
partir de estos datos hacen la suposición de que ese pan y esos productos
de trigo estuvieran contaminados uniformemente con las concentraciones de DON
máximas permitidas que ellos proponen y ya mencionadas de 60 microgramos/Kg
para pan y de 120 microgramos/Kg para esos productos de trigo. El calculo nos
daría una ingesta diaria total de DON para los niños de 11,7 microgramos
y de 8,3 microgramos para las niñas. Si dividimos esto por 10 (peso corporal
medio de esos niños) nos dará la ingesta diaria por Kg de peso
corporal (Pieters et al., 1999) y si comparamos con la TDI para DON
antes referida de 1 microgramo/Kg p.c./día, llegamos a la conclusión
que los niños injerirían en estas condiciones un 117% de la TDI
y las niñas un 83% de la TDI. Es evidente que a partir de esas contaminaciones
y cuanto más elevadas sean, mayor será el riesgo para esos niños
y niñas.
Con las concentraciones máximas permitidas de DON y que fueron propuestas
por Holanda en 1999, no es de esperar que se produzcan efectos adversos en la
salud de los niños ni en la de la población en general. Esas concentraciones
limite fueron calculadas considerando que los niños estuvieran ha consumir
la cantidad más alta de trigo, o sea, 8,5 g/Kg p.c./día. Si asumiéramos
que el consumo de trigo fuera de 4,5 g/Kg p.c./día, que es la cantidad
más baja, las concentraciones de DON máximas tolerables podrían
ser dos veces más grandes que las anteriormente referidas. Teniendo en
cuenta que el efecto adverso consistente en el atraso del crecimiento es un
efecto reversible, podríamos dar como temporalmente aceptable que esos
límites de concentración de micotoxina fueran el doble de los
anteriores (Pieters et al, 1999). Sin embargo, esos valores son significativamente
más bajos que las concentraciones máximas de DON de 2000 y 1000
microgramos/Kg, establecidas en Estados Unidos de América y Canadá,
respectivamente, para trigo y productos a base de trigo para consumo humano
(FAO, 1997)
2.4.4.- Micotoxicosis
En Asia (entre 1961 y 1985) hubo casos agudos de trastornos gastrointestinales
con nauseas, vómitos, diarrea con sangre, mareos dolor de cabeza y fiebre
que fueron relacionados con el consumo de cereales para humanos contaminados
con 3000 a 93000 microgramos DON/Kg. Los síntomas aparecieron a los 5-30
minutos del consumo de los géneros alimenticios contaminados y afectaron
a un total de 7818 personas, no hubo muertes. Problemas semejantes a los expuestos
anteriormente, ocurrieron en India en 1987 y afectaron a 50000 personas (150
familias), estos problemas fueron relacionados con el consumo de pan elaborado
con trigo enmohecido y contaminado con 340 a 8400 microgramos DON/Kg. En los
análisis fueron encontradas también otras micotoxinas tricotecenas
como acetildeoxinivalenol ( 600 a 2400 microgramos/Kg), nivalenol (30 a 100
microgramos/Kg) y toxina T-2 (550 a 4000 microgramos/Kg). Es evidente que esas
otras micotoxinas que pueden a veces estar asociadas a DON, agravaron los problemas
anteriores (Kuiper-Goodman, 1994; JECFA, 2001). Recordemos finalmente, los problemas
antes referidos sobre la reducción del crecimiento en niños y
que puede ser provocado por la vomitoxina o deoxinivalenol.
2.5.- Patulina
La patulina es una micotoxina producida por varias especies de Penicillium
principalmente el Penicillium espansum, especies de Aspergillus
y Byssochylamys pueden también producir patulina. Se puede encontrar
como contaminante natural en manzanas, peras, albaricoques, melocotones, uvas
y otras frutas con zonas empodrecidas, zumos y compotas de fruta y quesos. El
principal síndrome que provoca es el neurotóxico afectando al
sistema nervioso, puede haber también hepatotóxicosis y nefrotóxicosis
así como carcinomas. Se han dado casos de nauseas y vómitos. Es
inmunosupresiva.
2.5.1.- NOAEL y PTDI para Patulina
El valor de NOAEL para patulina se deriva de los estudios efectuados durante
109 semanas con diferentes dosis de patulina ( 0,0; 100; 500 y 1500 microgramos/Kg
p.c.) administradas a ratones machos y hembras, tres días por semana
y por vía de intubación gástrica. La concentración
más alta causo en ambos sexos una elevada mortalidad. Con la dosis de
100 microgramos/Kg p.c. no se notaron efectos adversos, esto corresponde a 300
microgramos/Kg p.c./semana lo que da 43 microgramos/Kg p.c./día y que
fue el valor de NOAEL atribuido. Si este valor se divide por 100 como factor
de seguridad tenemos la TDI provisional (PTDI) = 0,43 microgramos/Kg p.c./día
(FDA, 2000b).
2.5.2.- La legislación
La UE tiene legislación para patulina (Official Journal of the European
Union, 2003a) y los niveles de contaminación máximos permitidos
varían entre 10 a 50 microgramos/Kg y están circunscritos a los
zumos de frutas, concentrados de zumos de frutas, compotas y otros productos
derivados de la manzana, el nivel más bajo de contaminación permitido
correspondiente a 10 microgramos/Kg está referido a los alimentos antes
indicados y que están destinados a los niños.
Algunos países como Austria, Noruega y Suiza establecen una concentración
máxima de tolerancia para esta micotoxina del orden de 50 microgramos/Litro
en zumo de manzana. Otros como Polonia la establecen en 20 microgramos/Litro
(Smith et al., 1994).
2.5.3.- Ocurrencia de Patulina
Se han encontrado contaminaciones con patulina en zumos de fruta del orden
de 2 a 60 microgramos/Litro, de 460 a 1450 microgramos/Litro en concentrados
de zumo de manzana y de 5 a 960 microgramos/Litro en zumos de manzana. En manzanas
y peras enmohecidas se han llegado ha encontrar contaminaciones con patulina
del orden de 972 a 25760 microgramos/Kg y 372 a 20634 microgramos/Kg, respectivamente.
Destacamos que la mayoría de esas contaminaciones en peras y manzanas
iban acompañadas de la micotoxina nefrotóxica denominada citrinina,
en concentraciones del orden de 11,84 a 29,44 microgramos/Kg en las manzanas
y de 51,6 a 139,8 microgramos/Kg en las peras (COST, 2001; Martins et al.,
2002)
2.5.4.- Micotoxicosis
Los datos sobre la toxicidad de la patulina son escasos, no hay datos epidemiológicos
y tampoco hay datos conclusivos de que esta micotoxina sea cancerigena para
los humanos. Se considera que la exposición a la patulina representa
más riesgo para niños de 2 a 5 años de edad con un peso
corporal medio de 20 Kg por consumir una media de 350 ml de zumo de manzana/semana
a diferencia del consumo medio atribuido a los adultos de 430 ml de zumo de
manzana/semana con un peso corporal medio de 60 Kg. Otros estudios atribuyen
consumos de 216 ml de zumo de manzana/día a niños de 1 a 2 años
de edad con un peso corporal medio de 12 Kg y de 200 ml/día para personas
de 64 Kg de peso. Considerando que el zumo de manzana estuviera contaminado
uniformemente con 10 microgramos de patulina/Kg (nivel máximo permitido
en la UE para niños) y teniendo en cuenta los últimos datos de
consumo diario de zumo de manzana, tendríamos que para los niños
de 1 a 2 años de edad la ingesta de patulina seria de 0,18 microgramos/Kg
p.c./día (valor inferior a la PTDI) y para los adultos seria de 0,16
microgramos/Kg p.c./día (valor inferior a la PTDI) si consideramos que
el zumo de manzana estuviera contaminado uniformemente con 50 microgramos/Kg
(nivel máximo permitido en la UE para jóvenes y adultos). Los
efectos adversos gastrointestinales, inmunotóxicos y neurotóxicos
producidos por esta micotoxina en las pruebas efectuadas en roedores no se han
podido de momento extrapolar a los humanos. Los estudios realizados acerca de
la inmunotoxicidad han sido asociados a la ingestión de cantidades de
patulina que son substancialmente más elevadas que aquellas a las que
normalmente están expuestas los humanos (Smith et al., 1994;
FDA, 2000).
3.- Prevención, Descontaminación, Inactivación y Detoxificación
La mejor prevención empieza en el campo donde son cultivados muchos
de estos alimentos base como por ejemplo los cereales y es allí donde
empieza uno de los focos de contaminación. El estudio de cereales genéticamente
modificados o variedades resistentes al crecimiento y proliferación de
ciertos mohos toxicogénicos y al ataque de insectos es cada vez mayor,
sin embargo los otros estudios efectuados sobre los posibles efectos adversos
en la salud humana con el consumo de estos cereales dificulta todas estas prevenciones
al respecto, continuando pues con el uso de fungistáticos e insecticidas
adecuados y debiendo cuidar en estos últimos de que los niveles de residuos
estén dentro de las concentraciones no nocivas y permitidas
Es evidente que el control, exigencia y rugosidad en la calidad de las materias
primas en el momento de la compra y uso de éstas sin contaminación
detectable para la elaboración tanto de los alimentos compuestos para
animales como de los géneros alimenticios para humanos, es el primer
paso ha tener en consideración en la eliminación o reducción
de las micotoxicosis. Sin embargo otros factores como son la higiene constante
y la desinfección periódica en el almacenamiento de materias primas
y en las plantas de fabricación donde son elaborados los géneros
alimenticios, así como el control del producto acabado, deben ser tenidos
en cuenta y puestos en práctica a fin de continuar con los objetivos
de prevención de riesgos anteriormente referidos.
Se han estudiado métodos físicos, químicos, biológicos
y otros, para la prevención, descontaminación, inactivación
e detoxificación de las micotoxinas, algunos de ellos solo a nivel de
planta piloto o laboratorial y otros que son impracticables o bien por su elevado
costo, o por la falta de suficiente efectividad, o bien porque mismo siendo
económicos y efectivos, éstos dejan residuos en el alimento que
después por otro lado pueden ser perjudiciales a la salud.
En general, esos métodos deben ser sistemas que estén preparados
para el tratamiento de grandes cantidades de alimento, su aplicación
debe ser capaz de conseguir la inactivación e/o detoxificación
de concentraciones elevadas de micotoxina, en estos métodos se debe tener
en cuenta que a veces la micotoxina puede estar protegida dentro del alimento
por estar unida a estructuras proteicas o bien a otros constituyentes, estos
métodos deben tener en cuenta en su forma de aplicación, que la
micotoxina, debido a las zonas de microflora, no esta uniformemente repartida
en la masa alimentar. Estos métodos deben ser eficaces, baratos y no
deben modificar significativamente los valores nutritivos del alimento, el tratamiento
no debe dejar residuos que después puedan ser adversos para la salud
animal y humana.
Citaremos de una forma breve en este articulo los métodos que pueden
ser aplicables para fines de prevención, de descontaminación,
de detoxificación y de inactivación más o menos con una
significativa efectividad. Algunos de ellos son comunes tanto para la elaboración
de alimentos compuestos para alimentación animal como para la elaboración
de los géneros alimenticios para humanos.
3.1.- Métodos físicos
En cuanto a métodos físicos diremos que en la fabricación
de alimentos compuestos para animales, la conservación de las materias
primas con un control adecuado de humedad (no superior a 12%), actividad de
agua, aw (inferior a 0,70), temperatura (20-22ºC), tratamiento de las materias
primas en los silos con corrientes de aire frío y seco, tratamientos
con corrientes de anhídrido carbónico y la limpieza y desinfección
de los circuitos de fabricación, ayudan a evitar el crecimiento de especies
de mohos toxicogénicos y la posible producción de micotoxinas.
El problema se origina cuando esas materias primas ya vienen contaminadas con
micotoxinas antes del almacenamiento.
Los métodos de selección de granos de cereales, los descascados
y posterior separación mecánica de la cáscara y el polvo
del resto del cereal, resultan adecuados para una detoxificación visto
que habitualmente la mayor concentración de micotoxinas ocurre en el
pericarpio de los granos y en el polvo de cereal. Sistemas tales que pueden
ser utilizados tanto en los alimentos para animales como para humanos.
Los tratamientos térmicos también pueden tener resultados positivos,
sin embargo las micotoxinas son en general bastante resistentes a ciertas temperaturas,
así pues, las aflatoxinas, ocratoxina A y fumonisinas resisten temperaturas
hasta 120 , 100 y 150ºC, respectivamente. La patulina resiste muy bien
los procesos de pasteurización y temperaturas de 100ºC. La vomitoxina
o deoxinivalenol es resistente a temperaturas de 150ºC y más, incluso
las utilizadas en la elaboración del pan, galletas y otros productos
del trigo. Sin embargo la efectividad de la detoxificación térmica
esta limitado al tiempo de permanencia a determinadas temperaturas y la presión
a que son realizados los tratamientos a esas temperaturas. Tiempos de permanencia
mayores pueden dar detoxificaciones más efectivas pero pueden estropear
el alimento y hacerlo inadecuado para consumo.
En general, el tostado o freidura a 150-200ºC durante 30 minutos pueden
reducir la AFB1 en cacahuetes, nueces, maíz y otros géneros alimenticios
en un 40 a 80% y la OTA en cafés (durante 5 minutos) en un 80 a 90%.
El autoclave a 120ºC durante 30 a 240 minutos, de productos tales como,
harina de maíz, harina de cacahuete, arroz, frutas y especias puede reducir
la AFB1 en un 29 a 95% y la OTA durante 3 horas en géneros alimenticios
a bases de cereales, en un 70%. El sistema de preparación de las famosas
tortillas de maíz reduce la contaminación con AFB1 en un 70%.
La descafeinización de los cafés reduce el contenido en OTA en
un 90% (Smith et al., 1994; EC, 1999; JECFA, 2001; WHO, 2002).
En la leche, hay procesos de pasteurización a 64ºC durante 20 minutos,
calentamientos a 64-100ºC durante 15-20 minutos, calentamientos directos
durante 3-4 horas y otros procesos de pasteurización y esterilización
que son inefectivos en cuanto a la reducción de la concentración
de AFM1. Sin embargo, hay procesos de calentamiento a 71-120ºC durante
30 minutos donde se han conseguido reducciones de 12 a 35% para esta micotoxina
y existen otros procesos de pasteurización, esterilización, secado
Roller y Spray en donde se han conseguido reducciones de AFM1 que oscilan entre
32 a 86%.
En quesos, con calentamientos a 82-100ºC durante 5 a 30 minutos no se han
conseguido reducciones significativas de AFM1, a lo sumo solo de un 9% a 90ºC
durante 30 minutos. La AFM1 va al queso en un 40-60% del total de AFM1 de la
leche. Se piensa que la precipitación de la caseína arrastra y
se asocia con la AFM1 y es por eso que, a pesar de que AFM1 es muy soluble en
agua y lo lógico sería ir al suero, un elevada proporción
de ésta va al queso (Yousef y Marth, 1989).
Las técnicas habituales de producción de zumos de fruta llegan
solo a reducir en un 20% la concentración de patulina. Sin embargo cuando
se procede a la clarificación de los zumos de fruta por procesos de filtración,
centrifugación y tratamiento con enzimas, las reducciones de contaminación
pueden ser del orden de 70 a 77% si bien la mayor concentración de patulina
puede pasar a la pulpa (Martins et al., 2002). Es evidente que el cuidado
en eliminar la parte enmohecida de las frutas antes de proceder a la fabricación
de los zumos es una excelente practica que previene la posterior contaminación
del producto elaborado.
3.2.- Métodos químicos
Dentro de los métodos químicos de inactivación destacan
los aplicados contra las aflatoxinas como el amoniaco y el tratamiento con hidróxido
calcico y monometilamina con los que se pueden conseguir en algunas materias
primas (harinas y tortas de cacahuete, algodón y semillas de oleaginosas),
reducciones de las aflatoxinas en un 98% por la transformación de éstas
en metabolitos no tóxicos (aflatoxinas B2a y G2a). Se ha puesto en causa
que el tratamiento con amoniaco provoca una reducción del aminoácido
cisteina del orden de un 15 a 30%. En el tratamiento del maíz se produjo
una decoloración y los residuos de amoniaco dejaron olores remanentes
en el cereal. El segundo tratamiento con hidróxido calcico y monometilamina
no disminuyo significativamente la digestibilidad de las proteínas ni
la utilización proteica neta ni interfirió con los caracteres
organolépticos de la materia prima (Giddey, 1977; Jemmali, 1983; CAST,
2003). Hirviendo los granos de maíz con una solución acuosa de
hidróxido calcico, enfriando y efectuando sucesivos lavados para remover
el pericarpio y el exceso de hidróxido calcico, se pueden conseguir significativas
reducciones de contaminación con fumonisinas por conversión de
estas en sus formas hidrolizadas. Estos granos lavados son utilizados para elaborar
géneros alimenticios tales como las tortillas de maíz y otros
productos del maíz, sin embargo se pone en causa que los productos resultantes
de la transformación sean también tóxicos (FDA, 2000; JECFA,
2001; WHO, 2002).
3.3.- Utilización de fungistáticos
El uso de fungistáticos como inhibidores del metabolismo, crecimiento
y proliferación de los hongos (mohos + levaduras) esta ha ser utilizado
desde hace ya muchos años y se aplica a los alimentos para animales y
humanos. Un fungistático o mezcla de ellos actúa inhibiendo la
síntesis de varios enzimas a nivel de célula fúngica y
por tanto el metabolismo del hongo, evitando así su crecimiento y proliferación.
Consecuentemente el riesgo de contaminación con micotoxinas se vera reducido
o anulado. Sin embargo, si las micotoxinas ya están contaminando el alimento,
el fungistático no actuara sobre estas.
Los fungistáticos más comunes utilizados en alimentación
animal son: ácido propionico y sus sales calcica y sodica, propionato
de amonio, ácido sórbico y su sal potasica, ácido fórmico
y sus sales calcica y sodica. En la alimentación humana son utilizados:
las sales calcica y sodica del ácido propionico y muy comúnmente
el ácido sórbico y su sal potasica en géneros alimenticios
tales como quesos, productos del trigo, tartas y pasteles, frutos secos, margarinas,
mayonesa, mermeladas y jaleas, vinos, zumos de fruta y otros.
Los productos anteriormente mencionados son a veces mal llamados, “fungicidas”,
un fungicida actúa destruyendo la membrana celular fúngica y matando
al hongo este es el caso del formaldehído, de los pesticidas, herbicidas
y otros. Los fungicidas no son utilizados ni están autorizados para ser
utilizados en los productos alimenticios directamente, tanto en los animales
como en los humanos visto que sus efectos tóxicos y agresivos pueden
causar serios efectos adversos en la salud animal y humana.
Es de resaltar que el uso indebido de fungistáticos en concentraciones
sub-inhibitorias puede en algunos casos ocasionar que éstos sean metabolizados
por algunas especies de mohos toxicogénicos favoreciendo la producción
de micotoxinas (Smith et al., 1994).
3.4.- Utilización de aditivos adsorbentes de micotoxinas y enzimas biotransformadoras
Actualmente hay un gran interés para el control de las micotoxinas con
el uso de aditivos adsorbentes de micotoxinas como son los aluminosilicatos
de calcio y sodio hidratados (HSCAS) que forman parte de la familia de las arcillas
filosilicatos y con el uso de los glucomananos esterificados incorporados ambos
al alimento compuesto para animales. Respecto a las arcillas hay otras que también
son utilizadas como adsorbentes. El fenómeno de quimi-adsorción
se efectúa dentro del organismos animal y tiende ha formar con la micotoxina,
compuestos inertes, estables e irreversibles que son eliminados por las heces.
Algunos de estos productos tienen un espectro de acción y eficacia de
adsorción muy limitada, incluso hay algunos con los que se corre el riesgo
de absorber nutrientes. Existen actualmente filósilicatos modificados
que parece ser que tienen una buena eficacia Adsorbente dentro de un mayor espectro
de acción.
Esta también muy difundido el uso de enzimas biotransformadoras de micotoxinas.
Estas enzimas son incorporadas al alimento compuesto y dentro del animal tienden
a biotransformar la micotoxina en compuestos derivados que después son
eliminados por la orina y las heces. Estos compuestos pueden ser en algunos
casos menos tóxicos o no tóxicos respecto a la micotoxina original,
sin embargo esto no es exactamente así para algunas micotoxinas incluso
en las reacciones intermedias de biotransformación se pueden formar compuestos
igual o más tóxicos que la micotoxina original.
El uso de estos productos en humanos es importante de una forma indirecta a
través del animal, o sea, su incorporación en alimentos compuestos
para vacas lecheras puede conseguir que con la detoxificación de la aflatoxina
B1, el riesgo de que la vaca transforme la AFB1 en AFM1 sea prácticamente
nulo. Si la detoxificación es efectiva para otras micotoxinas esto impedirá
la deposición de residuos tóxicos de éstas en los diferentes
tejidos comestibles.
3.5.- Métodos biológicos
Dentro de los métodos biológicos se han efectuado estudios y
pruebas para el estudio de microorganismos (Sacharomices cerevisiae, Flavobacterium
aurantiacum, Rhizopus, spp, Neurospora sitophila y microorganismos del
rumen) que degraden en determinadas condiciones ciertas micotoxinas. A nivel
laboratorial se han obtenido resultados efectivos en la degradación de
las micotoxinas aflatoxinas, patulina, ocratoxina A, zearalenona, toxina T-2,
diacetoxiscirpenol y rubratoxina A, sin embargo la aplicación práctica
de estos sistemas está aun en procesos de estudio y desarrollo (Smith
et al., 1994).
4.- Comentarios
Es muy difícil sacar conclusiones significativas en un tema tan complejo
como es el de la micotoxicosis en humanos y mucho más cuando los riesgos
están mezclados con otros tanto o más importantes como las contaminaciones
con metales pesados, dioxinas, contaminaciones bacterianas ... etc. Si a todo
esto le sumamos algunos de los factores antes mencionados que agravan la toxicidad
como pueden ser, un mal estado fisiológico del individuo o de su salud,
el articulo acaba más con “comentarios” que con “conclusiones”.
El establecer una legislación para micotoxinas esta sujeto a toda una
serie de factores primarios que dificultan este objetivo, a saber: Disponibilidad
de datos toxicológicos; Disponibilidad de datos respecto a la incidencia
de micotoxinas en varios alimentos; Homogeneidad de la micotoxina en la masa
alimentar; Disponibilidad de métodos analíticos para el control
y concentraciones mínimas detectables de micotoxina; Legislación
en otros países con los que hay contactos comerciales y la necesidad
en algunos países de ser abastecidos suficientemente en cuanto a alimentos
(Van Egmond, H.P., 1999).
Independiente de los países referidos en el articulo con respecto a legislación
o reglamentaciones para micotoxinas se puede obtener un gran información
mundial al respecto consultando la referencia CAST, 2003, en donde están
referidos unos 88 países.
Las referencias anteriormente indicadas (CCFAC, 1999; CCFAC, 2000; CCFAC, 2001;
CODEX, 2002) contienen los resultados de las discusiones establecidas al respecto
del nivel máximo de contaminación con AFM1 de 0,05 microgramos/Kg
“versus” 0,5 microgramos/Kg.
Teniendo en cuenta las preocupaciones con la salud pública, la UE continua
manteniendo el nivel máximo de 0,05 microgramos/Kg en la leche y de 0,025
microgramos/Kg en los alimentos lácteos para lactantes.
Así, debe aplicarse el principio de ALARA, es decir, que el nivel máximo
debe ser tan bajo como sea razonablemente posible, al contrario de la opinión
de los países que están contra ese nivel y defienden el de 0,5
microgramos/Kg.
Aunque la AFM1 tenga una potencia carcinogénica 9 a 10 veces menor que
la AFB1, y aunque después de los estudios presentados y mencionados anteriormente
(JECFA, 2001; WHO, 2002) el riesgo adicional de cáncer de hígado
pronosticado era insignificante si se pasaba de 0,05 microgramos/Kg a 0,5 microgramos/Kg,
la exposición a cualquier nivel cuando se trata de un carcinógeno
genotóxico, como es el caso de la AFM1, puede suponer un riesgo sanitario
para los consumidores, en especial para los niños. Esto refuerza la aplicación
del principio de ALARA, que dice que para ese tipo de carcinógenos, no
hay una dosis máxima por debajo de la cual no se produzcan tumores malignos,
por lo que que el nivel de exposición debería ser de 0 para tener
un riesgo nulo a padecer cáncer de hígado que pueda ser provocado
por las aflatoxinas en general.
El Comité científico de la Unión Europea indica que hay
que valorar cuidadosamente los riesgos derivados de la exposición a estas
micotoxinas, ya que la ingesta de leche y derivados entre lactantes y niños
puede ser considerable.
No existen aún suficientes evidencias de que la OTA sea cancerigena
para los humanos, sin embargo existe una conciencia de que hay que disminuir
los riesgos de exposición a la micotoxina mismo para reducir los problemas
de nefropatía atribuidos en algunos países al consumo de géneros
alimenticios contaminados con OTA. La CE tiene establecida ya una legislación
reciente para OTA en ciertos géneros alimenticios para humanos y es de
esperar que en un futuro breve se establezca legislación para géneros
alimenticios de consumo muy frecuente y continuado como son vinos y cafés.
A pesar de que las fumonisinas han sido consideradas como posibles carcinogénicas,
los países donde la incidencia de cáncer de esófago y problemas
gastrointestinales es significativa, continúan a relacionar toda esta
problemática con el consumo de géneros alimenticios contaminados
con fumonisinas en especial con la FB1. Solo el FDA establece unas reglamentaciones
para algunos géneros alimenticios y consideramos que se deben realizar
más estudios sobre los riesgos de la exposición a esta micotoxina.
Parece ser que la vomitoxina o deoxinivalenol tiene una especial atención
en algunos países donde los niños son grandes consumidores de
productos del trigo ya que el riesgo que ellos corren de que la exposición
a esta micotoxina interfiera negativamente en su rápido crecimiento,
es motivo de preocupación. Sin embargo la vomitoxina puede contaminar
el género alimenticio junto con otras pertenecientes también a
la familia de los tricotecenos como es el caso de la toxina T-2 y otras, situación
tal que complica la evaluación de riesgos para esta micotoxina
Respecto a la patulina, los estudios sobre su toxicidad continúan a
ser efectuados y muy en especial pensando en el riesgo que puede suponer para
los niños que son grandes consumidores de zumos de fruta.
Los muchos datos de que disponemos sobre residuos de algunas micotoxinas en
la carne y los huevos son sacados de pruebas experimentales publicadas donde
las concentraciones de contaminación en los alimento compuestos para
animales son muy grandes para que las concentraciones de residuos sean significativas,
si a todo esto tenemos en cuenta que los procesos térmicos a los que
en general son sometidos esos alimentos antes de ser consumidos pueden conducir
a una reducción de las contaminaciones, ello nos llevo a pensar que no
sería muy relevante citar estos residuos en este articulo (Gimeno y Martins,
2000 y 2002a).
No pretendemos con este articulo provocar situaciones de alarma al respecto
y simplemente queremos comunicar una situación lo más actualizada
posible al tema en cuestión. El consumo variado de géneros alimenticios
reduce los riesgos de micotoxicosis, sin embargo hay países y mismo ciertas
poblaciones dentro de un mismo país que por deficiencias económicas
no se pueden valer de esta variedad en sus hábitos alimentares. Es por
ese motivo que los esfuerzos y ayudas económicas para conseguir mejores
y más seguros métodos de prevención, descontaminación,
detoxificación e inactivación, a la vez que la rigurosidad en
la exigencia de calidad en los alimentos compuestos para animales y en los géneros
alimenticios para los humanos, deben ser cada vez mayores.
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ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Estimados lectores y participantes en el foro,
A través de una persona lectora de www.engormix.com (sección: micotoxinas) he obtenido una información que creo debo comunicar:
Si UDS. van a la página web: http://web.doh.state.nj.us/rtkhsfs/indexfs.aspx
Y del lado derecho escogen “RTK en español” y después en la lista alfabética, escogen “aflatoxinas”, obtendrán de “New Jersey Department of Health and Senior Service” una hoja informativa (en fichero pdf) sobre substancias peligrosas, en este caso las aflatoxinas (en humanos), que estoy seguro que es de extrema importancia e interés para todos. Quizás muchos de UDS ya lo saben y lo han consultado pero creo que no esta de más recordarlo.
Quienes desean bajar el documento PDF directamente: CLICK AQUI
Un saludo.
Gimeno
Respuesta Chequeada por Engormix.com
02/10/2007
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Apreciados lectores y participantes del foro:
Estamos tocando el tema de los riesgos de micotoxicosis por inhalación y no podemos olvidarnos como UDS ya saben, de los riesgos que pueden entrañar la inhalación de polvo contaminado con esporas fúngicas o/y hongos que ya están creciendo y proliferando. Sin querer profundizar en el vasto tema de las micosis en humanos que pueden llevar a problemas alérgicos, respiratorios (aspergillosis), dermatológicos y otros, me limito a indicar que las precauciones y normas a seguir para evitar riesgos y que son mencionadas en la hoja informativa sobre substancias peligrosas (New Jersey Department of Health and Senior Services) que ayer referí, son perfectamente aplicables al susodicho riesgo por parte de los hongos en sí. Tampoco debemos olvidarnos de los riesgos que pueden existir con el contacto con la piel de polvo contaminado con tricotecenos dermatóxicos.
El riesgo de todas estas problemáticas es más acentuado en las personas que están trabajando en molinos de cereales y/o afines, que en las personas que trabajan en laboratorios de control de calidad, y a pesar de que las precauciones deben ser tomadas en ambas, en las primeras deben ser más rigurosas.
Un saludo
Gimeno
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12/10/2007
Raquel Román Dra. Química/municipio De Guayaquil Guayas - Ecuador
Soy Raquel Román, estoy realizando mi tesis de maestría sobre aflatoxinas en arroz por la técnica de HPLC, pero poca información he encontrado, estoy interesada en saber si en alguna parte del mundo han hecho estudio sobre ese tema puntual y han sacado conclusiones de que efectivamente es un factor de riesgo para el cáncer hepático y los niveles de tolerancia permitida en este cereal.
Como es el metabolismo y que condiciones debe de tener el hongo para que se produzca la Micotoxinas y si se encuentra niveles por debajo de lo permitido se puede consumir el alimento, o cual sería la temperatura de cocción para eliminar o asegurar que hemos desaparecido la Mico toxina.
Les agradezco mucho sus informaciones y por favor envíeme lo que sepa.
Gracias
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12/10/2007
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Apreciada Dra. Raquel,
Al respecto de sus cuestiones, le informo:
Vaya a la página web: http://mycotoxins.csl.gov.uk/, y allí encontrara la legislación (alimentos para humanos y animales) actualizada para toda una serie de micotoxinas y en todos los países del mundo, se tendrá que registrar y después de escoger un “user name” y un “password” podrá consultar no solo la legislación sino también otras informaciones acerca de algunas micotoxinas.
Evidente que está el arroz y los máximos permitidos o tolerados en todos los países del mundo que tengan legislación de micotoxinas en alimentos para humanos y animales.
Donde tiene la legislación (Unión Europea) para aflatoxinas en alimentos para humanos y las concentraciones máximas permitidas en cereales donde evidentemente está incluido el arroz.
En lo que se refiere a estudios de ocurrencia de micotoxinas en alimentos, le aconsejo el siguiente manual:
European Commissión. COST Action 835 (año 2001). “Occurrence of toxigenic fungi and mycotoxins in plants, food and feed in Europe”. Edited by: A. Logrieco (Instituto tossine e micotossine da parassiti vegetali CNR, Bari, Italy) pp. 1-207.
Dentro de la América Latina, lo podrá encontrar en:
Mundi Prensa México, SA de CV (México DF, México)
World Publications S.A (Buenos Aires, Argentina)
Livraria Camões (Río de Janeiro, Brasil)
Sin embargo ya verá que por lo menos en Europa y hasta el año 2001, la ocurrencia de aflatoxinas en arroz según los estudios reflejados en ese manual, no era muy significativa ni relevante.
Evidente que también puede ir a www.google.com y en la búsqueda poner “aflatoxinas en arroz” o “aflatoxins in rice” , probablemente ya lo habrá hecho.
A presión atmosférica normal las aflatoxinas resisten temperaturas de hasta 120ºC. El tostado o freidura del alimento a 150-200ºC durante 30 minutos puede reducir la concentración de aflatoxina B1 en un 40 a 80%. El autoclave a 120ºC durante 30 a 240 minutos puede reducir la aflatoxina B1 en un 29 a 95%.
Las aflatoxinas son producidas por mohos del genero Aspergillus, éste es un moho que fundamentalmente pertenece a la flora de almacenamiento (no quiere decir que no se pueda encontrar en la flora de campo). En general, la temperatura mínima necesaria para desarrollarse y producir micotoxinas es de 10-12ºC. La actividad de agua (aw) necesaria para iniciar su desarrollo y para producir micotoxinas es, a partir de 0,75 y de 0,83, respectivamente. Aspergillus crece y puede producir micotoxinas de una forma óptima a 25ºC, con una actividad de agua de 0,95. Sin embargo, existen estirpes de Aspergillus flavus que en sustratos tales como el ARROZ, crecen entre 6 y 45ºC con un óptimo a 37ºC y la producción de micotoxinas se efectúa entre 11 y 36ºC con un máximo de producción a 30ºC.
En sustratos tales como cacahuete, ARROZ, sorgo, trigo y maíz, las estirpes de Aspergillus parasiticus NRRL 3000 y NRRL 2999 tienen un rendimiento de producción de aflatoxinas de 107, 107, 72, 72, 53 mg/Kg y de 104, 185, 88, 19, 47 mg/Kg, respectivamente. La estirpe NRRL 3145 tiene un rendimiento de producción en cacahuete, ARROZ, sorgo, trigo y maíz de 8,50 10,60 57,60 7,10 y 5,50 mg/Kg, respectivamente. Las estirpes de Aspergillus flavus NRRL 3251, 3357, 3517 y 3353 son productoras de aflatoxinas, sin embargo la estirpe NRRL 1957 no produce aflatoxinas.
Dra. Raquel, evidente que las aflatoxinas en especial la aflatoxina B1, son importantes y peligrosas como contaminantes de alimentos para humanos y animales como es el caso del arroz. Sin embargo hay otra micotoxina que es frecuente en el arroz y se llama Citreoviridina (producida por el Penicillium Citreoviride). El principal síndrome que produce es el neurotóxico y en el Japón, entre los años 1913-1915 en Taiwán durante 1877, 1888 y 1902 en Singapur durante 1911 y en Hawai durante 1912 se dieron problemas en humanos de parálisis ascendente, convulsiones, síndromes cardíacos y paro respiratorio asociados al consumo de arroz contaminado con Citreoviridina.
Bien espero que por lo menos, alguna cosa de la información que le he dado le sirva.
Un saludo
Gimeno
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17/10/2007
Elena Galdon Productora/ Barinas - Venezuela
Hola estimado Ing. Gimeno. Le informo a Ud y a todos los que estaban esperando la sentencia definitiva del caso por intoxicación alimentaria de aflatoxinas en alimento para cabras, CABRARINA producido por la empresa Protinal, C.A. En la demanda conocida por ud. de Maria Zabaleta, la cual fue declarada con LUGAR y la pueden encontrar en la siguiente pagina: www.tsj.gov.ve. En información seleccione decisiones y en decisiones seleccione por fecha: 15 de octubre 2007. El expediente es 4782-05 y la sentencia es 511. Demanda por Daños y perjuicios de María Zabaleta contra PROTINAL, C.A,si alguien tiene algún problema en bajarla mandeme un correo y con gusto se la mandare. Esta consta de 40 páginas aproximadamente. Asimismo, le informo, que constituimos una fundación, denominada Fundación Venezuela Libre de aflatoxinas, funvela y sería un honor contar con engormix.com y sus conocimientos y apoyo en futuras investigaciones conjuntamente con nuestros científicos que fueron los testigos del juicio citado. Saludos
Estimado Sr. Gimeno:
Es conocido que la harina de cacahuete (maní) es prácticamente proscrita en dietas para aves, en bovinos se utiliza en forma muy restringida y en Europa nada, por su alto contenido en micotoxinas.
Podría Ud. aclararnos mas el tema acerca de las posibles causas de ello, si lo comparamos por ejemplo con soja que sería una leguminosa de similares características. También si dispone de antecedentes sobre niveles de micotoxinas comúnmente encontrados en ella, y cantidades máxima razonables a utilizar en dietas para bovinos.
Agradeciendo su atención.