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Autor: Norma Arias, Juan José De Battista (INTA EEA Concepción del Uruguay)
Los principales requerimientos de los cultivos son radiación, agua
y nutrientes. Para alcanzar altos rendimientos, todos ellos deben ser satisfechos.
En el caso de la soja, debemos llegar a floración (R1-R2) con un cultivo
en estado óptimo que permita interceptar eficientemente toda la radiación
incidente y maximizar la tasa de acumulación de materia seca durante
el período de llenado de granos. Para lograr ese estado óptimo
en floración, el cultivo debe cubrir sus necesidades nutricionales.
El cultivo de soja presenta altos requerimientos nutricionales, así es
que para producir una tonelada de grano de soja se requieren 80 kg de nitrógeno
(N), 8 kg de fósforo (P), 33 kg de potasio (K) y 7 kg de azufre (S).
La oferta en el suelo de algunos de estos nutrientes proviene de la mineralización
de la materia orgánica (N y S), mientras que otros provienen del mineral
original del suelo (P y K).
Las experiencias conducidas en el centro este de Entre Ríos han sido
sobre suelos Vertisoles ya que es don-de mayormente se ha expandido el cultivo.
Pero, dentro de esa región, se encuentran también numerosos lotes
de soja en suelos denominados, localmente, mestizos localizados en una zona
de transición entre los Vertisoles y las terrazas del río Uruguay.
Estos suelos se caracterizan por presentar un horizonte superficial de textura
franco arenosa, permeable, sobre materiales gleizados a 50 cm de profundidad,
densos y poco permeables, de textura franco arcillo arenosa. Presentan muy
bajos contenidos de materia orgánica, entre 1 y 2 %, en la capa arable
y baja disponibilidad de P.
El cultivo de soja está adaptado a un amplio rango de texturas de suelo.
Se pueden producir altos rendimientos tanto en suelos arenosos como arcillosos,
si el agua y los nutrientes no son limitantes. Con el objetivo de evaluar la
respuesta a la fertilización con P y S en suelos mestizos, en la campaña
2002/03 se condujo esta experiencia, en un lote comercial de soja.
Materiales y métodos
En el establecimiento El Refugio, distrito Talita (Entre Ríos), 20 km
al sudoeste de Concepción del Uruguay, se evaluaron 4 tratamientos de
fertilización en franjas de escala comercial de 150 m de largo por 22
surcos.
Los tratamientos fueron:
1. Testigo sin fertilización.
2. 8,5 kg de P/ha.
3. 17 kg de P/ha.
4. 8,5 kg de P/ha + 13 kg de S/ha.
Se utilizó como fuente fosfatada un fertilizante granulado 0-40-0 y
como fuente azufrada sulfato de amonio (24 % de S). Los fertilizantes se aplicaron
a la siembra en el surco junto con la semilla.
La siembra se realizó el 16/11/02, con una sembradora de grano fino
para siembra directa, en surcos a 40 cm, con el cultivar A 6445 RG con una
densidad de siembra de 24 a 25 semillas/metro lineal. La semilla se inoculó con
un inoculante comercial turba en simple dosis.
El ensayo se implantó sobre un suelo mestizo (Hapludol fluvéntico),
con labranza convencional proveniente de 2 años consecutivos de soja
de primera, cuyas características fueron: Profundidad: 0-15 cm; pH:
5.94; MO: 0.93%; N Total: 0.086 %; P Bray 1: 5.7 ppm
El lote se mantuvo libre de malezas e insectos plagas. Para el control de
malezas se realizó una aplicación presiembra y dos aplicaciones
durante el cultivo de 2,5 litros/ha de glifosato. Para el control de plagas
se realizó una aplicación de 100 cc/ha de cipermetrina + 750
cc/ha de clorpirifós para barrenador, y dos aplicaciones de 120 cc/ha
de cipermetrina + 500 cc/ha de endosulfán para chinches.
Durante el ciclo del cultivo (noviembre 02 a abril 03) se registró un
total de 666 mm de lluvia y una ETP Penman de 794 mm, registrándose
un período con déficit hídrico que abarcó todo
el mes de enero.
Para la determinación de rendimiento en grano la cosecha se realizó el
17/4/03, sobre 5 parcelas de 5 m de largo por 3 surcos en cada franja.
Los resultados se analizaron estadísticamente por medio de un análisis
de varianza y test de comparación de medias (Newman-Keuls).
Resultados
En la Tabla 2 se presentan los rendimientos, los incrementos del rendimiento
por efecto de los tratamientos de fertilización y la eficiencia agronómica
de la aplicación de P.
Tabla 2. Rendimiento de soja, incremento sobre el testigo y eficiencia agronómica
del P.

En
las columnas, letras diferentes indican diferencias significativas (p<0.01)
según Test de Newman-Keuls
Todos los tratamientos de fertilización presentaron rendimientos significativamente
superiores (p<0.01) al testigo sin fertilización. No se encontraron
diferencias significativas entre los tratamientos de fertilización.
En la comparación de dosis de P se encontró un incremento promedio
de 219 kg/ha a favor de la fertilización con 17 kg de P (p<0.10).
La respuesta a la fertilización fosfatada fue de 415 kg de soja para
la dosis de 8,5 kg de P/ha y de 634 kg de soja para la dosis de 17 kg de P/ha.
Estas respuestas son notablemente superiores a las encontradas por Arias et
al. (2002) en Vertisoles, para dosis de P similares. Esto puede atribuirse,
no sólo a la baja disponibilidad de P del suelo mestizo sino también
al mínimo aporte que realiza el P orgánico a la fracción
disponible en este suelo, evidenciado por el bajo contenido de materia orgánica.
En cuanto a cómo se relaciona la respuesta a la aplicación de
P con el contenido de éste en el suelo, Echeverría et al. (2001)
y Díaz Zorita (2002), para un amplio rango de suelos de la Región
Pampeana, encuentran que el nivel crítico de P por debajo del cual la
respuesta a la fertilización es importante se encuentra en 13 ppm, y
que en suelos con menos de 8 ppm, las respuestas serían superiores al
10 %. En esta experiencia la respuesta fue entre 15 a 20 %, con un valor de
P disponible en el suelo de 5,7 ppm.
Sin embargo, a pesar de la deficiencia de P ya mencionada y de los niveles
de extracción de nutrientes del cultivo, los nutrientes repuestos por
fertilización son sólo una pequeña proporción de
lo que se exporta. Es una práctica habitual en la zona centro este de
Entre Ríos la fertilización del cultivo de soja con 50-60 kg
de FDA/ha (10-12 kg de P/ha), y por otro lado no es práctica habitual
el análisis de suelo.
En cuanto a la fertilización con S, se observa que la aplicación
de 13 kg de S/ha combinado con la menor dosis de P produjo un incremento del
rendimiento igual a la dosis superior de P solo. En general, la respuesta a
la fertilización azufrada está relacionada con bajo nivel de
materia orgánica y suelos degradados por muchos años de agricultura
continua. El contenido de materia orgánica del suelo mestizo es muy
bajo (0,93 %) y seguramente condicionó la respuesta encontrada.
Conclusiones
En el suelo mestizo con bajo contenido de fósforo en que se llevó a
cabo la experiencia, la fertilización con fósforo y azufre produjo
incrementos en los rendimientos que hacen rentable esta práctica. La
fertilización del cultivo de soja debe ser planificada a partir del
diagnóstico de cada lote en particular, incluyendo el análisis
del suelo y la estimación de la demanda nutricional de acuerdo a los
rendimientos esperados.
Debido a la elevada cantidad de nutrientes que se exportan en el grano, el
cultivo de soja reiterado en un mismo lote produce un empobrecimiento del suelo
con el transcurso de los años si no se reponen con el agregado de fertilizantes.
En los suelos mestizos del centro este de Entre Ríos es particularmente
importante para el caso del fósforo y azufre, a fin de lograr altos
niveles de rendimiento.
En estos suelos es fundamental incrementar el contenido de materia orgánica,
a través de la SD y de las rotaciones con cultivos de alto volumen de
rastrojo, a fin de tener una mayor oferta en el suelo de los nutrientes que
provienen de la mineralización de la materia orgánica.
Autor: Norma Arias, Juan José De Battista (INTA EEA Concepción del Uruguay)
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