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Los acidificantes han sido utilizados a lo largo de la historia con diversas utilizaciones. Así pues, los griegos utilizaban para el curtido de las pieles el “zumo de hormiga” (contenía ácido fórmico) que extraían de exprimir a miles de hormigas. Actualmente se utilizan en la alimentación humana ácidos como el sórbico (como conservante del pan de sándwich) o el ortofosfórico (en bebidas refrescantes). Desde hace unos 20 años se viene trabajando en nutrición animal sobre la utilización de los ácidos. Diferentes autores como Bolduan, Eckel, Eidelsbürger, Kirchgessner o Roth demostraron su interés en cuanto a las mejoras de los índices zootécnicos o en cuanto a la seguridad digestiva.
La utilización de los acidificantes plantea el siguiente problema:
1.- El tipo y las proporciones de los diferentes ácidos utilizados.
2.- Su incorporación, pues son de difícil aplicación.
3.- Primar el coste del acidificante al efecto del mismo.
4.- Plantear su utilización como producto “milagroso” en el caso de las diarreas, sin contemplar otros problemas y soluciones asociadas a estas situaciones.
I. Objetivos de la utilización de acidificantes en el pienso y en el agua de bebida
A. En el pienso
El estómago necesita alcanzar un pH próximo a 2.0 para que el pepsinógeno secretado por la pared del estómago se transforme en pepsina. Únicamente esta enzima puede iniciar la digestión de la proteína que llega al estómago. Si no se inicia correctamente esta digestión, altos niveles de proteína no digerida llegarán al intestino delgado, ocasionando una disbiosis intestinal y posteriormente una diarrea de origen no infeccioso que se puede transformar en infecciosa.
El lechón es un animal por definición inmaduro, con dificultad lógicamente, de producción de HCl. Es decir que tendrá problemas para conseguir crear en el estómago ese medio ácido, que es necesario para digerir correctamente la proteína y por lo tanto evitar este problema de diarreas anteriormente citado.
En la dificultad de un lechón para acidificar, influirá por lo tanto su escasa capacidad para generar HCl, pero también 2 parámetros muy importantes del pienso:
- pH, que en alimentos no acidificados estará próximo a 6.0.
- PODER TAMPÓN (cantidad de HCl que es necesario añadir a 1 Kg alimento para bajar el pH de la solución a 3.0), que deberá ser inferior siempre a 750 meq de HCl.
Gracias a la utilización de ácidos conseguiremos alcanzar valores de pH próximos a 5.0 y de poder tampón muy por debajo de 750 meq de HCl/Kg de pienso.
B. En el agua
¿Tiene sentido acidificar el pienso para bajar su pH a 5.0, si en realidad el agua que los animales beben tiene un pH 9.0?
Esta es la pregunta que hasta ahora no nos habíamos hecho las empresas que estábamos trabajando desde hace años en nutrición animal. En efecto gracias a la utilización de ácidos en el agua vamos a conseguir tres efectos muy importantes:
a. Bajar el pH del agua de bebida, con el objetivo de favorecer al estómago alcanzar más fácilmente el pH ácido, reduciendo los problemas de “mala digestión”.
b. Higienizar el medio; en este sentido hemos observado resultados espectaculares en cuanto a la eliminación de patógenos en el agua de bebida (ver cuadro nº1)
c. Permitir una mejor actuación de la cloración. Es muy difícil poder clorar si el pH del agua es muy elevado. Se considera necesario una dosis de cloro libre de 0,3 ppm, para poder conseguir una adecuada cloración. Sólo una parte del cloro total que utilizamos se transforma en cloro libre. Si utilizásemos 3 ppm de cloro total (¡¡¡¡es decir 10 veces la dosis de cloro libre recomendada!!!!!!), a pH 8,7 conseguiríamos 0 ppm de cloro libre. Necesitaríamos bajar el pH a 7,5 para empezar a clorar con el nivel de cloro indicado (ver cuadro nº 2).






Ejemplo nº 1: granja con diarreas y mortalidad al destete. Esta granja sufre bajas de manera discontinua algunos días post-destete. Mediante la acidificación en el agua y en el pienso sus resultados volvieron a ser los que obtenía normalmente 4 años atrás.

Ejemplo nº 2: cebadero con diarreas crónicas con origen inespecífico. Este cebadero atravesaba problemas de blandeo y diarreas desde hacía aproximadamente 1 año. El propietario se veía obligado a utilizar colistina (100 ppm) en el pienso si quería evitar el problema. Se valoran la mitad de los boxes (10 cerdos por box), valorando la incidencia de la diarrea de 0 a 5. Se aprecia una clara mejoría al cabo de 15 días de aplicación de los ácidos.
4. Conclusiones sobre la utilización de los acidificantes
1. Permiten la bajada del pH del pienso y del agua.
2. Reducen el poder tampón del pienso.
3. Son unos excelentes sistemas de higienización del alimento y el agua.
4. Existen sistemas fiables y seguros que permiten su automatización.
5. Se aprecia una mejoría de los resultados zootécnicos y sanitarios en las explotaciones.
6. Permiten una reducción notable de la utilización de los antibióticos en la granja e incluso la posibilidad de poder trabajar sin medicación.





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