(5 enviados)
¿Quién vió este artículo? ¡Nuevo!
Autor: Javier Lara Arellano, Ph.D.
Fecha de Publicación:
Agradecemos sinceramente la desinteresada
colaboración de los autores y la gentil disposición de la Asociación
Mexicana de Nutrición Animal (AMENA) y del Colegio Latinoamericano
de Nutrición Animal (CLANA). Gracias a todos ellos, Engormix.com
acerca el resultado de años de investigación internacional al servicio
del productor animal.
Introducción.
Comer puede ser peligroso, pero no comer es mortal (D. Park 2002). Con esta frase
se puede comenzar cualquier tema relacionado con la inocuidad de los alimentos.
Y al hablar de inocuidad de los alimentos se deben considerar no solo la contaminación
microbiológica y la contaminación química de origen humano,
sino también la contaminación por sustancias tóxicas naturales.
Dentro de éstas se incluye a las micotoxinas, sustancias que empiezan a
ser consideradas de gran importancia en la nutrición humana y animal.
Las micotoxinas son compuestos químicos de bajo peso molecular, producidos
por hongos, que tienen efectos patológicos tanto en humanos como en animales.
Las micotoxinas llegan a afectar sistemas específicos del organismo pero
generalmente dañan el hígado o los riñones por lo que alteran
los procesos metabólicos del animal produciendo condiciones adversas que
llevan a efectos como hígado pálido, agrandado y friable, inflamación
de riñones, lesiones orales, disminución de la respuesta inmunológica,
mala absorción de nutrientes, reducción del crecimiento, alteración
de la fertilidad, etcétera. El grado del daño depende de las micotoxinas
involucradas, del nivel de contaminación del alimento y del tiempo en que
se ha consumido el alimento.
Aunque el número total de micotoxinas se desconoce y se estime que existan
miles de metabolitos fúngicos potencialmente tóxicos, solo algunas
de ellas han sido estudiadas y asociadas a una intoxicación. Entre las
micotoxinas de mayor preocupación para la industria pecuaria se pueden
mencionar: Aflatoxinas, Tricotecenos (Vomitoxina, Nivalenol, Neosolaniol, Toxina
T2, Diacetoxyscirpenol), Zearalenona, Fumonisinas, Ocratoxina A, Citrinina,
Esterigmatocistina, Ácido Ciclopiazónico, Patulina, alcaloides
del ergot, y Moniliformina. Estas micotoxinas se encuentran en la mayor parte
de los insumos de la industria pecuaria, entre los que se pueden mencionar el
maíz, el sorgo, la soya, los ensilados, la pasta de algodón e
incluso la leche.
Por consiguiente, es necesario prevenir la aparición de micotoxinas
en la cadena alimenticia. Para esto se debe ver el problema desde un punto de
vista integral que incluya desde la producción de los granos hasta el
consumidor final. Es claro que para la industria pecuaria es muy difícil
poder influir en la etapa de producción de granos, pero si se puede exigir
mejor calidad en los mismos de tal forma que se puedan evitar los problemas
consecuentes. Esto es de suma importancia ya que se debe considerar que una
vez formadas las micotoxinas es muy difícil evitar sus efectos negativos
sobre la productividad. Además existen grandes problemas para obtener
una muestra representativa de grandes lotes y por si esto no fuera poco, un
análisis de micotoxinas confiable es de alto costo. Así pues,
el objetivo de este trabajo es presentar algunos aspectos relevantes sobre las
micotoxinas, la determinación de ellas y las posibilidades de controlar
sus efectos en la industria pecuaria.
Formación de Micotoxinas.
Los hongos productores de micotoxinas por lo general pertenecen a los géneros
Fusarium, Aspergillus y Penicillium. La formación de micotoxinas depende
de la cepa específica del hongo que prolifere en el sustrato y de factores
ambientales como la humedad, la temperatura y el oxígeno. Por lo tanto,
la contaminación con micotoxinas puede variar según las condiciones
geográficas, climáticas, métodos de producción, tipos
de almacenamiento y también según el tipo de insumo. Un aspecto
importante a recalcar es que no todos los hongos producen micotoxinas, por lo
que no todos los granos contaminados con hongos tienen micotoxinas.
En el caso de algunos insumos la contaminación con micotoxinas se da principalmente
en el campo, como es el caso de las toxinas producidas por el hongo Fusarium.
Entre estas toxinas se tienen a los Tricotecenos ( DON o Vomitoxina, Toxina T2,
DAS), la Zearalenona y la Fumonisina. Sin embargo, dependiendo de las condiciones
ambientales el hongo Aspergillus también puede desarrollarse. Con frecuencia
la presencia de micotoxinas está asociada a una infección fúngica
patógena que ocasiona daños al cultivo mismo por lo que la utilización
de fungicidas es una práctica común. Sin embargo, el uso de estos
productos químicos debería hacerse con cuidado, ya que un uso inadecuado
de ellos puede llevar incluso a un incremento en la contaminación debido
al stress ocasionado al hongo.
La contaminación de los granos después de la cosecha se da principalmente
por los hongos Aspergillus sp y Penicillium sp que producen, el primero las
muy conocidas Aflatoxinas, pero también pueden producir Esterigmatocistina,
Ácido Ciclopiazónico, Ocratoxina A o Patulina, dependiendo de
la especie que se desarrolle. En esta etapa la formación de micotoxinas
se puede evitar mediante el control de la humedad desde la recepción
en el almacén. El objetivo de controlar la humedad es mantener los insumos
libres de crecimiento fúngico y así evitar la formación
de micotoxinas, no hay que olvidar que una vez iniciado el crecimiento fúngico
el agua producida por el metabolismo del hongo puede dificultar el secado. Es
importante mencionar que el contenido de humedad considerado seguro depende
del grano almacenado, por ejemplo a 20 oC para el maíz se considera alrededor
del 14%, para el trigo 15% y para cacahuate 7%.
La contaminación con micotoxinas, como puede deducirse, es un proceso
aditivo, que comienza desde el campo de cultivo y se incrementa en los pasos
subsecuentes de cosecha, almacenamiento y uso final. Un ejemplo, muy claro de
esto se muestra en un estudio realizado por Jones et al (1982) donde se analizó
Aflatoxina en un maíz desde la recepción en bodega hasta el alimento
final en la granja. Los análisis mostraron un aumento desde 1.2 ppb a
la recepción del grano a 8.8 ppb en la granja, es decir un incremento
de 8 veces en todo el sistema de producción.
En el caso de las explotaciones pecuarias es muy importante no descuidar ningún
paso en la producción del alimento. Se deben tener procesos adecuados
de almacenamiento: que incluyan bodegas en buen estado, la sanidad del almacén,
evitar la entrada de humedad, hacer un buen manejo de la temperatura y aireación
y evitar los insectos, roedores y aves.
Para tener una idea de los niveles de contaminación encontrados en la
industria pecuaria mexicana los cuadros 1 y 2 muestran los resultados de los
análisis realizados en el Laboratorio de Nutek durante el cuarto trimestre
del año 2002. El cuadro 1 muestra los datos para muestras de maíz
y el cuadro 2 para muestras de sorgo. En estos cuadros se presentan el número
de muestras recibidas por el laboratorio, el porcentaje de esas muestras que
fueron positivas a la contaminación con micotoxinas y el nivel de contaminación
máximo reportado. Se observa que en el caso del maíz la presencia
de Fumonisina es la de mayor preocupación por su alta incidencia. En
el caso del sorgo la Zearalenona fue la que se presentó con mayor frecuencia.
En ambos granos no se detectó la presencia de Ocratoxina A y la incidencia
de la Toxina T2 fue baja. Estos resultados muestran claramente que en nuestros
días se está teniendo la presencia de micotoxinas en una parte
importante de las granjas mexicanas, con los consecuentes problemas asociados
a ellas.
Cuadro 1.
Nivel de contaminación con micotoxinas en muestras de maíz
durante los meses de octubre, noviembre y diciembre del 2002.
Micotoxina |
Número de muestras de maíz. |
Muestras contaminadas(%) |
Máximo valor detectado.(ppb) |
Aflatoxinas |
34 |
26.5 |
340 |
Zearalenona |
36 |
13.9 |
320 |
Fumonisina |
22 |
72.7 |
14200 |
Vomitoxina |
22 |
50.0 |
12550 |
Toxina T2 |
30 |
0 |
- |
Ocratoxina A |
27 |
3.7 |
- |
Cuadro 2.
Nivel de contaminación con micotoxinas en muestras de sorgo durante los
meses de octubre, noviembre y diciembre del 2002.
Micotoxina |
Número de muestras de sorgo. |
Muestras contaminadas(%) |
Máximo valor detectado.(ppb) |
Aflatoxinas |
19 |
5.3 |
- |
Zearalenona |
35 |
85.7 |
2150 |
Fumonisina |
8 |
0 |
- |
Vomitoxina |
14 |
0 |
- |
Toxina T2 |
16 |
12.5 |
620 |
Ocratoxina A |
19 |
0 |
- |
Análisis de Micotoxinas.
Como se intuye, el análisis de micotoxinas hace su aparición en
el proceso productivo cuando empieza el almacenamiento de los granos. Y aquí,
es donde realmente comienza la responsabilidad de la industria pecuaria. Se debe
comprar grano de buena calidad y evitar así que el insumo contaminado llegue
a los animales. Además se debe tener un programa adecuado de manejo de
materiales para disminuir la posibilidad de que el grano y el alimento lleguen
a contaminarse. Dentro de este programa es importante contar con métodos
de análisis químico que sean confiables. Por consiguiente, el análisis
de las micotoxinas adquiere una gran importancia, pues cualquier acción
a tomar, ya sea una reclamación al vendedor de granos o una modificación
en la dieta o manejo, está fundamentada en el valor reportado por el laboratorio.
La determinación de micotoxinas no es algo simple, dado que ellas se encuentran
distribuidas de manera heterogénea en el insumo. Sin embargo, de manera
simple, el análisis puede dividirse en tres etapas cruciales a saber: (1)
la toma de la muestra en el lote, (2) molienda de la muestra y toma de la submuestra
y (3) extracción y cuantificación de la micotoxina.
El primer factor que llega a tener una influencia directa en el resultado es el
muestreo. El problema del muestreo, en el caso de micotoxinas, es un problema
bastante fuerte y representa la mayor fuente de error en los resultados (Whitaker
et al 1974). En este aspecto hay consenso respecto a que un mal procedimiento
de muestreo lleva a resultados que difieren de un laboratorio a otro. Por lo tanto,
se recomienda seguir un procedimiento de muestreo establecido y que el tamaño
de muestra para el análisis en granos no sea inferior a 5 kg (NOM-188-SSA1-2000).
El envío de la muestra al laboratorio debe hacerse en bolsa de papel Kraft
para el caso de granos y alimentos.
Una vez que la muestra llega al laboratorio ésta pasa por un proceso
de preparación que consiste en molienda y cuarteo para obtener una submuestra
pequeña pero representativa que es analizada. Para esto se lleva a cabo
un proceso de extracción mediante el uso de solventes orgánicos
o mezclas de ellos con agua. La eficiencia de la extracción de las micotoxinas
va a depender del tipo de solvente utilizado. Posterior a esto, en algunos métodos
se lleva realiza un proceso de limpieza o purificación para eliminar
las impurezas que pueden interferir con la cuantificación.
Para la cuantificación existen diferentes métodos de análisis
que pueden ser utilizados pero la selección siempre se debe basar en
que el método a utilizar sea confiable, aplicable y práctico (Horwitz
1982). La confiabilidad se refiere a su exactitud en la determinación
y a su variabilidad o precisión y es el parámetro más importante
a considerar desde el punto de vista analítico. Además es necesario
que el método se aplique a una variedad amplia de muestras y que sea
práctico con respecto al costo, tiempo de análisis y capacitación
para su realización. El método de cromatografía de líquidos
(HPLC) es un método exacto y preciso que ha sido aceptado como método
oficial (AOAC International 994.08) y como método de referencia para
algunas micotoxinas. Otros métodos de referencia son la Cromatografía
de Gases (GC), que se utiliza para el análisis de Tricotecenos y la Cromatografía
de Capa Fina (TLC). Sin embargo estos métodos no son, ampliamente utilizados,
pues requieren de instrumentación de elevado costo y de una alta capacitación
del usuario. Por consiguiente en los últimos años se han desarrollado
métodos inmunoquímicos para facilitar el análisis. La ventaja
de estos métodos es que son rápidos, simples y de bajos requerimientos
instrumentales. Por consiguiente, en el caso de un gran número de análisis
a realizar, los métodos inmunoquímicos representan una buena alternativa.
Sin embargo, su mayor desventaja es que se presentan interferencias que ocasionan
falsos positivos que conllevan a una interpretación problemática.
Por lo tanto, los valores positivos obtenidos con estos métodos conviene
que sean confirmados mediante un método de referencia.
Los métodos inmunoquímicos comerciales se pueden dividir básicamente
en métodos que utilizan columna de inmunoafinidad y métodos elisa.
Aunque el método de columna de inmunoafinidad fue originalmente desarrollado
para la cuantificación mediante Fluorometría, en la actualidad
las columnas han sido utilizadas para la purificación y concentración
de las micotoxinas para su detección posterior mediante HPLC, GC y TLC.
Los métodos elisa son generalmente utilizados como monitoreo rápido.
Otro aspecto importante es que el método analítico utilizado por
el laboratorio haya sido desarrollado y validado para el tipo de insumo analizado.
Es importante que el método seleccionado por un laboratorio sea validado
en sus instalaciones y para esto se pueden comparar los resultados contra los
de un método de referencia. Así la confiabilidad del método
analítico se asegura. La validación del método debe incluir
entre otros parámetros la exactitud y la precisión. La exactitud
de un método se define como el nivel de concordancia entre el valor verdadero
o aceptado y el valor observado o medido por el método en cuestión.
Con frecuencia la exactitud se reporta como recobre o como "BIAS".
El recobre no es otra cosa que el valor en porcentaje de la división
del valor medido entre el valor verdadero. "BIAS" es la diferencia
entre el valor medido y el valor verdadero. La exactitud nos indica que tan
lejos está el valor medido del valor verdadero y está relacionada
con el error sistemático de la medición. Por otra parte la precisión
de un método puede ser definida como el grado de concordancia entre una
serie de mediciones repetidas de una muestra homogénea y normalmente
se expresa con la desviación estándar relativa o coeficiente de
variación. La precisión está relacionada con el error aleatorio
de la medición
Identificación de la micotoxicosis.
La micotoxicosis puede definirse como una enfermedad producida por la ingestión
de alimento contaminado con micotoxinas. Por consiguiente, es de hecho una intoxicación,
que puede ser aguda o crónica, dependiendo del nivel de contaminación
de los alimentos.
En caso de micotoxicosis, el diagnóstico resulta complicado ya que por
lo regular no se presenta una micotoxina sola y la intoxicación es, con
algunas excepciones, casi siempre del tipo crónica por lo que no se presenta
un cuadro clínico definido. Sin embargo hay ciertas características
que son típicas de esta intoxicación, como es que siempre está
relacionada con el alimento o asociada con algún ingrediente del mismo.
La enfermedad resultante de la intoxicación no es contagiosa y además
puesto que las micotoxinas se encuentran de manera heterogénea en el
alimento, muchas veces se observan brotes aislados en animales consumiendo la
misma partida de alimento. Algunas veces puede observarse contaminación
micótica del alimento. Otra característica es que los animales
mejoran con el retiro del alimento contaminado, sin embargo la recuperación
es lenta. Otro punto importante es considerar que muchas veces cuando se detecta
el problema, por la observación de una caída considerable en la
producción, el alimento que lo causó probablemente ya se terminó.
Aunque el diagnóstico definitivo se basa en el hallazgo de las micotoxinas
en el alimento, contenido intestinal o sus residuos o metabolitos en tejidos,
sangre y orina, es importante recordar que el análisis de micotoxinas
está sujeto a muchas fuentes de variación que complican la situación.
Cabe mencionar que con frecuencia el cuadro clínico se complica con otras
enfermedades oportunistas, ya que las micotoxinas al ser inmunosupresoras hacen
más susceptible al animal a las infecciones. Por lo que normalmente el
diagnóstico es más presuntivo, basado en las características
de la intoxicación, en la experiencia y en descartar otro tipo de enfermedad.
Efectos de algunas micotoxinas de importancia en la industria pecuaria.
Las Aflatoxinas son un grupo de metabolitos tóxicos producidas por Aspergillus
flavus y por Aspergillus parasiticus, y aunque existen varios compuestos relacionados
con las Aflatoxinas, sólo cuatro de ellos, Aflatoxinas, B1, B2, G1 y
G2 se encuentran de manera natural en los granos y alimentos. De estos compuestos
la Aflatoxina B1, es la de mayor preocupación ya que es la más
tóxica y está asociada con el cáncer de hígado.
Afecta a todas las especies animales y la patología se presenta con hígado
graso, pálido, descolorido, inflamado y friable. La afectación
del hígado ocasiona una disminución en la síntesis de las
enzimas digestivas (Osborne y Hamilton 1981) por lo que se produce un síndrome
de mala absorción, que ocasiona una disminución en la ganancia
de peso y en la producción de huevo. Las Aflatoxinas también afectan
los procesos de coagulación de la sangre, los mecanismos de transporte
de lípidos y además causa inmunosupresión lo que favorece
la susceptibilidad del animal a enfermedades oportunistas.
La intoxicación con Aflatoxinas y otras micotoxinas ha sido estudiada
intensamente a nivel laboratorio donde las dosis son elevadas para poder observar
los efectos que en campo se llegan a presentar con niveles bajos de contaminación.
La razón de esto se debe a que en las instalaciones pecuarias la intoxicación
puede complicarse con otros factores estresantes. La influencia de ciertas condiciones
de estrés no identificadas fue mostrada en un experimento de laboratorio,
donde se observó que pollos que consumieron alimento contaminado con
900 ppb de Aflatoxinas no mostraron efectos sobre el peso corporal, mientras
que los que consumieron alimento con 75 ppb presentaron una afectación
en el peso similar a la producida por el consumo de alimento con 2700 ppb, todo
esto bajo las mismas condiciones de experimentación (Doerr et al 1983).
De manera similar en un estudio con aves de postura (Lara et al 2003) se mostró
que en el mismo experimento se pueden tener respuestas muy diferentes entre
grupos de animales consumiendo alimento con el mismo nivel de contaminación
de Aflatoxinas y Zearalenona.
En el caso del ganado lechero se ha mencionado que 100 ppb de Aflatoxinas pueden
reducir la producción de leche (Paterson y Anderson 1982), sin embargo
en este caso el problema está enfocado mas sobre los residuos de la Aflatoxina
M1 en leche. Se sabe que las vacas transforman del 0.3% al 4.8% de la Aflatoxina
B1 contenida en el alimento en Aflatoxina M1, con un promedio de biotransformación
de 1.7% (Van Egmond 1989). Considerando que la FDA fija un valor de 0.5 ppb
de Aflatoxina M1 en la leche, se tiene que el valor máximo de Aflatoxina
B1 en el alimento es del orden de 20 ppb. En el caso de la Comunidad Europea
el valor límite de Aflatoxina M1 en leche es de 0.05 ppb. Los residuos
de Aflatoxina aparecen en la leche en unas 12 horas después del inicio
del consumo de alimento contaminado y desaparecen en unos 2 ó 3 días,
después que el alimento contaminado se ha retirado (Kiermeier 1979, Frobish
et al 1986).
Los Tricotecenos son un grupo muy amplio de micotoxinas, producidas por el
género Fusarium, que producen vómito, diarreas, irritación,
hemorragias y necrosis en el tracto digestivo (Wyllie y Morehouse 1977). La
Toxina T2 y el Diacetoxiscirpenol (DAS) son los compuestos más tóxicos
de este grupo y han sido relacionadas con lesiones orales y lenguas negras en
aves. La presencia de la Toxina T2 ha estado asociada a una disminución
en el consumo de alimento, disminución en la ganancia de peso y a hemorragias
intestinales. La toxina T2, es tóxica al tejido intestinal, al tejido
linfoide, al hígado y a los riñones. En resumen la T2, es muy
irritante para el tracto gastrointestinal lo que puede llevar a hemorragias
y necrosis, con presencia de diarrea.
El Deoxinivalenol (DON) o Vomitoxina también pertenece a este grupo
de Tricotecenos y su nombre se deriva del hecho que produce vómito y
rechazo de alimento en algunas especies. Estudios recientes con DON, han sugerido
que su consumo causa una elevación de la IgA que puede ocasionar una
nefropatía (Riley 2002). Por otro lado, el Nivalenol, es 10 veces más
tóxico que el DON, pero no ha sido estudiado ampliamente.
La Ocratoxina A es nefrotóxica y es producida principalmente por Aspergillus
ochraceus o Penicillum viridicatum. El síndrome más frecuente
es aumento del tamaño del riñón, teniendo éste un
color pálido, apareciendo quistes y necrosis epitelial. Durante la intoxicación
aguda, los animales están deprimidos, con anorexia, ascitis, edemas subcutáneos
y mesentéricos. En la intoxicación crónica disminuye el
apetito y el crecimiento de los animales, aumenta el consumo de agua y aparece
poliuria. Otros efectos producidos por la Ocratoxina A son la alteración
de los procesos de coagulación sanguínea con aparición
de coagulopatías y la disminución de los carotenoides séricos
por lo que disminuye la pigmentación en aves (Huff y Hamilton 1975).
La Zearalenona es una micotoxina producida principalmente por el hongo Fusarium
graminearum en granos y alimentos. Es una lactona del ácido resorcílico
que presenta actividad estrogénica (Diekman y Green 1992, Krska 1999).
Al parecer la Zearalenona sufre un doblez en su estructura que permite que el
grupo hidroxilo se oriente adecuadamente para facilitar el enlace con los receptores
de los estrógenos. Existe una familia de compuestos relacionados con
la Zearalenona, que son derivados de su estructura original. Aunque estos compuestos
presentan baja toxicidad, es decir su ingestión no causa daños
severos, sus efectos estrogénicos y anabólicos causan problemas
de reproducción muy fuertes en todas las especies animales. La patología
se presenta con inflamación y tumefacción de la vulva (vulvovaginitis),
engrosamiento de las mamas, aumento de la matriz, preñez ficticia, abortos,
disminución de la viabilidad del feto y disminución de la camada,
trastorno general de la fertilidad, y en el caso de los machos se presenta atrofia
testicular y afeminamiento.
Las Fumonisinas, son micotoxinas producidas por el hongo Fusarium verticillioides
(moniliforme). Algunas evidencias han sugerido que puede causar edema pulmonar
en cerdos, otros signos clínicos encontrados son elevado nivel de colesterol
en el suero, bajos niveles de lípidos en el hígado, lesiones pancreáticas
y degeneración de la membrana intracelular. Estudios realizados en aves
han reportado que los pesos del hígado, proventrículo y molleja
aumentan, mientras que los del corazón y del bazo disminuyen. La fumonisina
B1 es hepatotóxica y nefrotóxica en algunos animales entre los
cuales se incluyen ratas, caballos, monos, conejos, ovejas y cerdos. Esta toxina
es identificada como la causante de leucoencefalomalacia equina (una enfermedad
del cerebro que es fatal). Además se le relaciona con la alta incidencia
de cáncer en el esófago en humanos.
La Patulina es una sustancia con propiedades antibióticas pero es considerada
como una toxina inmunosupresora (CAST 2003). Es producida por algunas cepas
de Penicillium y Aspergillus. Aunque no ha sido estudiada ampliamente, se menciona
que es neurotóxica, ya que puede producir síndrome nervioso e
incluso ocasionar parálisis del sistema digestivo.
Control de la micotoxicosis.
Como se mencionó anteriormente, la mejor manera de evitar estos problemas
es la prevención, sin embargo muchas veces las medidas de prevención
son insuficientes y a esto se debe que la FAO (Bhat y Vasanthi 1999) estime
que gran parte de los granos del mundo se encuentran contaminados con micotoxinas.
Por consiguiente, se han buscado diversas formas para tratar el grano contaminado,
teniendo en cuenta que el procedimiento ideal de descontaminación debe
ser fácil de usar, de bajo costo y no debe producir compuestos que también
sean tóxicos. Además, el proceso debe ser irreversible y no debe
alterar la palatabilidad ni el valor nutricional del grano o alimento tratado.
Los métodos de descontaminación se pueden dividir básicamente
en métodos físicos, químicos, fisicoquímicos y biológicos.
Esta división es de manera convencional, pues algunos métodos
utilizan combinaciones de los diferentes principios de acción.
Entre los métodos físicos se incluyen la separación mecánica,
la flotación, separación por color o la remoción de los
finos o granos quebrados, lavado con soluciones, irradiación. Probablemente,
una de las formas más fáciles de realizar en una industria pecuaria
sea la separación de finos y granos quebrados con lo cual se reduce de
una manera importante la contaminación con micotoxinas, sin embargo con
frecuencia no se hace. La eliminación de finos no se hace debido a un
concepto equivocado de utilizar al máximo los granos pero se ahorraría
mas eliminándolos pues se evitarían muchos problemas productivos
Una amplia variedad de sustancias químicas se han estudiado para la
eliminación de algunas micotoxinas, entre estas sustancias se puede mencionar
el uso de amoniaco, formol, hidróxido de calcio, bisulfito de sodio,
ozono, cloro, monometilamina, etc. (Miller y Trenholm 1994). Sin embargo, el
método de amoniación es el que ha recibido mayor atención
para la eliminación de Aflatoxinas y se ha usado en Estados Unidos y
Europa.
Los métodos biológicos operan a través de procesos bioquímicos.
Entre ellos se puede mencionar el uso de microorganismos, enzimas, modificación
genética de granos, modificación genética de hongos, para
inocular cepas no toxigénicas.
En el caso de las explotaciones pecuarias se han buscado diferentes alternativas
para enfrentar problemas de micotoxicosis. Estas alternativas van desde el retiro
del alimento hasta modificaciones en la dieta, tales como un aumento de proteína
o de aminoácidos específicos, aumento de grasas insaturadas, incremento
de vitaminas (Hoehler y Marquardt 1996) y el uso de algunos antibióticos
(Smith et al 1971) o antioxidantes. Sin embargo la aplicación de estos
procesos en la industria pecuaria resulta poco práctica, por lo que el
uso de métodos fisicoquímicos y específicamente el uso
de adsorbentes adicionados a la dieta se ha convertido en la alternativa más
viable. Esto ha traído como consecuencia que el uso de adsorbentes de
micotoxinas sea cada día mayor, pero también lo sea el número
de productos que aparecen en el mercado. Por consiguiente el productor pecuario
se encuentra ante una amplia gama de productos que ofrecen desde soluciones
reales hasta soluciones mágicas.
Un Adsorbente de micotoxinas es un material inerte, capaz de fijar a su superficie
la micotoxina y salir del organismo junto con las heces. El Adsorbente evita
que la micotoxina sea absorbida por el animal y evita así el efecto tóxico
de ella. En el mercado existen varias clases de adsorbentes y dentro de las
mismas existen diferentes calidades. La selección adecuada del Adsorbente
es un factor crítico para tener buenos resultados. Se deben tomar en
cuenta entre otros factores su espectro de acción, su capacidad de adsorción,
su calidad y su respaldo tecnológico. Es importante mencionar que las
capacidades de adsorción evaluadas “in vitro” van desde casi
0 % hasta valores cercanos al 100%, y que existen pocos adsorbentes que tienen
afinidad por micotoxinas específicas, como la Zearalenona. Además,
el proceso de destoxificación que funciona “in vitro” no
necesariamente mantiene su eficacia en la evaluación con animales.
De una manera general, los adsorbentes pueden ser divididos en dos grandes
grupos: los aluminosilicatos y los adsorbentes con principio orgánico.
En este segundo grupo se tiene a los polímeros, los productos adsorbentes
con enzimas, los productos derivados de las levaduras y los organoaluminosilicatos
completamente sustituidos y los organoaluminosilicatos parcial y selectivamente
sustituidos.
Los aluminosilicatos comprenden una familia muy grande de minerales con diferentes
propiedades de superficie, pero generalmente del tipo hidrofílica (Lara
et al 1998). Este tipo de adsorbentes tiene una alta afinidad por Aflatoxinas
pero muy baja para toxinas de menor polaridad como la Zearalenona, e incluso
la Ocratoxina A (Rivera et al 1999).
La falta de buenos resultados de los aluminosilicatos para enfrentar otras
micotoxinas diferentes de las Aflatoxinas, trajo como consecuencia la aparición
en el mercado de los productos con principio orgánico. Dado que las micotoxinas
menos polares no son adsorbidas por la superficie hidrofílica se investigó
la posibilidad de utilizar adsorbentes con fracciones orgánicas que permitan
modificar la polaridad de la superficie (Lara et al 1999, 2000) o aplicar principios
específicos de acción a través de enzimas o microorganismos
(Garthwaite 1997), o basados en levaduras (Stanley et al 1993) o pared celular
de ellas.
Dado que el uso de organoaluminosilicatos es nuevo, conviene mencionar que
estos productos son aluminosilicatos cuya superficie se encuentra cubierta con
un compuesto orgánico que le confiere propiedades organofílicas
y además puede proporcionarle grupos funcionales específicos.
La molécula orgánica proporciona ahora los sitios activos que
van a interaccionar con las micotoxinas, es decir ahora el aluminosilicato solo
funciona como un soporte que lleva consigo el compuesto orgánico. También
es muy importante decir que estos materiales presentan muy diversas propiedades
que van a depender de los compuestos orgánicos empleados, del proceso
de fabricación y de las características del aluminosilicato utilizado
como soporte. Por consiguiente, dentro de este grupo de adsorbentes puede presentarse
una variedad muy grande de materiales, por lo que al igual que los aluminosilicatos
tienen que ser evaluados en vivo para poder garantizar su eficiencia.
Conclusión.
La contaminación con micotoxinas es un problema de graves repercusiones
económicas y de salud. A pesar de los numerosos estudios realizados,
todavía hay mas interrogantes que respuestas. La presencia de micotoxinas
en los alimentos para animales representa un desafío para la industria,
ya que por lo regular la intoxicación se da por varias micotoxinas al
mismo tiempo y los efectos se complican por la presencia de otros factores.
Dado que es muy difícil obtener insumos libres de toda contaminación
se han propuesto diversas formas para el manejo de este problema. Así
se han establecido valores límites de contaminación y propuesto
diferentes alternativas de control. En este último aspecto, la alternativa
actual más práctica para controlar la micotoxicosis en la industria
pecuaria es la del uso de adsorbentes de micotoxinas, sin embargo, este tema
es muy polémico pues existen muchas opciones en cuanto a productos. Finalmente
se puede decir que al cuidar el alimento que consumen los animales en producción
se contribuye a la inocuidad alimentaria, que repercute en una mejor nutrición
humana y en un menor número de enfermedades.
Referencias.
1. Bhat, R.V y S. Vasanthi, 1999. "Mycotoxin contamination of foods and
feeds. Third Joint FAO/WHO/UNEP International Conference on Mycotoxins".
Tunez.
2. CAST 2003. Mycotoxins. Risks in plant, animal and human systems. Task Force
Report 139, USA.
3. Diekman, M.A. y M.L. Green, 1992. "Mycotoxins and reproduction in domestic
livestock". J. Animal Sci., 70, 1615-1627.
4. Doerr, J.A., W.E. Huff, C.J. Wabeck, G.W. Chaloupka, J.D. May y J.W. Merkley,
1983. "Effects of low level chronic aflatoxicosis in broiler chickens".
Poultry Sci. 62, 1971-1977.
5. Frobish, R.A., B.D. Bradley, D.D. Wagner, P.E. Long-Bradley y H. Hairston.
1986. Aflatoxin residues in milk of dairy cows after ingestion of naturally
contaminated grain. J. Food Prot. 49, 781.
6. Garthwaite, M. y J.H. Thiele, 1997. "Total biodegradation of the oestrogenic
mycotoxin Zearalenone by a bacterial culture". Lett. Appl. Microbiol. 24:5:329-333.
7. Hoehler, D. y R.R. Marquardt, 1996. "Influence of vitamins E and C on
the toxic effects of Ochratoxin A and Toxin T2 in chicks". Poultry Sci.
75, 1508-1515.
8. Horwitz, W. 1982. “Evaluation of Analytical Methods Used for Regulation
of Foods and Drugs”. Analytical Chemistry 54, 67A.
9. Huff, W.E. y P.B. Hamilton , 1975. "Decreased plasma carotenoids during
ochratoxicosis". Poultry Sci. 54, 1308-1310.
10. Jones, F.T., W.H. Hagler y P.B. Hamilton. 1982. “Association of low
levels of Aflatoxin in feed with productivity losses in comercial broiler operations”.
Poultry Sci., 61, 861-868.
11. Kiermeier, F. 1973. Michwissenschaft 1 28, 683.
12. Krska, R. 1999. "Mycotoxins of growing interest. Zearalenone".
Third Joint FAO/WHO/UNEP International Conference on Mycotoxins". Tunez.
13. Lara, J., I. García, J. A. Fierro, J.C. Medina y J. L. Avilés
2003. Variabilidad en la respuesta a la micotoxicosis en aves de postura. Primer
Symposium Panamericano de Micotoxinas para la Industria. UNAM, SLAM, ILSI, Canacintra.
México.
14. Lara, J., J. Muñoz, L. Rivera, A. Bringas y R. Pérez, 1998.
Los Aluminosilicatos y la Adsorción de Micotoxinas. Temas de Actualidad
para la Industria Avícola. 259-271. Midia Relaciones. México.
D.F.
15. Lara, J., J. Muñoz, R. Pérez, L. Rivera, J.C. Medina, J. Chapa
y E. Rodríguez, 1999. "Detoxificación de zearalenona por
un organoaluminosilicato". XXXIV Congreso Nacional AMVEC, Mérida
, Julio 1999.
16. Lara, J., J. Muñoz, R. Pérez, L. Rivera, J. Chapa y E. Rodríguez.
2000. "Adsorption of Zearalenone and reduction of its toxicity by an organoaluminosilicate".
X International IUPAC Symposium on Mycotoxins and Phycotoxins, S.Paulo, Brasil,
Mayo 2000.
17. Miller, J.D. y H.L. Trenholm, 1994. Micotoxins in grains. Compunds other
than Aflatoxin. Eegan Press. St. Paul, Minnesota, cap.11, pp 421-435.
18. NOM-188-SSA1-2000, Norma Oficial Mexicana. Control de Aflatoxinas en cereales
para consumo humano y animal.
19. Osborne, D.J. y P.B. Hamilton, 1981. “Decreased pancreatic digestive
encimes during aflatoxicosis”. Poultry Sc. 60, 1818-1821.
20. Park, D. 2002 “The concept of Food Safety” International Workshop
on Mycotoxins. College Park, Maryland, USA. July 2002.
21. Paterson, D.S.P. y P.H. Anderson. 1982. Recent Aflatoxin feeding experiments
in cattle. Vet. Rec. 110, 60.
22. Riley, R.T. 2002. Health risks associated with mycotoxin contamination.
En memorias del International Workshop on Mycotoxins. FDA, College Park, Maryland,
USA.
23. Rivera, L. J. Lara, R. Zúñiga, J. Muñoz y J.C. Medina,
1999. "Relación de la eficiencia de adsorción de Ocratoxina
A en productos comerciales". XXIV Convención anual ANECA, León,
Gto.
24. Smith, J.W., C.H. Hill y P.B. Hamilton, 1971. "The effect of dietary
modifications on aflatoxicosis in the broiler chicken". Poultry Sci. 50,
768-774.
25. Stanley, V.G., R. Ojo, S. Woldesenbet, D.H. Hutchinson y L.F. Kubena 1993.
"The use of Saccharomyces cerevisiae to suppress the effects of aflatoxicosis
in broiler chicks" Poultry Sci. 72, 1867-1872.
26. Van Egmond H.P. 1989. Mycotoxins in dairy products. Elsevier Science Pub.
Co. Ltd. New York.
27. Whitaker, T.B., J.W. Dieckens y R.J. Monroe. 1974. Variability of Aflatoxin
Test Results. J. Am. Oil Chem. Soc. 49, 590.
28. Wylie, T.D. y L.G. Morehouse. 1977. Mycotoxic fungi, mycotoxins, mycotoxicoses.
An encyclopedic Handbook. Marcel Dekker, Inc. New York.
Autor: Javier Lara Arellano, Ph.D.
Fecha de Publicación:
(5 enviados)
¿Quién vió esta noticia? ¡Nuevo!
REALICE UN COMENTARIO SOBRE ESTE TEMA.
|