Este problema, bajo las perspectivas del capitalismo salvaje neoliberal que se nos impone, en el marco de la globalización, resulta muy complejo y lleno de aristas. Efectivamente, adoptar, bajo este modelo, los cereales alimenticios como la base para la producción de etanol, tendrá consecuencias un tanto difíciles de describir en una primera aproximación. Pero existe la posibilidad de encaauzarlo bajo otra perspectiva de planificación, que inevitablemente requerirán formas más solidarias y justas en la interrelación entre los agentes de la agricultura: los agricultores, la agroindustria, las instituciones de fomento y los consumidores.
De hecho, desde la visión de la agroindustria del capitalismo salvaje, no se busca más que la preservación del modelo de combustión, aplicado a máquinas, basado en los combustibles fósiles, en aras de preservar la ganancia de los grandes monopolios. Esto es, se buscan fórmulas de combinación (80:20 95:5 50:50) entre el bioetanol y los combustibles fósiles, en aras de preservar la industria automotriz, tal como la conocemos, con ligeras variantes, que sólo en parte, contribuyen a la reducción de los contaminantes.
En primer lugar, ¿por qué utilizar los cereales, para la producción de bioetanol, cuando existen otras fuentes de biomasa, como la yuca, que da rendimientos cercanos a las 100 ton/há o la jícama, que da 150 ton/há? Hablamos de que, sin impactar los granos alimenticios, pueden buscarse alternativas de biomasa que no afecten la situación alimentaria de los seres humanos y de sus animales, sino que la mejoren.
En segundo lugar, existen alternativas como las algas, o las bacterias aplicadas a residuos orgánicos, cuyos avances en la investigación, están a punto de dar un vuelco a esa situación.
En tercer lugar, existen otras formas de generación de bioenergía, como la del biometanol, a través de la biodigestión de residuos orgánicos y estiercol animal, que puede generar útiles combustibles, pero también servir de base para la producción de hidrógeno, que será el combustible del futuro inmediato. El agua, el viento y la energía del sol, son también otras alternativas, y cada vez está más avanzado su desarrollo.
Lo cierto es que los grandes monopolios y sus gobiernos títeres, siguen empecinados en defender su absurdo modelo.
En otra perspectiva, si se lograra una planificación solidaria entre la agroindustria, las agencias gubernamentales, los productores y los consumidores, mediante fórmulas como la Agricultura por Contrato y otras variantes, la situación tendería a volverse positiva en todos los órdenes pero todo pareciera indicar que, para ello, va a ser necesaria una revolución mundial de nuevo tipo, como la que viene. |
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