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En Argentina la cunicultura ha sufrido una evolución vertiginosa en los últimos cuatro o cinco años. El término vertiginoso se ajusta doblemente, tanto por el nivel de inversiones y volúmenes de producción alcanzados, como por la estrepitosa caída de la actividad en tan corto período. Exige mucha pericia técnica para alcanzar niveles de productividad compatibles con la rentabilidad, aspecto ignorado por la inmensa y bien intencionada mayoría de actualmente frustrados inversores en el área. Yo adjudicaría, sin temor a equivocarme por mucho, una gran parte del fracaso nacional al bombardeo comercial efectuado por los proveedores de insumos de cunicultura y a la tremenda concentración que se da en la cadena de comercialización en los frigoríficos con capacidad exportadora, quienes tienen una fuerza negociadora totalmente desproporcionada con los productores, los cuales están muy atomizados y se resisten a la integración asociativa. Esta lamentable conjunción de factores ha determinado que más de las dos terceras partes de los productores cerraran sus puertas, o tranqueras, desde el año 2004 a la fecha. ¿Brinda esto una pauta de la rentabilidad de la cunicultura en la Argentina? Sin buscar ofender ni transgredir la buenas normas que tratan de implementarse en este foro, permítaseme opinar en favor de las personas que afirman haber entendido de parte de la Sra Aurora que un conejo puede alcanzar una conversión alimenticia de uno a uno: yo entendí lo mismo y concuerdo en que eso es un disparate. Quizás la Sra no se expresó correctamente, pero le sugiero humildemente que relea lo que escribió y verá la causa de esta discusión. Sin embargo me gustaría señalar un aspecto más dañino aún de sus comentarios: el irresponsable e infundado optimismo sobre la rentabilidad de la cunicultura. Le asigno el beneficio de la duda acerca del contexto en que la actividad se desarrolla en su país, el cual ignoro, pero para afirmar lo que ella asegura, la realidad debería ser muy, pero muy diferente a lo que ocurre en mi país (Argentina). Quizás sirva de algo comentar la experiencia argentina, donde se gastaron enormes cifras en subsidios queriendo dar una asistencia social, o la esperanza de una nueva actividad independiente a millares de emprendedores, sin la debida formación previa y con expectativas totalmente erróneas acerca de lo que la cunicultura podría aportarles. En los peores casos hay quienes no sólo perdieron la esperanza que buscaban, sino que además han quedado comprometidos con la devolución de créditos, los cuales han puesto y siguen poniendo en serio riesgo sus patrimonios personales y familiares. Y lamentablemente hubo una gran responsabilidad de falsos profetas, nacionales y extranjeros, que viendo la oportunidad de su propio negocio, embarcaron a un gran sector de compatriotas en el Titanic. No digo que la Sra Aurora sea uno de estos falsos profetas, pero suena muy parecida a ellos: con la dosis justa de optimismo y desconocimiento que tanto daño ha causado por estas latitudes. Mi humilde sugerencia a quien esté verdaderamente interesado en esta actividad es que haga una previa y profunda investigación acerca de la misma, y en lo posible se acerque a una fuente de información debidamente capacitada, actualizada y desinteresada (que no venda ni compre nada relacionado con la cunicultura) como son las universidades o las agencias de extensión estatales, por dar un par de ejemplos. |
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