Estimados:
Retomo la escritura ahora, aunque regresé hace algo más de 15 días de Uruguay, porque un fuerte tirón del cabresto de uno de mis potrillos asustados me esguinzó la mano derecha, a la sazón inmovilizada hasta hace pocos días, con el consecuente atraso en materia de trabajo (soy escritor). La experiencia no obstante, amerita su exposición aquí. En primer término, porque pude disfrutar de la hospitalidad y calidez de nuestro común amigo forista Ricardo Tournier y su hijo Pablo (en prueba además de que es factible doblegar algunas de las restricciones que se nos imponen aquí en materia de contacto), quienes además de conocer sobre equinos, resultan eximios anfitriones. Para mi vuelta en julio por tierras orientales, espero tener la oportunidad de devolver en mi chacrita sus gentilezas.
Pero en segundo lugar, comentar la experiencia de cabalgata con la yegua de Ricardo. Creo haber expuesto en mi mail de presentación que, a diferencia de los grandes expertos que intervienen aquí, llegué tardíamente hace pocos años al mundo rural en general y equino en particular como simple hobbie, y aún ahora lo hago de manera tangencial o infrecuente. A pesar de haber buscado por años caballos peruanos y/o mangalarga (brasileros) en Uruguay, ésta es mi primera experiencia con uno de la raza objeto de este foro. El resultado me impactó. El primer rasgo indisimulable resultan los bríos y potencia de la yegua, que sin embargo exhibe una evidente mansedumbre. Habremos cabalgado unas dos horas por el campo de Ricardo a todo ritmo, y la yegua siempre pidió más, y era necesario contenerla para seguir en tandem con los criollos. El juego de manos resultaba exactamente como lo había visto en imágenes, tanto en el trote o paso rápido como en el galope, por lo demás veloz (¿realmente Gastón, no es aconsejable galopar estos ejemplares?). La superioridad respecto a los criollos es indudable, no exclusivamente por la comodidad en la silla, aunque esto también resulta sobresaliente. Sólo me quedó una duda (que comparte también mi novia que cabalgó a la par con nosotros), comparativa en el movimiento vertical respecto al mangalarga (que cabalgamos cuando vamos a Brasil). A priori pareciera que la “marcha trotada” (término que en portugués designa el ritmo de trote en esa raza) de los mangalarga, con su disposición de paso rápido 3X1, lo harían más suave y confortable aún que el peruano. Hipotetizábamos con Ricardo que tal vez pudiera deberse al tipo de doma (la yegua no fue domada por un Chalán, sino por un casero uruguayo amante de los criollos).
En mi caso, al menos, no se trata de establecer cuál es mejor, sino precisar las características sobresalientes de cada una de las razas. Hasta dónde sé, el brasilero es prácticamente desconocido tanto aquí como en Uruguay. Si alguien en este foro tuvo la oportunidad de cabalgar, criar y/o estudiar también a los mangalarga, sería muy interesante poder establecer analogías y diferencias. Para quienes los desconozcan, la página de la Asociación Brasilera de criadores de caballos de la raza mangalarga (http//:www.cavalomangalarga.com.br) puede resultarles de interés.
Independientemente de ello, esta experiencia en el campo de Ricardo, tanto a nivel de contacto humano como con los equinos, resultó enriquecedora y reveladora por demás.
Afectuosamente. | Respuesta chequeada por Engormix.com  |
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