En un análisis conjunto de 605 ensayos de alimentación en confinamiento que incluyó información de 22.834 animales, Owens et al. (1997) concluyeron que el potencial del maíz entero para aumento de peso es equivalente al del maíz aplastado en seco o en húmedo e incluso superior al del silaje de grano húmedo, con altas eficiencias de conversión. Surge también de ese trabajo que la eficiencia energética (estimada como energía metabolizable) del grano de maíz ofrecido entero es superior a la del grano ofrecido aplastado. Los autores argumentaron que: a) frecuentemente las dietas de feedlot que incluyen maíz entero tienen menor contenido de fibra que dietas basadas en granos procesados. La mayoría de los «feedlots» estadounidenses que utilizan grano entero de maíz incluyen no más del 5% de la ración en alguna forma de fibra larga (Owens et al., 1997). Esa característica podría, en el caso de evaluaciones comparativas, sobredimensionar el valor energético del grano entero por transferir al grano una cualidad propia de toda la dieta (Owens et al., 1997) b) el grano entero promueve una mayor salivación (mayor efecto fibra efectiva) y mayor pH ruminal con lo que se esperaría una reducción de la acidosis subclínica y un mayor consumo (Britton y Stock, 1986 Stock et al., 1995) c) los efectos asociativos negativos (deletéreos) entre el almidón y la fibra en el rumen podrían ser inferiores en dietas con maíz enteros que en dietas con grano aplastado o molido, consecuencia de una mayor estabilidad ruminal (Zinn y Owens, 1983) y d) si la digestión del grano no se afecta, el uso de grano entero promueve un mayor pasaje de partículas de almidón sin fermentar hacia el tracto inferior, con la consecuente mejora en la eficiencia de utilización de la energía (almidón) (Owens et al., 1986).
MVZ Eduardo Avendaño R.
Agropecuaria del Jaralito, SA de CV |
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