Micotoxinas y su impacto en la producción porcina - 07/05/2008 La presencia de micotoxinas en granos y piensos es un grave problema mundial con implicaciones económicas y de salud, tanto animal como humana. En este artículo se revisan las más importantes y su efecto sobre la producción porcina, así como los prin
Alberto Gimeno: Consultor técnico de SPECIAL NUTRIENTS, INC.,
1394 Coral Way, Miami, Florida, 33145 USA.
El presente articulo fue publicado en lengua portuguesa por el mismo autor, en la revista de la Associação Portuguesa dos Industriais de Alimentos Compostos para Animais (IACA), Alimentação Animal (2004), nº 49, pp. 32-44, con el titulo "Aflatoxina M1 no leite. Riscos para a saúde pública, prevenção e controlo".
Si alguna persona desea una copia del articulo en portugues, puede pedirla al Sr.Luís Marques de IACA-LISBOA-PORTUGAL (iaca@mail.telepac.pt)
Con autorización del editorial de IACA y del autor, publicamos el susodicho articulo en lengua española.
1. AFLATOXINAS
Las aflatoxinas al igual que otras micotoxinas son metabolitos secundarios
generalmente tóxicos producidos por algunas especies fúngicas.
Las micotoxinas son compuestos policetónicos resultantes de las reacciones
de condensación que tienen lugar cuando en determinadas condiciones físicas,
químicas y biológicas se interrumpe la reducción de los
grupos cetónicos en la biosíntesis de los ácidos grasos
realizada por los mohos. Estos ácidos grasos son metabolitos primarios
utilizados por los mohos como fuente de energía. Las micotoxinas se suelen
formar al final de la fase exponencial o al principio de la fase estacionaria
del crecimiento de los mohos toxicogénicos (GIMENO & MARTINS, 2003).
Las aflatoxinas son producidas esencialmente por Aspergillus flavus
y Aspergillus parasiticus.
El Aspergillus es un moho que fundamentalmente pertenece a la flora
de almacenamiento. En general, la temperatura mínima necesaria para desarrollarse
y producir micotoxinas es de 10-12ºC. La actividad de agua (aw) mínima
necesaria para iniciar su desarrollo y para producir micotoxinas es de 0,75
y de 0,83, respectivamente. Aspergillus crece y puede producir micotoxinas
de una forma óptima a 25ºC, con una actividad de agua de 0,95. Sin
embargo, existen estirpes de Aspergillus flavus que en sustratos tales
como el arroz, crecen entre 6 y 45ºC con un óptimo a 37ºC y
la producción de micotoxinas se efectúa entre 11 y 36ºC con
un máximo de producción a 30ºC (HESSELTINE, 1976).
Existen hasta el momento, 18 tipos de aflatoxinas de las cuales la más
tóxica es la aflatoxina B1 (AFB1) y la aflatoxina M1
(AFM1) (siendo ésta un derivado metabólico de
la aflatoxina B1 y que proviene del metabolismo de algunos animales), la cual
se encuentra normalmente en la leche y la orina.
Siguen después, en orden de mayor a menor toxicidad, las aflatoxinas
G1 (AFG1), M2 (AFM2), B2 (AFB2)
y G2 (AFG2) (siendo la aflatoxina M2, un derivado metabólico
de la aflatoxina B2 y que procede del metabolismo animal, pudiéndose
encontrar también en la leche y orina).
Las aflatoxinas pueden encontrarse como contaminantes naturales en los cereales
(esencialmente, en el maíz, trigo y arroz) y subproductos de cereales,
turtos de oleaginosas (algodón, cacahuete, colza, coco, girasol y otros),
mandioca y toda una serie de alimentos para humanos de los que destacamos productos
de cereales, frutos secos, productos de salchichería, especias, vinos,
leguminosas, frutas, leche y derivados.
1.1. TOXICOLOGIA
Las aflatoxinas tienen una gran actividad cancerígena, teratogénica
y mutagénica. El principal síndrome que producen es el hepatotóxico,
pudiendo también provocar problemas renales. Los principales órganos
afectados son: el hígado, riñón y cerebro (HESSELTINE,
1976; EDDS, 1979).
Las aflatoxinas son inmunosupresoras ya que inhiben la fagocitosis y la síntesis
proteica (los anticuerpos son proteínas) interrumpiendo la formación
del ADN, ARN y proteínas en el ribosoma; la absorción de los aminoácidos
se ve alterada y su retención hepática aumenta (SMITH, 1982; SHARMA,
1993).
2. ABSORCIÓN Y TRANSMISIÓN DE LA AFLATOXINA B1 DENTRO DEL ORGANISMO
ANIMAL
La AFB1 es absorbida vía tracto gastrointestinal, dentro del sistema
portal sanguíneo y es llevada para el hígado donde se metaboliza.
Una porción de aflatoxina es activada y fijada en los tejidos hepáticos.
Algunos metabolitos conjugados de la AFB1 solubles en agua son excretados dentro
de la bilis y van a las heces. Otras formas conjugadas solubles en agua, productos
de degradación de la AFB1 y metabolitos no conjugados de ésta,
son excretados en el sistema circulatorio sanguíneo y se distribuyen
de forma sistémica. Eventualmente, esos residuos mencionados van a la
leche, huevos, músculo y tejidos comestibles (DENNIS & HSIEH, 1981).
La AFM1 es uno de esos derivados metabólicos que va a la leche contaminándola.
De la AFB1 se forman otros metabolitos, entre ellos, el aflatoxicol (18 veces
menos tóxico que la AFB1) y la aflatoxina B2a (no tóxica).
El organismo animal produce generalmente esos productos metabólicos como
un sistema de autodetoxificación. La reacción que tiene lugar
a partir de la micotoxina original no tiene forzosamente que ser completa ni
irreversible.
3. RELACIÓN ENTRE LA CANTIDAD DE AFB1 INGERIDA Y LA CONCENTRACION
DE AFM1 EXCRETADA EN LA LECHE.
En vacas lecheras la relación entre la concentración de AFB1
en la ración final (racionamiento y/o unifeed) y la de AFM1 excretada
en la leche podría ser de 300:1; sin embargo, esa relación es
muy aproximada y el rango oscila entre 34:1 a 1600:1. Así pues, en vacas
lecheras Holstein consumiendo raciones finales con 80, 86, 470, 557, 1493 y
1089 microgramos AFB1/Kg (ppb) (sobre sustancia seca) se encontraron concentraciones
de AFM1 en leche del orden de, 1,5; 0,245; 13,7; 4,7; 12,4 y 20,2 microgramos/litro
(ppb), respectivamente. En vacas Brindle la contaminación en la ración
fue 540 ppb de AFB1, y en la leche fue de 0,92 ppb de AFM1. En otras vacas,
los valores de contaminación en la ración oscilaron entre 64 y
1799 ppb de AFB1 dando unos residuos en leche entre 0,35 y 14,2 ppb de AFM1
(RODRICKS & STOLOFF,1977; GIMENO & MARTINS, 2000a).
Con una ingesta de AFB1 correspondiente a 2-60 mg/vaca/día, los residuos
de AFM1 en leche podrían oscilar entre 1 y 50 ppb (EDDS, 1979). Esto
representaría raciones finales contaminadas desde 57 hasta 1714 ppb de
AFB1 para consumos de 35 Kg de ración/vaca/día. La vaca puede
ya transformar AFB1 en AFM1 dentro de las 12-24 horas de ingestión del
alimento contaminado. Incluso a las 6 horas ya pueden aparecen residuos de AFM1
en la leche.
Algunos autores (PATTERSON et al,1980; VAN EGMOND, 1989) refieren que el nivel
de residuos de AFM1/día (mg) en leche podría ser aproximadamente
el 2,2% de la ingesta diaria de AFB1 (mg), con un CV entre 42 y 59%. Dividiendo
el resultado obtenido por el numero de litros de leche producidos/vaca/ día
y multiplicando por 1000, nos daría la concentración de AFM1 (ppb)
en la leche.
Otros autores (SIEBER & BLANC, 1978; VAN EGMOND, 1989) dicen que esta relación
estaría comprendida entre 0 y 4% con una media del 1%; incluso estos
autores proponen la siguiente ecuación: y = -2,55 + 0,84x (r2
= 0,73; n = 43), donde x = mg AFB1/vaca/día; y = microgramos AFM1/litro
de leche (calculando una media de 20 litros de leche/vaca/día).
La concentración de AFM1 en la leche variará según la raza
de la vaca, la concentración de AFB1 en la ración, la cantidad
y duración del consumo de alimento contaminado y el estado de salud del
animal. Sin embargo, a todo esto debemos añadir que estas discordancias
de correlación entre autores serán también debidas, entre
otras cosas, al sistema metabólico de un animal poligástrico,
lo que provoca que las concentraciones de AFM1 en la leche varíen entre
animales, de un día para otro y de una producción de leche a la
siguiente.
4.- HISTÓRICO DE CONTAMINACIONES CON AFM1 EN LECHE Y DERIVADOS, EN ALGUNOS
PAÍSES DE EUROPA.
En Portugal en 1981 fueron analizadas 74 muestras de leche cruda, 39% fueron
positivas en AFM1 en concentraciones comprendidas entre 0.06 y 0,065 ppb, y
alguna muestra con 0,180 ppb. Los autores indican que en leches comerciales
pasteurizadas y UHT (ultra high temperature-treated) fueron encontrados rangos
de contaminación semejantes, aunque el número de muestras analizadas
fue menor (OUAKININ & MARTINS, 1982).
En Italia y durante los años 1991 y 1994 fueron analizadas 223 muestras
de quesos (Grana Padano), de las cuales 91% estaban contaminados con AFM1 en
concentraciones comprendidas entre 0,005 y 0,100 ppb, y solo el 6,7% presentaba
rangos de contaminación entre 0,100 y 0,250 ppb (PEITRI et al,
1997). En 1995, fueron analizadas 159 muestras de leche líquida, 97 de
leche en polvo para niños y 114 de yogur. La leche líquida presentaba
rangos de contaminación con AFM1 de < 0,001 a 0,108 ppb, media de
0,0102 ppb (el 86%). En la leche en polvo los rangos fueron de < 0.001 a
0,103 ppb, media de 0,0218 ppb (el 84%), y en los yogures las contaminaciones
fueron entre < 0,001 y 0,496 ppb, media de 0,018 ppb (el 80%) (GALVANO et
al, 1998).
También en Italia y durante 1996 fueron analizadas 161 muestras de leche
líquida, 92 de leche en polvo para niños y 120 de yogur. La leche
líquida presentaba contaminaciones con AFM1 entre < 0,001 y 0,0235
ppb, media de 0,0063 ppb (el 78%). En la leche en polvo los rangos fueron de
< 0,001 a 0,0796 ppb, media de 0,0322 ppb (el 53%), y en los yogures las
contaminaciones se situaron entre < 0,001 y 0,0321 ppb, media de 0,009 ppb
(el 61%) (GALVANO et al, 2001).
En Alemania y durante 1996 fueron encontradas 284 muestras de leche líquida
con niveles de AFM1 inferiores a 0,01 ppb. En Holanda durante 1994, unas 15
muestras de derivados de leche presentaron contaminaciones inferiores a 0,02
ppb y 19 muestras de alimentos para niños a base de leche estaban contaminadas
con AFM1 entre 0,02 y 0,06 ppb (JONKER et al, 1999).
En cuanto a quesos, estudios efectuados en Francia e Italia desde los años
1991 a 1995 reflejaron contaminaciones entre < 0,005 y 0,25 ppb en un total
de 311 muestras analizadas; sin embargo, el mayor porcentaje (65%) presentaba
contaminaciones entre 0,005 y 0,10 ppb (JONKER et al, 1999).
Desde 1996 y en algunos países de Europa como Francia, Italia, Alemania,
Holanda y Portugal los niveles de contaminación con AFM1, oscilaron entre
< 0,001 y 0,060 ppb para leche liquida comercial; < 0,001 y 0,080 ppb
para leche en polvo; < 0,001 y 0,098 ppb para yogures y < 0,005-0,500
para quesos (COST, 2001; GIMENO & MARTINS, 2002; GIMENO & MARTINS, 2002a).
En Portugal y durante el año 1999 fueron analizadas 101 muestras de leche
líquida. De éstas, 31 eran de leche cruda y 70 de leche comercial
UHT (18 muestras de leche entera, 22 de semidescremada y 30 de leche descremada).
La incidencia de contaminación con AFM1 fue de 80,6% para leche cruda
con rangos < 0,005 ppb (el 19,4%), 0,005-0,010 ppb (el 54,8%), 0,011-0,020
ppb (el 6,5%) y entre 0,021 y 0,05 ppb (el 19,3%). En la leche UHT, el 14,28%
de las muestras presentaron contaminaciones inferiores a 0,005 ppb. Rangos de
contaminación comprendidos entre 0,005 y 0,010 ppb fueron encontrados
para un 12,85% de las muestras. Un 35,7% tenían niveles de entre 0,011
y 0,020 ppb, el 34,28% entre 0,021 y 0,050 ppb y solo un 2,85% entre 0,059 y
0,061 ppb. El reparto porcentual de contaminación fue de 94,4% para leche
entera, 90,9% para semidescremada y 76,7% para leche descremada (MARTINS &
MARTINS, 2000).
En un reciente estudio efectuado en Portugal sobre la contaminación de
yogures con AFM1 fueron analizadas 96 muestras de yogures (48 eran de yogures
naturales y las otras 48 eran de yogures conteniendo pedazos de fresa). Un 18,8%
(18 muestras) estaban contaminadas en un rango que oscilaba entre 0,019 y 0,098
ppb. En los yogures naturales, solo dos muestras presentaban un rango de contaminación
de 0,043 a 0,045 ppb. Las otras 16 muestras pertenecían a los yogures
con pedazos de fresa, y la mayor contaminación fue encontrada en 4 muestras
en un rango de 0,090 a 0,098 ppb (MARTINS & MARTINS, 2004)
4.1. CONTAMINACION MEDIA EN EUROPA
De forma general y después de los resultados de análisis de AFM1
en 10778 muestras de leche procedentes de diferentes países de Europa
se encontró que el valor medio de contaminación en la leche correspondiente
al tipo de dieta europea fue de 0,023 ppb (JECFA, 2001; WHO, 2002).
5. DISTRIBUCIÓN DE LA AFM1 EN ALGUNOS DERIVADOS LACTEOS
La distribución de la AFM1 en algunos alimentos elaborados con leche
contaminada, es aproximadamente la siguiente: 40-60% en quesos, 10% en la nata
y < 2% en la mantequilla.
Visto que la AFM1 es muy soluble en agua, no se comprende cómo la mayor
parte va al queso y no al suero. La asociación de la AFM1 con la caseína,
cuando ésta precipita puede ser una explicación razonable para
ello.(YOUSEF & MARTH, 1989).
6. LA LEGISLACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA (UE) PARA AFLATOXINA
B1 Y M1
La legislación de la UE establece para alimentos completos y alimentos
complementarios destinados a ganado bovino, ovino y caprino lechero una concentración
máxima permitida de 0,005 mg de AFB1/Kg de alimento (5 ppb) con una humedad
del 12% (OFFICIAL JOURNAL OF THE EUROPEAN UNION, 2003).
Para leche cruda, leche destinada a la fabricación de productos a base
de leche y leche de consumo tratada térmicamente, la concentración
máxima permitida de AFM1 es de 0,05 microgramos/Litro o Kg (0,05 ppb)
(OFFICIAL JOURNAL OF THE EUROPEAN UNION, 2003a).
En el caso de preparados para lactantes, preparados de continuación (incluidas
la leche para lactantes y la leche de continuación) y alimentos dietéticos
destinados a usos médicos especiales dirigidos especificamente a los
lactantes, la concentración máxima permitida de AFM1 es de 0,025
microgramos/Kg (0,025 ppb) (OFFICIAL JOURNAL OF THE EUROPEAN UNION, 2004).
No hay legislación ni para los quesos ni para la mantequilla; sin embargo,
en algunos países de Europa como Holanda y Austria, la concentración
máxima permitida de AFM1 es, respectivamente, de 0,200 y 0,250 ppb para
quesos, y de 0,02 y 0,02 ppb para mantequilla (SMITH et al, 1994; PEITRI
et al, 1997; CAST, 2003).
7. LA LEGISLACIÓN EN USA (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA) PARA
AFLATOXINA M1
El FDA (Food and Drug Administration), entidad reguladora en USA, establece
que la concentración máxima permitida de AFM1 en leche entera,
semidescremada y descremada es de 0,5 ppb (EHSO; U.S. FDA, 2000; CAST, 2003).
Esta norma ha sido también adoptada por algunos países de la América
Latina, entre ellos los que forman parte de MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay
y Uruguay) (MICOTOXINAS ON LINE).
Vemos pues, que el nivel de contaminación máximo permitido en
USA y otros países del continente americano es 10 veces superior al permitido
por la UE. Éste es un tema al que volvemos en el siguiente apartado.
8. RIESGOS PARA LA SALUD PÚBLICA.
Los principales factores que tienen influencia sobre la toxicidad de las micotoxinas
en los humanos son: a) La biodisponibilidad y toxicidad de la micotoxina; b)
Los sinergismos entre ellas; c) La cantidad de micotoxina ingerida diariamente
en función de la concentración de micotoxina y de la cantidad
de alimento ingerido; d) La continuidad o intermitencia de ingestión
del alimento contaminado; e) El peso del individuo y el estado fisiológico
y de salud de éste; f) La edad del individuo. Así pues, los niños
y los jóvenes son más susceptibles a la toxicidad de las micotoxinas
debido a una mayor variación del metabolismo basal. Ellos pueden no tener
suficientes mecanismos bioquímicos para la detoxificación. En
los niños el cerebro continua su desarrollo durante muchos años
después del nacimiento y esto puede causar una mayor susceptibilidad
a las micotoxinas que afectan al sistema nervioso central (KUIPER-GOODMAN, 1994).
La potencia carcinogénica de la AFM1 es significativamente inferior a
la de la AFB1; así pues, la AFM1 y la AFB1 tienen una TD50 (dosis de
micotoxina con la cual el 50% de los individuos pueden desarrollar tumores malignos)
de 10,38 y 1,15 microgramos/Kg p.c. (peso corporal)/día, respectivamente,
lo que hace suponer que la AFM1 es aproximadamente nueve veces menos carcinogénica
que la AFB1. La TDI (ingesta de micotoxina diaria que puede ser tolerada) para
la AFB1 esta comprendida entre 0,11 y 0,19 ng(nanogramos)/Kg p.c./día
(0,00011 y 0,00019 microgramos/Kg p.c./día), con un factor de seguridad
de 5000 y un nivel de riesgo de 1/100000. Los valores de NOAEL (estimación
del nivel de micotoxina con el que no se observan efectos adversos) para la
AFM1 y la AFB1 son < 2,5 y 0,75 microgramos/Kg p.c./día, respectivamente
(KUIPER-GOODMAN, 1990; KUIPER-GOODMAN, 1994).
Si dividimos el valor de TD50 correspondiente a la AFM1 por el factor de seguridad
5000, podríamos atribuir hipotéticamente, un valor de TDI para
la AFM1 de 2 ng/Kg p.c./día (0,002 microgramos/Kg p.c./día), lo
que representa, aproximadamente, diez veces más de tolerancia que la
AFB1 comparado con el mayor valor de TDI para la AFB1 (GIMENO & MARTINS,
2003).
Con el valor medio de contaminación con AFM1 encontrado en la leche en
Europa (anteriormente referido) y que corresponde a 0,023 ppb y la media del
consumo de leche, la ingesta de AFM1 se estimó en 6,8 ng/persona/día
(0,0068 microgramos/persona/día) para la dieta europea (JECFA, 2001,
WHO, 2002 ). Si consideráramos que toda la leche consumida tuviera una
contaminación con AFM1 de 0,05 microgramos/Kg (nivel máximo permitido
en la UE) o de 0,5 microgramos/Kg (nivel máximo permitido en USA y otros
países), la ingesta de AFM1 en la dieta europea sería de 15 y
de 150 ng/persona/día (0,015 y 0,150 microgramos/persona/día),
respectivamente (JECFA, 2001, WHO, 2002 ).
Teniendo en cuenta los valores antes mencionados y considerando jóvenes
de 50 Kg de peso, la ingesta de AFM1/Kg p.c./día sería de 0,3
ng (0,0003 microgramos) y de 3 ng (0,003 microgramos), para los dos niveles
máximos permitidos e indicados anteriormente, respectivamente. El primer
valor está por debajo de la TDI para AFM1 que, hipotéticamente,
se consideró de 2 ng/Kg p.c./día (0,002 microgramos/Kg p.c./día),
no siendo lo mismo para el segundo valor. Aplicando estos cálculos a
bebés de 10 Kg de peso, la ingesta sería de 1,5 y de 15 ng/Kg
p.c./día, para los dos niveles máximos permitidos como antes hemos
referido, respectivamente. El primer valor continúa siendo inferior a
la TDI mencionado no siendo así para el segundo valor. El nivel máximo
permitido en USA para AFM1, no es aceptado en la UE (GIMENO & MARTINS, 2003)
. Si hacemos los cálculos de otra forma y consideramos un niño
de 20 Kg p.c. que consumiera 0,5 litros de leche diarios contaminada con 0,05
ppb o con 0,5 ppb de AFM1, la ingesta de micotoxina diaria sería de 1,25
o de 12,5 ng/Kg p.c./día, respectivamente. Siendo pues el primer valor
inferior a la TDI ya referida a diferencia del segundo valor que la supera significativamente.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que los valores de TDI están a depender
del factor de seguridad que se aplica y que puede oscilar entre 50 y 50000 (recordemos
que una de las formas de obtener la TDI cuando se trata de micotoxinas carcinogénicas,
es la de dividir la TD50 por el factor de seguridad, y que depende del método
o criterio de extrapolación utilizado) (KUIPER-GOODMAN, 1990; KUIPER-GOODMAN,
1994, GIMENO & MARTINS, 2000; GIMENO & MARTINS, 2003). Como este factor
aparece como denominador, es evidente que cuanto más alto sea, más
bajo será el valor de TDI y por lo tanto más riguroso y más
seguro; y viceversa cuanto más bajo sea, más alto será
el valor de TDI y por lo tanto menos riguroso y menos seguro.
Sin embargo y aunque se presume que la AFM1 induce el cáncer de hígado
en roedores por medio de un mecanismo semejante al de la AFB1, no existen estudios
epidemiológicos adecuados que relacionen la dosis-respuesta entre la
ingesta de AFM1, la exposición a la hepatitis vírica B o C y el
cáncer de hígado. Los riesgos adicionales para la predicción
del cáncer de hígado utilizando niveles de AFM1 comparativos de
0,05 ppb (nivel máximo permitido por la UE) y 0,5 ppb (nivel máximo
permitido en USA y otros países), son muy pequeños.
En una población de USA y Europa Occidental donde la prevalencia de hepatitis
vírica B es de 1%, la prevalencia adicional de casos de cáncer
de hígado asociados con la contaminación de la leche con 0,5 ppb
“versus” 0,05 ppb sería de 29/1000 millones de individuos/año
(JECFA, 2001; WHO, 2002).
A todo esto, continúa el tema en debate entre la Union Europea y los
países que defienden que el límite máximo de contaminación
de la leche con AFM1 sea de 0,5 ppb en lugar de 0,05 ppb (CCFAC, 1999; CCFAC,
2000; CCFAC, 2001; CODEX, 2002).
8. ESTABILIDAD DE LA AFLATOXINA M1; PREVENCIÓN Y DETOXIFICACIÓN.
La AFM1 es, en general, estable en algunos quesos, yogures, leche pasteurizada,
leche desnatada o entera y helados. En procesos de pasteurización a 63ºC
durante 30 minutos, pasteurización a 77ºC durante 16 segundos, calentamientos
a 64-100ºC durante 15-20 minutos, calentamientos directos durante 3-4 horas
y en algunos procesos de pasteurización y esterilización, la concentración
de contaminación original de la leche cruda permanece prácticamente
inalterada (YOUSEF & MARTH, 1989).
Por el contrario, en calentamientos a 71-120ºC durante 30 min. se han conseguido
reducciones de contaminación del orden del 12 al 35% y hay algunos procesos
de pasteurización, esterilización, evaporación, secado
Roller y Spray, en donde se han podido conseguir en leche disminuciones de contaminación
con AFM1 del orden del 32 al 86%. En algunos quesos y dentro de su proceso de
elaboración y con calentamientos a 82-100ºC entre 5 a 30 min. no
se han conseguido reducir las tasas de contaminación. En algunos casos
hubo una reducción de un 9% a 90ºC durante 30 minutos (YOUSEF &
MARTH, 1989).
En el tratamiento de la leche por parte de las centrales lecheras se puede estudiar
la aplicación de alguno de los sistemas mencionados anteriormente que
reduce la contaminación. Sin embargo, la mejor prevención para
evitar la contaminación con AFM1 es la de no suministrar al animal raciones
contaminadas con AFB1.
Los métodos de selección de granos de cereales y los descascados
y posterior separación mecánica de la cáscara y el polvo
del resto del cereal, resultan adecuados para una descontaminación, visto
que habitualmente la mayor concentración de micotoxinas ocurre en el
pericarpio de los granos y en el polvo de cereal. Sistemas que pueden ser utilizados
tanto en los alimentos para animales como para humanos.
Los tratamientos térmicos que pueden aplicarse a una materia prima o
a un alimento compuesto no resultan ser muy eficaces, ya que que la AFB1 es
resistente a temperaturas del orden de los 120ºC. Aunque en los sistemas
de “expander” la temperatura que se aplica en algunos casos resulta
ser superior a 120ºC, el tiempo de permanencia a esa temperatura es corto
e insuficiente para una reducción significativa del contenido en AFB1.
Una ración para poligástricos y concretamente para vacas lecheras,
no solo contiene materias primas secas (12-13% de humedad o agua libre) sino
también, forrajes con humedad o agua libre muy elevada del orden del
70 al 85%, lo cual puede dar actividades de agua (aw) muy elevadas del orden
de 0,85-0,98 a temperaturas entre 20 y 25ºC. Condiciones éstas muy
ideales para el desarrollo del moho Aspergillus y la probable formación
de AFB1, incluso con actividades de agua (aw) menores (0,75-0,85).
Aparte de las normas de higiene y de limpieza así como las de fumigación
contra insectos, roedores, bacterias y hongos en la fabrica de alimentos compuestos
y en la granja, diremos que respecto a las materias primas secas es aconsejable,
a ser posible, almacenarlas con humedades entre 8-9% y entre 11-11,5% para oleaginosas
como el girasol integral y la soja integral, respectivamente, o entre 12-13%
para amiláceas como los cereales, lo que daría a 25-30ºC
unas actividades de agua (aw) del orden de 0,65-0,70 (GIMENO, 2000), evitándose
de esta forma, el crecimiento del moho y la probable producción de la
micotoxina. Todo esto es posible conseguirlo aplicando a los silos verticales
y/o celdas un sistema de inyección de aire frío y seco que se
introduce por debajo de la masa del grano y es inyectado en los silos hacia
la superficie. La aplicación es más difícil cuando se trata
de silos horizontales, pero también es posible (GIMENO, 2000). Sin embargo
el problema se origina cuando las materias primas nos vienen ya contaminadas
con AFB1 y desgraciadamente no podemos devolverlas.
Respecto a los forrajes, el mayor problema se presenta en la elaboración
de los ensilados, visto las excelentes condiciones de humedad y actividad de
agua (aw) que la materia prima base tiene de una forma natural y que son ideales
para el crecimiento fúngico y la posible formación de aflatoxinas
y otras micotoxinas. No debemos olvidar que en general, el ensilado, forma parte
de la ración final en un 40 a 50% y que para la elaboración de
estos ensilados, se debe conservar esa materia prima base en las condiciones
de humedad genuinas.
De las normas fundamentales que se deben seguir para su elaboración,
solo destacaremos una de las más importantes, y que consiste en asegurarse
siempre de que la materia prima a ensilar está bien empacada, con la
menor cámara de aire posible y que el silo está bien cerrado para
conseguir una atmósfera anaerobia. Ensilar en buenas condiciones de anaerobiosis
no solo conduce a un buen proceso de fermentación sino también,
a que la ausencia de oxígeno inhibe el crecimiento fúngico y la
posible formación de aflatoxinas y otras micotoxinas, visto que la mayor
parte de los hongos son aerobios (GIMENO & MARTINS, 2002; GIMENO & MARTINS,
2003).
El uso en general de fungistáticos eficaces y de amplio espectro, inhibe
el crecimiento y proliferación fúngica y pueden evitar, si está
el hongo y no la micotoxina, que ésta se forme. Caso de que coexistan
el hongo y la micotoxina, evitarán que se forme más micotoxina,
pero no actuarán contra ésta. Sin embargo hay que tener muy en
cuenta que el uso indebido de fungistáticos en concentraciones sub-inhibitorias,
puede en algunos casos ocasionar que éstos sean metabolizados por algunas
especies de mohos toxicogénicos favoreciendo la producción de
micotoxinas (SMITH et al, 1994). En lo que respecta a la detoxificación,
está muy difundido el uso en el alimento compuesto y en la ración
final de aditivos quimi-adsorbentes (arcillas, arcillas filosilicatos-HSCAS
y glucomananos esterificados). En el caso de las aflatoxinas, estos aditivos
quimi-adsorbentes deben ser capaces dentro del animal de formar complejos con
los grupos beta-cetolactona o alfa-bislactona contenidos en la molécula
de las aflatoxinas, estables e irreversibles, que después serán
excretados por las heces, reduciendo significativamente de esta forma la transformación
de la AFB1 en AFM1, y tambien evitando o reduciendo los problemas tóxicos
que la AFB1 pueden ocasionar al animal (PHILLIPS et al, 1995; RAMOS
& HERNÁNDEZ, 1996; RAMOS et al, 1996; RAMOS & HERNÁNDEZ,
1996; PHILLIPS, 1999; TAYLOR, 1999; GIMENO & MARTINS, 2000; PHILLIPS
et al, 2002)
9. MÉTODOS DE ANÁLISIS DE AFLATOXINA M1 EN LECHE Y DERIVADOS.
El método más aconsejado es el uso previo de columnas de inmunoafinidad
con anticuerpos monoclonales especificos para AFM1 seguido de detección
y cuantificación por HPLC (cromatografía liquida de alta resolución)
(GIMENO & MARTINS, 2001). Sin embargo, también pueden utilizarse
métodos basados en “ELISA” (enzyme-linked immunosorbent assay),
a pesar de que es aconsejable reconfirmar por el método anteriormente
mencionado cuando se encuentren resultados positivos, ya que el “ELISA”
utiliza anticuerpos policlonales que pueden dar “falsos positivos”.
Una reciente publicación compara los dos métodos (VELASCO et al,
2003) e indica que el “ELISA” ha sido validado por el “Community
Bureau of Reference”. Para yogur y quesos se puede utilizar el método
publicado por DRAGACCI et al (1995).
10. COMENTARIOS
Las referencias anteriormente indicadas (CCFAC, 1999; CCFAC, 2000; CCFAC, 2001;
CODEX, 2002) contienen el resultado de las discusiones establecidas al respecto
del nivel máximo de contaminación con AFM1 de 0,05 ppb “versus”
0,5 ppb y de las que haremos un pequeño resumen.
Teniendo en cuenta las preocupaciones con la salud pública, la UE continua
manteniendo el nivel máximo de 0,05 ppb de AFM1 en la leche y de 0,025
ppb en los alimentos lácteos para lactantes.
Si tenemos en cuenta todos los datos aportados anteriormente con respecto a
la aparición de AFM1 en la leche e indicados en el apartado 3, y destacando
que después del análisis de 10778 muestras de leche en Europa,
el valor medio de contaminación fue de 0,023 ppb, está claro que
el nivel de 0,05 ppb puede conseguirse perfectamente. Así, debe aplicarse
el principio de ALARA (As Low As Reasonable Achievable), es decir, que el nivel máximo debe ser tan bajo
como sea razonablemente posible, al contrario de la opinión de los países
que están contra ese nivel y defienden el de 0,5 ppb.
Aunque la AFM1 tenga una potencia carcinogénica 10 veces menor que la
AFB1, y aunque después de los estudios presentados y mencionados anteriormente
(JECFA, 2001; WHO, 2002) el riesgo adicional de cáncer de hígado
pronosticado era insignificante si se pasaba de 0,05 ppb a 0,5 ppb, la exposición
a cualquier nivel cuando se trata de un carcinógeno genotóxico,
como es el caso de la AFM1, puede suponer un riesgo sanitario para los consumidores,
en especial para los niños. Esto refuerza la aplicación del principio
de ALARA, que dice que para ese tipo de carcinógenos, no hay una dosis
máxima por debajo de la cual no se produzcan tumores malignos, por lo
que que el nivel de exposición debería ser de 0 para tener un
riesgo nulo a padecer cáncer de hígado que pueda ser provocado
por las aflatoxinas en general.
El Comité científico de la Comunidad Europea indica que hay que
valorar cuidadosamente los riesgos derivados de la exposición a estas
micotoxinas, ya que la ingesta de leche y derivados entre lactantes y niños
puede ser considerable.
Los países que defienden el nivel máximo de 0,5 ppb de AFM1, afirmaron
que se podrían producir consecuencias económicas negativas, debido
a la dificultad de exportación de leche para países que solo aceptan
el nivel máximo de 0,05 ppb. Sin embargo, no fue presentada ninguna información
detallada de la magnitud, importancia, relevancia o impacto estimado de tales
consecuencias económicas.
Hubo delegaciones de algunos países que dijeron que el nivel de 0,05
ppb era difícil de lograr en varias regiones del mundo y que bastaba
un nivel de 0,5 ppb para la protección de la salud pública, y
que este nivel podía ser alcanzado de una forma razonable por todos los
países. A todo esto se añadió que en los países
en desarrollo podría haber una reducción significativa de la disponibilidad
de la leche y consecuencias negativas en la nutrición, en caso de que
hubiera una reducción significativa del nivel máximo de 0,5 ppb.
Incluso hubo países que afirmaron que un límite máximo
de 0,5 ppb de AFM1 debería ser considerado como el nivel mínimo
que se podía conseguir debido a problemas de gestión de las concentraciones
máximas de AFB1 en el alimento compuesto.
A todo esto, el Comité científico de la alimentación humana
de la UE respondió que esta afirmación no se ajustaba a las recomendaciones
mencionadas en el Código de prácticas para la reducción
de la AFB1 en materias primas, alimentos completos y complementares destinados
a animales productores de leche y adoptado por la Comisión del Codex
Alimentarius, del cual reproducimos literalmente algunas de estas recomendaciones:
Si se detecta aflatoxina B1 hay que considerar una o más de las siguientes opciones:
1.En todos los casos hay que asegurarse de que el nivel de aflatoxina B1 del pienso terminado es adecuado a su uso previsto (es decir, según la madurez y la especie de los animales a que se vaya a dar) y se ajusta a los códigos y directrices nacionales o a los dictámenes veterinarios cualificados.
2. Considerar la restricción de piensos contaminados con aflatoxina B1
a un porcentaje de la ración diaria de forma que la ingesta diaria de
aflatoxina B1 no ocasione la presencia de residuos significativos de aflatoxina
M1 en la leche.
3. Si no puede llevarse a la práctica la restricción de los piensos,
desviar el uso de piensos muy contaminados hacia animales no lecheros exclusivamente”.
Recordemos que la legislación de la UE (OFFICIAL JOURNAL OF THE EUROPEAN
UNION, 2003) establece una concentración máxima permitida de 5
ppb de AFB1 en los alimentos completos y complementarios (con una humedad del
12%) destinados al ganado lechero.
Sin embargo, los animales de producción lechera no comen exclusivamente
alimento complementario y por ejemplo, en el caso de las vacas lecheras, éste
puede formar parte de la ración final en un 23-27%, orientativamente,
siendo el 45-50% formado por ensilado y el resto por semilla de algodón,
subproductos de cervecería húmedos, henos, pulpas y paja de cereales.
Así pues, la contaminación con AFB1 que pueda existir en la ración
final puede provenir del alimento complementar y/o del resto de materias primas
que forman parte del alimento final. Si encuadramos la ración final para
vacas lecheras en el termino de “alimento completo”, podríamos
decir que el nivel máximo de contaminación con AFB1 de 5 ppb debería
ser aplicado y fiscalizado también en la ración final fabricada
por el ganadero.
Teniendo en cuenta que una ración final (racionamiento y/o unifeed) puede
tener un 50% de humedad (valor normal para muchas raciones finales y que en
la práctica puede oscilar entre un 40 y 55%), ésta debería
estar contaminada con 2,84 ppb de AFB1 que representarían 5 ppb (sobre
12% de humedad) para aún estar dentro de la legislación.
Si aplicamos la ecuación de calculo referida en el apartado 3, para una
producción media de 20 litros de leche/vaca/día, con un consumo
de 32 Kg de ración final(50% de humedad), tendremos, que el consumo de
AFB1/vaca/día debería ser de 3,09 mg para dar en la leche una
contaminación con AFM1 (orientativa) de 0,05 microgramos/litro (ppb),
que es el nivel máximo permitido por la UE (0,05 = -2,55 + 0,84x; donde
x = 2,60/0,84 = 3,09 mg), lo que representaría la ingestión de
una ración final contaminada con AFB1 del orden de 96,5 microgramos/Kg
(ppb) (3,09/32 = 0,0965 mg/Kg = 96,5 microgramos/Kg).
Si aplicáramos esa misma ecuación a una ración final contaminada
con 2,84 ppb de AFB1 (sobre 50% de humedad) = 5 ppb (sobre 12% de humedad),
y en las condiciones de consumo de ración antes referida, el resultado
previsto de AFM1 en la leche sería numéricamente negativo.
Por otro lado y en lo que se refiere a la salud pública, consideremos
la mayor contaminación con AFM1 encontrada en la leche desde 1995 y referida
en el apartado 3, que corresponde a 0,108 ppb. Si tenemos en cuenta que para
una contaminación media en Europa de 0,023 ppb la ingesta de AFM1 se
estimó en 6,8 ng/persona/día (JECFA, 2001, WHO, 2002 ), para una
contaminación de 0,108 ppb, la ingesta se estimaría en 31,93 ng/persona/día.
Para un joven de 50 Kg y un niño de 15 Kg, representaría, respectivamente,
unas ingestas de 0,63 y de 2,12 ng AFM1/Kg p.c./día. El primer valor
está por debajo, y el segundo ligeramente por encima, de la TDI para
AFM1 antes mencionada (2 ng/Kg p.c./día).
Llegamos a la conclusión de que en lo que respecta a la AFM1, debemos
continuar manteniendo el nivel de riesgo lo más bajo posible y estar
siempre alerta, pero no preocupados, ya que según hemos visto la situación
en Europa esta bien encaminada y bajo control, con un nivel de riesgo muy bajo.
El riesgo que se corre hoy en día a la exposición de otras micotoxinas,
metales pesados, hidrocarburos, dioxinas,..etc, conduce a que la aplicación
del principio de ALARA sea estrictamente necesario, y por lo tanto y en el caso
de la AFM1, el nivel máximo de 0,05 ppb es perfectamente razonable y
admisible.
Con respecto a las micotoxinas, quizás deberíamos preocuparnos
más por las contaminaciones con la aflatoxina B1 (altamente carcinógena
genotóxica) en frutos secos y otros géneros alimenticios, ocratoxina
A (nefrotóxica y posible carcinógenica) en cafés y vinos,
fumonisinas (asociadas al cáncer de esófago) en maíz y
productos del maíz y vomitoxina o deoxinivalenol (asociada a la inhibición
del crecimiento en niños) en trigo y productos del trigo (GIMENO &
MARTINS, 2003).
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ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Apreciado Dr. Vicente,
Lo que me pregunta respecto a vacas lecheras, lo puede encontrar yendo a la sección de micotoxinas en castellano de la página www.engormix.com, y en donde dice “Listado de artículos técnicos” consulte mis dos artículos titulados:
1.- Aspergillus Micotoxicosis Comparativa Entre Pollos, Gallinas, Cerdos, Vacas Lecheras y Conejos.
2.- Fusariomicotoxicosis comparativa entre pollos, gallinas, cerdos, vacas lecheras y conejos.
Respecto a mascotas, no tengo experiencia y no le puedo responder en este momento, a no ser que se vaya a www.google.com y en la búsqueda escriba: “micotoxinas en mascotas” y/o “micotoxinas en perros y gatos”
Un saludo.
Gimeno
Respuesta Chequeada por Engormix.com
08/06/2006
jose antonio México
Hola. Soy Jose Antonio.
Quisiera saber cuál es la reacción antígeno-anticuerpo que se lleva a cabo para la determinación de micotoxinas, cuál es su fundamento o cómo se desarrolla esta reacción. Por su atención, gracias.
Respuesta Chequeada por Engormix.com
21/06/2006
Oscar Celaya Vargas México
Estimado Alberto Gimeno:
Con la experiencia que he tenido respecto a las micotoxinas, me queda claro que la distribución heterogénea de la micotoxinas en granos y alimentos dificulta su determinación en laboratorio. Sin ambargo, en campo, las cosas son muy diferentes y evidentes, dándome cuenta de la poca eficiencia de los secuestrantes, ya que generalmente las políticas de venta nos hablan de una eficiencia que cae en lo maravilloso, y que seguramente funcionan sobre determinadas micotoxinas, pero se olvidan o no mencionan el aspecto del sinergismo entre micotoxinas. Tampoco mencionan que aún teniendo niveles por debajo de las normas, al haber sinergismo con otras micotoxinas, los daños son graves, complicándose con otros factores. Tampoco mencionan el hecho de que existen miles de metabolitos secundarios fúngicos, de los cuales sólo algunos han sido estudiados y tienen nombre.
Pienso que las micotoxinas son realmente un reto para la ciencia, porque difícilmente hay insumos libres y no hay niveles seguros, sólo hay niveles un poco más seguros.
Respuesta Chequeada por Engormix.com
25/07/2006
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Apreciado Sr. José Antonio, vaya a www.google.com y en la busqueda escriba reacción antígeno anticuerpo y/o reacción antígeno anticuerpo en el análisis de micotoxinas, allí encontrará amplia información al respecto.
Un saludo.
Gimeno
Respuesta Chequeada por Engormix.com
04/08/2006
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
Alberto Gimeno - Tel: + 351-21-7607473 - Fax: + 351-21-7607473
Apreciado Dr. Oscar Celaya,
Creo que no escogió el articulo mío más adecuado para hacer los comentarios que en general hace. Vaya a www.engormix.com a “micotoxinas” sección en castellano y en “ver listado completo de artículos técnicos”. Revise y lea mis artículos donde verá que hablo de sinergismos y demás cosas que UD comenta. Además ,lo que UD dice al respecto de que no hay “niveles de micotoxinas seguros, y que sólo hay niveles más seguros” eso no es nuevo, porque desde hace ya muchos años es una de las cosas que yo resalto en la mayoría de mis artículos; por lo tanto, le digo una vez más que revise bien otros artículos.
Un saludo.
Gimeno
Respuesta Chequeada por Engormix.com
05/08/2006
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
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Apreciado Dr. Oscar Celaya,
Volviendo de nuevo a sus comentarios, todos sabemos que hay muchísimos más metabolitos secundarios producidos por hongos, sin embargo y mientras no existan estudios científicos que demuestren que la ocurrencia (cualitativa y cuantitativamente) de esos otros metabolitos en los alimentos, es significativa, y estudios científicos y prácticos de la toxicidad de los mismos en animales y humanos relacionado con la ocurrencia, debemos preocuparnos de una forma muy equilibrada y discreta al respecto de esas otras micotoxinas ya que nos puede ocurrir como vulgarmente se dice que “los árboles no nos dejen ver el río”. Por otro lado y respecto a los sinergismos, yo no he encontrado estudios científicos que demuestren que la ocurrencia de dos o más micotoxinas dentro de un alimento, y en concentraciones por debajo de los máximos permitidos por la legislación oficial actual o futura en alimentos para animales y humanos, produzcan sinergismos significativos que justifiquen una problemática con esas micotoxinas. Sí que hay sinergismos, pero con otras concentraciones. Si UD tiene esos estudios, le agradecería que los indicara y referenciara. Respecto a la distribución heterogénea de las micotoxinas en el alimento, es verdad que eso dificulta la interpretación y dictamen correcto de los resultados de laboratorio. Sin embargo, existen unas normas de muestreo, que desgraciadamente se siguen muy poco, para minimizar esa problemática y hacer que la muestra de alimento que va al laboratorio sea lo más significativa posible de la masa alimentar en cuestión. Además, cuando hay un problema que se sospecha que puede ser de micotoxinas, es aconsejable sacar la muestra o muestras de los comederos en donde es más fácil cumplir con esas normas. Respecto a los secuestrantes, soy consciente de que hay que investigar mucho más y mejorar al respecto de los mismos. Sin embargo, las cosas no son exactamente como UD indica y generaliza para todos los secuestrantes, visto que actualmente, hay algunos (desgraciadamente pocos) que ya tienen un grado de eficacia bastante significativo para un número importante de micotoxinas.
Qué método de control en Granos almacenados recomienda?
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26/08/2006
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
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Apreciado Andres,
Recomiendo la introducción de aire frío y seco, tanto en silos horizontales como en verticales. Existen equipos apropiados para tal fin, con sistemas de regulación de la temperatura del aire en cuestión, y sistemas de arranque automático cuando el grano alcanza una cierta temperatura y humedad que nosotros podemos programar. Las corrientes de aire frío y seco a través del grano almacenado, secan el cereal al grado que queramos, homogenizan en temperatura y humedad la atmósfera que rodea los granos, bajan la actividad de agua y evitan las zonas de microflora. Preservan de la invasión por insectos, y ayudan a minimizar o eliminar el crecimiento y proliferación fúngica a la vez que la formación de micotoxinas. Consecuentemente, los tiempos de conservación son más amplios y seguros. Lo peor es cuando el grano se almacena ya contaminado con micotoxinas. En ese caso, el sistema antes mencionado podrá evitar la formación de más micotoxina por inhibición del crecimiento de la flora fúngica, pero no reducirá en absoluto, como es lógico, la concentración de la micotoxina contaminante. Allí tendremos que recurrir a la adición de detoxificantes de micotoxinas en el pienso compuesto.
Un saludo.
Gimeno
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25/10/2007
Carlos Quépuy Rodriguez
La Libertad - Perú
Muy ilustrativos sus comentarios. Agradecería mucho que me dieran cierto detalle de la influencias de las micotoxinas en vacas lecheras y cuáles de ellas tienen impacto en el aspecto reproductivo y la producción de leche.
Saludos cordiales.
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30/11/2007
ALBERTO GIMENO Consultor Técnico En Nutrición Animal Y Micotoxicología Lisboa - Portugal
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Apreciado Carlos:
Lo que pregunta, lo podrá encontrar si consulta mis dos artículos titulados:
“Aspergillus Micotoxicosis Comparativa Entre Pollos, Gallinas, Cerdos, Vacas Lecheras y Conejos” y “Fusariomicotoxicosis comparativa entre pollos, gallinas, cerdos, vacas lecheras y conejos” publicados en www.engormix.com (Área: micotoxinas. Idioma: español. Artículos técnicos de Alberto Gimeno. Listado completo de artículos técnicos).
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