¿La funcionalidad del ciego y la cecotrofia? El alimento ingerido por los conejos sufre una digestión enzimática en el estómago e intestino, similar a la que ocurre en el resto de monogástricos. El alimento no absorbido llega al intestino grueso, donde sufre un proceso muy particular en el conejo: mediante movimientos peristálticos se separan las partículas finas y gruesas del alimento. Las partículas gruesas (>0.5 cm) siguen avanzando por el intestino grueso y se excretan formando las heces duras, mientras que las partículas finas y las fibras solubles penetran en el interior del ciego (los conejos son monogástricos herbívoros en los que el ciego ocupa el 50% del volumen total del aparato digestivo). La flora microbiana del ciego actúa sobre las partículas finas, produciéndose ácidos grasos volátiles que se absorben en la pared del ciego (con los piensos habituales los ácidos grasos volátiles aportan menos del 5% de las necesidades energéticas de los conejos).
Además, la flora microbiana del ciego y los residuos de la fermentación de las partículas finas son excretados en forma de heces blandas ó cecotrofos, que son reingeridas (cecotrofia) directamente del ano durante la madrugada, constituyendo por lo tanto un segundo aporte de nutrientes paralelo al procedente del alimento. Las heces blandas se comienzan a producir a las 2-3 semanas de vida, cuando el conejo comienza a ingerir alimentos sólidos; a las 6 semanas ya se realiza la cecotrofia con toda intensidad. En situaciones de estrés, los conejos no realizan la cecotrofia. Las heces blandas suponen alrededor de la tercera parte de las heces totales, esto es, unos 20-25 g diarios de materia seca; contienen más agua (65%) que las duras (40%), y son ricas en proteína microbiana y ácidos grasos volátiles. La composición media de las heces blandas es 25% proteína y 20% fibra bruta, frente a menos del 10% de proteína y un 30% de fibra bruta de las heces duras.
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