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7 de Julio - Día Nacional de la Conservación del Suelo

Fecha de publicación: 10/07/2006
Fuente: Ing. Hugo Marelli. Coordinador Area Suelos y Prod.
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Babilonios, fenicios y otros pueblos antiguos no advirtieron los efectos erosivos de la lluvia sobre sus suelos ondulados y desnudos como consecuencia del desmonte de sus bosques y la desaparición de sus praderas naturales. De esta forma se originaron las primeras grandes áreas erosionadas, donde las ruinas de florecientes ciudades antiguas se constituyeron en mudos testigos del proceso. No conocían los beneficios de la cobertura vegetal. En América la agricultura extensiva recién se inició con la llegada de los primeros colonos y consecuentemente el problema de la erosión del suelo no es tan viejo. No obstante, su efecto también se hizo sentir y cuando sus suelos dejaban de producir, sencillamente se cambiaba de lugar. Esto dejó de ser posible cuando el número de colonos fue aumentando y la competencia por las tierras fue mayor. En varios países, en especial aquellos con grandes extensiones para la agricultura, los productores comenzaron a preocuparse y tratar de aplicar prácticas que les permitieran cultivar el suelo si erosionarlo. Alrededor de 1900 aparecieron en EEUU los trabajos de Hugh Hammond Bennett, destacado científico y pionero en la lucha contra la erosión dentro y fuera de su país y considerado internacionalmente como el “padre de la conservación del suelo”. Bennett tuvo como objetivo concientizar que la erosión del suelo era un serio problema que necesitaba de la atención a nivel nacional, llegando a ser fundador del Servicio Nacional de Conservación del Suelo del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y dirigiéndolo hasta su retiro en 1951. En homenaje al Dr. Bennett se ha instaurado en nuestro país la fecha de su desaparición como el Día de la Conservación del suelo el día 7 de Julio. Inicialmente el concepto de conservación está basado en un profundo conocimiento del proceso erosivo, ya sea el de la erosión hídrica producida por el agua o el de la eólica, producido por el viento, que ha llevado al desarrollo de una gran cantidad de técnicas de cultivos y prácticas especiales de control de la erosión. Para las naciones cuya economía depende de la riqueza del suelo, el cuidado de éste es fundamental. La Argentina ha tomado conciencia de esta razón y sus instituciones públicas y privadas realizan una tarea al respecto que deberá no solamente mantenerse sino aumentarse día a día para poder preservar la productividad de todas las áreas agrícolas y ganaderas afectadas o susceptibles de ser erosionadas La intensificación productiva y el medio ambiente Desde principios de siglo pasado, con los primeros trabajos de Bennett y su tarea de concientización, la situación de los suelos en los países con intensa producción agropecuaria muestra un panorama preocupante. En base a índices comprobados de agotamiento de los recursos y a los avances en investigación, puede decirse que la conservación del suelo no remite ya únicamente a la erosión sino también al monitoreo de temas como balance de nutrientes, de carbono y nitrógeno, riesgo de contaminación de suelos y aguas por indebido o excesivo uso de agroquímicos o el mayor uso de insumos en sistemas intensivos de producción, y de los riesgos para la salud de poblaciones urbanas debido a la aplicación de agroquímicos. Por extensión, la preocupación es todo el medio ambiente. Según información del Proyecto Gestión Ambiental que lleva a cabo el INTA en la provincia de Córdoba, en la década de los 90 se intensificaron los sistemas productivos debido a los fuertes cambios tecnológicos producidos, lo cual significó un aumento en la producción unitaria y en la incorporación de áreas marginales a una producción intensiva. En la provincia de Córdoba, durante esa década, se incrementó en más del 58% la superficie dedicada a la agricultura a expensas de tierra utilizada para la ganadería y otros usos, lo cual visualiza un incremento potencial de las áreas con erosión, degradación y a la contaminación de los recursos naturales y del medio ambiente. En las áreas cordobesas bajo explotación agrícola, con topografías con pendientes entre el 1 y 5%, la pérdida de suelo viene deteriorando aceleradamente su productividad, lo cual sumado a la citada expansión de la frontera agrícola a suelos marginales inicialmente productivos pero generalmente inestables a poco tiempo de su uso, presentan efectos muy negativos en el medio ambiente. El proyecto del INTA también destaca en el panorama que, a su vez, la muy significativa superficie que ocupa el monocultivo de soja en comparación con la rotación con otros cultivos como trigo, maíz y sorgo, lo que condiciona la sustentabilidad debido al efecto sobre la conservación del suelo y la integridad de las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, sobre la eficiencia en el uso del agua y la incidencia de las enfermedades y plagas. Otro efecto negativo de la intensificación de la producción agrícola está dado por la mayor extracción de nutrientes del suelo sin la adecuada fertilización de reposición. Por otro lado, un problema interprovincial serio afecta el Sur de Córdoba con inundaciones periódicas por los derrames de los ríos IV y V y por las abundantes lluvias regionales. Este problema, que causa altos costos económicos y sociales –pérdidas de cosechas, traslado de hacienda, improductividad y salinización de suelos, intransitabilidad de caminos, pérdida de hogares, etc) es de difícil solución, ya que el escurrimiento es casi nulo y las aguas se eliminan principalmente en forma lenta y natural por evaporación. Destaca el proyecto del INTA que la provincia de Córdoba tiene un área erosionada del orden de las 5.500.000 ha, cifra a la cual se suman 10 millones con diferente susceptibilidad a la erosión. Un logro decisivo para un mejor tratamiento de este recurso invalorable como limitado bajo la presión de un uso permanente ha sido la amplia adopción en la región pampeana de la práctica de siembra directa. El INTA desarrolló en Marcos Juárez los primeros ensayos hace ya más de 30 años y hoy es un indicio de alivio y recuperación del suelo justamente en el área de mayor trajín productivo. Actualmente en Córdoba sumando todos los cultivos se cuenta con más de 5 millones de hectáreas bajo este sistema, más de la mitad de ellos en el preferencial cultivo de soja. A nivel país, los datos del Censo Nacional Agropecuario de 2002 sumaban 15.653.000 ha. Dentro de un panorama crítico en la utilización y conservación del recurso suelo, mediante el Proyecto Gestión Ambiental el Centro Regional de Córdoba del INTA se plantea la generación de información sobre los sistemas de producción reales sustentables para las diferentes áreas ecológicas homogéneas de la provincia sobre la base de un menor deterioro ambiental, una mayor rentabilidad y un menor costo social. De esta forma, a través del establecimiento de indicadores químicos, físicos, biológicos y económicos regionales de la calidad de suelo se brinda a productores y profesionales privados una herramienta imprescindible para la planificación productiva a mediano y largo plazo, con un beneficio neto para toda la sociedad. Al respecto, en el INTA Marcos Juárez se realizó el año pasado el Seminario Internacional de Indicadores de Calidad de Suelo. Con temas clave como los indicadores de sustenibilidad en suelos bajo siembra directa y los problemas de implantación y emergencia de cultivos en ese sistema, este seminario tuvo como objetivos identificar dichos indicadores en sistemas de producción con siembra directa permanente en monocultivo de soja, rotaciones agrícolas y rotaciones agrícolas ganaderas, discutiéndose su homologación. Se presentaron experiencias de los países del Cono Sur relacionadas a temas como erosión hídrica, materia orgánica, balance de nutrientes, infiltración, condiciones físicas, indicadores biológicos, productividad, etc. Se analizaron además los problemas derivados principalmente de la compactación y densificación del suelo que dificulta y demora la implantación y las primeras etapas del desarrollo del cultivo, identificando los suelos y principales sistemas productivos con esta problemática. A su vez, otros objetivos del proyecto Gestión Ambiental que la institución lleva a cabo son generar y transferir conocimientos sobre la dinámica del carbono, el nitrógeno y otros nutrientes en los sistemas agropecuarios, determinar niveles de contaminación de aguas por efecto de la intensificación productiva, promover el uso y manejo racional de agroquímicos, la producción agroecológica, la recuperación de suelos salinos, y la valoración económica del impacto ambiental, entre otros.
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