Si bien es cierto que la agricultura en las cuencas altoandinas es de alto riesgo, por eso se dice que es de filigrana y de continua investigación por los hombres del ande, terca y perseverante en su empeño con o sin chakitajlla, o con mejores condiciones de conservación y protección, pero se persiste. Vemos imperioso la necesidad de “cosechar” el agua. Ya se prevé o se anuncia el problema del agua, veamos la Estación meteorológica de Cuchoquesera del río Cachi (A 3750 msnm.) y como va variando desde la buena acumulación del agua (en los últimos diez años) y que ahora, en estos últimos años (2005 – 2006), cómo va perdiéndose la humedad en el suelo, existe pues un déficit de humedad por la fuerte evapotranspiración que se calculó.

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Indudablemente, la ganadería altoandina es una respuesta notoria, sin embargo el agua viene a ser un factor limitante para los pastos cultivados. En el estudio que estamos realizando en la cuenca alta del Chikllarazu-Quispillaccta, hallamos más de 15 mil hectáreas de pastizales o pastos naturales (que comprenden los pajonales y céspedes de puna), con una gran biodiversidad de pastos y forrajes que continúan resistiendo al embate de la naturaleza, sin riesgo y soportando: quemas, heladas, granizadas y vientos erosionables que persisten en las altitudes que oscilan entre 3800 y 4200 msnm. Representan una gran alternativa forrajera, ya propusimos que para recuperar su valor nutricional es imprescindible la aplicación de la roca fosfórica de Bayóvar o de Sechura, que representa una gran fuente de fósforo y azufre (más de 25 % de P2O5, 42 % de CaO y 4.5 % de azufre) para estos pastizales, y que muy bien podríamos distribuirlas en estas 15 mil hectáreas de pastizales. Tenemos además, el yeso (30 % de S), la cal apagada (más de 40% de CaO), la diatomita de Kikapata, etc. para distribuirlas.

La pregunta preferencial, entonces sería: ¿Por qué la desidia o el olvido a estos pastizales altoandinos? Claro que sin manejar o cortar, representa una fibra dura y resistente, pero autóctona o nativa de nuestra región, sin embargo, es toda una fuente forrajera para ser utilizada en un manejo adecuado: se utilizan además de un buen forraje para los camélidos, en cincho para los quesos denominados “cachipas”, en el techo de las casas y chozas, como combustible (previa siega o corte); se podría además utilizar en el ensilado o ensilaje o silaje de ichu enriquecido con leguminosas de la zona ( alfalfa o tréboles o forraje verde hidropónico) para la alimentación en el ganado vacuno, ovino, caprino, pero se tiene que segar o cortar, en vez de quemarlos, también en la protección de los suelos en erosión como cobertura o “mulch”, etc. Una práctica que requiere trabajo y esfuerzo en zonas donde existen piedras y el frío es riguroso, sin embargo, es de suma necesidad para aprovechar este recurso natural olvidado y marginado por su desconocimiento o ignorancia, frente al facilismo de los pastos cultivados. Necesitamos recuperar nuestros ichus, con manejo y utilización perseverante.



